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28/4/20

Renta Básica Universal e Ingreso Mínimo Vital, parecidos solo en el nombre

"La paralización de gran parte de la actividad económica por causa del actual estado de alarma está provocando mermas notables en los ingresos de muchas familias y empresas. 

Ello ha llevado a nuestras autoridades a anunciar todo tipo de ayudas, las cuales deberán llegar tanto del Gobierno Central como de gobiernos autonómicos y entidades locales. 


Así el Gobierno de España aprobó el pasado 31 de marzo 50 medidas de apoyo a “los trabajadores, las familias, los consumidores, los autónomos y los colectivos más vulnerables”. Estas medidas, en lo referente a las familias, consisten entre otras en moratorias para alquileres e hipotecas, ampliación del bono social eléctrico, subsidio temporal para empleadas del hogar, subsidio extraordinario para determinados contratos temporales o congelación de tarifas de determinados suministros.


Para las empresas, las ayudas van desde moratorias excepcionales para el pago de cotizaciones sociales y prestación extraordinaria por cese de actividades con alto grado de estacionalidad hasta supresión de los pagos por créditos concedidos por la Secretaría de Estado de turismo.

Sin embargo, la situación es tan grave que ni siquiera la avalancha de medidas impide que muchos sectores económicos sigan reclamando ayudas, unos por considerarse excluidos, otros por la incertidumbre en su percepción y otros por sentirse especialmente perjudicados por la crisis: es el caso de sectores como la restauración, artes escénicas, comercio no alimentario, cadenas de televisión, talleres mecánicos, marisqueo, fisioterapeutas y un largo etcétera.

 Lo mismo sucede con colectivos de consumidores como arrendatarios o usuarios de servicios financieros. En medio de todas estas medidas surge la inevitable confusión entre los posibles beneficiarios en lo relacionado con requisitos, formalidades, plazos e incompatibilidades; por este motivo las solicitudes requieren no solo mucho tiempo y esfuerzo sino además, en muchas ocasiones asesoramiento profesional.


Así pues, como complemento a las 50 medidas, el ministro de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, José Luis Escrivá ha anunciado la próxima implantación de un Ingreso Mínimo Vital (IMV) para personas y colectivos considerados especialmente vulnerables; con ello se pretende completar las ya conocidas 50 medidas sociales. 

Aunque los conceptos se parecen, Ingreso Mínimo Vital no es lo mismo que Renta Básica Universal (RBU): el primero es un complemento en forma de subsidio para aquellas personas que previamente justifiquen que no alcanzan determinado nivel de ingresos o que pertenecen a un determinado colectivo, mientras que el segundo consiste en una suma de dinero que todo residente de un país recibe regularmente del gobierno sin condiciones, independientemente de que perciba cualquier otro ingreso, de su situación económica o de con quién conviva. 

 Así pues, para recibir el primero hay que justificar “a priori” y para el segundo “a posteriori”, es decir se cobra y si no se cumplen los requisitos, se devuelve todo o la parte que corresponda. Las diferencias son por tanto notables.


Quienes defienden la opción de la RBU argumentan la simplicidad de la medida y la facilidad para su puesta en marcha inmediata: parece lógico pensar que muchas de las ayudas mencionadas más arriba y otras que pudieran implantar serían sustituidas por la RBU, con el consiguiente ahorro en tiempo y costes.

 Técnicamente no parece una medida complicada: una vez realizadas las transferencias, en la próxima declaración de la renta se incorporaría el dato en los borradores y en función de los ingresos totales de este año, en 2021 habría que devolver en todo o en parte esa ayuda, o no devolver nada.

 Para implantar la RBU es necesario contar con recursos suficientes para su pago: partiendo de los cálculos de Toni Roldán con la referencia del profesor de Harvard Gregory Mankiw, el coste inmediato, si se transfiere a los 39,5 millones de personas en edad de trabajar que hay en España una renta de 1.000 euros durante 3 meses esto supondría el 9,5% del PIB; pero si ajustamos con las devoluciones, suponiendo que el 50% lo devuelven todo, el 25% nada y el otro 25% la mitad, el coste final quedaría en el 3,5% del PIB de 2019.

Sin embargo ese 9,5% del PIB en forma de crédito, menos de 120.000 millones de euros, podría ser menor si se excluye de las ayudas a quienes ya tienen garantizado por el Estado unos ingresos superiores a los 1.000 euros mensuales. Este sería el caso de los casi 2 millones empleados públicos con plaza fija y los más de 3 millones de beneficiarios de pensiones de jubilación superiores a 1.000 euros. 

Es decir, los perceptores de la RBU en España podrían quedarse en 34,5 millones de personas. El coste de la medida aún podría reducirse si la ayuda se transfiriese previa solicitud; muchos no la pedirían sabiendo que después tendrán que devolverla. Si, por simplificar, los que lo tienen que devolver todo, es decir la mitad no solicitan la RBU, el coste inmediato se reduciría a menos de 60.000 millones.


Con estos números su puesta en marcha sería factible si España contase para ello con 60.000 de los 540.000 millones de euros en forma de préstamos aprobados por la Unión Europea el pasado 9 de abril para apoyar a estados, empresas y trabajadores frente a la pandemia. 


Por tanto la RBU no solo es posible desde el punto de vista técnico sino que también es viable desde el punto de vista financiero. La dificultad para su implantación dependería entonces de las condiciones impuestas por Bruselas para la aplicación de las ayudas. 

Ventajas de la RBU


Las ventajas de esta medida alcanzarían en primer lugar a las familias, que dispondrían así de forma inmediata de los recursos mínimos para garantizar su subsistencia en los meses que se prevé dure la alarma; esto se conseguiría de un modo directo, inmediato y sin dejar a nadie fuera, como sin duda requiere la actual situación, pero también evitando duplicidades en la percepción de ayudas.

En segundo lugar, emprendedores y empresas serían receptores de una demanda, ahora escasa, que estaría basada en las necesidades de las familias, y por tanto sostenible en el tiempo. Es decir, se conseguiría reactivar la economía dotando de liquidez a los consumidores. La alternativa a la RBU para reactivar la economía son modelos de inversión pública como el plan E de Zapatero en los años posteriores a la crisis de 2007; este plan supuso un gasto total de 50.000 millones de euros y fue calificado por el profesor de IESE Xavier Vives como “insostenible e improductivo”.


La RBU presenta además la ventaja de su neutralidad desde el punto de vista de la actividad económica puesto que al llegar directamente a los consumidores son éstos quienes con sus decisiones indican a los productores sus necesidades y como atenderlas, al margen de preferencias de otra índole; ningún sector económico podría argumentar agravios en relación a otros.


Por último debemos mencionar la equidad de la medida desde el punto de vista de las familias: al final del proceso tan solo recibirían la renta quienes realmente no alcancen un mínimo, el resto tendrían que devolverla.


Dificultades para su implantación


Una medida de reactivación económica y de subsistencia para las familias que además es viable, transparente, equitativa y neutral desde el punto de vista de la economía ¿tendría dificultades para su puesta en marcha? Lamentablemente la respuesta es sí.

Las dificultades para su implantación pueden tener diversos orígenes debido a la previsible resistencia de muchas partes interesadas como entidades públicas de todo tipo, asociaciones sectoriales y asociaciones de ayuda a colectivos vulnerables.


La RBU, al llegar de modo uniforme para todos, es de gestión única y no necesita justificación previa, por ello muchas de las actuales ayudas ya existentes deberían desaparecer sustituidas por la RBU. Esto no parece que sería fácilmente aceptable por los responsables políticos que preferirán contar con un cierto grado de discrecionalidad que les permita rentabilizar electoralmente las ayudas, aunque ello suponga costes y esperas. 

Desde este punto de vista interesa que los perceptores sepan quién da las ayudas e interesa controlar directamente su gestión; en definitiva, es preferible que la ayuda se pida y se justifique antes que implantarla de modo universal.


Ayudas para alimentación, vivienda, suministros o tributos, incluso rentas mínimas como la ya existente en el País Vasco, podrían perfectamente ser sustituidas por la RBU pero ello afectaría a determinadas entidades públicas y privadas que las gestionan, y sin duda implicará numerosas resistencias. 


Por último asociaciones sectoriales tendrían que renunciar, al menos en parte, a determinadas subvenciones públicas. Como partes interesadas es probable que también se muestren reticentes a ello. La buena noticia es que con una RBU se facilita también que los consumidores adquieran bienes y servicios con los que reactivar los diferentes sectores económicos."               (Antonino Martín, El blog salmón, 22/04/20)

5/1/17

¿Es la renta básica universal la respuesta a la pobreza, la inseguridad y la desigualdad en materia de salud?

"A mediados de la década de 1970 tuvo lugar, durante cuatro años, un insólito experimento en la pequeña ciudad canadiense de Dauphin. 

Entre los beneficios estadísticamente significativos para quienes participaron en él se incluye la disminución de los contactos con médicos en relación con la salud mental y de los ingresos hospitalarios por “accidente y lesión”. También disminuyeron los diagnósticos de salud mental en Dauphin. 

Una vez concluido el experimento, estos beneficios en materia de salud pública desaparecieron/1. ¿Cuál fue el tratamiento ensayado? Fue lo que ha venido en llamarse una renta básica: un pago regular e incondicional desembolsado a cada habitante. Este experimento pionero, un temprano ensayo aleatorizado en la esfera de la política social, tuvo que suspenderse al agotarse el presupuesto y debido a la pérdida de interés político antes de que pudiera realizarse una evaluación estadística completa.

La relación entre desigualdad y mala salud está establecida desde hace tiempo/2. Los mecanismos reales que subyacen a esta relación no se conocen tanto. Los datos del estudio de Dauphin, vueltos a examinar por un equipo de la Universidad de Manitoba en la década de 2000, indican que podría haber una asociación entre inseguridad de los ingresos y mala salud/1.

 Todos los adultos de Dauphin que ganaban menos de 13 800 dólares (13 000 euros) tenían derecho a percibir la subvención de 4 800 dólares al año. Los investigadores compararon Dauphin con otras ciudades similares y buscaron mejoras relativas del uso de los servicios de salud pública y datos de escolarización de la época.

Recientemente han proliferado los llamamientos al diálogo sobre una renta básica universal (RBU) por parte de partidos políticos, institutos de estudios (incluida la Royal Society for the Encouragement of Arts, Manufactures, and Commerce (RSA)), activistas, sindicatos y directivos de empresas como el director general de Tesla, Elon Musk. 

Estos llamamientos son una respuesta a la creciente inseguridad de los ingresos, cierta sensación de que los sistemas de bienestar pueden estar fallando, y como preparación para los efectos potenciales de la automatización y la inteligencia artificial en las perspectivas de empleo en sectores que podrían operar mejor con máquinas/3. Hay proyectos de pruebas piloto de algún tipo de RBU en Finlandia, los Países Bajos y Canadá como respuesta potencial a estas cuestiones y preocupaciones/4.

Pese a que el estudio de Dauphin solamente incluyó a los habitantes más pobres de una pequeña ciudad, si partimos de que revela un vínculo causal entre una mayor disponibilidad de dinero y la mejora de la salud, cabe suponer que habrían intervenido tres efectos. En primer lugar, la propia cantidad de dinero disponible habrá reducido directamente la desigualdad económica. 

 En segundo lugar, el carácter incondicional del pago habrá reducido la inseguridad de los ingresos. Y en tercer lugar, existe un multiplicador social positivo por el que los comportamientos positivos asociados a una mayor seguridad económica suelen reforzarse recíprocamente; por ejemplo, aumenta el número de adolescentes que no abandonan la escuela porque ven que sus compañeros tampoco lo hacen.

 En conjunto, estos efectos podrían indicar que la inseguridad económica es un vector clave por el que la desigualdad agrava el estado de salud de los más desfavorecidos. Se trata sin duda de una hipótesis útil.

El de Dauphin no fue un estudio aislado. En Carolina del Norte (EE UU) tuvo lugar, en la década de 1990, un programa piloto de renta básica poco conocido y no intencionado. En el cuarto año de un estudio comparativo longitudinal de salud mental entre menores indios cheroquis estadounidenses y menores indios no estadounidenses en edades comprendidas entre los 9 y los 16 años, se construyó un casino en territorio cheroqui.

 El acuerdo estableció que todos los adultos cheroquis recibirían una parte del beneficio, aproximadamente 4 000 dólares al año cada uno. Los resultados también fueron asombrosos. Los menores cuyas familias recibieron los pagos mostraron, a la edad de 16 años, una salud emocional y del comportamiento significativamente mejor que sus homólogos ajenos a la tribu, que no recibieron ningún pago. 

Los padres también informaron de que el consumo de drogas y alcohol de su entorno también disminuyó al iniciarse los pagos/5. Estos cambios descritos entre los adultos eran observaciones no controladas, pero los investigadores no detectaron ningún otro cambio de política importante durante el estudio.

Mullainathan y Shafir describen un proceso de “escasez de ancho de banda” cognitiva, por el cual la escasez de recursos impide una toma de decisiones racional con un claro potencial de consecuencias negativas para la salud/6. Los estudios de casos de Canadá y Carolina del Norte indican que la escasez de ancho de banda podría contrarrestarse mediante una renta básica universal incondicional. 

Los sistemas complejos de créditos fiscales y seguridad social, como lo que se utilizan actualmente en el Reino Unido, envían señales confusas, en buena parte debido a unas condiciones y sanciones poco comprendidas y en ocasiones arbitrarias que generan nuevas penurias para los afectados. (...)"             (Anthony Painter , Viento Sur, en Rebelión, 03/01/17)

4/2/16

¿Qué escenarios eliminaría la renta básica?

"(...) vamos a distinguir (entre otros muchos, pero entonces el artículo sería interminable) cuatro escenarios típicos de nuestra sociedad, que la presencia de una RB erradicaría por completo. 

Por supuesto, tampoco debemos entender la RB como la panacea que vendría a solucionar todos los problemas, pero al menos, sí que contribuiría a gozar de una sociedad que ofreciera mayor dignidad a las personas. 

Pues bien, los cuatro escenarios (insisto, pueden distinguirse muchos más, entre ellos el más típico de todos, consistente en el parado o parada que necesita ingresos, y ya ha acabado todo el "itinerario" de prestaciones, quedándose absolutamente desamparado/a) podrían ser los siguientes:

1.- Existencia de pobres: La RB contribuiría no al soslayo ni a la reducción de la pobreza, sino a su completa erradicación, dejando de existir todos los colectivos "sin techo", sin comida, o viéndose obligados a malvivir de las limosnas que el resto de la ciudadanía tenga a bien regalarles. 

Dejarían de existir las clásicas estampas de gente rebuscando en los cubos de basura, o rellenando extensos formularios para "demostrarle" a la Administración competente que son más pobres que las ratas.

2.- Pensionistas que cobran 300 euros: Como las pensiones mínimas serían también absorbidas por la RB, dejaríamos de contemplar escenarios como los pobres pensionistas que cobran pensiones de miseria (200, 300, 400, 500 euros), incluyendo a las pensiones de viudedad u orfandad, que se verían todas ellas actualizadas a la cantidad de la RB. Por supuesto, las pensiones superiores a la RB se mantendrían igual. 

Pero no sólo acabaríamos con el gran porcentaje de ancianos y ancianas, jubilados y jubiladas que han de hacer malabares para llegar a fin de mes, sino que por extensión, la RB también les libraría de tener que soportar las cargas de sus hijos/as o nietos/as, muchos de ellos también en situación de precariedad, que necesitan de las pensiones de los abuelos y abuelas para sobrevivir.

3.- Mujeres sin independencia económica sobre sus maridos maltratadores: Escenario éste muy típico dentro de toda la casuística de la violencia de género, ocurre cuando la mujer víctima de dicha violencia (por parte de su pareja o ex pareja), se ve en la limitación de no poder dejar la vivienda conyugal, ya que no poseen recursos económicos por sí mismas.

 Entiéndase bien: no estamos queriendo decir que la RB sea por sí misma una medida contra la violencia de género, ya que éste es un fenómeno muy complejo, resultado de la implantación de los valores de nuestra sociedad patriarcal, que ha de ser abolido desde numerosos frentes.

 Pero lo que sí decimos es que la RB sería un medida que proporcionaría a las mujeres maltratadas la independencia económica mínima que necesitarían para poder liberarse del dogal de la vivienda conyugal, independientemente de que además tuvieran o no un trabajo digno.

4.- Contratos precarios (de días, de horas y de minutos): En efecto, y como medida anticapitalista, la RB posee un gran efecto de fortalecimiento de la capacidad negociadora de la clase trabajadora con respecto a la patronal, por lo cual, es evidente que gran parte de la precariedad que existe hoy día en los "empleos" que se crean desaparecería con la RB, pues los/as trabajadores/as no tendrían la "necesidad" de aceptar trabajos sumamente precarios, que llegan en la actualidad incluso hasta a minutos para ciertas profesiones (como las limpiadoras). 

Erradicaríamos también, por tanto, todas las situaciones de injusticia y precariedad en el trabajo, potenciando el trabajo digno, la estabilidad y la protección laboral.

Hemos querido retratar, por tanto, varias situaciones típicas, escenarios concretos con nombres y apellidos, que se multiplican en nuestro país diariamente, a tenor del desmantelamiento de las estructuras públicas de protección social, del empleo y del Estado del Bienestar. 

Pero por supuesto, la RB como medida social, política y económica es importantísima, pues concebida como un derecho de ciudadanía, exigible al más alto nivel, está relacionada con el trabajo, con la pobreza, con las mujeres, con la salud, con las migraciones, con los jóvenes, y con el propio Estado del Bienestar, entre otras muchas facetas.  (...)"                  (Rafael Silva , Rebelión, 30/12/15)

25/2/14

El empleo, tal como lo hemos conocido, no volverá. El capitalismo actual obtiene pingües beneficios empleando sólo al 20% de la población activa

"Es hora de decirle a la sociedad algunas verdades. Una de ellas es que el empleo, tal como lo hemos conocido, no volverá. Otra, que el empleo no garantiza la igualdad, sino todo lo contrario: perpetúa la dominación de una clase social sobre otra. 

Y si ese dominio fue atenuado algo por legislaciones progresistas, hoy, el triunfo de la derecha, unido al abandonismo de la mayoría social, supone un regreso al siglo XIX.

La garantía de un ingreso mínimo, pagado por el Estado de forma incondicional a todas las personas, es uno de los ejes del nuevo Contrato Social que, más pronto que tarde, habrá que establecer para equilibrar la devastación causada por las políticas de la globalización neoliberal. Esta evidencia ha ido abriendo paso en el debate social a la propuesta de implantar una Renta Básica de Ciudadanía (RBC).

 Una alternativa con que cuenta la sociedad gracias a la capacidad de resistencia con que sus defensores, aguantando el chaparrón de críticas más o menos serias y trasnochadas monsergas ideológicas, hemos conseguido mantener encendida la antorcha de una propuesta para ampliar la libertad de las personas.Frente a los fuegos de artificio del discurso liberal que, a la postre, sólo persigue libertades como la libertad de despido, surge la idea liberadora de garantizar un ingreso a todas las personas.

 Propuesta que aspira a reducir, siquiera en parte, el dominio de una minoría detentadora de los medios de producción, distribución y financieros, sobre una mayoría obligada a trabajar al servicio de esa minoría. Una élite que, saltándose las más elementales reglas de la democracia, apoya un Sistema corrupto hasta límites indescriptibles, que se sostiene ideológicamente sobre la promesa del pleno empleo. (...)

Incluyendo a los economistas y moralistas de izquierda que siguen confiando en los cantos de sirena de la recuperación del empleo. Con unas cifras de pobreza, desempleo y precariedad rozando los límites de la dignidad humana. Con seis millones de parados, seiscientos mil exiliados laborales y millones de empleados en inasumibles condiciones de precariedad, algunos todavía siguen pidiendo trabajo.

 Paul Lafargue tenía como suegro nada menos que a Karl Marx. Éste, en su Crítica del programa de Gotha, advirtió a los congresistas del Partido Social Demócrata alemán que no se dejaran deslumbrar por los cánticos de alabanza hacia las mitificadas virtudes del trabajo: (...)

No podrá trabajar, ni, por consiguiente, vivir más que con permiso de otro. Eso es lo que la Renta Básica de Ciudadanía pretende evitar, no crear vagos, como rutinariamente afirman los detractores de la propuesta. Que deberían molestarse en constatar que, en el panorama laboral, lo que más abunda hoy no es precisamente una horda de felices holgazanes.

Cesen, por tanto, de sermonear los predicadores y dejen que se escuche la voz de esos trabajadores, cualificados o no, con salarios y condiciones laborales precarias; que hablen esos jóvenes excluidos del acceso a un empleo estable; que se oiga esos padres que trabajan a doble turno para sostener a su familia; y, sobre todo, que se escuche la voz de esa legión de personas excluidas durante periodos de larga, larguísima duración, del acceso a un empleo digno y suficiente para vivir.

Los avances tecnológicos y el traslado de la producción de bienes materiales a países con mano de obra barata permiten al capitalismo actual obtener pingües beneficios empleando sólo al 20% de la población activa. De hecho, ya hay estudios que vaticinan el pronto establecimiento de la sociedad 20-80.

Pero, para que los miembros de la clase privilegiada puedan seguir ocupándose de la desorganizacion del mundo, no sólo precisan de la clase productiva que suministra los bienes y servicios básicos. Necesitan, además, que haya una subclase que se encargue de realizar las tareas más desagradables de la vida cotidiana, como la limpieza.

 Desde las viviendas hasta los salones del Parlamento, la Bolsa, la Banca y las Compañías Mercantiles, todo debe estar tan limpio como una patena. Igual que los confortables, elegantes y climatizados despachos donde los encorbatados dirigentes dicen trabajar duro.

Eso sí, los limpiadores de la basura no están exentos de contaminarse con ella a través de los contratos basura. Y para que ningún precario se crea con derecho a negarse a limpiar la basura ajena, existe una ideología hecha a la medida del interés de los que están arriba: la ideología del trabajo como virtud, bajo la que se esconde la realidad del trabajo asalariado que se realiza por cuenta, beneficio y con permiso de otro.

Y es aquí donde radica la auténtica esencia del Ingreso Garantizado: al proporcionar seguridad personal a las personas evitaría que muchos tengan que ir por la vida pidiendo permiso para vivir. Hoy está en boga hablar de empoderamiento para muchos sectores de la sociedad. ¿Por qué no empoderarnos de golpe todas y todos?

Este es el verdadero quíd de la cuestión, y no la pretendida inviabilidad de la RBC que, siendo una objeción en apariencia consistente, se derrumba a la vista de las ingentes sumas de dinero público inyectadas al sistema financiero, que suponen en torno al 28% del PIB.

Y fueron concedidas sin que nadie expresara objeciones técnicas. Mientras que la asignación presupuestaria para implantar la RBC, que suele presentarse como inviable, sólo supondría alrededor del 5% del PIB.*

Situados frente al dilema sobre defender o no la reivindicación de la Renta Básica de Ciudadanía ¿dónde debe situarse ATTAC: en el lado del tópico o en el lado de los perdedores del actual sistema?
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(*) En efecto, los que acostumbran a echar las cuentas del Gran Capitán, calculan el coste de la RBC multiplicando la población total por el importe de un Ingreso Garantizado situado por encima del umbral de pobreza: 570 € mensuales. Lo que arroja un monto total del orden del 12% del PIB. Pero ese cálculo es bastante rudimentario: hay que descontar de la población perceptora a nueve millones de pensionistas que ya cobran una renta incondicional y vitalicia, aunque en muchos casos sea muy baja. Asimismo hay que descontar al 40% de los desempleados que perciben algún tipo de subsidio. Como es lógico, un ingreso garantizado sería incompatible con una pensión o subsidio. Pero, de entrada, saldrían ganando ese 60% de parados que no tienen cobertura alguna."         (Carnet de Paro, José A. Pérez , en Attac España, 22/02/2014)

31/1/14

"Una renta básica para la ciudadanía acabaría con la pobreza y nos sacaría de la crisis"

"Daniel Raventós (Barcelona, 1858), profesor de Economía y Empresa de la Universidad de Barcelona, es uno de los mayores expertos en renta básica que hay en España. (...)

¿Qué es la renta Básica?

La renta básica es una asignación monetaria incondicional. Eso quiere decir que a diferencia de los subsidios más o menos generalizados en el Estado de bienestar no hay que cumplir una condición previa como ser pobre o estar en el paro para percibirla: en un Estado con renta básica una persona no necesitaría ninguna condición más allá que la de ser ciudadano o residente acreditado, independientemente de que trabaje o no.

¿Emilio Botín, presidente del Banco Santander, también recibiría la renta básica?  

Desde el punto de vista contable no hay ningún tipo de duda. Pero Botín debería pagar mucho más de lo que paga ahora en impuestos para que la renta básica pudiera financiarse.

¿Cómo se podría financiar? ¿Es viable económicamente?

Lo es. En la asociación Red Renta Básica hemos elaborado estudios prácticos que así lo demuestran. De entrada, la gente tiende a pensar que si la cobra todo el mundo, el rico y el pobre, la renta básica no se podría pagar. La gente hace el cálculo, bien intencionado pero erróneo, de multiplicar la renta básica por el número de habitantes de un país. Pero no es así.

 Nosotros hicimos una simulación con datos fiscales de Catalunya y según nuestros cálculos, a través de una profunda reforma del IRPF y la supresión de todas las subvenciones y subsidios públicos cuyo montante fuera inferior, se podría financiar una renta básica en Catalunya para todos los adultos de 7.968 euros anuales y de 1.593 al año para los menores de 18 años. 

¿Cómo calcularon esa cifra? 

Desde la Asociación Red Renta Básica, accedimos a más de 200.000 declaraciones del IRPF del año 2010 en Catalunya, es decir en plena crisis. Utilizamos  un programa de microsimulación y nos basamos casi exclusivamente en una reforma del IRPF que implicara un aumento de la recaudación. También hemos cogido alguna idea del sindicato de los Técnicos de Haciena (Gestha). La reforma fiscal sería imprescindible para tener una renta básica.

¿Una renta básica universal no favorecería a los más ricos? 

No, para nada. Una de las cosas que más nos interesaba del estudio en Catalunya era saber quién ganaba y quién perdía con la renta básica. Bueno, pues el 70% de la población, empezando por el más pobre y subiendo en la escala de renta, salía ganando, es decir ganaba más dinero. 

 Un 10% de la población, la más rica, salía perdiendo, y entre un 15% y un 20% se quedaba igual. El que ganaría completamente es aquel que no tiene ingresos: pasaría de percibir cero a ingresar 7.968 euros al año. Pongamos ejemplos prácticos: una persona recibe una pensión de 500 euros al mes. La renta básica que hemos calculado para Catalunya serían 664 euros al mes. 

 ¿Quiere decir esto que esa persona va a recibir los 500 euros de la pensión más los 664 euros de la renta básica? No, sólo va a recibir 150 euros más porque las cantidades no se acumulan: los 500 euros quedan completamente suprimidos al ser una cantidad inferior a la renta básica. Ahora es al contrario, en vez de 500 euros, una persona recibe 800 euros de pensión, una cantidad superior. ¿Qué ocurriría? Pues se quedaría igual.

Insisto, ¿es justo que la perciban también los ricos?

Le pongo otro ejemplo: yo soy profesor titular de la Universidad de Barcelona y percibo un salario público. Para percibir la renta básica debería pagar más impuestos a partir del primer euro que ganara. 

Tendrían que descontarme más en el IRPF de lo que me descuentan ahora, pero también percibiría la renta básica. El que gana 100.000 euros también tendría que pagar más en su IRPF y quizá ingresase menos al cabo del año incluso contando con la renta básica. 

Hay muchas críticas contra la renta básica, la más extendida es que sólo serviría para mantener a vagos.

Hay gente que crítica el subsidio de desempleo porque dicen que desincentiva a la hora de buscar trabajo, pero esa crítica no sirve para una renta básica precisamente por su carácter de incondicionalidad. Imagínese un subsidio de desempleo indefinido que fuera incompatible con tener un trabajo. 

Seguramente el perceptor de dicho subsidio no estaría muy motivado a la hora de buscar trabajo: sería uno a cambio del otro. Pero con la renta básica no pasaría eso, porque una renta básica por definición es acumulable, con muchos de los matices que hemos dicho de más impuestos, pero es acumulable a otras rentas.

 Con una renta básica, por ejemplo, la gente tendría más libertad para buscar otro trabajo que fuera más acorde con su formación y sus gustos, y muchos jóvenes no se verían obligados a aceptar condiciones de trabajo de miseria como ocurre ahora. 

Eso entronca con la idea que algunos defensores de la renta básica apoyamos desde hace tiempo: que no solamente se trata de una medida que podría acabar casi de un plumazo con la pobreza, si no que incrementaría la libertad de buena parte de la ciudadanía.  

Otra crítica muy recurrente es que la renta básica haría que muchas mujeres dejaran de trabajar.

En un principio hubo algunas feministas que alertaron de ese riesgo. Pero la renta básica es un instrumento de emancipación que otorga mayor autonomía a las mujeres: es capaz de garantizar la existencia material de muchas mujeres que ahora dependen de su marido o amante. 

 Incluso algunas feministas entran en la idea de que bueno, estar en el hogar de forma voluntaria y dejar un mercado laboral que en muchos casos maltrata a las mujeres tampoco es un paso atrás en la liberación de la mujer. 

¿Qué efectos positivos tendría en la sociedad la implantación de la renta básica?

De entrada, reduciría muchísimo la desigualdad. Lo hemos cuantificado. Según nuestro estudio, Catalunya pasaría de tener uno de los mayores índices de desigualdad de Europa a ponerse al nivel de Noruega, el país más avanzado de Europa en esa materia. 

El índice de Gini, que mide la desigualdad, se reduciría en 4,5 puntos. Pero hay otro efecto muy importante, que ya he apuntado antes: si tú pones una renta básica igual al umbral de la pobreza, acabas con la pobreza.

¿Con la renta básica se saldría de la crisis?
 
Por supuesto. Habría que añadir la reforma fiscal que implicaría la renta básica y una lucha implacable contra el fraude fiscal. Habría que tener también un control efectivo de la banca y que una parte importante de la misma fuera pública, sin olvidar la coordinación y control de los paraísos fiscales. Pero bueno, esto parece la carta a los Reyes Magos (risas).

¿Cree que algún día se podrá implantar una renta básica en España?
 
La renta básica requiere un amplio consenso social. La primera condición es, por tanto, que sea conocida. Ahora no lo es. Es necesario el apoyo de gente suficientemente significativa desde un punto de vista social. 

 Hay otro requisito: que la idea de la renta básica esté muy bien fundamentada y muy bien explicada. Una de las grandes dificultades que tiene la renta básica es que si no se profundiza un poquito es muy fácil de ridiculizar.

Suiza va a convocar un referéndum para establecer una renta básica de 2.000 euros al mes a todos sus ciudadanos.

Así es. Yo no sé si la iniciativa triunfará, pero lo que demuestra esta convocatoria es que la renta básica es perfectamente factible. No estamos hablando de un país raro, estamos hablando de Suiza, un país normal.

 No he querido decirlo antes porque despista a la gente, pero la renta básica existe desde hace 26 o 27 años en Alaska (Estados Unidos). Está financiada de una forma no pública, muy particular, en fin, pero en un país tan individualista como Estados Unidos sus consecuencias han sido tan positivas que nadie, ni la mismísima Sarah Palin cuando fue gobernadora de Alaska se atrevió a suprimirla.

 Luego hay experiencias parciales: en Ciudad de México, la ciudad más poblada del mundo, existe una pensión básica universal para todos los mayores de 68 años y los resultados después de 10 años han sido tan positivos que nadie, ni la derecha que estaba en contra en un principio, quiere suprimirla.

¿Por qué una medida tan progresista no está más presente en los medios? 

Esto es como preguntar por qué no se hace otro tipo de política económica. Por las razones que he mencionado en la respuesta anterior, la política económica que se practica desde hace muchos años, y especialmente con la crisis, benefica al grupo más rico de la población.

 La renta básica sería una medida que formaría parte de otra política que simplemente tuviera como prioridad beneficiar a la inmensa mayoría de la población y no estrictamente a los ricos. Aunque lo está más que hace siete u ocho años, la renta básica es un concepto que no está muy extendido entre los ciudadanos. Y no se trata de voluntad, simplemente se está en contra de esta política porque se está practicando otra que beneficia a los poderosos. (...)"                 (Público, 31/01/2014)

16/4/12

Hace unas semanas, la ministra de trabajo italiana Elsa Fornero afirmó que, de existir una renta básica en Italia, “la gente se pondría cómoda y se dedicaría a comer pasta al pomodoro”... La renta básica universal nos permitiría acceder al trabajo remunerado, desarrollar actividades fuera del trabajo y gozar de un mayor nivel de consumo

"Hace unas semanas, la ministra de trabajo italiana Elsa Fornero afirmó que, de existir una renta básica en Italia, “la gente se pondría cómoda y se dedicaría a  comer pasta al pomodoro”. Como respuesta a dicha afirmación, Giuliano Battiston realizó esta entrevista realizada a Philippe Van Parijs, fundador de la Basic Income Earth Network (BIEN) y miembro del Consejo Editorial de Sin Permiso. 

La idea de que el derecho a un ingreso deba estar ligado al trabajo o a la disposición a trabajar; la asociación, en definitiva, entre trabajo e ingreso, derivada de consideraciones éticas, antes que económicas, no se limita a los países del llamado modelo ‘bismarckiano’. También está presente en el mundo anglosajón, y yo diría que en todas las sociedades del mundo. 

A este respecto, es interesante destacar una singular analogía con la relación ética que durante mucho tiempo diversas sociedades han instituido entre sexo, gratificación sexual y reproducción. 

En todas aquellas sociedades en las cuales, en razón de la elevada mortalidad infantil, era esencial alcanzar un elevado nivel de procreación, era común la existencia de un vínculo ético entre gratificación sexual y “riesgo”, al menos, de procrear, es decir, de contribuir eventualmente a la supervivencia de la comunidad.

 Por razones análogas, yo diría que desde hace mucho tiempo ha arraigado la idea de que sólo se puede acceder a la gratificación del consumo, y por tanto, del ingreso, a condición de estar dispuesto a contribuir a la producción (el equivalente de la reproducción, en el ejemplo de la gratificación sexual).

 Lo que ocurre es que hoy vivimos en condiciones tecnológicas y económicas muy distintas, gracias a las cuales ya no es necesario ni que todas las actividades sexuales estén ligadas a la posibilidad de procrear, ni que el acceso al ingreso esté condicionado a la contribución a la productividad, y por consiguiente, al trabajo.

 Lo que pretendo señalar es sencillamente que es posible concebir una organización social que no esté basada en este tipo de ética del trabajo. Soy consciente, en todo caso, de que este discurso solo muestra la posibilidad de una organización alternativa, pero no que esta sea justa o deseable. 

 Esto último exige mucho trabajo pedagógico y la superación de numerosos obstáculos culturales, tanto a la derecha como a la izquierda. Me parece curioso, de todos modos, que en todos estos años la objeción ética a la renta básica haya primado sobre las objeciones técnicas, es decir, aquellas vinculadas a las posibilidades de su financiación y a su viabilidad política. (...)
 
 Lo primero que hay que plantearse es: ¿quiénes son los pobres? Si se adopta una definición muy simplista de la pobreza en términos de diferencias, alguien es pobre cuando su ingreso es inferior a un cierto umbral, arbitrario, de pobreza, definido como nivel de ingreso real. 

¿Y cuál es el modo más eficaz para eliminar esta pobreza monetaria? Aumentar un poquito la carga fiscal de los ricos, sin volverlos pobres, sin que los ricos acaben por debajo de dicho umbral de pobreza, y utilizar el dinero recaudado para distribuirlo entre la gente pobre, de manera que todos estén en condiciones de sobrepasar dicho umbral.

 En el vocabulario de los especialistas en política social este método se denomina target efficiency, y alude a un uso de los recursos capaz de abolir la poverty gap, la diferencia existente entre ingreso y umbral de la pobreza. 

Se trata, empero, de una aproximación algo miope, ya que la target efficiency máxima crea necesariamente una imposición fiscal marginal sobre los ricos, al tiempo que incide en un 100 por ciento sobre los pobres. 

De hecho, cuando una persona pobre trata de salir de su situación de pobreza o de desocupación a través de un trabajo declarado que le da algo de dinero, se la castiga por su esfuerzo con la supresión de un porcentaje proporcional de los subsidios que recibe.

 Esto significa que para los ricos la imposición marginal es del 50 por ciento como máximo – o del 40 por ciento en ciertos países- mientras que para los pobres es del 100 por ciento, ya que pierden todo lo que ganan.

 El único modo de evitar este mecanismo perverso es asegurar incluso a aquellos que disponen de un ingreso primario que no equivale a cero una transferencia de dinero que les permita aumentar su ingreso por encima del umbral de la pobreza.

 De este modo, es verdad, la target efficiency no será perfecta, pero su imperfección, es decir, la focalización en los pobres, es la condición necesaria de una política inteligente de lucha contra la pobreza que sea, al mismo tiempo, una estrategia contra la exclusión del mercado de trabajo. 

La fórmula más simple y sistemática para llevar adelante una política de este tipo, si bien no es la única, pasa por el subsidio universal, por la transferencia bruta de una misma cantidad tanto a los que trabajan como a los que no trabajan.

 De ese modo, quien siendo pobre decidiera trabajar, obtendría un ingreso más alto en relación a los periodos en los que decidiera no hacerlo.  (...)
 
Los sistemas actuales que diferencian el nivel de las prestaciones sociales a partir de la composición del núcleo familiar tienden a conceder más ingresos y beneficios a dos individuos que vivan separados que a los que lo hagan juntos. 

La individualización vinculada a mi interpretación de la renta básica, en cambio, se traduciría de entrada en un estímulo a la unión, ya que si estos dos individuos quisieran permanecer juntos, o unirse a otros, no serían penalizados. 

Desde este punto de visto, el subsidio universal constituiría un incentivo a la vida comunitaria y familiar, sobre todo si se compara con sistemas de seguridad social alternativos. 

Por otra parte, y frente a quienes argumentan que es irrazonable conceder un ingreso sin contrapartida alguna, o sin la garantía de la disposición a trabajar, lo cierto es que la renta básica podría funcionar también como apoyo sistemático a las actividades no asalariadas.

Comprendo la preocupación “comunitarista” por una vida colectiva activa y participativa, pero creo que incluso desde esta perspectiva la renta básica universal es una alternativa mejor a las tradicionales políticas “trabajistas”. 

Hay, en todo caso, otra objeción comunitarista, que apela al ligamen indisoluble existente entre derechos y deberes, que es el que hace posible que una comunidad pueda funcionar de manera eficaz y que me parece importante. 

También yo, debo decir, creo que los ciudadanos tienen que tener obligaciones, y que en algunos casos estas obligaciones deben tener una adecuada traducción legal. Es más, creo que incluso allí donde estos deberes no estén consagrados jurídicamente, los ciudadanos tendrían la obligación de participar en la vida pública.

 Lo que ocurre es que, en mi opinión, la renta básica facilitaría el cumplimiento de este deber, de manera que su existencia es perfectamente coherente y compatible con dicho vínculo entre derechos y deberes. (...)

La justicia no es solo una cuestión de ingreso sino también de poder. Esto comprende la posibilidad de escoger qué hacer con la propia vida, tanto si se trata de dedicar menos horas al trabajo retribuido como de disponer de un acceso más sencillo al trabajo remunerado. 

Es lo que, en otros términos, he definido como la libertad real de actuar, en el trabajo y fuera de él. Incluso cuando hablamos de un ingreso, esto es, de un recurso monetarizable, las ventajas no se limitan al bienestar material de las personas sino también al uso que podamos hacer de nuestro tiempo. 

La renta básica universal nos permitiría acceder al trabajo remunerado, desarrollar actividades fuera del trabajo y gozar de un mayor nivel de consumo.  

 Al ser incondicionada, en efecto, contribuiría a combatir la exclusión del trabajo y a escoger entre trabajos diversos y entre diferentes actividades no estrictamente laborales. 

Son todos estos elementos los que harían posible un matrimonio con la justicia. Para comprender, por otro lado, su relación con la eficiencia, deberíamos en cambio reconocer que en muchos países la cuestión central reside en la gestión y creación inteligente de capital humano, y que el ingreso es el instrumento que mejor facilita la circulación y la movilidad entre las esferas del trabajo, de la formación y de la familia. 

Cuando se dispone de un ingreso individual, universal e incondicionado, es más fácil decidir en un momento dado disminuir o interrumpir el ritmo laboral para dedicarse mejor a los hijos, esto es, a la creación de capital humano para las generaciones futuras. 

O para profundizar la propia formación y adptarse mejor a las estructuras siempre cambiantes del mercado de trabajo. De este modo, se podría trabajar más y, al haber recibido una formación complementaria más avanzada, cambiar más fácilmente de profesión. 

Se trata, obviamente, de una medida que exige numerosas reformas complementarias en el sistema educativo.

 Pero creo que la introducción de un ingreso mínimo universal podría constituir la base, el núcleo duro de una política capaz de facilitar una mejor circulación entre las esferas antes aludidas y de afrontar los cambios económicos estructurales y la crisis coyuntural por la que atravesamos.      (...)

 Defiendo esta concepción minimalista de la justicia para dar sentido al concepto de justicia global, pero eso no significa negar la necesidad de alguna forma de funcionamiento democrático global. 

Se trata, en realidad, de una objeción a las posiciones de quienes, como Thomas Nagel o Ronald Dworkin, entienden que el concepto de justicia igualitaria solo tiene sentido si existe una comunidad democrática.

 Ciertamente, un marco democrático de este tipo aumentaría las probabilidades de avanzar hacia la realización de esta concepción. Pero la ausencia de una democracia global no nos impide pensar la justicia en términos globales. 

Por lo que respecta al futuro inmediato y al más lejano, creo que las instituciones más adecuadas para conseguir democracia y justicia en diferentes escalas deberían ser del tipo “cappuccino”: en la escala central va la base fuerte de café, la que da “solidez” a la estructura institucional en su complejidad, ya que sin café no habría cappuccino.

 Pero como tampoco este existiría sin leche y sin cacao, estos ingredientes se distribuyen de modo descentralizado, en el nivel nacional, en el caso de una estructura de tipo europeo, o en el regional, a partir de los municipios, de las asociaciones, y así sucesivamente.

 El hecho de que las exigencias de estabilidad de la arquitectura institucional y la necesidad de evitar la competencia en el plano fiscal y social demanden una fuerte centralidad incluso en los países federales, con competencias diferentes en ámbitos más descentralizados, no debería impedirnos imaginarnos formas de articulación más ambiciosas, más originales y experimentales. 

Estas formas de articulación deberían estar moldeadas a partir de circunstancias y ámbitos concretos. El campo de la sanidad, por ejemplo, podría operar de manera mucho más descentralizada.

 En todo caso, la estabilidad del conjunto solo se reforzará si quienes contribuyen a la redistribución se sienten implicados y comprometidos con una comunidad que lleva adelante un proyecto original.

 Y si, junto a esa base fuerte y amplia de redistribución para todos, existen instrumentos suplementarios y más circunscritos de solidaridad, que promuevan, justamente, un patriotismo solidarista.

 En otros términos, pienso que es posible estar convencido de la importancia de tener instituciones de distribución a nivel europeo, e incluso mundial, que representen una base para todos, y al mismo tiempo adherir a proyectos de cohesión social más ambiciosos en un ámbito más circunscrito.

 Todo esto, en cualquier caso, será posible cuando, en lugar de realizar aproximaciones oportunistas, podamos madurar la adhesión orgullosa a una comunidad política en la que vida sea mejor gracias a la participación común en un proyecto social.  "                (Sin Permiso, 02/04/2012, 'Espaguetis y surf: razones para una renta básica universal en la crisis actual del capitalismo. Entrevista Philippe van Parijs)

27/1/10

fundamentos éticos de la Renta Básica de Ciudadanía

"La Renta Básica. Una medida viable de lucha contra la pobreza

Las grandes desigualdades sociales son un auténtico impedimento para la libertad de muchos millones de personas

Una de las grandes fuerzas morales que puede llegar a suponer la defensa de la Renta Básica es que no solamente apunta a la evidencia de la terrible desigualdad del mundo contemporáneo, sino que apunta también a las menguas de libertad que trae consigo la gran desproporción de las rentas y de las riquezas.
La Renta Básica tiene unos rasgos formales de laicidad, incondicionalidad y universalidad exactamente idénticos a los del sufragio universal democrático. Igual que ocurre con el voto, se tendría derecho a la Renta Básica por el sólo hecho de existir como ciudadano –o residente acreditado—, independientemente del sexo o de la etnia de pertenencia, del nivel de ingresos de que se disponga, de la propia opción sexual o de la confesión religiosa profesada.

Los grandes combates por el sufragio universal y la democracia llevados a cabo en el siglo XIX y primer tercio del XX por las poblaciones trabajadoras –excluidas del mismo por el sufragio censitario defendido de consuno por conservadores y liberales en el siglo XIX— tuvieron ciertamente una buena dosis de instrumentalidad, ya que se deseaba la democracia para poder acceder, se creía, a otros objetivos (el socialismo, la justicia redistributiva, etc.). Pero la lucha por el sufragio universal fue mucho más que una lucha instrumental, porque a la universalidad y a la incondicionalidad del sufragio se les acabó asignando valor por sí mismas, fueran cualesquiera las consecuencias que los muy antidemocráticos liberales y conservadores decimonónicos manifestaban lastimeramente que traía consigo.

Yo creo que la lucha por una Renta Básica de ciudadanía podría llegar a desempeñar en lo venidero un papel parecido. Tiene, desde luego, un lado instrumental, ya que se defiende para acabar con la pobreza y para poner freno y bridas a las políticas neoliberales, es decir, para evitar que el grueso de la población mundial tenga que vivir en la pobreza, quedando a merced de la arbitrariedad de muy pocos ricos. Mas la Renta Básica puede convertirse en algo no instrumental, y su exigencia puede cristalizar en los movimientos sociales y en la opinión pública democrática como un punto irrenunciable de justicia y dignidad, con valor por sí mismo, fueren cualesquiera las consecuencias que los muy antidemocráticos neoliberales y neoconservadores del siglo XXI vociferen que trae consigo.

Una de las grandes fuerzas morales que puede llegar a suponer la defensa de la Renta Básica es que no solamente apunta a la evidencia de la terrible desigualdad del mundo contemporáneo, sino que apunta también a las menguas de libertad que trae consigo la gran desproporción de las rentas y de las riquezas. Igualdad y libertad no son dos objetivos a elegir independientemente uno del otro.

Las grandes desigualdades sociales son un auténtico impedimento para la libertad de muchos millones de personas; y al revés, la falta de libertad de muchas personas, la necesidad cada vez más perentoria en que se hallan las poblaciones trabajadoras de pedir diariamente permiso a los ricos y a los muy ricos para poder subsistir en las condiciones dictadas por éstos, dispara a su vez el ulterior incremento de la desigualdad. Porque la pobreza, en efecto, no es sólo privación y carencia material, diferencia de rentas; es también dependencia del arbitrio o la codicia de otros, quiebra de la autoestima, aislamiento y compartimentación social de quien la padece.

Quien cada vez tiene menos garantizada su existencia material, ve crecientemente menguada su libertad (en forma de “contratos de primer empleo”, precarización, temporalidad, “flexibilidad”, o puro desempleo sin cobertura alguna); y la creciente mengua de su libertad, redunda en el crecimiento de la desigualdad material (en forma de salarios reales descendentes, pensiones de jubilación inciertas, infraestructuras y servicios públicos o privatizados o pauperizados y... ¡beneficios financieros y granempresariales por las nubes!).

Esta desigualdad material está llegando en el país más poderoso del planeta a extremos que son difíciles de justificar incluso para los más conformes con el status quo. Quizás hace falta recordar, como lo hacía el veterano profesor de la Universidad de Maryland, Gar Alperovitz, que en los Estados Unidos actualmente los 2,5 millones más ricos de la población tiene más del doble de ingresos que los 100 millones de estadounidenses con menos ingresos. Que es lo mismo que decir que ¡el 1% de la población más rica dobla los ingresos del 34% del estrato inferior! Una desigualdad tan acusada afecta a la libertad de la mayoría.

Con Philippe Van Parijs he tenido ocasión de conversar sobre lo que fue resumido perfectamente por él mismo en un texto de 1999: “La filosofía política nunca ha sido para mi un juego frívolo que solamente busca hacer distinciones sutiles que permitan lucirse, sino que se trata de una parte esencial de la urgente tarea de reflexionar sobre lo que debe hacerse para conseguir que nuestras sociedades y nuestro mundo sean menos injustos que ahora o simplemente eviten el desastre.”

Este libro que escribieron originalmente en francés Yannick Vanderborght y Philippe Van Parijs y que ahora Paidós ofrece traducido al castellano será sin duda, al menos para quien se niegue a entender la filosofía política como “un juego frívolo que solamente busca hacer distinciones sutiles”, una utilísima herramienta para reflexionar, comprender y aquilatar la Renta Básica como programa de cambio social y político. Una propuesta desde luego destinada a contribuir a que este mundo “sea menos injusto”. Pocos libros ofrecen tanto en tan pocas páginas. (Fragmento del prólogo escrito por Daniel Raventós)

La renta básica. Una medida viable de lucha contra la pobreza.
Paidós, Barcelona, 2006.
Yannick Vanderborght y Philippe Van Parijs

Daniel Raventós"

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