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22/11/23

Renacimiento del movimiento obrero y retorno de la lucha de clases, con el surgimiento de nuevos sujetos sociales como actores colectivos, con formas de acción y reivindicaciones que recuerdan, al menos en parte, aquellas que definió el ciclo de protestas obreras en Europa a finales de los años 1960 y 1970... Al construir círculos de reconocimiento, la acción colectiva genera solidaridad, transformando el objetivo particular en uno general. De esta manera, las organizaciones de movimientos sociales permiten la formación de una identidad colectiva que permite a los individuos integrarse a las comunidades

 "Desde hace algún tiempo se dice que el movimiento obrero estaba muriendo y ya nadie hablaba de lucha de clases. La pandemia parecía haber debilitado aún más la posición de los trabajadores en relación con las empresas. Sin embargo, desde GKN en Florencia hasta el sector del automóvil en Estados Unidos y los trabajadores de servicios (desde los motociclistas hasta Mondo Convenienza), se han producido movilizaciones masivas y duraderas en muchas empresas, a menudo capaces de lograr victorias inesperadas. 

 Después de todo, ya se había observado un resurgimiento de las protestas de los trabajadores durante la crisis financiera de principios de la década pasada, especialmente en algunos países, en parte en defensa contra las políticas de austeridad, pero también –y en mayor medida aún– en respuesta a la ofensiva, mostrándose capaces de innovar en términos de herramientas disponibles y formas de acción.  

En la investigación sociológica sobre el movimiento obrero, y sobre los movimientos sociales en general, estas oleadas de protesta parecen caracterizarse por el surgimiento de nuevos sujetos sociales como actores colectivos, con formas de acción y reivindicaciones que recuerdan, al menos en parte, aquellas que definió el ciclo de protestas obreras en Europa a finales de los años 1960 y 1970.

 Para analizar las posibles similitudes entre estas movilizaciones, parece particularmente útil revisar la contribución de Alessandro Pizzorno al análisis sociológico del movimiento obrero. Al reflexionar sobre los fundamentos de la acción social, Pizzorno se centró en las incertidumbres de los actores al relacionarse con circunstancias complejas. Si bien el análisis de la estructura de clases se ha centrado en la estratificación social, reflexionar sobre oleadas de conflicto intenso ha sido importante para identificar cómo los recursos organizacionales y los procesos de identificación pueden convertirse en acción colectiva, comenzando con la movilización misma, en lugar de ser una condición previa para ella. .  

Si bien gran parte de la investigación sobre la estratificación social parece haber olvidado la complejidad de conceptualizar la clase, el trabajo de Alessandro Pizzorno ayuda a reorientar nuestra atención sobre las formas en que emerge la solidaridad de clase durante las luchas obreras. En este sentido, ese análisis se cruza con reflexiones recientes sobre un retorno, no sólo de la acción de los trabajadores, sino también de las clases como motores de la historia.  

De hecho, como ha señalado Mike Savage, “Dentro del pedigrí heroico de la política socialista y el análisis marxista, a la clase social se le asignó un papel preeminente, no simplemente como una herramienta técnica de medición sino para dar forma al curso de la historia misma... Está claro que la clase no es una vieja , reliquia industrial... pero está viva y coleando, generando ira y resentimiento, y es sintomática de una serie de problemas distópicos”.  

Aplicado originalmente al movimiento obrero en Europa a finales de los años 1960 y principios de los 1970, el análisis de Pizzorno sobre el surgimiento y resurgimiento de las luchas por el reconocimiento puede contribuir a una comprensión de lo que se ha llamado un “renacimiento” del movimiento obrero. Pizzorno vio las luchas por el reconocimiento de los grupos sociales emergentes como un paso preliminar a las luchas por intereses específicos, ya que éstos sólo pueden evaluarse una vez que se forman identidades colectivas, sin las cuales cualquier definición de interés es imposible. Por lo tanto, el reconocimiento se considera un objetivo central de las luchas de los grupos emergentes.

 Las luchas por el reconocimiento expresan la necesidad de construir una identidad colectiva en torno a la cual se puedan evaluar los logros futuros. Al construir círculos de reconocimiento, la acción colectiva genera solidaridad, transformando el objetivo particular en uno general. De esta manera, las organizaciones de movimientos sociales permiten la formación de una identidad colectiva que permite a los individuos integrarse a las comunidades.  

El resurgimiento periódico de las luchas por el reconocimiento lleva a uno a adoptar una postura cautelosa respecto de las visiones de apaciguamiento de los conflictos laborales y la “extinción” de las huelgas como una tendencia supuestamente inevitable, enfatizando en cambio la naturaleza cíclica de la historia de las huelgas. Al teorizar sobre los cambios en el tiempo relacionados con el surgimiento de nuevos grupos sociales, formas de lucha y conciencia de clase, Pizzorno sugirió que “hay que prestar atención a las variaciones periódicas de ciertos fenómenos.  

De lo contrario, con cada nuevo estallido de una ola de conflicto se nos hará pensar que estamos al borde de una revolución; y siempre que ocurra una recesión, predeciremos el fin del conflicto de clases”. Cincuenta años después del llamado “otoño caliente” de 1969, que marcó el período más intenso de movilización obrera en Italia, las contribuciones teóricas y empíricas de Alessandro Pizzorno a la investigación sobre los conflictos laborales (y otros temas) nos ayudan a comprender el aumento periódico, el pico y disminución de los conflictos laborales y de clases. 

 Estos temas se discutirán en una conferencia en Florencia el jueves y viernes, organizada por Guglielmo Meardi y yo en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Scuola Normale Superiore."                 (Donatella della Porta, Il Manifesto Global, 17/11/23)

10/10/23

“Las plataformas han convertido un modelo que se apoyaba en los creadores en un negocio dirigido por Wall Street”. El asturiano Mario Tardón es uno de los miles de guionistas de Hollywood que lleva casi medio año de huelga para reclamar un reparto justo de los millonarios beneficios de la industria... Netflix coge y te dice: mira, tú me das tu película y en vez de decirte cada mes la cantidad de visionados y la cantidad de pasta que te corresponde, hace un tanto alzado y te da, por ejemplo, 10 por 8 años. Y dices, bueno, no está mal. El problema es que estas compañías, como están regidas por Wall Street, necesitan comunicar sus éxitos y empiezan a decir que la película por la que a ti te dieron diez la han visto 800 millones de personas, les ha generado millones de beneficios y tú en tu casa... cuando es sistemático el robo de los derechos de propiedad intelectual para que puedan tener otro tercer avión privado la gente dice hasta aquí hemos llegado. Hay que repartir beneficios. Eso es una piedra de toque de la que el colectivo no se va a mover

 "Desde Los Ángeles, Mario Tardón atiende a las preguntas de NORTES tras casi cinco meses de huelga. Tardón, nacido y criado en Asturias, se marchó a hacer las Américas para hacerse un hueco en la fábrica de sueños como guionista. Pero lo que descubrió fue que el glamour de Hollywood tiene también una cara B de explotación y precariedad. Tardón es uno de los miles de guionistas y actores que están haciendo tambalearse a la industria con su paro. Una huelga demasiado larga que, como insiste el asturiano, solo demandan un reparto justo de los millonarios beneficios del sector.

¿Cómo acaba un asturiano trabajando como guionista en Los Ángeles?

Llevo aquí siete años. Vine en el 2017, y ya en España trabajaba como actor y un poco como guionista, pero aquí empecé a desarrollar más esa faceta. Mi pasión es contar historias, y siempre me sentí más identificado en cómo se entiende en Estados Unidos. Yo me crie toda la vida en Asturias y luego hice Arte Dramático en Murcia. Después me mudé a Madrid, donde hice buena parte de mi carrera en teatro, series y pelis.

¿Podría explicar cómo funciona, desde el punto de vista del guionista la industria del cine en Estados Unidos?

La pirámide de la construcción de los proyectos, tal y como funciona aquí, siempre ha dado al guionista una posición imprescindible. En España ahora mismo hay un par de sindicatos que están luchando muchísimo, pero hace diez años el guionista era una persona al que, si tenía suerte, le compraban un guion y ya verían cómo se lo pagaban, y la propiedad absoluta es siempre del productor o del director. Sin embargo, aquí en el momento en que un guionista escribe una palabra sobre un papel es propietario de la idea y del posterior desarrollo. Tienen una cadena de poder hasta el final. La última huelga que se hizo consiguió que ese poder del guionista paralizase toda la industria. Ese era el contexto que había, porque eran una parte capital en el proceso de creación. Lo que pasa después es que llega Netflix.

 Precisamente eso quería preguntarle: ¿la llegada de las grandes plataformas ha supuesto un antes y un después en la industria?

Llegan las plataformas y hacen dos cosas. La primera es decir: “Hola, qué tal, queremos formar parte de la industria pero somos pequeñitos, casi nadie nos ve, no podéis poner estas reglas tan punitivas, yo apenas tengo dinero”. Entonces en la anterior negociación con los sindicatos se dijo: venga, no sois los grandes estudios, no sois Universal, pues os vamos a dar unas reglas más laxas, así que nos parece bien que no comuniquéis los derechos de imagen que generan las series, nos parece bien que paguéis menos, nos parece bien que traigáis este formato nuevo de las miniseries que es coger una película y alargarla 8 episodios, y en vez tener 8 escritores tenéis 1 y medio y dos becarios…Venga, no pasa nada. Esto se negocia en el 2017, llegan los beneficios millonarios, con la pandemia se multiplican esos beneficios por cien y ya ahí es cuando los guionistas y los actores dicen que esto hay que arreglarlo, porque no puede ser. Decían que no eran los estudios, pero el 70% de las nominaciones Emmys, Grammys y Globos de Oro eran de plataformas, que cada vez tienen más películas nominadas a los Óscar. Chavales, os habéis quedado con la industria: a pagar. Esto es como todo en el capitalismo. Yo me refiero a la industria como una pirámide, porque hay una base que sostiene, pero todo acabe en uno que se está forrando, como siempre. Y ese uno no es un actor ni un guionista ni nada. Estas plataformas han irrumpido en una cadena de negocio que se apoyaba en los creadores y le han dado la vuelta para convertirlo en un negocio en el que quienes marcan la estrategia son los inversores en Wall Street. Todo son números, todo son Excel. Las series pasan a ser patatas, los actores tomates y los guionistas pepinos. Hay un punto en el que dicen “¿que este pepino me está pidiendo más agua?”. Pues fuera, que tengo otro. Pero el entretenimiento no funciona así. No todos los contadores de historias valen lo mismo.

 La mayoría de la gente tendrá la idea de que quienes trabajan en la industria del cine en Estados Unidos son todos millonarios, unos privilegiados que se pasan el día en fiestas exclusivas: ¿qué hay de realidad en esto?

La realidad es muy distinta. Esta es una dualidad en la que vive esta profesión. Nuestra manera de tratar de seducir el público para que vea nuestras historias son eventos, fiestas, alfombras rojas, gente que va a la televisión con un traje carísimo que le han prestado. Ese es el altavoz que tiene esta profesión. La distorsión llega cuando la gente se cree que eso es toda la profesión. Para que The Rock vaya a un top show y diga “chavales, venid a ver mi película”, han pasado tres años en los cuales ha habido un guionista que ha tenido una idea, se ha considerado un director, también un actor, luego si hay suerte-repito: si hay suerte, porque el 90% de los proyectos mueren antes de llegar al rodaje-se acaba con una película que va a edición, a montaje, a sonido…Entra un equipo de marketing, de distribución, los cines, las plataformas…Hay una cadena de tantas y tantas personas que trabajan en esto, y no todas tienen una casa con piscina. Es ridículo, cada vez que escucho ese argumento de que son unos niñatos privilegiados digo: ¿Tú qué sabes? Es todo más complejo. Estas huelgas no están luchando por las grandes estrellas, están luchando para mantener a la clase obrera y a la clase media, que es la que mantiene a toda la profesión.

 Uno de los puntos más calientes de la negociación de esta huelga son los llamados residuals, ¿podría explicar qué son?

Los residuals son derechos devengados de una propiedad intelectual que tiene varios pagos. Esto siempre ha funcionado muy bien. Siempre que se hacían películas o series acababan en televisión, que monetizaban ese contenido a través de la publicidad. Cuando tú monetizas contenido a través de publicidad tiene que haber una auditoria externa que diga “esta película la vieron ayer X personas”, así que el anunciante te tiene que pagar tanto dinero. Cuando las plataformas se niegan a dar números y funcionan sin publicidad están ocultando la realidad del alcance de ese producto, del cual no son padres, sino explotadores. Netflix coge y te dice: mira, tú me das tu película y en vez de decirte cada mes la cantidad de visionados y la cantidad de pasta que te corresponde, hace un tanto alzado y te da, por ejemplo, 10 por 8 años. Y dices, bueno, no está mal. 

El problema es que estas compañías, como están regidas por Wall Street, necesitan comunicar sus éxitos y empiezan a decir que la película por la que a ti te dieron diez la han visto 800 millones de personas, les ha generado millones de beneficios y tú en tu casa. Te dieron diez, pero te tenían que haber dado casi 1000. Pasa una vez, pasa dos, pasa tres. Pero cuando es sistemático el robo de los derechos de propiedad intelectual para que puedan tener otro tercer avión privado la gente dice hasta aquí hemos llegado. Hay que repartir beneficios. Eso es una piedra de toque de la que el colectivo no se va a mover. Porque no va de esto: no va de que yo no tenga dinero para pagar seguro médico, para pagar el alquiler, y tú tengas un tercer avión privado. Se acabó.

 Otro de los aspectos que se está negociando es el uso de la Inteligencia Artificial

Es algo en lo que se está diciendo: no sabemos adonde puede llegar, no nos queremos cerrar a que nos digan que todo el contenido credo por Inteligencia Artificial es suyo a perpetuidad. Lo que está pidiendo el colectivo es que vayamos hablándolo, que vayamos viéndolo. Pues no. Los estudios están con que eso es para ellos por perpetuidad. Y lo mismo con los guionistas. Dicen los estudios: “No, es que yo le meto a Chat GPT una premisa que se me ocurrió en la ducha y me genera un guion”. Un guion que no sirve ni para mearse en él, pero como el estudio se cree tan listo, y cree que las demás personas son idiotas, se quedan la idea como propiedad y contratan a un mindundi que han sacado de una escuela de guion para que le de cuatro brochazos, le pagan algo y el guion y la propiedad intelectual forever and ever ya es suya. ¿Pero te crees que esta es una manera de mirar a la industria? Nos ven como si fuésemos tomates, pepinos, patatas.

 ¿Cómo se están organizando para resistir una huelga tan larga?, ¿cómo están los ánimos?

Pues bien y mal. A la gran mayoría no les queda otra opción que hacer trabajos precarios: conducir Uber, meterse a la construcción o meterse en bares. Hay una caja de resistencia y también marcas que están asociadas a los sindicatos. Hay bancos de alimentos y cupones para comida. Por ese lado bien, pero hay una resignación y la gente lo está llevando mal. Es que no se entiende, y no hablo solo de guionistas y actores. El otro día tuve una conversación con una maquilladora de Marvel que me decía que estaba a mes y medio de vender su casa y largarse de este país, porque no podía más. Imagínate. Todo el rango de trabajadores que forma parte de un rodaje están mirando a la pared y diciendo: ¿pero qué hacemos?

¿Cuáles son las perspectivas? Son ya casi cinco meses de huelga

Hoy [miércoles 20 de septiembre] es un día clave. Hoy se han sentado los estudios con el comité y hay una especie de calma chicha, que creo que son buenas noticias. Creo que las negociaciones están a punto. Creo que si vamos más allá del 15 de octubre esto va a estallar, porque este país a partir del Thanksgiving, que es 20 de noviembre, se para absolutamente. Si no se llega a un acuerdo para el 15 de octubre no se va a llegar para fin de año, y esto se va a llevar a enero y yo no sé qué puede pasar con una huelga de 6, 8 meses. Pinta mal. Va a asolar la ciudad. Creo que hay movimientos por parte de la alcaldesa y de la gobernación de California, que están remando y han dejado caer que pueden crear una partida especial de paro para la gente que está en huelga. Eso les puede reventar el plan a los estudios. También los estudios están empezando a pelearse entre ellos, porque no es lo mismo la demanda que pueden tener Netflix, que le suda el rabo lo que pasa en los cines, que Universal, que vive práctica y exclusivamente de la taquilla de sus títulos. Calma chicha, vamos a esperar a ver qué pasa, pero creo que estamos a punto."               (Bernardo Álvarez, Nortes, 23/09/23)

9/12/22

Michael Roberts: “Los beneficios empresariales son la principal contribución a la inflación... los trabajadores no tienen que disculparse si piden una subida de sueldo” porque “la espiral de precios y salarios es un mito”

 "Michael Roberts, cabeza de cartel del cuarto congreso “Trabajo, Economía y Sociedad” de CCOO, es un reconocido economista marxista que ha batallado durante décadas en la City de Londres. El británico advierte de una pérdida “sin precedentes” del poder adquisitivo de las familias europeas en esta crisis de inflación. Y recuerda que solo unos sindicatos más fuertes pueden hacerla frente.

“Ha habido una reducción drástica del empleo en la industria manufacturera, en el Reino Unido, en los EEUU y en España. Y las nuevas industrias no están sindicalizadas. Ni las industrias tecnológicas, ni el sector de los medios de comunicación, ni los nuevos sectores minoristas tampoco”, lamenta. Aunque saca optimismo: “Esto está empezando a cambiar. Estamos empezando a ver organización en Amazon, en Starbucks, incluso en Google”. 

 “También estamos viendo luchas serias en Asia, América Latina y África. Vamos a ver muchas más. Y posiblemente también organizaciones independientes no solo en el Sur Global, sino también en el Norte Global en las nuevas industrias”, reflexiona Michael Roberts.

En la crisis de inflación de los 70, se daban por hecho las subidas salariales para recuperar el poder adquisitivo. Hoy, instituciones y empresas ni se plantean aumentos de sueldo con el IPC con el argumento de evitar un espiral de precios y salarios, ¿tienen realmente que conformarse los trabajadores y sufrir una grave pérdida de poder adquisitivo?

En los años 70, muy a menudo había lo que llamaban indexación de salarios para que hubiera un aumento automático de sueldos a la par con el aumento de precios. Por supuesto, esto era extremadamente costoso para los empleadores si no estaban realmente en la posición de aumentar aún más los precios. Pero es un mito que entonces hubiera una espiral de los salarios. No es verdad. Si se observan los datos, se puede ver que los salarios reales también cayeron durante ese período, a pesar de que en algunas industrias y algunos sectores hubo esa indexación, particularmente en el sector público pero también en algunos de los sectores industriales.

¿Cuándo se perdió esa indexación?

Todo eso se eliminó durante las décadas de 1980 y 1990. Durante todo ese tiempo llamado período neoliberal, se redujo el poder sindical de los trabajadores y se introdujo una legislación para impedir que pudieran mantener sus salarios altos, hemos visto una caída muy pronunciada en la participación de los salarios como porcentaje del PIB en todos los países de Europa. En la OCDE en general, mientras que en promedio los salarios representaban alrededor del 75% del PIB en la década de 1970, ahora está sobre el 65%. Esa es una caída bastante grande. ¿Dónde está eso? ¿Ha desaparecido? Obviamente se ha ido al incremento de la participación de los beneficios (empresariales) en el PIB. Así que tenemos una transferencia de salarios a beneficios. Y lo que estamos viendo en la espiral inflacionaria actual se debe a que no hay indexación y a que la legislación es muy dura contra los trabajadores. Y también porque las organizaciones sindicales son mucho más débiles y es mucho más difícil para los trabajadores aumentar sus salarios para igualar los aumentos de precios. Y la evidencia es clara de que los salarios reales han caído a un ritmo en la mayoría de los países europeos que no tienen precedentes. Estamos hablando de una caída del 6%, 7% u 8% en los ingresos reales en un año. Si solo estamos midiendo los salarios contra los precios, eso es una gran caída, que no se debería de dar. No va a ser compensado.

Los trabajadores de algunos sectores están consiguiendo más subidas que otros...

Recientemente IG Metall, la Unión Industrial Alemana llegó a un acuerdo, que suena bien, pero si lo miras, puedes ver que está muy por debajo de la tasa de inflación que está experimentando Alemania este año y el próximo, por lo que los trabajadores están sufriendo una pérdida salarial real. Entonces, la idea de que los aumentos de salarios provocan aumentos de precios no tiene sentido. Empíricamente, podemos ver que no es así, de hecho, y también podemos ver particularmente en este período que la principal contribución al aumento de precios ha sido, en primer lugar, el aumento de los precios de las materias primas energía, alimentos y otras materias primas subiendo. Y, en segundo lugar, los enormes aumentos de precios por parte de los empleadores. Los beneficios (empresariales) han sido la principal contribución a los aumentos de precios, no los aumentos de salarios, en esta espiral inflacionaria. Entonces, los trabajadores no tienen que disculparse si piden un aumento salarial, ni preocuparse de que de alguna manera provocarán una espiral de precios. Esto es un mito y una propaganda que nos cuentan los empresarios y sus representantes.

Las economías europeas se han transformado: oligopolios, multinacionales, más servicios y menos industria... ¿los sindicatos se han sabido adaptar?

Bueno, lo que hemos visto es una transformación de los sectores en los últimos 30 o 40 años, particularmente con la gran caída en la rentabilidad de la fabricación en la década de 1970 en la mayoría de las grandes economías, y una gran depresión a principios de la década de 1980. La actitud de los empleadores en las grandes multinacionales de tratar de trasladar sus industrias, el empleo y la tecnología fuera de Europa y América del Norte hacia lo que entonces se llamaba el Tercer Mundo y que ahora llamamos el Sur Global. 

 Hacia todos los países donde había mano de obra barata y la oportunidad de construir fábricas con salarios bajos. Esa fue la transformación.

¿También en España?

Si observamos lugares como España fue ligeramente diferente porque recibió inversiones de Alemania y Francia cuando se unió a la Unión Europea, y vimos la expansión de la industria. Pero en general, ha habido un éxodo de empleo manufacturero en todos los ámbitos al mismo tiempo que crecía el sector servicios, lo que significa que, particularmente en países como el Reino Unido donde estoy, estas economías ahora están dirigidas a economías en las que viven de los beneficios obtenidos por las multinacionales, donde el Reino Unido opera como un centro financiero para redistribuir y generar ganancias para estas empresas en varias partes del mundo. Así que no ha habido adaptación de los sindicatos. Ha habido una reducción drástica del empleo en la industria manufacturera, en el Reino Unido, en los EEUU e incluso en España. Y las nuevas industrias no están sindicalizadas. Ni las industrias tecnológicas. El sector de los medios de comunicación tampoco. Y, por supuesto, los nuevos sectores minoristas tampoco. Esto está empezando a cambiar desde el final de la gran recesión. Estamos empezando a ver organización en Amazon, en Starbucks, en otros sectores nuevos que no existían antes, incluso en Google. Así que esto es quizás una indicación de una nueva tendencia en los trabajadores de la próxima generación que va a transformar el movimiento sindical.

¿Cómo podría crecer la densidad sindical y la fuerza de los sindicatos en este contexto?

Hemos visto una reducción masiva en la participación de la sindicalización de alrededor de dos tercios, es enorme. En los últimos 30 o 40 años, ha habido una disminución dramática en la proporción de personas en los sindicatos en comparación con la fuerza laboral total. Esto se ha dado, como decía antes, por el gran cambio desde el sector manufacturero a los servicios, particularmente en el Norte Global, y hacia nuevas industrias que no están sindicalizadas. Creo que existe una posibilidad cada vez mayor de que las nuevas industrias tengan un papel determinante, como ya ocurrió en el siglo XIX cuando la gran transformación en el movimiento sindical se dio por el cambio desde las industrias artesanales como la carpintería, la plomería.... a los sindicatos de masas en las grandes fábricas, en los muelles, en el transporte, etc. Y vimos el desarrollo de los sindicatos de masas a finales del siglo XIX y en la primera mitad del siglo XX. Luego hemos visto esta aniquilación en la segunda mitad del siglo XX. Pero creo que ahora tenemos toda una capa de nuevas industrias, donde los trabajadores apenas comienzan a organizarse. Y la gente no debe olvidar que la mayor proporción de trabajadores en todo el mundo no se encuentra en el Norte Global. Están en Asia, están en América Latina. Están en África. Aquí es donde el proletariado, usando la antigua frase, es de largo mayor. La clase trabajadora del mundo nunca ha sido mayor y nunca ha sido mayor como porcentaje de la población adulta total y la población activa. Y se basa principalmente en el Sur Global ahora, donde hay mucha actividad. Esta semana vemos lo que pasa en Foxconn, que es una gran empresa taiwanesa que opera en China, donde los trabajadores están luchando contra sus empleadores porque no les están pagando lo que acordaron pagar. Así que ha habido luchas serias como esa, vamos a ver muchas más. Y posiblemente también organizaciones independientes no solo en el Sur Global, sino también en el Norte Global en las nuevas industrias. Soy optimista.

¿Qué herramientas tienen los sindicatos para luchar a día de hoy?

Siempre existe la herramienta básica, que es que los empleadores no pueden conseguir las cosas ni los servicios que quieren vender a menos que los trabajadores trabajen. Es algo muy básico. Karl Marx dijo una vez, todo niño sabe que si la gente deja de trabajar, entonces no se hace nada. Ese es el poder básico que tienen los trabajadores, porque los empleadores no tienen poder, en realidad, dependen completamente de su fuerza laboral para entregar lo que se requiere. Los empleadores usan lo que pueden usar para evitarlo y eso lo puede hacer más difícil, pero el poder básico que tienen los trabajadores de retirar su trabajo todavía está ahí. Pero no solo eso. También hay muchas otras formas en que los trabajadores pueden mejorar sus condiciones. Los sindicatos brindan un nivel de apoyo en seguridad, y también en horas y condiciones de trabajo. Una cosa es decir que te pagan mejor, pero si estoy trabajando en pésimas condiciones, si estoy trabajando por turnos o trabajando muchas horas, entonces las condiciones de trabajo no son seguras. Los sindicatos tiene el poder de organizarse contra eso también. Todas estas son áreas importantes en las que los sindicatos juegan un papel y tienen que jugar un papel cada vez mayor en el futuro. Entonces, podrías decir, bueno, eso no es nada nuevo. Lo que quiero decir es que hay nuevas áreas en las que vamos a ver ese desarrollo y los sindicatos tienen que estar familiarizados con la tecnología, deben ser inteligentes acerca de los nuevos desarrollos que están ocurriendo en las industrias para construir la organización que necesitan los trabajadores.

¿Las huelgas han perdido efectividad en un mundo globalizado?

Si el argumento es que si se declara una huelga, la empresa trasladará su ubicación a otro lugar donde la gente no hace huelgas y donde es mas barato, en realidad no es tan fácil para las empresas hacer eso inmediatamente. Y también, los sindicatos deben luchar no solo en el frente económico, sino también políticamente para garantizar que los gobiernos no permitan que las multinacionales simplemente saqueen la infraestructura y la tecnología y se la lleven a otra parte. Si los trabajadores están luchando por mejores condiciones, las dos cosas deben ir juntas. Sí, todo es más difícil por ser internacional, pero tampoco es imposible para los sindicatos organizarse internacionalmente. Lo hemos visto en muchas ocasiones en los últimos años en varias industrias, particularmente en la industria del transporte, donde el comercio tiene lugar entre buques portacontenedores, conductores de camiones portuarios. O incluso desde el conflicto de Ucrania, hemos visto esfuerzos de los trabajadores para combinar todos estos temas. Entonces sí, es difícil. No es fácil para los sindicatos organizarse, ni para los trabajadores porque se enfrentan a las fuerzas de los medios, los gobiernos, las leyes, y, por supuesto, a los intentos de los empleadores de debilitar su capacidad de funcionar. Pero no es imposible. Históricamente podemos ver que a veces tuvo un gran éxito en la transformación de la realidad.

¿Están sabiendo incorporar los sindicatos el papel transformador del feminismo?

Cuando observamos la situación económica general, podemos ver que todavía hay una marcada diferencia entre el salario promedio de los hombres en industrias y servicios, y el de las mujeres. Y, sin embargo, las mujeres ahora constituyen en muchos países, la mayoría de la fuerza laboral, no solo una pequeña minoría. Y ha habido una transformación en los últimos 50 años en los que las mujeres han llegado al sector laboral en grandes masas, particularmente en industrias clave como la salud, la educación y los servicios públicos, los servicios sociales, donde las mujeres son dominantes. Si miramos el liderazgo de los sindicatos, es cierto que esto no siempre se ha visto reflejado, pero es algo que está comenzando a cambiar. El sindicato industrial más grande del Reino Unido ahora tiene a una mujer como secretaria general, y eso también se aplica en otros sindicatos. Entonces hay una transformación en ese sentido pero todavía hay una brecha enorme entre el nivel de los salarios medios de los trabajadores masculinos y femeninos. Eso se debe en parte a que las trabajadoras tienen trabajos peor pagados y no consiguen los mejores trabajos que pagan mejor. También aunque existe una legislación en contra de la igualdad salarial no siempre se aplica.

 Pero lo que creo es que la organización sindical y la expansión de los sindicatos ayudará a reducir esa brecha entre el empleo masculino y femenino.

¿Y cómo deben sumarse los sindicatos a la transición verde?

Creo que esta pregunta es muy importante porque este es uno de los problemas clave al que nos enfrentamos en el siglo XXI. Tenemos que hacer algo para detener el calentamiento global, las emisiones de carbono y el impacto que está teniendo lo vamos a sufrir todos, no solo en el Sur Global donde ya lo están sufriendo, sino también en Europa, donde vamos a ver condiciones climáticas extremas, etc., que van a afectar a la vida y las condiciones de las personas. Y tenemos que hacer algo al respecto. Cualquier sindicato que se precie tiene que mirar no sólo el tema de los salarios y las condiciones de sus miembros, sino también al panorama más amplio de lo que está sucediendo en la economía, particularmente lo que están haciendo las empresas y lo que están haciendo los gobiernos. Solo así podemos hacer frente a esta peligrosa crisis que se avecina. Entonces, me parece que la formación tiene un papel clave en la lucha para que sus empleadores adopten políticas ambientalmente mejores, para que los gobiernos comiencen a hacer algo con respecto a las emisiones de combustibles fósiles.

Y ahora, ¿qué pasa con todos esos trabajadores que trabajan en la industria de los combustibles fósiles? ¿Cómo va a lidiar el sindicalismo con eso? Eso plantea un problema político, pero los trabajadores de la industria del petróleo o de la industria del gas, que en realidad es una fuerza laboral bastante pequeña, ¿cómo van a mantener sus trabajos si queremos eliminar este tipo de energías? Bueno, requiere un plan nacional, un plan internacional, a través de la eliminación gradual de las industrias de combustibles fósiles. Y volver a capacitar y cambiar a los trabajadores a nuevas industrias renovables, donde también tienen habilidades o se puede redirigir, para asumir la expansión de las industrias renovables y de otras industrias ambientales que generarán una gran cantidad de puestos de trabajo disponibles para los trabajadores que en este momento están trabajando en industrias que quizás se están sumando a la crisis de emisiones de carbono. Puedes verlo con otra analogía, ¿qué pasa con los trabajadores que trabajan en la industria armamentística? No queremos más armas. Queremos eliminarlas gradualmente pero los trabajadores perderán sus empleos, y es un argumento que a menudo dan los sindicatos. Bueno, hay muchas otras construcciones civiles que debemos hacer en las que las habilidades de los trabajadores que tienen las habilidades de la industria de armas se pueden usar, como en todo tipo de áreas de transporte, medio ambiente, etc. Necesitamos un plan. Y eso significa que los sindicatos no solo pueden mirar lo que está sucediendo en su lugar de trabajo, sino que también deben analizar cuestiones políticas más amplias y involucrarse en ese plan que logre esa transformación del desequilibrio que tenemos en este momento en el empleo, con los objetivos equivocados y los trabajos equivocados. Necesitamos los objetivos correctos y los trabajos correctos."               (Entrevista a Michael Roberts, Daniel Yebra, eldiario.es, 08/12/22)

4/4/22

En un evento que tiene pocos paralelos en la historia del movimiento obrero estadounidense posterior a Ronald Reagan, los trabajadores de los almacenes de Amazon en Estados Unidos han conseguido el reconocimiento de un sindicato por primera vez... Amazon gastó 4,3 millones de dólares en consultores para romper el sindicato, una cantidad inaudita para cualquier empresa... Muchos de los consultores que dirigen la guerra de Amazon contra la sindicalización cobraron 3.200 dólares al día... las demandas de los trabajadores: un salario mínimo de 30 dólares por hora, aumento del tiempo libre remunerado y de los días de vacaciones, descansos remunerados durante la jornada, representación sindical en cualquier reunión disciplinaria y un fuerte apoyo para el cuidado de los niños

 "(...) La votación supervisada por la Junta Nacional de Relaciones Laborales (NLRB) en JFK8, un centro de distribución en Staten Island, fue de 2.654 a favor de la sindicalización con el Sindicato de Trabajadores de Amazon (ALU), y 2.131 en contra, en una instalación con 8.325 votantes. Los sesenta y siete votos impugnados y once anulados no serán determinantes, dado el margen de victoria del sindicato.

 Es difícil exagerar los obstáculos a los que se enfrentaron los trabajadores de Nueva York para llegar incluso hasta aquí. Los archivos del Departamento de Trabajo publicados ayer muestran que Amazon gastó 4,3 millones de dólares en consultores para romper el sindicato, una cantidad inaudita para cualquier empresa. Normalmente, incluso las megacorporaciones tardan años en acumular ese tipo de factura con los especialistas de la industria exclusivamente estadounidense de expertos antisindicales profesionales. Muchos de los consultores que dirigen la guerra de Amazon contra la sindicalización cobraron 3.200 dólares al día.

En Staten Island, los trabajadores dijeron que los agentes antisindicatos eran una presencia habitual en el JFK8 y que difundían propaganda contra el sindicato en los baños del almacén, en los pasillos y a los trabajadores a través de correos, anuncios de Instagram, llamadas telefónicas, mensajes de texto y vídeos proyectados en pantallas dentro de las instalaciones. Por su parte, ALU tiene claras las demandas de los trabajadores: un salario mínimo de 30 dólares por hora, aumento del tiempo libre remunerado y de los días de vacaciones, descansos remunerados durante la jornada, representación sindical en cualquier reunión disciplinaria y un fuerte apoyo para el cuidado de los niños.

 Los líderes de la campaña sindical se enfrentaron nada menos que a arrestos, ya que la policía de Nueva York detuvo al presidente de la ALU, Christian Smalls, junto con los trabajadores Brett Daniels y Jason Anthony, el 23 de febrero de este año, después de que Amazon llamara a la policía por un supuesto allanamiento. A juzgar por la votación de hoy, esos esfuerzos resultaron contraproducentes, haciendo que Amazon parezca más represivo e hipócrita que nunca a los ojos de los trabajadores.

El esfuerzo del JFK8 es notable también por otra razón. ALU es independiente, es decir, no está afiliada a ningún sindicato existente. Smalls, el fundador del sindicato, también es único. Se inició en la organización sindical cuando, en los primeros días de la pandemia, ayudó a organizar una protesta frente al JFK8 en respuesta a lo que consideraba medidas inadecuadas de salud y seguridad adoptadas por Amazon mientras Covid-19 arrasaba la ciudad. En respuesta, la empresa le despidió y unas grabaciones filtradas revelaron que los altos cargos de Amazon habían buscado una campaña de desprestigio contra él, y el consejero general de Amazon, David Zapolsky, describió a Smalls como “no inteligente ni elocuente” en una reunión con Jeff Bezos. 

Esa caracterización indignó a Smalls, que lleva mucho tiempo señalando la falta de empleados negros incluso en puestos de gestión de bajo nivel en Amazon –a él mismo se le negaron los ascensos durante años– como prueba de que el racismo está integrado en la empresa. Esto le llevó, como me dijo durante el verano, a intentar «hacer que se coman esas palabras». 

Se trata de alguien despedido de forma muy personal y pública, que tomó el resentimiento que sentía por lo que su empleador le hizo y lo dirigió a la lucha. A la luz de la victoria de hoy, merece la pena citar la explicación de Smalls sobre cómo entendió su transformación de no activista a militante, alguien decidido a organizar el JFK8:

Es curioso, porque lo digo todo el tiempo: Amazon me preparó para esto. Aunque no era gerente, estuve haciendo el trabajo de un gerente durante los últimos cuatro años y medio. Los principios de liderazgo que tenía en Amazon me facilitaron la transición al activismo que estoy haciendo.
 
Estoy utilizando muchos de los principios que aprendí en Amazon, contra ellos. Mi favorito es: «tener coraje y comprometerse». Odiaban el hecho de que yo usara eso todo el tiempo. Pero es probablemente la razón por la que nunca fui promovido: tuve coraje, defendí lo que creía que era correcto y me comprometí a la transformación. Otro principio es “verlo, asumirlo, arreglarlo”, que es probablemente uno de mis principios originales: vi los problemas, los asumí y ahora intento arreglarlos.
 
Irónicamente, cuando planearon desprestigiarme, dijeron que querían convertirme en el rostro negativo del sindicalismo. Esas fueron sus palabras. Así que, en cierto sentido, estoy intentando que se coman esas palabras. No tengo nada más que hacer. Sigo desempleado, no puedo encontrar trabajo en ningún sitio. Este es mi trabajo a tiempo completo, y esta vez estoy en un equipo diferente.

En la primavera de 2021, Smalls comenzó a organizar a sus antiguos compañeros de trabajo estableciendo su base en una parada de autobús pública fuera de JFK8, por donde pasaban muchos de los trabajadores del almacén en su camino hacia y desde las instalaciones. Pronto se unieron al esfuerzo otras personas que aún trabajaban en JFK8: Derrick Palmer, por ejemplo, que anteriormente fue supervisado por Smalls en JFK8, y que ha trabajado en Amazon durante seis años. El grupo organizó comidas al aire libre, repartió folletos, difundió su mensaje en aplicaciones de redes sociales como TikTok y creó un comité organizador dentro de las instalaciones.

Amazon mantuvo un flujo constante de propaganda contra el esfuerzo, pero ALU también siguió adelante. Como informó Labor Notes, el comité organizador de veinticinco personas contrarrestó el mensaje de la dirección, llamando por teléfono y sentándose en la sala de descanso del almacén para hablar de las preocupaciones de los trabajadores. Ahora, han conseguido el primer sindicato de Amazon en Estados Unidos.

 El enfoque de ALU va en contra de lo que se considera de sentido común en el movimiento sindical. ALU no tenía apenas personal remunerado, contaba con un solo abogado frente al ejército de expertos jurídicos de Amazon y no tenía experiencia en la negociación de un contrato. Sin embargo, ALU insistió en que esto era una ventaja, dado el método probado por los empleadores de lo que se llama “tercerizar” un sindicato, que es cuando el jefe tilda un sindicato de «entidad externa» en lugar de estar simplemente compuesto por los propios trabajadores. 

Aunque se trata de una propaganda de manual, y los trabajadores suelen contrarrestarla señalando que los sindicatos son impulsados por los propios trabajadores –explicando que, independientemente de los defectos que puedan tener los sindicatos existentes, corresponde a los trabajadores votar los contratos o rechazarlos, elegir a los comités de negociación y a los delegados sindicales, etc.–, el carácter independiente de ALU permitió a los trabajadores del JFK8 eludir por completo el argumento de la patronal.

Las imágenes del primer día del recuento de votos de la NLRB en Brooklyn subrayaron el carácter de David y Goliat de la lucha entre el sindicato independiente y una de las empresas más poderosas del mundo. En una de ellas, tomada por Lauren Kaori Gurley, de Vice, que ha cubierto el esfuerzo de la UAL desde el principio, los líderes de la UAL están de pie fuera del edificio de la NLRB, abrazados unos a otros. En otra, Smalls está solo y dice de los abogados de Amazon en la sala de recuento de votos: «Me encanta ver cómo se retuercen».

Con esta histórica victoria llega el siguiente reto para la UAL: conseguir un primer contrato. En Estados Unidos, la norma es que los empresarios den largas luchas en la mesa de negociación –algunos estudios muestran que menos de la mitad de las unidades de negociación alcanzan un primer contrato al año de sindicalizarse– y no es inaudito que una empresa cierre una instalación antes que aceptar un contrato sindical. Amazon es la vanguardia del antisindicalismo y de la dictadura patronal, por lo que la probabilidad de que oponga esa resistencia es alta. Por eso ha emprendido una guerra contra estos esfuerzos sindicales incipientes: Amazon sabe tan bien como los trabajadores que una vez que los empleados de un lugar se organizan, sienta un precedente e inspira a los demás trabajadores en otros lugares. Después de todo, basta con mirar a Starbucks, donde se vive una oleada sindical a escala nacional en la franquicia de café estadounidense.

 El movimiento sindical más amplio tendrá que recalibrar sus suposiciones sobre la organización de Amazon, dada la victoria de ALU, y ofrecer toda la solidaridad a los trabajadores en su lucha por un primer contrato. La distancia y las tensiones entre ALU y otros sindicatos son reales, y no desaparecerán de la noche a la mañana. Pero será necesaria la plena cooperación del movimiento obrero para que la victoria de ALU se extienda a los cientos de instalaciones de Amazon en Estados Unidos. La empresa emplea a más de un millón de personas en todo el país -sin contar los numerosos conductores y otros trabajadores empleados indirectamente a través de terceros- y esa cifra no hace más que aumentar a medida que Amazon envuelve una parte cada vez mayor de la economía.

Amazon es un imperio, con operaciones en expansión que ejercen una influencia sobre los trabajadores de innumerables industrias. Hay muchos brazos: Whole Foods, donde Amazon vigila agresivamente la organización potencial, y donde hay esfuerzos de organización en sus primeras etapas; Amazon Fresh, donde los trabajadores de una ubicación en Seattle ya han comenzado a organizarse; la legión de trabajadores de cuello blanco de Amazon, algunos de los cuales han sido despedidos por su organización, y que tienen una gran cantidad de problemas en el lugar de trabajo, incluso si sus condiciones están a un mundo de distancia de las de JFK8; la fuerza de trabajo de entrega, cuyo salario es muy inferior al de sus homólogos sindicalizados en UPS y cuya propia existencia socava las normas existentes.

Estos esfuerzos de organización en los almacenes de Amazon son importantes para todos, ya que existimos dentro de un sistema de vigilancia y control que se está extendiendo y del que Amazon es pionero. La victoria en el JFK8 es sólo un pie en la puerta. Pero casi todo el mundo dijo que los trabajadores no podrían llegar tan lejos, que tales campañas no llegarían a nada, que Amazon era demasiado grande para enfrentarse a ella hasta que el movimiento obrero fuera mucho, mucho más fuerte. Esas consideraciones no eran infundadas, pero tampoco eran del todo correctas. 

Mientras Amazon exista, debe organizarse. No hay manera de evitarlo, y hay trabajadores que están asumiendo esa tarea. Ahora es el momento de aprender de ellos. Es imperativo que tengan éxito."                     ( , JACOBIN, 03/04/22)

21/6/19

Ciclos económicos, tasa de ganancia y huelgas en el capitalismo

"Jorg Nowak, miembro de la Universidad de Nottingham, Reino Unido, acaba de publicar huelgas de masas y movimientos sociales en Brasil e India: la movilización popular en la Depresión Larga. Nowak argumenta que en el siglo XXI y en esta larga depresión actual en las principales economías, la acción industrial ya no está dirigida por el trabajo organizado, es decir, los sindicatos, y ahora toma la forma de "huelgas de masas" más amplias que involucran a trabajadores no organizados y fuerzas sociales más amplias en la comunidad. 

Esta movilización popular está más cercana al concepto de huelgas de masas de Rosa Luxemburg que a la formación de sindicatos convencional "eurocéntrica".

La naturaleza de las luchas laborales mundiales contra el capital y las formas cambiantes del conflicto de clases es importante. Pero lo que también me interesó fue el capítulo de Nowak sobre la economía política de las huelgas de masas en la actual crisis capitalista global, y en particular la sección sobre huelgas y ciclos económicos (pp113-117).

En esa sección, Nowak desarrolla el argumento de que la intensidad del conflicto de clases entre el trabajo y el capital varía con las etapas del ciclo económico de las alzas y las revueltas económicas capitalistas. Cita a varios autores que tratan de mostrar que cuando el capitalismo está en una fase de crecimiento general, la inversión y el empleo, el conflicto de clases, como se expresa en el número de huelgas, aumenta, particularmente cerca del pico de la fase de expansión.

Nowak examina el trabajo de aquellos autores (incluido el mío) que afirman las pruebas de un ciclo de tipo Kondratiev u ola en la expansión capitalista. La duración más probable de un ciclo completo de Kondratiev se sitúa en 64-72 años (más de lo que se afirma tradicionalmente). Si ese ciclo K se divide en "temporadas"; primero está el período "primaveral" de recuperación de la depresión, con el aumento de la rentabilidad del capital y la reactivación de la organización laboral; luego hay un período de verano de rentabilidad decreciente y fuerzas laborales fuertes. 

Esas dos temporadas completan el repunte del ciclo K Luego, en la recesión, llega el otoño (el aumento de la rentabilidad, pero el trabajo se debilita) y, finalmente, el invierno (depresión económica). Nowak reconoce que los dos períodos de conflicto de clase más intensivo están en la cúspide de la primavera hasta las temporadas de verano (como en 1964-82, por ejemplo). Luego hay luchas locales más débiles hacia el final de la recesión en la temporada de invierno. Nowak presenta dos estudios de caso basados ​​en India y Brasil en el período 2010-2014 para defender esta teoría y generalizarla internacionalmente.
 En 2006, en mi libro, La gran recesión (2009), también argumenté que los ciclos K podrían correlacionarse con la intensidad de la lucha de clases. Lo desarrollé aún más en mi libro, The Long Depression (2016). Más recientemente, escribí un capítulo sobre el Reino Unido en World in Crisis (2018) en el que describí la trayectoria de la tasa de ganancia del Reino Unido desde 1855 y cómo se correspondía en términos generales con las "estaciones" en el ciclo-K.

En 2017, llevé este escenario más allá en un documento a la conferencia El Capital: 150, celebrada en Londres para conmemorar la publicación del Volumen Uno de la Capital de Marx. En ese documento, intenté trazar la lucha de clases en relación con el movimiento en la tasa de ganancia para el Reino Unido.
 Cuando Marx escribía Capital, la economía del Reino Unido estaba experimentando un auge en la rentabilidad y el crecimiento y el capital británico gobernaba el mundo y en su apogeo. Sin embargo, desde finales de la década de 1860, la rentabilidad disminuyó y el Reino Unido, junto con otras economías importantes, entró en una larga depresión hasta mediados de la década de 1880 (más en los EE. UU.). La depresión debilitó los viejos sindicatos y la lucha de clases se desvaneció. Después del aplastamiento de la Comuna de París en 1871, la primer internacional fue enviado a la jubilación en Nueva York por Marx.
 Si observamos la historia del capital británico después de la muerte de Marx en 1883, creo que podemos vincular la rentabilidad del capital a la intensidad de la lucha de clases, tal como se define en el nivel de huelgas. En el período comprendido entre la década de 1890 y la Primera Guerra Mundial, encontramos que las huelgas fueron inicialmente altas cuando se formaron nuevos sindicatos no calificados de masas a medida que la capital británica recuperó cierta rentabilidad después del final de la depresión de la década de 1880. 

Pero las huelgas disminuyeron después de finales de la década de 1890 a medida que aumentaba la rentabilidad y se satisfacían las demandas salariales. Sin embargo, a partir de la década de 1900, la rentabilidad del capital comenzó a disminuir y, en los años previos a la guerra, los sindicatos fuertes y un creciente movimiento obrero se involucraron en una lucha más intensificada.
 Después del final de la guerra, esa lucha se reanudó. Pero con la derrota de los sindicatos del transporte en 1921 y la huelga general en 1926, la rentabilidad del Reino Unido se disparó y la intensa lucha de clases se desvaneció hasta el final de la Segunda Guerra Mundial.
 El período posterior a 1945 comenzó con una alta rentabilidad y crecimiento (después de 1946), lo que llevó a una recuperación en los sindicatos (en nuevas industrias). Las huelgas aumentaron un poco, pero la lucha de clases generalmente se aminoró con concesiones y aumentos salariales. Sin embargo, desde mediados de la década de 1960, el capital del Reino Unido entró en una larga crisis de rentabilidad (como en otras economías). El capital necesitaba revertir esto aplastando la fuerza de trabajo. Los sindicatos fuertes enfrentaron el capital en la batalla de clases más intensa desde principios de los años veinte.
 Dos grandes depresiones y otras medidas neoliberales eventualmente derrotaron el poder sindical y la lucha de clases se calmó. El período neoliberal terminó en la década de 2000 y el capitalismo entró en una larga depresión después de la Gran Recesión. No ha habido recuperación en el movimiento obrero o en la lucha de clases (al menos según las tasas de huelga).
 Este mapa de la lucha de clases en Gran Bretaña implica que solo una recuperación sostenida de la rentabilidad en el capital que también permita que el trabajo recupere su fuerza organizada en nuevas industrias y sectores puede crear las condiciones para una lucha intensificada cuando la rentabilidad finalmente vuelva a caer, como quiera. Eso sugiere una generación por delante antes de que podamos ver una intensa lucha de clases como se experimentó en el período 1910-26 o en la década de 1970. Esta es una conclusión similar alcanzada por Nowak (p115).
 Nowak considera dos estudios de caso de olas de huelga de masas en la temporada de invierno del ciclo actual: la Depresión Larga. Presenté un documento a la Sociedad de Economía Política en Brasil el año pasado (La tasa de ganancia y la lucha de clases) que también analizó la experiencia de Brasil utilizando datos macroeconómicos. Noronha et al. (1998) realizaron un estudio sobre la evolución de las huelgas en Brasil, identificando algunas características clave observadas desde finales de la década de 1970 y hasta principios de la década de 1990 [i].
 Según esos autores, el fenómeno de las huelgas brasileñas comenzó alrededor de 1978 en la principal zona industrial del país e identificó tres ciclos principales de huelgas: el primer ciclo tuvo una trayectoria ascendente, que va desde 1978 hasta 1984, donde comenzó la organización de sindicatos en Sao Paulo y se extendió a otras regiones del país; el segundo ciclo ocurrió entre 1985 y 1989 y presenta una trayectoria de evolución plana; finalmente, el tercer ciclo se caracterizó por una disminución en los paros después de 1990. [ii] Por lo tanto, un aumento en las huelgas coincidió con un período de caída de la rentabilidad desde mediados de los años setenta hasta mediados de los ochenta. 

Las huelgas se aplanaron con el aplanamiento de la rentabilidad hasta finales de los años ochenta. El aumento de la tasa de ganancia en la década de 1990 y la adopción de políticas neoliberales vieron una disminución en la lucha de clases.
 En Brasil, las tasas de sindicalización experimentaron un pequeño descenso durante la década de 1990, pero entre 2000 y 2006 esta tendencia se invirtió. [Iii] El número de huelgas casi se triplicó entre 2002 (298 huelgas) y 2012 (873), mientras que el número de horas de trabajo perdidas subió a más del triple en el mismo período. Según las estimaciones de Brasil DIEESE, en 2002 las horas de trabajo perdidas debido a huelgas ascendieron a alrededor de 116,6 millones, mientras que en 2012 fueron alrededor de 381,7 millones.
 La rentabilidad del capital en Brasil alcanzó su punto máximo a fines de los años 90 y principios de los 2000 en las medidas anteriores. Pero el movimiento obrero de Brasil se fortaleció a principios de la década de 2000, por lo que cuando la rentabilidad comenzó a caer nuevamente y los empleadores ejercieron presión para controlar el costo de la mano de obra, hubo una reacción de clase a través de un aumento de las huelgas. La Gran Recesión no afectó gravemente a la economía de Brasil hasta que se desplomó el auge de los precios de las materias primas en 2011. La ola de huelgas se desvaneció en el período inicial de la crisis mundial, pero comenzó a aumentar nuevamente desde 2010 hasta 2016, según Nowak.

Por lo tanto, parece que la lucha de clases (medida por las huelgas) tiende a ser más intensa en la "temporada" de verano del ciclo K, cuando la rentabilidad ha estado disminuyendo, pero el movimiento laboral y la confianza de los trabajadores aún no han sido aplastados. Con el tiempo, las derrotas laborales y las crisis económicas marcan el comienzo de un período (neoliberal) en el que el conflicto de clases es moderado. 

Esto continúa en el período 'invernal' de baja rentabilidad y crecimiento débil, aunque Nowak proporciona evidencia de que también puede haber una ola de huelga hacia el final de este período (2010-2014), tal vez de nuevos sectores de la economía que no se habían visto afectados. en acción antes."                        (Michael Roberts, blog, 18/06/19)