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12/6/14

La Confederación ibérica de España, Portugal... y Galicia

"SABEMOS sobradamente que el portugués Fernando Pessoa (1888-1935) fue un personaje poliédrico.(...)

 Conocemos su pluralidad poética pero hasta hace muy poco (entre los papeles de sus baúles) yacían muchos proyectos no conclusos, no menos plurales que su poesía, pero de todos los órdenes: Desde hacer un libro sobre el poeta persa Omar Khayyám hasta escribir sobre el futuro de la península ibérica, en un libro que se hubiese titulado Iberia. Introducción a un imperialismo futuro.

 Los papeles conservados han dado para hacer el libro que, con el título mencionado, acaba de editar en español Pre-Textos de Valencia. No es el único Pessoa político que conocemos, pero estamos ahora ante un Pessoa, que pese a momentos que pueden parecer utópicos, es un pensador político sobre el destino (que él desea importante) de nuestras patrias: Portugal y España. 

Para Pessoa no somos estrictamente países latinos (aunque vengamos del legado de Roma) sino que por nuestro contacto islámico somos «países ibéricos». Así no cabe hablar de Latinoamérica ni de Hispanoamérica –este último término parcial– sino de Iberoamérica, no sólo fruto de nuestra historia sino señal suprema de nuestro futuro. 

Pero empecemos por el principio. Pessoa escribió los no pocos fragmentos del citado libro entre 1914 y 1930, lo que es importante tener en cuenta para justificar el cambio o el avance de algunas de sus opiniones.

 Para Pessoa, Portugal (renovado con la República de 1910, aunque no lo suficiente todavía) es sobre todo –en relación con España– un país muy cohesionado, enteramente cohesionado –«vertebrado» hubiera dicho Ortega– frente a España que, tras su época imperial, se ha convertido en una nación de naciones.

 Para Pessoa España engloba bajo la hegemonía de Castilla (entiéndase el antiguo reino de Castilla, o mejor aún, todas las zonas que hoy hablan castellano) a dos naciones más, Cataluña (singularmente) y Galicia. En un primer estadio de sus reflexiones Pessoa cree que en la Confederación ibérica que busca, en la Iberia global que nunca pierde de vista, Galicia debiera unirse a Portugal. 

Sin embargo pronto se da cuenta de que Galicia ya no es Portugal y que, consecuentemente –tras siglos de distancia– Galicia está tan cerca de Castilla como de Portugal. Y dice: «Nadie que sea verdaderamente portugués quiere para nada Galicia. No queremos que Galicia sea parte de Portugal, o que Galicia y Portugal sean un solo país». Y más adelante: «Sería –Galicia– un cuerpo extraño que perturbaría por exceso la gran virtud portuguesa, que es la formidable unidad de nuestra nación». 

Sin duda Pessoa respiró un fuerte nacionalismo lusitano, pero ello no le impidió pensar que el futuro de Portugal pasaba por Iberia, es decir, por su confederación con España. Pero si Portugal es un país fuertemente unido, España no. Y su principal problema es Cataluña.

 Y tiene por cierto que Cataluña es una nación pero a la que por distintos motivos que a Galicia (de hecho la compara con la Provenza francesa) se le ha pasado su momento histórico de ser una gran nación independiente. «Cataluña es para España exactamente lo que Provenza para Francia. En ambos casos la nación cultural se sobrepuso a las naciones naturales». Cataluña es una nación, pero no sólo necesita y es parte de Iberia, sino que su independencia le privaría de toda grandeza futura.

 «¿Quién sabrá, en la posteridad, salvo sólo por saberlo, que hubo catalán, que hubo provenzal o incluso que hubo holandés o cualquiera de las lenguas escandinavas? Solo sobreviven las lenguas imperiales».

Algunos dirán, leyendo lo que antecede, que Pessoa era un protofascista o que estaba contra las culturas minoritarias. No, Pessoa respeta todo hecho cultural pero lo subordina al otro hecho civilizacional. «Sólo hay dos naciones en Iberia: España y Portugal. La región que no forma parte de una forma parte de otra. 

El resto es filología». Para entender que en Pessoa no hay desprecio por ninguna cultura, sino sólo el sueño de un nuevo imperio cultural, ese «Quinto Imperio» al que se refirió a menudo, tenemos que acudir a José Saramago, cercano (con mayor realismo) a alguno de estos postulados, desde su novela La balsa de piedra. 

Iberia no es un país, sino una confederación de naciones, desde la unitaria Portugal a la plural España. España respetará y dejara libre a las naciones que la componen, pero sin salirse del marco de Iberia. Porque el futuro cultural de esa Iberia es ser una de las culturas hegemónicas del mundo basándose en la América española y en Brasil. 

Desde hoy, Pessoa podría haber sido más ambicioso o más amplio, añadiendo casi la mitad de los Estados Unidos y las colonias portuguesas de África, Angola y Mozambique, que aunque sigan siendo países muy pobres, son grandes territorios. Pessoa no piensa en la abolición de una identidad catalana (o gallega) ni literaria ni autonómica de amplio espectro, sugiere sólo que esas partes deben remar en pro del conjunto de Iberia, no monárquica. (...)

Es cierto que parte de estas ideas o propuestas no dejan de estar muy signadas por la época en que Pessoa escribe (1930, fecha tope) pero no es menos cierto que, entre las inexactitudes o los excesos idealistas, hay muchos temas o propuestas que admiten una lectura hodierna.

 Por ejemplo, en una España futura mejor estructurada –la actual tiene claras fisuras– no sería mala idea contar con Portugal, acercarse a Portugal, pues si el «iberismo» es un tema relativamente nuevo en España –aparte de Unamuno–, en Portugal ha sido siempre una corriente notable. 

Y si precisamos que la Confederación que Pessoa pregona admite la libertad interna de cada país (incluyendo Cataluña) a la vez deja clara la dirección en que han de remar todos: no la grandeza de España ni de Portugal (que ya la tuvieron, además) sino la grandeza de Iberia.

Es verdad que Pessoa era muy anticatólico (pero no todos creemos que el nacionalcatolicismo haya sido bueno) y bastante antifrancés, pues piensa que la cultura cartesiana de Francia es una de las enemigas culturales de Iberia. («Lúcidos, completos en su nivel inferior, los franceses han sido los corruptores de nuestra civilización ibérica».) 

De ahí los clamores latinos de este Pessoa entre realidad y utopía: «Delenda Galia! Delenda Germania! Delenda Ecclesia!» Insisto, leer estas reflexiones de Pessoa tiene mucho de paseo por la utopía de nuestra sangre. Pero aseguro que está lleno de puntos inmensamente actuales. La importancia de Iberia y su pluralidad unificante. Un paseo para vivir el presente, lejos y cerca."            (EL MUNDO 09/06/14, LUIS ANTONIO DE VILLENA, en Fundación para la Libertad)

16/10/13

¿Un imperio latino contra la dominación alemana?

"¿Un imperio latino contra la dominación alemana? El filósofo italiano Giorgio Agamben explica su gran tesis discutida. Al parecer, había sido mal interpretado.

Dirk Schümer: Profesor Agamben, en marzo se puso en marcha la idea de una “soberanía América” ​​contra la dominación alemana en Europa, podría usted imaginar la poderosa resonancia tendría eso? Mientras tanto, el ensayo ha sido traducido a muchos idiomas y apasionadamente discutido en la mitad del continente… 

Giorgio Agamben: No, no me esperaba esto. Pero yo creo en el poder de las palabras, cuando se les llama en el momento adecuado. 

DS: ¿La brecha en la Unión Europea es en realidad entre las economías y estilos de vida del norte “germánico” y el sur “América”? 

GA: Yo quiero decir de inmediato que mi tesis ha sido exagerado por los medios de comunicación y por lo tanto distorsionada. Su título, “El imperio latino debería lanzar un ataque contra” fue encontrado por los editores de la Liberación y tomada por los medios de comunicación alemanes. No es algo que he dicho. (...)

El objeto de mi crítica no era Alemania, sino más bien cómo se construyó la Unión Europea, ya sea sobre una base puramente económica. Por lo tanto, no sólo nuestras raíces espirituales y culturales han sido ignorados, sino también los de nuestras políticas y nuestros tribunales. Si se pretende ser una crítica de Alemania, es sólo porque Alemania, debido a su posición dominante a pesar de su destacada tradición filosófica en la actualidad parece incapaz de imaginar una Europa basada en algo más que el euro y la economía. (...)

Europa tiene una relación especial con sus ciudades, sus tesoros artísticos, sus paisajes. Esto es lo que consiste realmente Europa. Y ahí está la supervivencia de Europa. 

DS: ¿Europa es sobre todo una forma de vida, un sentido de la vida histórica?
GA: Sí, fue por eso que en mi artículo, me señaló incondicionalmente teníamos que preservar nuestras distintas formas de vida. Cuando los aliados bombardearon ciudades alemanas, también sabían que lo que podrían destruir la identidad alemana. Del mismo modo, los especuladores de hoy en día están destruyendo el paisaje italiano con carreteras de concreto y autovías. Esto significa no sólo que nos privan de nuestra propiedad, pero nuestra identidad histórica.

DS: Así que ¿la UE debería centrarse en las diferencias en lugar de la armonización? 

GA: Tal vez si fuera de Europa no hay otro lugar en el mundo donde la gran variedad de culturas y formas de vida –al menos en sus momentos preciosos– es notable. (...)

Pero muy al contrario de esto, en los países europeos, las escuelas y las universidades, las mismas instituciones que deberían perpetuar nuestra cultura y crear un contacto vivo entre el pasado y el presente, se destruyen y comprometidas financieramente. Esto va minando cada vez con mayor museificación del pasado. Tenemos un comienzo en muchas ciudades que se convierten en áreas históricas, donde las personas se ven obligadas a sentir los turistas en el mundo de sus propias vidas. 

DS: ¿Museificación desenfrenada que es la contrapartida de una pauperización progresiva? 

GA: Es evidente que no sólo estamos frente a los problemas económicos, pero la existencia de toda Europa –a partir de nuestra relación con el pasado. El único lugar donde el pasado se puede vivir es el presente. Y si esto ya no es elegir a su propio pasado como algo vivo, entonces las universidades y los museos se convierten en un problema.

 Es obvio que hay fuerzas en el trabajo en la Europa de hoy que tratan de manipular nuestra identidad, rompiendo el cordón umbilical que todavía nos conecta con nuestro pasado. Más bien se nivelan las diferencias.Sólo Europa no puede ser nuestro futuro si hacemos claro que significa, ante todo nuestro pasado. Pero el pasado es cada vez liquidada. (...)

La comprensión actual de la crisis, por otro lado, se refiere a un estado sostenible. Por lo tanto, esta incertidumbre se extiende indefinidamente en el futuro. Este es exactamente el mismo que en sentido teológico, el Juicio Final era inseparable del fin de los tiempos. Hoy, sin embargo, el juicio se había divorciado de la idea de la resolución y se presenta en varias ocasiones. Por lo tanto, la perspectiva de una decisión aún menos, y el interminable proceso de decisión que nunca hizo. 

DS: ¿Significa esto que la crisis de la deuda, la crisis de las finanzas estatales, la moneda, la Unión Europea, son infinitas? 

GA: En la actualidad, la crisis se ha convertido en un instrumento de dominación. Sirve para legitimar decisiones políticas y económicas que privan a los ciudadanos de toda posibilidad de decisión. En Italia, es muy clara. Aquí, un gobierno se formó en nombre de la crisis y Berlusconi está de vuelta en el poder a pesar de que es radicalmente en contra de la voluntad del electorado. 

Este gobierno es tan ilegítima como la llamada Constitución Europea. Los ciudadanos europeos deben dejar en claro sus propios ojos que esta crisis sin fin – como un estado de emergencia – es incompatible con la democracia. (...)

DS: Europa, entendida como cultura, no sólo como un espacio económico tanto, podría responder a la crisis? 

GA: Por más de doscientos años, las energías humanas se han centrado en la economía. Muchas cosas indican que tal vez haya llegado el momento de que el homo sapiens para organizar una nueva acción humana más allá de esta única dimensión. La vieja Europa puede hacer con precisión una contribución decisiva para el futuro aquí. "                   (Dirk Schümer, FAZ / SSociólogos, Rebelión, 07/10/2013)

3/9/12

Si la Unión Europea no sirve, ¿Por qué no una Unión Latina?

"Un club mediterráneo.

Si Italia, España, Portugal, Irlanda y Grecia, o simplemente las tres primeras, fundasen, o más bien relanzasen, un club del Mediterráneo que tuviese sus propias reglas e instituciones comunes, las cuales mantendrían la presencia de aquellas en la Unión Europea y en la zona euro no como Estados sueltos sino como club, el contragolpe sería fuerte, muy fuerte incluso. 

Prosigo con mi ejemplo: ¿y si los países del club estableciesen relaciones de amistad económico-política, de consulta mutua, con otros países mediterráneos --Argelia, Marruecos, Libia, Egipto, Israel, Turquia--, relaciones que existen ya, pero que entonces no se encarnarían más en los países que formasen el club, sino en el club mismo en cuanto interlocutor único?

¿Y si se pudiese llegar a acuerdos parecidos con toda la zona de habla latina de América central y Sudamérica, principalmente Argentina, Brasil, Uruguay, México? Argentina y Brasil ya han manifestado su disponibilidad a estudiar y establecer relaciones de ese tipo. 

Un club mediterráneo, ¿no podría tomar la iniciativa en este sentido? Si bien los intereses y la imaginación sugieren nuevos horizontes, no hay que excluir que la Europa federal se ponga en marcha de nuevo. Quizá haga falta saber soñar para afrontar las realidades más duras."     (Presseurop, 31 agosto 2012, La Repubblica Roma)