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5/4/21

“No he encontrado a Dios en el universo, pero Einstein sí, en la perfección y la belleza de sus leyes”... la pregunta que se hacía Leibniz, “¿Por qué hay algo en lugar de nada”, se quedarán sin respuesta en el marco de la física

 "Eduardo Battaner López (Burgos, 1945) no ha buscado a Dios en la física, pero sí a los físicos que lo han hecho a lo largo de la historia y a aquellos que han negado su existencia, algo que, según decía Paul Dirac, es uno de los problemas fundamentales de esta ciencia. 

Battaner, astrofísico formado en España y en el prestigioso Instituto Max Planck de Alemania, es profesor emérito de la Universidad de Granada y ha publicado Los físicos y Dios (Editorial Catarata), un repaso a la relación de estos buscadores de respuestas a lo largo de la historia.

Pregunta. ¿Por qué Los físicos y Dios?

Respuesta. Los grandes investigadores han trabajado en ese horizonte que divide lo conocido y lo ignoto. Por tanto, han tenido el privilegio de observar la naturaleza como nunca antes se había visto. Su interpretación de la naturaleza ha tenido implicaciones en la filosofía y en la teología. Por eso, hay mucha gente que quiere saber cuál era el pensamiento religioso de los grandes científicos y, por tanto, de los grandes físicos. 

Pero hay que advertir que en este libro no hay ninguna intención de apostolado. No se defiende ninguna posición religiosa concreta. Ni se defiende el teísmo ni el ateísmo. Se habla de la actitud de los físicos ante la idea de Dios basada en sus propias palabras. Este libro tiene solo un enfoque histórico.

P. ¿Por qué esa preocupación entre los físicos?

R. Porque esta es una preocupación de todas las personas y lo es de los físicos porque son personas. Pero su punto de vista tiene un interés adicional porque su oficio es conocer el universo. Los físicos hoy trabajan prescindiendo de sus creencias particulares. Incluso los más creyentes no mezclan su ciencia y su religión. No siempre ha sido así. Por ejemplo, [Johannes] Kepler era un místico que, basándose en que estamos hechos a imagen y semejanza, creía que podía comprender el mundo. Es un método científico inaceptable hoy, pero que le llevó a establecer unas leyes de gran precisión. Creía tener la responsabilidad de interpretar la creación.

P. Michel Mayor, descubridor del primer exoplaneta, dice que “no hay sitio para Dios en el universo” En su tarea como astrofísico, ¿lo ha hallado?

R. No he encontrado a Dios en el universo, pero en este libro no pretendo exponer mis propias ideas sino la de los grandes físicos. Entre ellos y, en particular, entre los astrofísicos, hay una gran disparidad de creencias. Los hay creyentes, agnósticos y ateos. No todos piensan como Mayor. Por ejemplo, [Albert] Einstein sí encontró a Dios en el universo, en la perfección y la belleza de sus leyes.

P. Pero usted cuestiona que los físicos de ahora se amparan en la no respuesta como respuesta.

R. Es verdad que hoy los científicos tienen una especie de pudor al confesar sus creencias. No sé por qué. No suelen contestar. Esto contrasta con los físicos de otros tiempos que revelaban sus creencias sin tapujos. ¿Por qué no decirlo? Otra cosa son los agnósticos que no se pronuncian porque no encuentran la respuesta o creen que no la hay.

 P. ¿Hay un sentido en la evolución del universo?

R. El universo evoluciona de una forma bastante conocida y previsible matemáticamente (si se exceptúan los primeros instantes) Hay un sentido físico. Lo que no quiere decir que haya un propósito.

P. ¿Por qué cambia la relación de la física con Dios?

R. A lo largo de la historia se observa, en efecto, una evolución. Los científicos islámicos de la edad media daban por supuesta la existencia de Dios. Cuando la ciencia pasó a Europa, todos los científicos eran también creyentes, incluso clérigos y también daban por supuesta la existencia de Dios. O, si alguno no lo creía, se lo calló. A partir del Renacimiento empieza la diversidad de opiniones. Y hoy hay muchas posturas diferentes. ¿Por qué? Seguramente debido al avance prodigioso de la ciencia y la disolución de la censura.

 P. ¿Es compatible la física con Dios?

R. Completamente. Ha habido grandes físicos creyentes, incluso píos o ermitaños. Un buen ejemplo puede ser el de [Georges} Lemaître, el padre de la teoría del Big Bang, era sacerdote jesuita y uno de los mejores físicos de todos los tiempos.

P. ¿La fe limita el método científico?

R. Históricamente, sí. Por ejemplo, algunas órdenes religiosas tuvieron grandes intereses científicos, pero la prohibición del heliocentrismo constreñía su progreso. Pero, en el siglo XVIII, esta limitación se desvaneció. Hoy la respuesta es tajantemente no. Hay muchos físicos creyentes, aunque no mezclan sus ecuaciones diferenciales con su fe.

 P. ¿La física, seguirá buscando a Dios?

R. La física no busca a Dios. Los físicos, en cuanto hombres, sí. Pero en nuestro cerebro, y solo tenemos uno, la interrogante de la existencia de Dios merodea por ahí.

P. ¿Cuál es el fin de la física?

R. Como astrofísico, pienso que es comprender el principio, la evolución y el final del universo. El físico busca la unificación de todas las fuerzas. Es un viejo sueño en el que se embarcaron físicos de la talla de [Michel] Faraday o Einstein. Se busca la teoría del todo. Se busca una ecuación que lo explique todo.

P. ¿Esa ecuación podría ser Dios?

 R. Habrá algunos físicos que así lo vean y otros que no. Pero la pregunta de la existencia de Dios no será resuelta por la ciencia. Preguntas como la que se hacía Gottfried Leibniz, “¿Por qué hay algo en lugar de nada”, se quedarán sin respuesta en el marco de la física, pienso.

P. ¿Qué físico ha conjugado mejor la idea de Dios y la ciencia?

R. Albert Einstein tenía una idea de Dios no vinculada a ninguna iglesia o fe establecida. No creía en un Dios que premiara a los buenos y castigara a los malos o que prometiera la inmortalidad. Pero creía que en un Dios que había creado el Universo. Le extrañaba que él pudiera escribir las ecuaciones del universo en media cuartilla. No era ni ateo, ni agnóstico ni panteísta. Él así lo dijo. Con su sentido característico del humor llamaba a Dios “El Viejo”."              

(Entrevista al astrofísico Eduardo Battaner, Raúl Limón, El País, 03/04/21)

7/2/18

Ateísmo razonable

"El ateísmo, propiamente, no es una filosofía del ser o de la vida, no es tampoco una concepción global del mundo. No es ni siquiera una opinión metafísica sobre la existencia o atributos de la realidad. Es, en palabras de Sam Harris, una protesta manifestada por la gente razonable en presencia del dogma religioso. O, simplemente, un signo de racionalidad.

No puedo imaginar a un Dios que recompense y castigue a sus criaturas, o que tenga una voluntad parecida a la que experimentamos dentro de nosotros mismos. Ni puedo ni querría imaginar que el individuo sobreviva a su muerte física […] Yo me doy por satisfecho con el misterio de la eternidad de la vida y con la conciencia de un vislumbre de la estructura maravillosa del mundo real, junto con el esfuerzo decidido por abarcar una parte, aunque sea muy pequeña, de la Razón que se manifiesta en la naturaleza.

ALBERT EINSTEIN (1934), El mundo tal como yo lo veo.

Pistas y creencias

Los asuntos teológicos pueden ser un buen material para excelentes bromas filosóficas. Un ejemplo. Cuando a Bertrand Russell, el autor de Por qué no soy cristiano, le preguntaron qué le diría al Altísimo si se lo encontrase cara a cara en las puertas del paraíso, respondió con admirable rigor metodológico: “Oh, Señor, ¿por qué no nos diste más pistas?”

Sin embargo, no toda la temática religiosa presenta aristas tan amables. Aunque la desolación ocasionada fue probablemente mayor y la respuesta de la Administración Bush fue seguramente aún más inepta y clasista de lo que suele afirmarse, el huracán Katrina provocó la muerte de más de 1.000 personas, decenas de miles de ciudadanos perdieron todos sus bienes y más de un millón tuvieron que ser desplazados. 

Una encuesta del Washington Post, realizada poco después del desastre, revelaba que el 80% de los supervivientes afirmaban que lo sucedido no solo no había disminuido su creencia en Dios, sino que, milagrosamente, la había reforzado.

Otros datos complementarios en ningún modo incoherentes con el anterior: El 22% de los ciudadanos norteamericanos está convencido de que Jesucristo volverá a la Tierra algún día de los próximos 50 años; otro 23% cree que el retorno de Jesús no es seguro pero que es, en cambio, muy probable. 

Un 44% cree literalmente que Dios prometió la tierra de Israel a los judíos. Solo un 28% acepta la teoría de la evolución y un 68% cree en la existencia de Satán. Unos 120 millones de estadounidenses sostienen, sin espacio para la metáfora, que Dios creó a Adán del barro hace 10.000 años.

Las estimaciones tienen sus derivadas culturales y electorales. El 87% de los ciudadanos norteamericanos afirman no dudar jamás de la existencia de Dios y más del 50% tiene una opinión negativa o muy negativa de las personas que no creen en Dios.

 El 70% cree que es muy importante que los candidatos a la presidencia de USA sean personas firmemente religiosas. Según una encuesta de Newsweek, sólo el 37% de la ciudadanía norteamericana votaría a favor de una persona que fuera atea para la presidencia de su país, y menos del 10% de los estadounidenses se identificarían públicamente como ateos.

Estas asentadas creencias religiosas no tienen traducción inmediata en el ámbito de la caridad, la austeridad o la lucha contra la pobreza o la desigualdad extrema. En Estados Unidos, donde además el 83% de la ciudadanía cree que Jesús resucitó entre los muertos, la diferencia de salarios no ya entre grandes ejecutivos y trabajadores industriales o de servicios, sino entre aquéllos y el salario de los empleados medios es de 475 a 1. En la era de la codicia, la diferencia sigue incrementándose de forma acelerada.

Veamos la situación en España. Según un estudio del CIS de 2002, el 80% de los ciudadanos españoles seguía declarándose católico y sólo un 12% se declaraba no creyente. El 42% creía firmemente en la existencia de Dios y un 31% creía igualmente pero con menos intensidad. El 64% seguía prefiriendo el matrimonio católico. 

Un 56% pensaba que la enseñanza de la religión era algo importante para la educación de sus hijos y un 80% los bautizaría. Eso sí, el 75% de las personas nacidas a partir de 1970 se declaraban poco o nada religiosas1.

En España hemos tenido como ministros en épocas recientes a miembros activos de organizaciones religiosas sectarias y fundamentalistas; la futura autoridad máxima de un Estado constitucionalmente aconfesional convirtió un asunto privado en acontecimiento público, contrayendo matrimonio en y por la Iglesia Católica; las recientes declaraciones de algunos obispos y arzobispos hielan la sangre democrática, por diluida que ésta sea, lanzando desde su emisora proclamas conspirativas de extremísima derecha movilizada, y las presiones, manipulaciones y engaños sobre la enseñanza de la religión católica en nuestras escuelas e institutos, y su lucha sin techo visible para lograr una mayor financiación pública de sus asuntos privados, y un mayor trato de privilegio en asuntos impositivos, merecen un lugar destacado en la historia universal del despropósito. 

En la parte opuesta, silenciosamente, habría que señalar una claudicación civil, a todas luces excesiva, en frecuentes ocasiones. La excesiva prudencia ha causado mermas en nuestro necesario coraje.

Existencias y argumentos

A pesar de todo ello, parece razonable pensar, como ha señalado Daniel Dennett, que el papel de Dios en la explicación global de la existencia humana, en los grandes cambios históricos o en la misma formación y origen del Universo se ha visto empequeñecido a lo largo de los siglos en una parte considerable de las comunidades humanas.

 De la inicial afirmación de un Dios directamente creador de Adán, y de Eva a partir de una costilla adánica (o explicaciones similares), se ha pasado a sostener que el verdadero y casi único papel de Dios fue haber puesto en marcha el largo proceso de la evolución. Pero, comentaba el autor de La peligrosa idea de Darwin, “ahora ni siquiera necesitamos a este Dios –el dador de la ley–, porque si tomamos estas ideas de la cosmología seriamente, entonces hay otros sitios y otras leyes, y la vida evoluciona donde puede”.

¿Está demostrada, pues, la inexistencia de Dios? ¿Se impone el ateísmo a toda persona que pretenda guiarse, conducirse y construirse racional y espiritualmente, sin prejuicios o con el menor número de ellos, con información contrastada y sin cultivo acrítico de una tradición inalterable? Aceptemos que las creencias, también las religiosas, no pueden ser objeto de demostraciones asentadas e indiscutidas para siempre. 

Si lo fueran, si pudieran serlo, no existiría debate, lucha cultural o política en torno a ellas. Pero ello no es obstáculo para que existan numerosas razones que justifiquen la racionalidad del ateísmo y acaso éste no sea un mal momento para dar nuevas vueltas sobre ellas.

El ateísmo, propiamente, no es una filosofía del ser o de la vida, no es tampoco una concepción global del mundo. No es ni siquiera una opinión metafísica sobre la existencia o atributos de la realidad. Es, en palabras de Sam Harris2, una posición en torno a las creencias humanas que rechaza negar lo que, en su opinión fundamentada, cree evidente. 

“El ateísmo no es más que la protesta manifestada por la gente razonable en presencia del dogma religioso”. Bien mirado, todos los seres humanos bordeamos el ateísmo. Lo somos respecto a la mayoría de las otras religiones que existen o han existido. Como ha apuntado Richard Dawkins, casi todos los seres humanos niegan hoy la existencia de Zeus y Thor. Son, por tanto, ateos respecto a estas creencias.

Pero, ¿existe alguna demostración convincente del ateísmo? ¿Existe alguna prueba inapelable de su racionalidad?

No es necesaria una justificación de ese tipo. Como señaló Manuel Sacristán en un reconocido paso3, siguiendo en este punto observaciones de Bertrand Russell, diversas vulgarizaciones del marxismo y, en general, de concepciones filosóficas materialistas amigas de la ciencia han usado laxamente conceptos como demostrar, probar y refutar para referirse a las argumentaciones plausibles propias de las concepciones filosófico- políticas.

 Sacristán se quejaba de la errónea frase de que la marcha de la ciencia había demostrado la inexistencia de Dios. La ciencia no puede demostrar ni probar nada referente al universo como un todo.

 Las ciencias empíricas no pueden probar la existencia de un ser llamado Abracadabra abracadabrante (el ejemplo es del propio Sacristán), pues ante cualquier informe positivo que declarase no haberse topado con tal entidad, cabría siempre la respuesta de que el ser abracadabrante está por completo fuera del alcance de nuestros instrumentos de experimentación, o incluso que no es perceptible en absoluto. 

O incluso que ni siquiera es pensable por la razón humana. Se trataría de otro tipo de entidad, de otra forma de Ser. 

¿Cuál es el papel entonces de los conocimientos científicos, artísticos y afines en asuntos de creencias? Lo que la ciencia y otros saberes contrastados pueden fundamentar es la afirmación de que la suposición de la existencia de seres abracadabrantes “no tiene función explicativa alguna de los fenómenos conocidos, ni está, por tanto, sugerida por éstos”. 

Por lo demás, la afirmación sobre la demostración de la inexistencia de Dios presupone la tarea de demostrar o probar inexistencias. Pero, como apuntaba Sacristán, las inexistencias no se prueban, se prueban solo las existencias. La carga de la prueba compete, efectivamente, al que afirma existencia, no al que duda o niega tal posibilidad.

El malogrado Hanson Russell4 transitaba por camino afín en dos artículos clásicos. En su opinión, solo hay dos posturas consistentes en estos asuntos. La del creyente, que por diversas razones cree en la existencia de Dios o dioses, y la del ateo que niega la validez y justificación de esa creencia de existencias. Si el teísta, deísta o afín tiene un argumento convincente, se impone la creencia en Dios; si no lo tiene, se infiere la no creencia, el ateísmo.

 No tiene sentido apelar aquí, en opinión de Hanson Russell, a un agnosticismo vergonzante, no tiene sentido permanecer en un supuesto e inexistente justo medio, sosteniendo que no existen demostraciones convincentes de existencia pero tampoco de inexistencia.

En la misma línea, Luis Vega Reñón sostiene igualmente que son las afirmaciones de existencia las que tienen la carga de la prueba. La no existencia de una determinada entidad no puede establecerse en términos razonables, salvo, claro está, que pueda derivarse de una demostración de la imposibilidad de dicha existencia. De este modo, la no existencia de un círculo cuadrado –y aquí sí que hay demostración de inexistencia– se deriva de su imposibilidad interna. 

 Las cuestiones de imposibilidad son, pues, otra cosa. La imposibilidad de que algo exista sí debería demostrarse, sí que hemos de lidiar entonces con la carga de la prueba, por contraste con la creencia en la no existencia, donde tal requisito no debería ser requerido.

De hecho, algunos autores sostienen esa posibilidad demostrativa en asuntos teológicos: la no existencia de Dios estaría probada porque Dios es una entidad imposible, y lo es porque la noción que lo envuelve, si lo envuelve, la de un ser que reúne en grado sumo todas las perfecciones, es tan inconsistente como la de un triángulo equilátero con cuatro ángulos desiguales. 

No es concebible racionalmente que algo o alguien pueda ser a la vez omnipotente, omnisciente, sumamente bueno, justo, compasivo y providencial respecto de los demás seres libres. Vega apuntaba un posible, aunque por lo demás infrecuente, desliz teológico: “¿No se les habrá ido la mano a los teólogos que hablan de un Dios en términos absolutos y positivos, frente a los místicos y teólogos negativos, que se limitan a negarle las imperfecciones e impurezas del mundo e incluso las relaciones con él?”

Existen otros planos de aproximación crítica con más relevancia moral, más anclados en la historia, en la inquietud existencial, y, si se quiere, algo más laxos. Primo Levi, por ejemplo, ha apuntado el siguiente. En conversación con Ferdinando Camon, sostenía:

F.C.: Es decir, Auschwitz es la prueba de no existencia de Dios.

Levi: Existe Auschwitz, por lo tanto, no puede haber Dios.

En el texto mecanografiado de la entrevista, recordaba Camon, Levi había agregado a lápiz: “No encuentro una solución al dilema. La busco pero no la encuentro”.

Creación y diseño

Sin embargo, la situación de la creencia religiosa y los modos de argumentar a su favor y el mismo papel político de la creencia presentan nuevas y pujantes aristas. Recordemos algunos datos de la situación en Estados Unidos.

Aun cuando la enseñanza religiosa está prohibida en las escuelas públicas estadounidenses y en la Constitución americana se postula una neta separación entre Iglesia y Estado, los creacionistas convirtieron en una batalla política y constitucional la inclusión de lo que denominan, en un impropio alarde de creación lingüística, “ciencia de la creación”, en el currículum científico de las escuelas norteamericanas. 

El darwinismo es una teoría, sostienen, pero es una teoría entre otras. No menos, admiten a regañadientes, pero tampoco más.

De hecho, en 1981, los Estados de Arkansas y Luisiana aprobaron leyes para que ambas teorías, la evolucionista y la “teoría” creacionista, recibieran un tratamiento horario idéntico. La “American Civil Liberties Unión” emprendió una acción legal contra el consejo de Educación de Arkansas que llegó al Tribunal Supremo. 

El recientemente fallecido Steven Jay Gould fue citado a declarar en el juicio en calidad de experto: “Si el juez Scalia tuviera en cuenta nuestras definiciones y nuestras prácticas, comprendería por qué el creacionismo no puede acreditarse como ciencia. De paso, también percibiría la emoción de la evolución y sus evidencias; ninguna persona sensata podría mantenerse indiferente ante algo tan interesante”.

La sentencia final resolvió prohibir las enseñanzas de todo tipo de ciencia de la creación o afín en las escuelas de Arkansas financiadas con dinero público. Argumento central de la resolución: el creacionismo es una concepción religiosa, no científica. Desde entonces, muchos creacionistas han fundado escuelas e instituciones donde poder impartir su “ciencia creativa”. 

Pero de nuevo, en agosto de 1999, el consejo de Educación de Kansas decidió convertir la religión en una asignatura optativa de acuerdo con los criterios establecidos para la enseñanza de las disciplinas científicas. La evolución, por tanto, dejó de estar incluida en las pruebas de todos los estudiantes de ese Estado. En Kentucky, se suprimió la palabra “evolución” y se la sustituyó por la expresión “cambio a lo largo del tiempo”.

Algo más tarde, el 20 de diciembre de 2005, el juez federal John E. Jones III emitió una importante sentencia en donde declaraba inconstitucional la decisión de un consejo escolar de Dover, Pennsylvania, por la que los alumnos de una escuela pública de secundaria deberían estudiar el “diseño inteligente”, en pie de igualdad con la teoría de Darwin en las clases de Biología. 

El juez recordó que la Constitución norteamericana prohibía que el Estado hiciera militancia religiosa. La “teoría” del “diseño inteligente” era asunto de fe, era religión, y no debía ser enseñada en clases de ciencias.

La actual, masiva y neoconservadora apuesta por la “teoría” del diseño inteligente presenta nuevos matices respecto a la anterior oleada creacionista. No se pretende refutar la evolución en términos generales, simplemente sugieren que algunos procesos biológicos son demasiado complejos para haberse organizado del modo propuesto por Darwin o por el darwinismo.


Se trata de un renacimiento, más o menos sofisticado, del antiguo argumento de William Paley, un filósofo y teólogo utilitarista británico que vivió en la segunda mitad del XVIII y murió tres años después de la publicación en 1802 de su Teología Natural. Su argumento central puede ser expuesto del modo siguiente. Cuando inspeccionamos un reloj percibimos algo que no descubrimos en una piedra; sus diversas partes están proyectadas y ensambladas con un propósito, producir un movimiento regulado para señalar las horas del día. 

La deducción es inevitable: el reloj tiene que haber tenido un artífice que le diera forma para servir al propósito para el que sirve. Del mismo modo, las señales del diseño planificado son demasiado evidentes en la Naturaleza para que puedan ser ignoradas. 

Un ejemplo entre muchos otros: el babirusa, un cerdo salvaje de las Indias Orientales, señalaba Palley, tiene dos dientes curvados de casi medio metro de longitud, que crecen hacia atrás, ésta es su singularidad, desde la mandíbula superior. No tienen estos dientes una función defensiva ya que ese servicio lo prestan dos colmillos que salen de su mandíbula inferior. 

Puesto que no los usa para defenderse, ¿son esos dientes una superficialidad, un estorbo, un accidente? No. El babirusa duerme de pie y para sostener su cabeza engancha sus colmillos superiores en las ramas de los árboles. No son innecesarios, no son ningún estorbo. El diseño natural se impone .

Otro ejemplo: Analicemos el desarrollo del ojo. ¿A quién se le puede ocurrir, preguntan exitosos los “diseñadores”, que esa maravilla ingenieril pueda ser producto de una serie de imperceptibles pasos no planificados como sostiene el neodarwinismo? “Sólo un diseñador inteligente puede haber sido capaz de crear la brillante disposición adaptativa del cristalino, la apertura variable del iris y un tejido sensible a la luz de una exquisita sensibilidad, todo eso ubicado, encima, en una esfera capaz de cambiar de objetivo en una centésima de segundo y de enviar megabites de información a la corteza visual cada segundo, de manera continua y durante años”.

Por tanto, se concluye, hay diseño. Todo diseño presupone un diseñador; ese diseñador tiene que haber sido una poderosa mente racional. Esa mente es Dios. Los partidarios del diseño o designio inteligente sostienen que el Universo, la vida y el origen del hombre son el resultado de acciones racionales emprendidas de forma deliberada por uno o más agentes inteligentes. Se trata, afirman, de una propuesta científica legítima, capaz de sustentar un programa de investigación metodológicamente riguroso.

El debate, muy intenso en Estados Unidos, se ha extendido a otros países a través de la influencia de iglesias evangélicas y otros grupos fundamentalistas. La apuesta por el diseñador natural también se ha convertido en una posición de creciente fuerza en países latinoamericanos. 

La posición mayoritaria defendida por la Iglesia Católica parece respetar la autonomía de la ciencia y sus hallazgos. Sin embargo, ha habido pronunciamientos que favorecen el diseño inteligente por parte de figuras católicas nada marginales, como el arzobispo de Viena. Para el monseñor vienés, cualquier modo de pensamiento que niegue o busque desestimar la abrumadora evidencia en favor del diseño en biología es ideología, no ciencia. ¡Un dirigente de la Iglesia católica, apostólica y romana que acusa de ideológica, de no-científica, a una concepción filosófica y metodológica crítica!

Noam Chomsky ha presentado una interesante variante, el argumento del diseño maligno, que nos retrotrae a transitados pasajes de Epicuro o del mismo Hume. A diferencia del diseño inteligente, para el que, en opinión de Chomsky, la evidencia es nula, el diseño maligno tiene a su favor toneladas de evidencia empírica. Su criterio se basa en la crueldad del mundo: sólo un diseñador maligno puede haber organizado un mundo así. Luego, Satán existe.

Creencias, poder eclesiástico y escuelas públicas

De todo lo anterior parece inferirse una tarea razonable y racional: mantener la creencia en Dios y sus derivaciones fuera de las instituciones públicas, especialmente en centros de enseñanza cuya función básica es formar, informar, aprender a distinguir entre teorías, hechos confirmados y pensamientos desiderativos, entre tradición y conjeturas razonables, entre ensoñación, consuelos comprensibles e hipótesis contrastadas.

Richard Dawkins, que ocupa una cátedra de divulgación científica en Oxford y es autor del reciente y exitoso The God Delusion, ha creado una fundación con el fin de mantener a Dios fuera de las aulas y evitar que las pseudociencias se hagan fuertes en los colegios. La Fundación para la Razón y la Ciencia subvencionará libros y y DVDs para combatir lo que Dawkins denomina un “escándalo educativo” ante el aumento de “ideas irracionales”. 

La fundación también pretende llevar a cabo investigaciones psicosociológicas para averiguar qué hace que algunas personas sean más susceptibles a las ideas religiosas que otras y si estas últimas son además especialmente vulnerables ante determinadas teorías.

El envite de Dawkins para contrarrestar lo que él considera el adoctrinamiento religioso de los jóvenes británicos surge en un momento en el que se ha sabido que docenas de colegios están usando en las clases de ciencias unos materiales didácticos elaborados por el grupo “Verdad en la ciencia” que promueven la alternativa creacionista a la evolución darwinista, valorada por el gobierno británico como “inadecuada dentro de los planes de estudios de ciencias”.

Richard Buggs, un portavoz de Truth in Science, ha declarado que el grupo no estaba atacando la enseñanza de la teoría de Darwin. “Solamente decimos que también se deberían enseñar las críticas que se hacen a la teoría de Darwin”. Según Buggs, el diseño inteligente atiende a las pruebas empíricas en el mundo natural y afirma que eso es prueba de un diseñador. Es cierto, admite, que si vamos más allá, el razonamiento se vuelve religioso y el diseño inteligente tiene implicaciones religiosas. 

El Gobierno británico, en un infrecuente alarde de sensatez, ha dejado claro que “ni el diseño inteligente ni el creacionismo son teorías científicas reconocidas” y que, por tanto, se opondrá a su difusión en las instituciones públicas de enseñanza."            ( Salvador López Arnal , El Viejo Topo, 25/12/17)

17/3/14

"La ciencia nos abre los ojos, pero no tiene que ver con que Dios exista o deje de existir"

"El físico Juan Ignacio Cirac (Manresa, 1965) forma parte de esa brillante saga de científicos empeñados en completar el guion del universo. Su problema es que en esta ambiciosa superproducción cuántica, a diferencia de otras ciencias que tratan de abrir camino hacia el futuro, el tiempo de la historia deviene hacia el pasado más remoto. 

Como Christopher Nolan en la película Memento, los físicos están reconstruyendo a ciegas un argumento que en este caso dura trece mil millones de años. Y nadie está seguro de que se pueda llegar a conocer el principio de la mayor historia jamás contada, el Big Bang, el punto exacto en que la física cuántica más sólida se torna volátil metafísica, la pregunta ante la cual el ser humano se encoge todavía de hombros, el lugar donde habita el olvido que cantan los poetas.

Lo expresaba muy bien Max Planck, el científico alemán que da nombre al instituto tecnológico cuya división teórica dirige Cirac desde 2001. "La ciencia es incapaz de resolver los últimos misterios de la naturaleza, porque en el último análisis nosotros mismos somos parte de la naturaleza, es decir, del misterio que tratamos de resolver". (...)

P.: Presentando la historia del universo con el clásico esquema planteamiento-nudo-desenlace... ¿qué parte del relato sabemos?

R.: Comprendemos, en parte, hasta poco tiempo después del momento en que surge el Big Bang, que creemos que es lo que podría ser el principio del universo tal y como lo conocemos. No sabemos cómo y por qué surgió el Big Bang, pero sí sabemos lo que ocurrió poco después, por eso a partir de ese punto podemos correr parte de la película para ver lo que sucedió hasta nuestros días. 

P.: ¿Qué hemos comprendido gracias al bosón de Higgs?

R.: El bosón de Higgs nos dice de qué estamos hechos. Sabemos desde hace mucho tiempo que estamos hechos de electrones, de quarks... de varias partículas. Y nos faltaba una fundamental, diferente a todas las demás, y esa era el bosón de Higgs.

P.: Entre las prioridades del CERN para este año está el descubrimiento de la materia oscura. Su director de investigación, Sergio Bertolucci, ha dicho que su hallazgo podría alcanzar dimensiones mayores que las del bosón...

R.: La historia nos dice que cuando hay algo que no tiene explicación, si llegamos a explicarlo, tiene una repercusión importante. La materia oscura es algo que no entendemos, no sabemos de qué está hecha esa materia que parece que está en todas partes del universo, y que además no es como la materia a la que estamos acostumbrados. 

Por lo tanto, puede ser algo que no sea ni predecible. El bosón de Higgs fue predicho con unas teorías que decían que tenía que existir y luego se observó. La materia oscura es algo que no tenemos ni idea de lo que es y, por lo tanto, puede dar muchas sorpresas.

P.: ¿Está de acuerdo con la afirmación de que la sociedad se está volviendo más científica y cada vez recurre menos a mitos para explicar el mundo?

R.: Normalmente, lo que hace la ciencia es desmontar algunos mitos, pero no da respuesta a todo. Supongo que por eso aún tendrá que haber otras formas de ver las cosas, bien a través de la filosofía, bien a través de las distintas ideologías de la gente, porque la ciencia no ofrece todas las respuestas, sólo tumba algunos mitos precisamente porque no son ciertos.

P.: Muchos científicos prestigiosos, desde Einstein a Max Planck, han recurrido a símiles donde aparece Dios para explicar los límites de la ciencia. ¿Tiene la física, en último extremo, algo de místico?

R.: La ciencia no tiene nada que ver con lo místico, son dos cosas completamente separadas. Otra cosa distinta es que algunas religiones tienen ideas equivocadas bajo los ojos de la ciencia, y entonces la ciencia lo dice.

 Por ejemplo, hace trescientos años se pensaba que la Tierra, el universo incluso, tenía seis mil años. Hoy sabemos que tiene muchos más: trece mil millones. La ciencia nos va abriendo los ojos, pero eso no quiere decir ni que exista Dios ni que deje de existir, ni que sea de una manera o de otra. (...)"            (Entrevista con el físico JUAN IGNACIO CIRAC, El Confidencial, 21/01/2014)

24/8/11

Mucha gente ha abandonado su creencia en Dios no porque se haya pervertido, sino porque se le ha ofrecido una imagen de Dios tan deformada...

"El teólogo José María Castillo, doctor honoris causa por la Universidad de Granada (el primer pensador cristiano español con esa distinción en una universidad pública) sostiene que la crisis de Dios se desencadena por la forma falseada de presentarlo a la sociedad.

“Mucha gente no ha abandonado su creencia en Dios porque se haya pervertido, sino porque se le ha ofrecido una imagen de Dios tan deformada, que Dios les resulta inaceptable e incluso insoportable”. (...)

Como ha señalado el filósofo Heleno Saña, pensar en serio que el único problema de la humanidad es el de creer o no creer en Dios, “es adoptar, en sentido inverso, la misma intolerancia que hizo exclamar a Tertuliano que fuera de la Iglesia no hay salvación”.

Sostuvo Bonhoeffer que el hombre moderno tiene que vivir como si Dios no se hubiera dado. Era también una idea del rumano Mircea Eliade: “¿Pero se ha comprendido que la verdadera religión empieza sólo cuando Dios se ha retirado del mundo?” Lástima que el teólogo (y papa) Ratzinger no se detuviese anteayer a explicar sus teorías sobre tales eclipses." (El País, ed. Galicia, 21/08/2011, p. 13)

1/4/11

"Mientras más se alejan los hombres de Dios, más avanzan en el conocimiento de las religiones"

"- Vida. "El hecho de que la vida no tenga ningún sentido es una razón para vivir, la única, en realidad".

- Humanidad. "Amar al prójimo es algo inconcebible. ¿Acaso se le pide a un virus que ame a otro virus?".

- Dios. "Una enfermedad de la que imaginamos estar curados porque nadie se muere de ella hoy en día".

- Muerte. "La naturaleza, buscando una fórmula para satisfacer a todo el mundo, escogió finalmente la muerte, la cual, como era de esperar, no ha satisfecho a nadie".

- Amistad. "Con la edad lo que más se teme es que los amigos nos sobrevivan".

- Literatura. "Toda literatura empieza con himnos y acaba con ejercicios".

- Relativismo. "¿Qué sería de nuestras tragedias si un insecto nos presentara las suyas?".

- Filosofía. "Para poder vislumbrar lo esencial no debe ejercerse ningún oficio. Hay que permanecer tumbado todo el día, y gemir".

- Pueblo. "Un pueblo no representa tanto una acumulación de ideas y teorías como de obsesiones".

- Religiosidad.

"Mientras más se alejan los hombres de Dios, más avanzan en el conocimiento de las religiones".

- Tiempo. "No hago nada, es cierto. Pero veo pasar las horas, lo cual vale más que tratar de llenarlas".

- Autodefinición. "Soy un filósofo aullador". (Aforismos de Cioran. El País, 30/03/2011, p. 40)

23/3/11

¿Es cometido de los laboratorios demostrar la existencia divina?

"Si lo dice un científico, va a misa. Los investigadores están divididos: unos son creyentes y otros piensan que Dios es incompatible con la ciencia. (...)

La comunidad científica -vienen a decir- crece y se desarrolla al margen (a salvo) de la fe; la ciencia va a lo que va y no se ocupa de eventuales conflictos entre hechos demostrados experimentalmente y la religión.

Pero entonces llega el físico Stephen W. Hawking, escribe que no hace falta Dios para explicar el Universo ... y se produce una tormenta mediática. ¿Por qué? ¿No se consideraba este tema una prueba superada? (...)

En 1997, un artículo en la revista Nature recogía los resultados de una encuesta sobre creencias religiosas de científicos: el 40% de los biólogos, físicos y matemáticos consultados dijo creer en un dios al que uno reza "a la espera de recibir respuesta".

El trabajo, de Edward J. Larson (Universidad de Georgia), reproducía otra encuesta similar de 1914, que daba cifras muy parecidas. No todo el mundo acepta estos resultados, pero tampoco hay, o no se citan, estudios más recientes a este respecto en publicaciones de renombre.

Lo que sí hay ahora son científicos, de prestigio, que no solo se declaran creyentes, sino que consideran que hacerlo es casi un acto de rebeldía ante lo políticamente correcto en ciencia (ser ateo).

Para otros, en cambio, ser un investigador de primera fila es simplemente incompatible con creer en Dios. También es animada la siguiente cuestión: ¿tiene la ciencia algo que decir sobre la necesidad de Dios para explicar el mundo?

O esta otra: ¿hasta qué punto el subconsciente religioso de una sociedad influye en las conclusiones a las que llegan sus científicos?

"Dado que hay una ley como la gravedad, el Universo puede crearse de la nada y lo hace", escribe Hawking. "La creación espontánea es la razón de que haya algo en lugar de nada (...) No es necesario invocar a Dios para que encienda la luz y eche a andar el Universo". (...)

"Hace 200 años, el físico francés Laplace fue criticado por Napoleón por excluir a Dios de su explicación sobre cómo se formó el Sistema Solar; la famosa respuesta de Laplace fue: 'No necesito esa hipótesis'.

Hawking está aplicando la lógica de Laplace a todo el Universo, en lugar de solo al Sistema Solar, pero la cuestión de fondo es la misma".

Ahora bien, Hawking no dice que Dios no exista. "Es fácil imaginar una prueba de la existencia de Dios", dice Peacock. "Si mañana viéramos que las estrellas se han movido para escribir en el firmamento el mensaje de que Dios existe, para mí sería bastante convincente. Pero una prueba de la no existencia de Dios es mucho más difícil de imaginar". (...)

Sea o no difícil demostrar que Dios no existe, ¿compete eso a los científicos? "La existencia de Dios queda fuera del ámbito de la ciencia", dice Josh Frieman... Por eso mismo, "las creencias de los cosmólogos no son relevantes para su trabajo como investigadores; muchos cosmólogos tienen intensas creencias religiosas, y muchos otros no". (...)

"A lo largo de la historia ha habido grandes pensadores y científicos creyentes y no creyentes. Parece que ahora en la comunidad científica hay una mayoría que se declararía indiferente o no creyente, pero no pienso que sea incompatible ser un buen científico y creer en Dios. Son asuntos separados". (...)

"Hoy parece que hablar de Dios [entre los científicos] es una especie de herejía, pero lo cierto es que la cosmología siempre ha sido, y sigue siendo, una ciencia muy cercana a los límites, a las preguntas fundamentales que todos nos hacemos" (...)

"La postura que afirma que la ciencia no puede responder a si Dios existe no me parece sincera. De hecho, hoy se sigue discutiendo si la cosmología apoya una creación en el principio, o no. El Big Bang no demuestra ni refuta la existencia de Dios, pero es un debate interesante y pertinente; no estoy de acuerdo con eso de que la ciencia y la religión van por caminos distintos, lo considero una pose: la cabeza es una sola, y todo, Dios y la ciencia, pasan en la cabeza".

Battaner ve a Dios "como una especie de razonamiento que puede salir de la ciencia". "Tengo, desde luego, muchas dudas, pero me parece vislumbrar una necesidad racional de Dios. No un dios que castiga a los malos y recompensa a los buenos, sino un dios como una necesidad científica.

Me convence el argumento de lo contingente: el Universo podría no existir, yo podría no existir... es decir, todos somos contingentes; debe de haber algo que no lo sea". (...)

"Pedir a alguien que rechace [las evidencias a favor de la evolución] para demostrar que realmente ama a Dios... ¡Qué elección más horrible!". En su opinión, Dios hace falta para comprender al ser humano; sin él "no entenderíamos por qué estamos aquí".

"La ciencia no tiene poder para abordar estas preguntas. Y ¿no son, al fin y al cabo, las más importantes que nos hacemos?".

Es cierto, dicen los historiadores de la ciencia, que el trabajo del científico debió de nacer de la misma curiosidad que hizo germinar la religión. Pero en cierto momento la ciencia labró su propio camino. "En época de Newton no se podía pensar en cuestiones científicas sin, tarde o temprano, llegar a la cuestión de Dios", explica José Ferreirós, catedrático de Lógica y Filosofía de la Ciencia de la Universidad de Sevilla.

"La cosa dejó de ser así en el siglo XIX, antes de Einstein. ¿Por qué cambió? Porque 'Dios ha muerto' en la sociedad, como dijo Nietzsche. El desarrollo de la ciencia y de la filosofía moderna tuvo mucho que ver con esa muerte, pero también la Revolución Francesa, el fin del Antiguo Régimen". Para Ferreirós, "el tema religioso es hoy más que nada un asunto privado". (...)

"Los matemáticos discrepan sobre si las matemáticas son un constructo humano o si se descubren porque ya estaban en la naturaleza (¿dadas por Dios?)", señala Manuel de León, director del Instituto de Ciencias Matemáticas.

"Creo que las descubrimos aunque les demos una determinada forma que puede diferir de unos a otros, y las descubrimos porque son al final las leyes que rigen el Universo; esa física que Hawkings aduce como causa de la creación del Universo se expresa en términos matemáticos". Y está la simple admiración ante lo que los matemáticos llaman belleza, "esa sensación estética que a algunos les lleva a considerar las matemáticas como la verdad última", dice De León.

Y, cómo no, a la cuestión ciencia-religión no le falta un toque irónico: ¿Qué pasa cuando los científicos ocupan en la sociedad el papel de... sacerdotes? O sea: ¿Por qué lo que dice Hawking va a misa? "La opinión de un científico acerca de este tema no tiene por qué ser a priori más interesante que la de cualquier otra persona", dice Evencio Mediavilla. "Sería infantil crear una iglesia de científicos no creyentes". (...)

La relación entre ciencia y religión es un tema recurrente, como lo prueban las siguientes citas.

- Albert Einstein, físico: "No hay duda de que la ciencia no refutará nunca la doctrina de un Dios personal que interviene en los acontecimientos naturales, donde esta doctrina siempre puede afianzarse en aquellos campos en los que aún no ha sido capaz de afianzarse el conocimiento científico".

- Steven Weinberg, físico: "Con o sin religión, la gente buena hará el bien y la gente mala hará el mal, pero para que la gente buena haga el mal, hace falta la religión".

- Johan Allen Paulos, matemático: "Parece que las mentiras subyacentes tras la fe pueden hacer más soportable la vida diaria" (Elogio de la irreligión)

- Paul Davies, físico: "No podemos llegar al conocimiento completo debido a las mismas normas de razonamiento que nos llevan en principio a buscar tal explicación. Si queremos progresar más, tenemos que aceptar una comprensión distinta de la explicación racional". (La mente de Dios)." (El País, 05/09/2010, p. 34/5)

29/1/11

"Creo en Dios y en su Cristo, pero no creo en la Iglesia"

"He sido y soy un miembro fiel de la Iglesia. Creo en Dios y en su Cristo, pero no creo en la Iglesia. Rechazo toda equiparación de la Iglesia con Dios, todo infatuado triunfalismo y todo egoísta confesionalismo". Con esta contundencia se expresa el teólogo Hans Küng a punto de cumplir los 83 años (lo hará en marzo próximo). (...)

"Con toda sinceridad, señor Küng, ¿en qué cree usted personalmente?".

Esta es una de sus conclusiones: "Durante toda una vida de teólogo me he comprometido a favor de la renovación de la Iglesia y la teología católicas, así como en favor del entendimiento entre las Iglesias cristianas. He podido ser testigo de algunos éxitos, sobre todo bajo Juan XXIII y durante el concilio Vaticano II.

Pero también he tenido que encarar reveses, en especial bajo los papas posconciliares. Ellos y su aparato curial del poder traicionaron el concilio reformista y pusieron de nuevo en pie, a fin de bloquear cualquier reforma, el sistema romano, antirreformado y antimoderno, propio de la Edad Media, con un colegio episcopal por entero domesticado". (El País, 28/01/2011, p. 40)

2/9/10

Dios no creó el Universo... fue cosa de la Física..

"Stephen Hawking explica en un libro que el Big Bang es una consecuencia inevitable de las leyes de la físic.

El científico británico Stephen Hawking afirma en su nuevo libro, The Grand Design (El Magnífico Diseño), que el Big Bang fue una consecuencia inevitable de las leyes de la física, que Dios no creó el Universo y que las teorías científicas más actuales convierten en redundante la figura de un creador. El libro, del que el periódico británico The Times adelanta hoy algunos extractos, señala: "Dado que existe una ley como la de la gravedad, el Universo pudo crearse a sí mismo -y de hecho lo hizo- de la nada. La creación espontánea es la razón de que exista algo, de que exista el Universo, de que nosotros existamos". Por tanto, añade, "no es necesario invocar a Dios" para que haya cosmos. (...)

Los argumentos actuales de Hawking sugieren que ha roto con su visión anterior acerca de la religión, cuando sostenía que las leyes de la física significaban que sencillamente no era necesario creer que Dios hubiera intervenido en el Big Bang. Ahora destaca, por ejemplo, que el descubrimiento del primer planeta extrasolar, en 1992, ayudó a desmontar la visión de Isaac Newton de que el Universo no pudo surgir del caos sino que fue creado por Dios.

Hawking, físico teórico reconocido internacionalmente por sus aportaciones en cuestiones de cosmología, agujeros negros y gravitación cuántica, sugería que "si llegamos a descubrir una teoría completa, sería el triunfo definitivo de la razón humana porque entonces conoceríamos la mente de Dios". Ahora sostiene que, del mismo modo que el darwinismo eliminó la necesidad de un creador en el campo de la biología, las nuevas teorías de la física hacen redundante el papel de un creador del Universo.

Ese hallazgo "hace que las precisas condiciones de nuestro sistema planetario -el Sol único, la afortunada combinación de la distancia Sol-Tierra y la masa solar- sean mucho menos llamativas y en absoluto evidencias convincentes de que la Tierra fuera cuidadosamente diseñada para satisfacer a los seres humanos", escriben Hawking y su colega en el nuevo libro." (El País, 02/09/2010)

3/11/09

Dios, Jesucristo, Caín... según Saramago

"En la controvertida novela del Evangelio, Saramago humanizó la figura de Jesucristo. Algunos lectores de su último libro apuntan que ahora humaniza la figura de Caín. Pone cara de póquer, medita un instante y hace la siguiente reflexión: "Lo que pasa es que Jesús humaniza la figura de Dios. Jesús suavizó y matizó el Dios del Antiguo Testamento. Nunca tuve la conciencia de que estaba humanizando a Caín, pero, claro, es el fratricida, el asesino de su hermano Abel. En castellano hay la palabra cainita, que habla por sí sola. Siempre he pensado que la historia de Caín es una historia que ha sido mal contada en la Biblia. Como la de David y Goliat. Goliat nunca ha podido acercarse a David, David venció porque tenía una honda, que era la pistola de la época".

De dónde viene esa obsesión por escribir de Dios, pregunto, porque el tema de fondo es Dios, aunque ahora sea a través de la figura de Caín. "Puede parecer extraño", dice. "Nunca tuve educación religiosa. Ni en el colegio, ni en casa. No tuve crisis religiosas en la adolescencia ni cuando uno empieza a preguntarse sobre la muerte. Sinceramente, creo que la muerte es la inventora de Dios. Si fuéramos inmortales no tendríamos ningún motivo para inventar un Dios. Para qué. Nunca lo conoceríamos". El ateísmo del autor tiene sus matices. "Ateo es sólo una palabra. En el fondo, estoy empapado de valores cristianos, y es verdad que algunos de estos valores coinciden con valores de humanismo. Los acepto. Ahora bien, todo lo que tiene que ver con la creencia en un Dios superior y eterno, que un día me condenará, me parece una chorrada".

Las páginas de Caín son implacables con Dios. "No", replica. "Soy implacable con la especie humana, que ha inventado el Señor". Bueno, pero el libro dice, entre otras cosas, que Dios no es de fiar, que es capaz de pactar con Satán, que está rematadamente loco. Le trata de rencoroso, maligno, corrupto... Le acusa de despreciar la Justicia. Y así hasta el final, donde afirma que Dios acaba por arrepentirse de haber creado el hombre. "Sí, por eso, según la Biblia, ordenó el diluvio y exterminó a la humanidad, a excepción de Noé y su familia. El libro es una lucha entre el hombre y Dios. Con Caín, que no era precisamente un santo sino todo lo contrario, pero en el fondo más limpio de mente y más transparente". (José Saramago: "La muerte es la inventora de Dios". El País, babelia, 17/10/2009, p. 12/3)

1/12/08

Ciencia y religión ¿Están en los genes?

"Ciencia y religión no pueden convivir en paz, añade el matemático Odifreddi. "La ciencia acepta verdades basadas en confirmaciones empíricas y deducciones matemáticas y lógicas. La religión, al menos la católica, se refiere a un libro de hace 2.000 años y a pronunciamientos dogmáticos de concilios y del Papa. Es difícil imaginar métodos más opuestos".

Pero ¿podemos vivir sin Dios? La respuesta de los científicos, filósofos y teólogos no es unánime. El Nobel Weinberg confiesa que no es fácil no creer, pero está convencido de que la creencia declina inevitablemente en Occidente. Y añade que aunque las prácticas religiosas se mantengan durante siglos, no está tan seguro de que la creencia perviva.

"Hay que distinguir la religión, que es construcción social, de la experiencia religiosa, que es personal", matiza Tamayo. "Las iglesias son instituciones, con un atractivo político y social, que incluso hoy pocas veces implican creencias profundas", añade Odifreddi, "por lo que pueden sobrevivir aunque la fe languidezca".

"En el futuro seguiremos creyendo, porque lo llevamos de fábrica", argumenta el físico Jorge Wagensberg. "La psicología del desarrollo, la antropología cognitiva y la neurociencia señalan que evolutivamente estamos programados para creer".

Otros están convencidos de que la ciencia es la respuesta. "¡Todos creemos en algo!", concede el matemático Odifreddi. "La cuestión es qué debemos creer; yo creo que la ciencia puede ofrecer incluso una concepción espiritual del mundo, al mostrar cómo tras el aparente caos del cosmos descansa un orden profundo". Su conclusión es clara: "La ciencia es hoy la religión verdadera, mientras que la vieja religión es sólo superstición. Así que si alguien quiere creer en algo, puede creer en la ciencia y su manera de ver el mundo". (El País, ed. Galicia, 24/11/2008, p. 34/5)

4/6/08

Argumentando sobre la existencia de Dios

“Vivimos en un mundo creado por un dios todopoderoso, omnisciente y absolutamente bueno? Los cristianos así lo creen. No obstante, todos los días nos enfrentamos a un motivo poderoso para dudarlo: en el mundo hay mucho dolor y sufrimiento. Si Dios es omnisciente, sabe cuánto sufrimiento hay. Si es todopoderoso, podría haber creado un mundo sin tanto dolor, y lo habría hecho si fuera absolutamente bueno. (…)

El mes pasado, en la Universidad de Biola, una escuela cristiana en el sur de California, debatí la existencia de Dios con el comentarista conservador Dinesh D'Souza. En los últimos meses, D'Souza ha insistido en discutir con ateos prominentes, pero a él también le costó trabajo encontrar una respuesta convincente al problema que he descrito.

Primero dijo que puesto que los seres humanos pueden vivir eternamente en el cielo, el sufrimiento de este mundo es menos importante que si nuestra vida en este mundo fuera la única que tuviéramos. Eso sigue sin explicar por qué un dios todopoderoso y absolutamente bueno lo permitiría. Por insignificante que sea este sufrimiento desde la perspectiva de la eternidad, el mundo estaría mejor sin él, o al menos sin la mayor parte de él. (Algunas personas afirman que necesitamos algo de sufrimiento para apreciar lo que es ser feliz. Tal vez, pero ciertamente no necesitamos tanto).

A continuación, D'Souza adujo que como Dios nos dio la vida, no estamos en condiciones de quejarnos si no es perfecta. Utilizó el ejemplo de un niño nacido sin una pierna. Dijo que si la vida en sí misma es un don, no se nos hace un daño si recibimos menos de lo que podríamos desear. En respuesta, señalé que nosotros condenamos a las madres que dañan a sus bebés mediante el uso de alcohol o cocaína durante el embarazo. No obstante, ya que le dan la vida a sus hijos, parece que según la opinión de D'Souza lo que hacen no tiene nada de malo.

Por último, D'Souza recurrió, como lo hacen muchos cristianos cuando se les presiona, a la afirmación de que no podemos esperar entender los motivos de Dios para crear el mundo tal como es. Es como si una hormiga tratara de entender nuestras decisiones, por lo insignificante que es nuestra inteligencia en comparación con la infinita sabiduría de Dios. (Ésta es la respuesta que se da de forma más poética en el Libro de Job). Pero una vez que abdicamos así de nuestra capacidad de raciocinio, bien podemos creer lo que sea.

Además, la afirmación de que nuestra inteligencia es insignificante en comparación con la de Dios presupone exactamente el punto que se está debatiendo: que existe un dios omnisciente, omnipotente y absolutamente bueno. Las evidencias que tenemos ante nuestros propios ojos indican que es más razonable creer que el mundo no fue creado por dios alguno. Si de cualquier forma insistimos en creer en la creación divina, nos vemos obligados a admitir que el dios que creó el mundo no puede ser todopoderoso y absolutamente bueno. O es malvado o no es muy hábil.” (PETER SINGER: ¿El Dios del sufrimiento?. El País, ed. Galicia, Opinión, 01/06/2008, p. 35)

27/5/08

Cuando se apaga la fe en Dios

¿Creía en Dios Teresa de Calcuta? Un libro desvela cartas de la beata en las que describía las crisis de fe de sus últimos 50 años.

Teresa de Calcuta (1910-1997)… "Jesús tiene un amor muy especial por ti, pero por mí... el silencio y el vacío son demasiado grandes, miro y no veo, escucho y no oigo, la lengua se mueve, pero no habla". Es una de las muchas frases escritas por la beata que resumen la profunda crisis de fe de los últimos 50 años de su vida. (…)

"Señor, mi Dios, ¿quién soy yo para que me abandones? [...] Yo llamo, me aferro, quiero, pero nadie responde, nadie a quien agarrarme, no, nadie. Sola, ¿dónde está mi fe? Incluso en lo más profundo, no hay nada, excepto vacío y oscuridad, mi Dios, qué desgarrador es este insospechado dolor, no tengo fe [...] Tantas preguntas sin responder viven dentro de mí con miedo a destaparlas por la blasfemia. Si hay Dios, por favor, perdóname [...] ¿Me equivoqué rindiéndome ciegamente a la llamada del Sagrado Corazón?". Este texto y otro escrito en 1959 son los que más claramente muestran sus dudas sobre la existencia de Dios: "Si no hay Dios, no hay alma, si no hay alma, entonces, Jesús, tú tampoco eres verdadero".

Pero en muchas otras epístolas se refiere también a sus sentimientos de "vacío, aridez". "Hay una terrible oscuridad dentro de mí, como si todo estuviera muerto. Esto es así más o menos desde que comencé a trabajar".

"La sonrisa es una máscara, una tapadera que cubre todo. Hablo como si mi corazón estuviera enamorado de Dios; si estuvieses ahí, dirías: 'qué hipocresía", confiesa a un consejero.

Llegó un momento en su vida, después de cambios sucesivos de confesor, en el que asimiló esta sensación. El reverendo Neuner le da la clave para aceptarlo a principios de los sesenta. Le dice que no hay un remedio humano, por lo que no se tiene que sentir responsable de su sentimiento; que sentir a Jesús no es la única prueba de que está ahí; y que su ansia de Dios es un signo de su presencia en su vida. La beata puede soportar "por primera vez en años esa oscuridad". (El País, Sociedad, 25/08/2007)

Tú sientes que no está Dios, por tanto, está. Hábil el confesor. Lo que necesitas, existe, porque lo necesitas. No se necesita algo que no existe. No lo conocerías.

22/5/08

Dios existe, estadísticamente

¿Dios creó al hombre o el hombre creó a Dios?. Científicos de Oxford investigan la estructura cerebral que aloja la creencia religiosa.

Si usted cree en Dios o, en general, en alguna forma de ente místico, sepa que la inmensa mayoría de la humanidad está en su mismo bando. Si por el contrario no es creyente, es usted, en términos estadísticos, un raro. Si la demostración de la existencia de Dios se basara en el número de fieles, la cosa estaría clara. No es así, aunque en lo que respecta a este artículo eso es, en realidad, lo de menos. (…)

Meter mano científicamente a la pregunta 'por qué somos religiosos los humanos' no es fácil. Una muestra: experimentos recientes identifican estructuras cerebrales relacionadas con la experiencia religiosa. ¿Significa eso que la evolución ha favorecido un cerebro pro-religión porque es un valor positivo? ¿O es más bien el subproducto de un cerebro inteligente? Sacar conclusiones es difícil, e imposible en lo que se refiere a si Dios es o no 'real'. Que la religión tenga sus circuitos neurales significa que Dios es un mero producto del cerebro, dicen unos. No: es que Dios ha preparado mi cerebro para poder comunicarse conmigo, responden otros. Por tanto, "no vamos a buscar pruebas de la existencia o inexistencia de Dios", dice Barrett. (…)

"La religión forma parte de la cultura de los seres humanos. Es un universal, está en todas las culturas conocidas", afirma Eloy Gómez Pellón, antropólogo de la Universidad de Cantabria y profesor del Instituto de Ciencia de las Religiones de la Universidad Complutense de Madrid.

¿Por qué esto es así? Para Carbonell hay un hecho claro: "La religión, lo mismo que la cultura y la biología, es producto de la selección natural". Lo que significa que la religión -o la capacidad para desarrollarla-, lo mismo que el habla, por ejemplo, sería un carácter que da una ventaja a la especie humana, y por eso ha sido favorecido por la evolución. ¿Qué ventaja? "Eso ya es filosofía pura", responde Carbonell. Está dicho, las creencias no fosilizan.

Así que hagamos filosofía. O expongamos hipótesis: "Un aspecto importante aquí es la sociabilidad", dice Carbonell. "Cuando un homínido aumenta su sociabilidad interacciona de forma distinta con el medio, y empieza a preguntarse por qué es diferente de otros animales, qué pasa después de la muerte... Y no tiene respuestas empíricas. La religión vendría a tapar ese hueco".

Esa visión cuadra con la antropológica. La religión, según Gómez Pellón, da los valores que contribuyen a estructurar una comunidad en torno a principios comunes. Por cierto, ¿y si fueran esos valores, y no la religión en sí, lo que ha sido seleccionado? Curiosamente, señala Gómez Pellón, "los valores básicos coinciden en todas las religiones: solidaridad, templanza, humildad...". Tal vez no sea mensurable el valor biológico de la humildad, pero sí hay muchos modelos que estudian el altruismo y sus posibles ventajas evolutivas en diversas especies, incluida la humana.

También coinciden Carbonell y Gómez Pellón al señalar el papel "calmante" de la religión. "La religión ayuda a controlar la ansiedad de no saber", dice el antropólogo. "Cuanto más se sabe, más se sabe que no se sabe. Y eso genera ansiedad. Además, el ser humano vive poco. ¿Qué pasa después? Esa pregunta está en todas las culturas, y la religión ayuda a convivir con ella, nos da seguridad". Lo constatan quienes tratan a diario con personas próximas a situaciones extremas. "Es verdad que en la aceptación del proceso de morir las creencias pueden ayudar", señala Xavier Gómez-Batiste, cirujano oncólogo y Jefe del Servicio de Cuidados Paliativos del Hospital Universitario de Bellvitge.

Por si fueran pocas ventajas, otros estudios sugieren que las personas religiosas se deprimen menos, tienen más autoestima e incluso "viven más", dice Barrett. "El compromiso religioso favorece el bienestar psicológico, emocional y físico. Hay evidencias de que la religión ayuda a confiar en los demás y a mantener comunidades más duraderas". La religión parece útil. Eso explica que el ser humano "sea naturalmente receptivo ante las creencias y actividades religiosas", prosigue.

Naturalmente receptivos. ¿Significa eso que estamos orgánicamente predispuestos a ser religiosos? ¿Lo está nuestro cerebro? En los últimos años varios grupos han recurrido a técnicas de imagen para estudiar el cerebro en vivo en "actitud religiosa", por así decir.

"Son experimentos difíciles de diseñar porque la experiencia religiosa es muy variada", advierte Javier Cudeiro, jefe del grupo de Neurociencia y Control Motor de la Universidad de Coruña. Los resultados no suelen considerarse concluyentes. Pero sí se acepta que hay áreas implicadas en la experiencia religiosa.” (MÓNICA SALOMONE: ¿Dios creó al hombre o el hombre creó a Dios?. El País, ed. Galicia, Sociedad, 20/05/2008, p. 34/5)