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13/9/22

Cómo comenzó todo en Ucrania: en la década de 1990 la divisoria política real en la esfera pública se acercaba más a la clásica distinción binaria entre izquierda y derecha... El cambio a un vocabulario étnico se produjo con la revolución naranja de 2004... la rivalidad entre grupos oligárquicos que estaban detrás de las principales formaciones políticas partidarias se había vuelto más transparente e intervino en adelante de forma abierta en la lucha electoral. Fue entonces cuando las diferencias etnolingüísticas percibidas entre este y oeste se convirtieron en una división política cada vez más profunda y las identidades culturales comenzaron a absorber distinciones programáticas más convencionales... La política ucraniana paso a ser, después de la revolución naranja, un terreno de confrontación entre dos proyectos nacionalistas rivales, que se percibían a sí mismos como ucranianos étnicos y eslavos orientales

 "(...) Cómo comenzó todo

Ahora bien, a lo largo de los treinta años de independencia de Ucrania ha habido una notable diversidad en la geografía política del país y en sus identidades políticas, pero las diferencias cardinales cambiaron junto con la transformación de las luchas políticas. Contrariamente a la narrativa nacionalista que poco a poco se ha vuelto dominante, en la década de 1990 la divisoria política real en la esfera pública se acercaba más a la clásica distinción binaria entre izquierda y derecha, incluso en los términos empleados por la propia clase política y la profesión periodística.

El cambio a un vocabulario étnico se produjo con la revolución naranja de 2004, cuando el centro de gravedad en el terreno político se trasladó de la presidencia al parlamento. A resultas de este desplazamiento, la rivalidad entre grupos oligárquicos que estaban detrás de las principales formaciones políticas partidarias se había vuelto más transparente e intervino en adelante de forma abierta en la lucha electoral. Fue entonces cuando las diferencias etnolingüísticas percibidas entre este y oeste se convirtieron en una división política cada vez más profunda y las identidades culturales comenzaron a absorber distinciones programáticas más convencionales.

La política ucraniana paso a ser, después de la revolución naranja, un terreno de confrontación entre dos proyectos nacionalistas rivales, que se percibían a sí mismos como ucranianos étnicos y eslavos orientales (Shulman, 2005). Los primeros ensalzaron la lengua ucraniana y su identidad étnica asociada, se mostraba implacablemente hostil hacia Rusia, que equiparaba a la Unión Soviética, y anhelaba una integración liberal euroatlántica. Los segundos se centraron en la defensa de los derechos de la lengua rusa, la iglesia ortodoxa rusa y la memoria histórica de la victoria del pueblo soviético en la segunda guerra mundial (que veían como una victoria propia), y supuestamente favorables a Rusia.

Esta división proporcionaba a las elites una herramienta fácil para movilizar la base de votantes. Sin embargo, al mismo tiempo servía de freno de seguridad para prevenir una consolidación autoritaria del poder: todo dictador potencial apoyado por uno u otro bloque era fácilmente derribado por sus rivales, bastaba movilizar a la otra mitad del país contra él. Este pluralismo por defecto pasó a ser el rasgo distintivo del sistema político ucraniano (Way, 2015). Un pluralismo que también era un seguro frente a una consolidación neoliberal en el terreno económico: la importancia del componente populista no permitía que las elites gobernantes separaran la economía de las configuraciones sociales y políticas locales y obligaba a todas las fuerzas políticas a mantener el legado soviético de mecanismos redistributivos.

La creación de la división supuestamente identitaria sirvió por tanto de amaño útil para la reproducción social durante la década de crecimiento económico entre 2000 y 2010. No obstante, como ocurre con todos los parches político-económicos, este solo fue temporal. Varios factores contribuyeron a su desaparición a comienzos de la década de 2010. En primer lugar, al carecer de controles internos, la amplitud de la dicotomía nacionalista fue creciendo peligrosamente hasta que la polarización alcanzó niveles insostenibles.

En las elecciones legislativas de 2012, el partido (ucraniano étnico) de extrema derecha Svoboda obtuvo el 10 % de los votos. Su popularidad se vio favorecida por el presidente (eslavo oriental) Yanukovich, que pretendía a todas luces orquestar su reelección en 2015 de la misma manera que lo había hecho Jacques Chirac en 2002 frente a Le Pen, pero seguramente subestimó el nivel de tensión ya acumulada en la sociedad. Las actividades depredadoras del equipos de Yanukovich en el terreno económico irritaron tanto a los oligarcas como a los pequeños empresarios, mucho más numerosos, y a las clases medias urbanas en Kyiv y en la parte occidental del país, dando alas al voto nacionalista.

 Esto coincidió con el final del superciclo comercial que había sostenido el crecimiento de la economía ucraniana entre 1997 y 2012 (Chim, 2021). Había cada vez menos que redistribuir, especialmente debido a que en 2012 Rusia, afectada por el mismo cambio de ciclo global, lanzó un ataque económico frontal contra Ucrania, con unos precios exorbitantes del gas e incontables guerras comerciales que afectaron a los exportadores ucranianos. A partir de la segunda mitad de 2012, tras el fin del estímulo producido por los proyectos de infraestructura asociados al campeonato europeo de fútbol, Ucrania entró en recesión. La ofensiva económica rusa marcó el cierre del intersticio geopolítico que había sido vital para Ucrania: Yanukovich se vio forzado a elegir un bando a sabiendas de que cualquier elección sería desastrosa.

Todas estas contradicciones se cruzaron en la crisis política llamada Euromaidan en 2013-2014. Depuesto Yanukovich, Crimea anexionada por Rusia y el Donbás sumido en una guerra, el equilibrio interno de la política ucraniana se distorsionó irremisiblemente. Millones de votantes eslavos orientales se vieron ahora expulsados del terreno de juego y el partido ucraniano étnico pasó a ser matemáticamente dominante (D’Anieri, 2018). Este antagonismo, aunque reciente y construido, preside ahora la política nacional.

Al mismo tiempo, sin embargo, tanto la identidad ucraniana étnica como la eslava oriental que se ofertaban en el mercado político estaban muy débilmente arraigadas en la cosmovisión de la gente común. Dondequiera que viviera una persona o cualquiera que fuera la lengua que hablara con más soltura, la actitud popular dominante era un rechazo antipolítico de las disputas partidarias como tales, en vez de un firme apoyo a un bando o a otro. A resultas de esta desconexión entre la clase política y la sociedad, y empujado por la lógica de la esfera pública, Petro Poroshenko pasó su mandato presidencial virando hacia una forma cada vez más radical de nacionalismo ucraniano étnico. Al final encajó una humillante derrota en las elecciones de 2019: el 73 % de los votos favorecieron a Volodymyr Zelenskyi, que era la verdadera encarnación de la actitud antipolítica y antielitista popular.

Sin embargo, una vez elegido, Zelenskyi también comenzó a atenerse a la lógica estructural de la esfera política. En el otoño de 2020, el gobierno ruso se convenció de que Zelenskyi no iba a aceptar su versión de los acuerdos de Minsk, y el Kremlin inició los preparativos militares. En los niveles inferiores de la sociedad ucraniana, mientras tanto, persistía el mismo desapego inveterado con respecto a la política identitaria. Por ejemplo, uno de los líderes de la huelga minera de 2020 en Kryvyi Rih, la ciudad natal de Zelenskyi, fue ensalzado como un héroe de las dos batallas más duras de la guerra del Donbás. No obstante, esto no le importó mucho subjetivamente: en una polémica en torno a la huelga, dijo que nunca se había considerado un patriota (Gorbach, 2022).

El momento actual

¿Qué ocurrió cuando Rusia finalizó sus preparativos bélicos y envió sus tropas a Ucrania? Kryvyi Rih, un bastión de la elite supuestamente eslava oriental, es un ejemplo ilustrativo. El alcalde de la ciudad, Yuriy Vilkul, fue elegido en 2010, tras la victoria presidencial de Yanukovich. El hijo del alcalde, Oleksandr, era director general de dos grandes empresas industriales de la ciudad en el momento crucial de su polémica transferencia a Rinat Ajmétov, el hombre más rico de Ucrania y patrocinador tradicional de los proyectos políticos eslavos orientales. La consolidación del poder político de esta familia en la ciudad vino acompañada de su patrocinio de la construcción de numerosas iglesias ortodoxas rusas y otros proyectos religiosos, así como de monumentos que refuerzan la versión sovietista de la memoria histórica de la segunda guerra mundial.

Activistas nacionalistas y liberales locales estaban convencidos de que la elite dirigente cambiarían de bando nada más asomar las tropas rusas. Sin embargo, Oleksandr Vilkul fue nombrado jefe de la administración militar local. Poco después de la invasión, escribió: “Queridos amigos, cada generación tiene su propia fortaleza de Brest, su propia Stalingrado. No cederemos ni un metro de nuestra tierra natal a los ocupantes. Kryvbas está a nuestras espaldas, no tenemos dónde retirarnos. Tras nuestras espaldas están nuestras familias y las tumbas de nuestras familias… El enemigo será derrotado.”

Estas cuatro frases contienen nada menos que cinco alusiones a los discursos de Stalin en tiempos de guerra. La identidad eslava oriental, durante mucho tiempo percibida como prorrusa, se convirtió en una herramienta de movilización en contra de la invasión rusa. La sociedad civil local, ucraniana étnica, se sintió molesta y desorientada ante este giro de los acontecimientos, pero al margen de lo que puedan pensar de ello, el hecho es que la resistencia a la invasión rusa se organiza de modo eficiente bajo el lema del antifascismo soviético y de la fe ortodoxa. El dirigente político que durante años se opuso al etnonacionalismo ucraniano y combatió la descomunización del espacio urbano después del Euromaidan, recibe ahora visitas amistosas de las cabezas visibles del nacionalismo ucraniano y se ha puesto a renombrar todos los topónimos que tienen alguna cosa que ver con Rusia (que implica cambios más amplios que la eliminación de nombres comunistas).

¿Qué decir de la clase trabajadora? Ninguno de mis informadores antes apolíticos o eslavos orientales de Kryvyi Rih parecen albergar dudas con respecto a la invasión. El abanico de reacciones va de los exabruptos emocionales patrióticos en los grupos de chat a la implicación personal en el esfuerzo de guerra. Un dirigente sindical ha pedido el envío de armas a compañeros extranjeros que querían enviar ayuda humanitaria; un minero desplazado de Donetsk ha abandonado su escepticismo con respecto a la política y ha participado con entusiasmo en la defensa de la ciudad. Abundan los ejemplos.

¿El final de la ambigüedad?

Durante décadas, la relación de la clase obrera ucraniana con la política fue distante, por no decir activamente antagonista. La política en todas sus variantes y colores se percibía como el dominio de la corrupción y las mentiras. ¿Qué ha cambiado? Probablemente no gran cosa. La reacción unívoca a la invasión rusa es tan fuerte precisamente por su carácter no político: la experiencia de la guerra y la respuesta a ella son viscerales, no mediatizadas por ideologías corruptoras y politiqueos. Contrariamente a anteriores acontecimientos políticos, este se se siente real. Afecta al tejido mismo de la vida cotidiana y no se basa en reflexiones abstractas mediatizadas por una clase intelectual. De ahí el nivel sorprendente de implicación personal.

 Volodimir Artiuj plantea algo similar cuando compara las narrativas oficiales rusa y ucraniana que acompañaron este año a las conmemoraciones de la segunda guerra mundial: “Mientras que el lado ucraniano desecha signos icónicos y apela a la experiencia física visceral, en el lado ruso se emplean casi exclusivamente símbolos carentes de toda relación con la experiencia vivida” (Artiuj, 2022). Ambas estrategias discursivas excluyen la posibilidad de construir un movimiento político sostenible desde abajo, pero mientras el simbolismo ruso es desmovilizador, la apelación ucraniana a la realidad vivida moviliza generando una potente lealtad emocional con el acontecimiento. Oleg Zhuravlev y Volodimir Ishchenko han estudiado una política inmediata similar en el caso del Euromaidan; una enorme movilización que no tenía ninguna agenda verbalizada, basándose en su lugar en vínculos emocionales entre los participantes en el movimiento, y entre ellos y su objeto político (Zhuravlev & Ishchenko, 2020).

¿Se estabilizará este vínculo lo suficiente para crear un sentido común compartido, construyendo de este modo, finalmente, una nación ucraniana efectiva, no dividida, en respuesta a la guerra? Resulta tentador anticipar la aparición de una síntesis hegeliana a partir de dos ideologías antitéticas, cuya coexistencia hacía que Ucrania fuera un tanto deficiente en muchas narrativas. Sin embargo, incluso si se hace realidad un proyecto como este, ¿cuáles serían sus características? O bien podría deslizarse de nuevo hacia un etnonacionalismo estrecho, o bien convertirsde en un proyecto nacional inclusivo, basado en la experiencia compartida de la guerra, en la aspiración a ingresar en la Unión Europea y en un programa redistributivo. Puede quedarse en un estadio prenacional (después de todo, ¿qué es el nacionalismo si no una negación romántica de la racionalidad de la Ilustración?) o transformarse en un programa político más fácil de leer.

Poca cosa se puede prever con certeza en un momento en que todo –incluida la futura realidad geográfica de Ucrania– depende del resultado de la guerra. Sin embargo, es importante reconocer que la guerra tampoco es una variable independiente; su trayectoria la estructura la acción política contradictoria de la gente que habita el país."                   (  , Viento Sur, 24 junio 2022)

30/8/22

¿Forma parte la guerra de Ucrania, como casi todas las contemporáneas, de lo que se denominan “fases bélicas del capitalismo”, es decir, enfrentamientos armados entre intereses en conflicto? Hablábamos hace poco de cómo se había construido todo un relato rápidamente, cosa que hacía sospechar de que había quién desde un inicio sabía que iba para largo. Se empezó utilizando todo aquello necesario para explicar “la guerra justa”... Es decir, se le intentó dar un componente necesario, para justificar luego lo que iba a pasar. La guerra, que nadie quiere, entre personas normales y corrientes, necesita una gran preparación para asumirla como necesaria... Es curioso, pero parece que EE.UU. sabía lo que iba a ocurrir

"Pensando en “Golpes Bajos” ¿Malos tiempos para la paz, de ahora o de siempre?

Lo primero que habría que decir es que, dese hace ya muchos años, décadas, los institutos especializados en identificar cada año los conflictos armados, siempre cifran entre 35 y 50-60 lo que se encuentran activos cada año. Es decir, conflictos armados, guerras, las hay desde siempre. Podemos decir que en estos últimos años ha habido un número más elevado en muchos lugares del mundo, sobre todo en países del continente africano y Oriente Medio, como bien sabemos, y algunos otros lugares. 

Pero ahora que la guerra está en Europa o a sus puertas, y que estamos participando en ella de una manera más directa o entendible y que, sobre todo, sufrimos sus consecuencias en el día a día, es quizás cuando sentimos que estos son malos tiempos para la paz. Puede estar produciéndose un cambio de tendencia, porque desde la guerra de los Balcanes no habíamos percibido que los europeos podríamos habernos visto involucrados en una guerra. Parecía que el proyecto europeo, y por extensión occidental, era algo exitoso en muchos aspectos y también en el de evitar la guerra, o al menos de evitar sus efectos. Finalmente, se ha visto que este proyecto no ha sabido evitar la guerra. 

¿Seguimos pues prisioneros de nuestro etnocentrismo? ¿En la medida en que las cosas ocurren más lejos de nosotros más próximas están del infierno?

Esto se estudia en los conflictos. Desde siempre, de un modo u otro y quizás desde un visión neo-colonial, hemos pensado que la guerra es cuestión de otros, bárbaros, que no saben evitarla, que no tienen remedio… Con un complejo de seguridad, percibimos que haya guerras en otros lugares, pues es lo que ha habido y lo que hay, y lo aceptamos o toleramos. Por esa sensación de lejanía, por falta de empatía, de compartir menos aspectos identitarios y de supremacismo, asociamos la guerra a los “bárbaros”. Pero ahora, que la guerra es entre blancos, rubios y con los ojos azules, la cosa cambia.

 Esto ha ocurrido siempre y puede ser una explicación del porqué en esta guerra se han podido tomar unas decisiones y no otras. Pero la explicación es más compleja. Esta es una parte más de percepción cultural, pero en una guerra como la de Ucrania no es casual, no ha venido sin más, ni por sorpresa. No es solo cuestión de una parte, el Gobierno ruso, que ha decidido hacer algo, totalmente rechazable obviamente, y que estamos reaccionando a ello, sino que tenemos que ser conscientes de que lo que ha ocurrido ahora es algo que no se debía haber dejado que ocurra. 

¿Forma parte esta guerra, como casi todas las contemporáneas, de lo que se denominan “fases bélicas del capitalismo”; es decir, enfrentamientos armados entre intereses en conflicto?

En una clase, hablábamos hace poco de la guerra en Ucrania y de cómo se había construido todo un relato rápidamente, cosa que hacía sospechar de que había quién desde un inicio sabía que iba para largo. Se empezó utilizando todo aquello necesario para explicar “la guerra justa”. Cosa que implica que se lucha por algo que vale la pena, que hay que pelear para conseguir algo bueno, que se trata del bien contra el mal… También aquí, en España, en boca de dirigentes políticos, hemos podido oír que se trataba de una la lucha por la libertad, por la democracia, por la defensa de nuestros valores, etc. Es decir, se le intentó dar un componente necesario, para justificar luego lo que iba a pasar. La guerra, que nadie quiere, entre personas normales y corrientes, necesita una gran preparación para asumirla como necesaria. 

Soy hijo de la guerra de Vietnam, que originó un gran debate. Ahora, con la guerra de Ucrania, no hay lugar para la disensión…

La guerra de Vietnam fue el conflicto en el que EE.UU. y todos los gobiernos del mundo han aprendido de los errores que se cometieron, desde el punto de vista de la comunicación política. En Vietnam es la ultima guerra de la que hay imágenes terribles, con efectos incontestables. Viéndolas, cualquiera puede pedir que pare esto. A partir de entonces, en ninguna otra guerra, en la que han estado EE.UU., Europa, la OTAN, incluso Rusia, se facilita el acceso a las imágenes. 

En las guerras de Irak, Afganistán… es prácticamente imposible ver imágenes del sufrimiento humano causado por el Ejército. Hemos llegado a un punto de sofisticación de la comunicación, incluso en un conflicto armado, que resulta insuperable a nivel de manipulación, y de conseguir tener solo una visión de las cosas. Esto ha ocurrido en Ucrania, de manera muy rápida y, en consecuencia, resulta muy difícil situarse en contra.

Sabíamos muy poco de Ucrania y a este paso sabremos aún menos ¿No tiene la guerra de Ucrania visos de guerra civil, si no entre hermanos, al menos entre primos o parientes algo más lejanos?

Carecemos de información y no se explica qué es lo que está ocurriendo en Ucrania, que es un conflicto muy complejo. La mitad de la población de Ucrania o más tiene familiares rusos. Existen vínculos muy profundos, que podían hacer pensar que el gobierno ruso, liderado por Putin, fuera incapaz de utilizar la violencia al nivel que lo está haciendo, con una ofensiva militar que no parece precisamente orientada a conseguir el apoyo de la población local. En cualquier caso, no me atrevo a pensar que pueda entenderse como una guerra civil. Si se explicara con una claridad necesaria a qué responde este conflicto y no hubiera otros intereses detrás, como se explican otros, probablemente sería imposible justificar la participación de Europa, la OTAN o EE.UU. (que es quien está realmente implicado) en él. 

¿La OTAN, que sobrevivió al Pacto de Varsovia, y que Trump pareció obviarla, reaparece ahora con todos los atributos de los muertos vivientes?

Esta es una de las claves, el dejar en manos de una organización militar como la OTAN las cuestiones de seguridad. La seguridad de Europa en manos de una organización militar, creada y liderada, sin contestación, por EE.UU. La OTAN, hay que decirlo claramente, es una herramienta para ampliar el poder militar de EE.UU. en el mundo. Sin más. Esto, con el tiempo, se nos ha olvidado. Hace lo que toda buena organización militar hace: aprovechar las debilidades del enemigo para seguir avanzando. Eso es lo que ha hecho en todos estos años. Ha aprovechado los momentos de debilidad rusos para ir acercándose y ganándole terreno. La OTAN no ha dejado de hacer lo que sabe hacer. 

¿Todo ello a beneficio del desarrollo armamentístico?

Tenemos que saber que esto no ha sido nunca diferente. Ahora, lo que no nos explican es que Europa es al menos corresponsable de lo que está ocurriendo en Ucrania. Era evidente la estrategia de cerco a Rusia, y no olvidemos que la OTAN era una manera de expansión de EE.UU. en el Atlántico y en el Mediterráneo. Presencia militar que es también enorme en el Pacífico. Aunque esto no justifica ni de lejos la intervención de Rusia en Ucrania, hay que reconocer que Putin lo tiene bastante fácil cuando hace valer que está haciendo frente a un acoso. Todo lo cual, claro, apelando al ultranacionalismo. Esta claro que, en un contexto de shock de seguridad, nada tiene de extraño que se intenten aumentar los gastos militares: ayudas a las empresas armamentísticas, programas de compras de armas conjuntas en la UE… Todo en la idea de acelerar la llegada a ese 2% del presupuesto dedicado a defensa en cada país. Mensaje de marketing que alguien se inventó en una cumbre de la OTAN, y que no responde a ninguna necesidad. 

Después del susto de Trump, se depositaron en Biden esperanzas de cambio a mejor en el mundo ¿De algún modo, se están cumpliendo, o todo lo contrario?

Es curioso, pero parece que EE.UU. sabía lo que iba a ocurrir desde antes de que pasara lo que está ocurriendo en Ucrania. La gente no estábamos escuchando el mensaje de lo que venía. En definitiva, las guerras de este calado no son tan diferentes en uno u otro momento. Entre los economistas, al analizar las guerras siempre se acaban encontrando las razones relacionadas con la codicia y el poder. Dentro de 20 años, cuando veamos quién ha ganado, quién ha mejorado sus posiciones estratégicas y económicas, entenderemos algo más del porqué ha pasado todo esto."


(Entrevista a Jordi Calvo. Economista. Coordinador e investigador del Centre Delàs d’Estudis per la Pau. Profesor sobre conflictos armados y relaciones internacionales en varias Universidades. Miembro de la Junta del International Peace Bureau. Entre sus publicaciones, “Gasto militar y seguridad global”. Peru Erroteta, elTriangle, 31/07/22)

23/8/21

Paul Krugman compara el desastre de Afganistán con la derrota de Napoleón en España... Buena comparación... de allí viene la carlistada (la talibanada española) que, derrotada por los liberales en tres guerras civiles, vence en la cuarta, con Franco (nuestro talibán, apoyado por los norteamericanos de ese momento, los alemanes)

Paul Krugman @paulkrugman 

1/ No pretendo tener una visión del desastre de Afganistán, ni de lo que podríamos/deberíamos haber hecho de otra manera. Sin embargo, leo mucha historia, y resulta que recientemente he releído este libro:

2/ La Guerra Peninsular fue el largo intento de Napoleón de poner a España bajo el dominio francés. La mayoría de los libros en inglés sobre esa guerra están centrados en Wellington, pero hasta casi el final los británicos fueron literalmente actores periféricos

3/ En cambio, fueron los franceses los que se enfrentaron a un levantamiento nacionalista, con un fuerte componente religioso. Y seamos claros: al menos inicialmente había un buen argumento a favor de los franceses, que intentaban arrastrar a una nación atrasada al mundo moderno

4/ Pero no pudieron hacerlo. España tenía entonces un tercio de la población actual de Afganistán, y Francia destinó alrededor de 350.000 soldados en su momento álgido; no pudieron reprimir a los españoles, que seguían perdiendo las batallas regulares pero libraban una brutal guerra de guerrillas

5/ Y, por supuesto, los franceses cometieron increíbles atrocidades en represalia. Los paralelismos no son ni mucho menos perfectos, pero la historia debería habernos dicho que esperáramos un fracaso

(Traducción realizada con la versión gratuita del traductor www.DeepL.com/Translator)


1/ I claim no insight into the disaster in Afghanistan, or what we could/should have done differently. I do, however, read a lot of history, and it so happens that I recently reread this book:

2/ The Peninsular War was Napoleon's long attempt to place Spain under French rule. Most English-language books on that war are Wellington-centric — but until near the end the British were literally peripheral players

3/ Instead, it was the French against a nationalist uprising, with a strong religious component. And let's be clear: there was at least initially a good case for the French, who were trying to drag a backward nation into the modern world

4/ But they couldn't do it. Spain at the time had maybe a third Afghanistan's current population, and France committed around 350,000 soldiers at the peak; they couldn't suppress the Spaniards, who kept losing regular battles but fought a brutal guerrilla war

5/ And of course the French committed incredible atrocities in reprisal. The parallels are far from perfect, but history really should have told us to expect failure

10:50 p. m. · 16 ago. 2021
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"Paul Robin Krugman, premio nobel de Economía en 2008, ha comparado en su red social Twitter la situación que se está viviendo actualmente en Afganistán con la derrota que sufrió Napoleón en España en 1813: "Afirmo que no tengo conocimiento del desastre en Afganistán ni lo que se podría o debería haber hecho diferente. Sin embargo, leo mucha historia y resulta que recientemente releí este libro".

El economista explica que la Guerra de la Independencia Española fue el largo intento de Napoleón de someter a España bajo el dominio francés. "La mayoría de los libros en inglés sobre esa guerra se centran en Wellington, pero hasta cerca del final, los británicos eran literalmente jugadores periféricos".

 En cambio, fueron los franceses contra un levantamiento nacionalista, con un fuerte componente religioso. "Y seamos claros: al menos inicialmente hubo buenos motivos por parte de los franceses, que estaban tratando de arrastrar a una nación atrasada (como la española) al mundo moderno", sigue en su hilo de Twitter.

 "Pero no pudieron hacerlo. España en ese momento tenía quizás un tercio de la población actual de Afganistán, y Francia comprometió alrededor de 350.000 soldados; no pudieron reprimir a los españoles, que seguían perdiendo batallas regulares pero libraban una brutal guerra de guerrillas".

"Y, por supuesto, los franceses cometieron atrocidades increíbles en represalia. Los paralelos están lejos de ser perfectos, pero la historia realmente debería habernos dicho que esperáramos el fracaso". Así, salvando las diferencias entre ambos momentos de la historia, Krugman reflexiona sobre la importancia de aprender de los errores del pasado."                 (20Minutos, 17/08/21)

26/1/16

Una masacre hace 10.000 años nos habla sobre el origen de la guerra

 

"En verano de 2012, un equipo de paleoantropólogos se encontró en Kenia un escenario que dejaría helado a cualquier forense. Estaban cerca del lago Turkana, una zona clave para entender el origen del género humano, pues allí se hallaron los restos del Homo ergaster, nuestro ancestro. 

Lo que destapó el equipo científico era mucho más reciente, de hace unos 10.000 años. En esa época los Homo sapiens de la zona vivían en sociedades nómadas dedicadas a la caza y la recolección, un pasado anterior a la aparición de las primeras sociedades sedentarias. 

Algunos expertos han idealizado aquella época y a sus protagonistas, que serían buenos salvajes entre los que no existían jefes, jerarquías, violencia. Pero el hallazgo, cuyos detalles se publican hoy en Nature, hacen que el mito se tambalee.

El árido yacimiento de Nataruk estaba entonces a la orilla del lago Turkana, llena de vegetación y grupos humanos. Allí, parcialmente enterrados por la grava, los investigadores se toparon con cráneos y otros huesos saliendo de la tierra. Tras varios años de trabajo han identificado restos de al menos 27 personas. 

Doce de los cadáveres están muy completos y solo dos no muestran signos de violencia, que fue tan intensa que los investigadores creen estar ante un acto de guerra, el más antiguo que se conoce.

Los cadáveres de Nataruk hablan de una “masacre” entre cazadores y recolectores. Varios murieron casi en el acto por heridas letales en el cráneo con flechas y otras armas. A algunos les partieron las rodillas o las manos. Hay cadáveres que conservan aún las puntas de piedra incrustadas en la cabeza, el tórax, las caderas. No se hicieron distinciones, entre los muertos hay hombres, mujeres y niños. 

De hecho, los investigadores han descubierto que una de las mujeres estaba embarazada de unos siete meses. Según sus descubridores, ninguno recibió sepultura. Las razones de esta carnicería son un completo misterio.

La violencia es habitual en muchas sociedades de cazadores y recolectores actuales, desde los bosquimanos de África a los nativos de Papúa Nueva Guinea. En ellos la guerra suele ser a muerte y, en contra del mito del buen salvaje, estos grupos sufren muchas más bajas por violencia que las sociedades industrializadas. Lo que no está claro es si los grupos humanos de hace 10.000 años eran comparables y apenas hay restos prehistóricos de la época que permitan aclararlo.

“Hasta ahora habíamos visto solo señales de violencia sobre individuos, pero lo que estamos viendo ahora es que, al contrario de lo que se asumía, en estas sociedades también había violencia, de hecho, pensamos que lo que estamos viendo aquí es un auténtico campo de batalla tal y como quedó tras el enfrentamiento”, explica José Manuel Maíllo prehistoriador de la Universidad Nacional de Educación a Distancia y coautor del estudio. 

La primera autora del trabajo es la argentina Marta Mirazón Lahr, que trabaja en la Universidad de Cambridge.

Forasteros

El estudio de los cadáveres ha requerido la participación de un equipo multidisciplinar y su trabajo parece un relato policíaco. Por ejemplo, el caso de los dos muertos sin marcas de violencia, que probablemente fallecieron atados. Uno de ellos es la mujer encinta, hallada en una postura que indica que fue agonizó con las muñecas y tobillos inmovilizados. 

“Solo podemos ver las marcas que quedan en los huesos así que no sabemos si les cortaron el cuello, estos son los únicos que no tienen traumatismos, pero ambos están con las manos juntas, lo que parece una gran casualidad”, explica Maíllo.

Maíllo ha trabajado en el estudio de las puntas de flecha y el resto de herramientas de piedras halladas en Nataruk. Algunos de los proyectiles incrustados en el hueso están hechos de obsidiana, un mineral que no abunda en Turkana, lo que podría indicar que el grupo atacante vino de lejos, explica.

 Pero tal y como están los restos, y sin la posibilidad de haber extraído ADN de los huesos, no se sabe si en este sitio se mataron entre sí los miembros de un mismo grupo o se trató de un ataque de forasteros.

Los investigadores proponen dos posibles interpretaciones. La primera es una agresión por recursos: “territorio, comida, mujeres o niños”, detalla el trabajo. En este caso la “guerra” de Nataruk no sería muy diferente de las incontables otras que vinieron después entre sociedades sedentarias cada vez más grandes y avanzadas.

La segunda posibilidad es que este fuera un comportamiento natural y habitual cuando dos grupos diferentes se encontraban, algo parecido a lo que pasa hoy con los cazadores y recolectores. “En cualquiera de los dos casos, las muertes de Nataruk son testimonio de la antigüedad de la violencia y la guerra entre grupos”, concluye el estudio.


Dudas sobre el significado

Juan José Ibáñez, arqueólogo del CSIC, ha investigado en Siria casos rituales de violencia hace más de 10.000 años. El experto ofrece una opinión independiente del hallazgo. “Encuentro que es un estudio muy interesante y bien realizado, aunque no estoy de acuerdo con la interpretación”, explica. Las pruebas de violencia en la Prehistoria son prácticamente nulas, recuerda.

 La clave aquí es si los cuerpos fueron enterrados, lo que diferenciaría este hallazgo de Jebel Sahaba, en Sudán, donde los muertos sí fueron sepultados. Esto es importante para saber si se trata de una matanza entre grupos rivales o de enfrentamientos más habituales y continuados. 

En opinión de Ibáñez, no hay pruebas suficientes de que en Nataruk no haya tumbas y puede ser que simplemente los restos no se hayan conservado. “Sería muy difícil justificar por qué se conservaron los cadáveres en posición primaria y articulados si quedaron abandonados en superficie, a merced de las alimañas y de los elementos”, resalta. 

“Además, la posición de los cuerpos refleja que estos se depositaron buscando una regularidad, posiciones decúbito supino o prono, piernas flexionadas, extremidades en simetría al eje del cuerpo, que no son compatibles con el abandono de los cuerpos después de una matanza”, destaca.

 “Por tanto”, continúa, “, me parece un hallazgo de suma importancia que refleja que la violencia fue un elemento importante entre los grupos humanos en los inicios del Holoceno, pero utilizar el concepto guerra no queda claramente justificado”."              (

12/1/16

La guerra santa cristiana fue en muchos aspectos un éxito, al igual que la yihad musulmana

"(...) El apoyo de los jóvenes a la guerra santa tiene sus antecedentes en Europa. Irónicamente, el mismo entusiasmo por una cruzada por la religión se encontraba entre los jóvenes de la Europa cristiana medieval. 

En la Edad Media, la pasión por una guerra santa alcanzó su punto álgido durante los movimientos conocidos como Cruzadas, cuando uno de los episodios más terribles fue la llamada Cruzada de los Niños de 1212. 

La propaganda pública de la Iglesia instó a los ciudadanos a ir a Siria y Palestina con el fin de destruir a los no creyentes que ocupaban la Tierra Santa. Entre los que fueron atraídos por la llamada se hallaban grupos de niños.

Hubo dos Cruzadas de los Niños que se iniciaron simultáneamente en 1212, una en Renania, la otra en el valle del Loira. Un muchacho, Nicolás, predicó la Cruzada de los Niños en Colonia y se dice que reclutó a miles de niñas y niños por su causa. 

Cuando los peregrinos llegaron a Italia, muchas de las chicas acabaron en burdeles y otras fueron tomadas como sirvientes. Los chicos que finalmente llegaron al este fueron vendidos como esclavos.

 En el mismo período, en Saint-Denis, en Francia, un chico de 12 años con el nombre de Esteban reclutó a miles de niños, pero en Marsella cayeron en manos de ladrones y fueron vendidos como esclavos en Alejandría. Las Cruzadas de los Niños eran evidentemente un fenómeno del malestar social que afectó no sólo a los adultos, sino que también llegó a las mentes de los jóvenes. 

Pero los jóvenes involucrados terminaron sus vidas en el desastre, como está sucediendo hoy con las chicas que quieren unirse a la lucha por la religión, y han acabado en cambio en la esclavitud o incluso en la muerte.

La guerra santa cristiana fue en muchos aspectos un éxito, al igual que la yihad musulmana hoy. Influyó en las mentes de los jóvenes y les animó a luchar contra el infiel. Los ejércitos cristianos invadieron tierras musulmanas y las ocuparon. El éxito de las Cruzadas ayudó a elevar la confianza en sí mismo del Occidente medieval. 

A los cristianos les debió parecer que Dios estaba de su lado y que podrían lograr cualquier cosa. El problema fue que a la larga nadie fue el ganador, y el conflicto entre cristianos y musulmanes continuaría durante siglos. 

Los miles de niños y niñas que murieron en la Cruzada de los Niños lo hicieron en vano, como les está sucediendo también a las jóvenes occidentales que hoy están buscando una oportunidad de morir por la guerra santa islámica. (...)"           (Henry Kamen, 28/12/15)

24/9/15

La descomposición de Yugoslavia fué causada por la presión creada por las diferentes transiciones políticas y económicas que estaba experimentando

"(...) Durante los últimos dos años y medio que he vivido en Belgrado he tenido la oportunidad de viajar a través no solo de las fronteras físicas de ese territorio herido, sino también de los relatos con los que sus gentes interpretan la historia que son, finalmente, con los materiales con los que se teje el futuro.

 Si alguien me pudiera resumir esa experiencia en una palabra elegiría esta: desesperanza. Desesperanza por una guerra que no sirvió para nada pues no los hizo más grandes, ni más fuertes, algunos quizás dirán que los hizo más puros (esto a media voz pues no está bien visto) pues cada grupo étnico, cada nacionalidad quedó confinada a los estrictos límites de su territorio, aunque ni siquiera esto es totalmente cierto.

 Desesperanza porque condenó a un país con cierto “prestigio” internacional, pues durante la Guerra Fría fue un modelo alternativo al bloque soviético y al Occidente capitalista, a la irrelevancia mundial.

 En fin, desesperanza porque algunos creyeron —es triste pensar que como lo creyeron los fundadores de Europa, pero ese es otro tema— que era posible ganar la partida a la Historia y crear un Estado multicultural, multiétnico y multiconfesional (o aconfesional) y vieron todos esos sueños y valores mancillados por la fiebre del nacionalismo. Vergüenza porque todo ello se podría haber evitado.

Hace unos meses entrevisté a Dragoljub Micunovic, político serbio fundador del Partido Democrático y miembro activo de la oposición contra Milosevic durante la difícil década de los 90. 

Durante nuestra conversación, este hombre de mirada calma, me contó los preámbulos de la guerra que supuso la descomposición de Yugoslavia: cómo la presión creada por las diferentes transiciones que estaba experimentando el país —políticas y económicas— provocaron a su vez una tensión cada vez más fuerte entre los miembros económicamente más sólidos y el resto de la federación. En esos momentos, a la cabeza de las repúblicas llegaron los líderes que, haciendo uso de la retórica nacionalista, conducirían a Yugoslavia a la cruenta guerra civil. 

Me contó cómo en esos momentos de tensión previos a la declaración de independencia primero de Eslovenia y luego de Croacia que provocarían el efecto dominó que todos conocemos, él había convocado una reunión entre los diversos miembros del partido, líderes de la oposición emergente de cada una de las repúblicas. 

Para su sorpresa la convocatoria fue un éxito y todos, sin excepción, se manifestaron en contra de la disolución de la federación. Más tarde, invitado por el Parlamento Europeo a dar su opinión sobre la situación, él recuerda con una sonrisa amarga que, lo único que retuvieron los dirigentes políticos allí reunidos fue que, si Yugoslavia se descomponía, sería una catástrofe para Europa en términos de refugiados. 

 ¿El error? Yugoslavia fue incapaz de transformarse a tiempo, sus líderes llevados por la inercia no supieron corregir los desequilibrios que acusaban las tensiones y el malestar. “En momentos difíciles, los líderes irresponsables son peligrosos” me dijo como conclusión.

 Stefan Zweig en El mundo de ayer, sin duda uno de los mejores para entender el siglo XX, describe magistralmente el origen y las dinámicas políticas delirantes que tendrían que conducir a las dos guerras mundiales.“El optimismo barato de los profetas sin conciencia (…) El que exponía una duda, entorpecía su actividad política; al que les daba una advertencia, lo escarnecían llamándolo pesimista; al que estaba en contra de una guerra que ellos mismos no sufrían, lo tachaban de traidor”. 

Ello no fue exclusivo de aquella Europa ni de aquellas guerras, se repite constante como un goteo en todos aquellos movimientos que nos quieren convencer que las identidades son excluyentes o, bien al contrario, que los Estados deben ser homogéneos, que hay algo —llamémoslo etnia, religión, nación, lengua— que está por encima del ser humano, por lo que los políticos irresponsable creen su deber sacrificar el bienestar y el futuro de su pueblo…o sus pueblos. (...)"            ( , El País,  24 SEP 2015)

20/5/14

Las causas del genocidio de Ruanda

"(...) El régimen dictatorial instalado desde 1973 garantizaba que no se iba a producir un vuelco hacia políticas de cambios estructurales progresistas. Y por eso el régimen tenía el apoyo activo de las potencias occidentales: Bélgica, Francia y Suiza.

 Además, podía constituir una muralla respecto a algunos Estados de la región que mantenían todavía veleidades de independencia y de cambios progresistas (Por ejemplo: Tanzania con el presidente progresista Julios Nyerere, quien era uno de los líderes africanos del movimiento de los no-alineados).

Durante la década de 1980 y hasta 1994, Ruanda recibió muchos préstamos, pero la dictadura de Habyarimana se apropiaba de una parte considerable de la misma. Los préstamos concedidos debían servir para mejorar la inserción de la economía ruandesa en la economía mundial, desarrollando sus capacidades de exportación de café, de té y de estaño (sus tres principales productos de exportación), en detrimento de los cultivos destinados a la satisfacción de las necesidades locales. 

El modelo funcionó hasta mediados de los años ochenta, momento en el que los precios, del estaño primero, luego del café, y por último del té, se desplomaron. Ruanda, cuyo café constituía su principal fuente de divisas se vio total y gravemente afectada por la ruptura del cártel del café provocado por Estados Unidos, a comienzos de los años noventa.

Utilización de los préstamos internacionales para preparar el genocidio

Algunas semanas antes del desencadenamiento de la ofensiva del Frente Patriótico Ruandés (FPR) en octubre de 1990, las autoridades ruandesas firmaron con el FMI y el BM en Washington un acuerdo para poner en marcha un programa de ajuste estructural (PAE).

Este PAE se comenzó a aplicar en noviembre de 1990: el franco ruandés se devaluó un 67 %. En contrapartida, el FMI concedía créditos en divisas de desembolso rápido para permitir que el país mantuviera el flujo de las importaciones. Las sumas así prestadas permitían equilibrar la balanza de pagos. El precio de los bienes importados aumentó de manera vertiginosa: por ejemplo, el precio de la gasolina aumentó en un 79 %.

 El producto de la venta en el mercado nacional de los bienes importados permitía al Estado pagar los sueldos a los militares, cuyos efectivos aumentaban velozmente. El PAE preveía una disminución de los gastos públicos: hubo, por supuesto, congelación de salarios y despidos en la función pública pero también transferencia de una parte de los gastos en beneficio del ejército.

Mientras que el precio de los bienes importados aumentaba, el precio de compra del café a los productores estaba congelado, y esto fue exigido por el FMI. En consecuencia la ruina para centenares de miles de pequeños productores de café |2| que, con las capas más empobrecidas de la población, fueron desde entonces un reservorio permanente de reclutas para las milicias Interahamwe y para el ejército.

Entre las medidas impuestas por el BM y el FMI, mediante el PAE, hay que señalar, además del aumento de impuestos al consumo y la reducción de los impuestos a las sociedades, el aumento de los impuestos directos a las familias populares por reducción de las exoneraciones fiscales por familia numerosa, la reducción de las facilidades de crédito a los campesinos, etc.

Para justificar la utilización de los préstamos de la pareja BM/FMI, el BM autorizó a Ruanda a presentar facturas antiguas que cubrían la compra de bienes importados. Este sistema permitió a las autoridades ruandesas financiar la compra masiva de armas para el genocidio.

 Los gastos militares se triplicaron entre 1990 y 1992 |3|. Durante este período, el BM y el FMI enviaron varias misiones de expertos, quienes subrayaron algunos aspectos positivos de la política de austeridad aplicada por Habyarimana, pero, no obstante, amenazaron con cortar los pagos si los gastos militares continuaban creciendo. 

Las autoridades ruandesas pusieron a punto algunos montajes para disimular los gastos militares: los camiones comprados para el ejército se imputaron al ministerio de Transportes, una parte importante de la gasolina utilizada para los vehículos de las milicias y del ejército era imputada al ministerio de Sanidad. 

Finalmente el BM y el FMI cerraron el grifo de la ayuda financiera a comienzos de 1993, pero no denunciaron la existencia de cuentas bancarias que las autoridades ruandesas poseían en el extranjero en grandes bancos y en las que seguían disponibles importantes sumas de dinero para la compra de armas. 

Podemos considerar que el BM y el FMI fallaron en su deber de control sobre la utilización del dinero prestado. Debieron cortar sus préstamos desde comienzos de 1992, cuando supieron que el dinero era utilizado para la compra de armas. En ese momento debieron haber alertado a la ONU.

 Al continuar otorgando préstamos hasta comienzos de 1993, ayudaron a un régimen que preparaba un genocidio. Las organizaciones de defensa de los derechos humanos habían denunciado desde 1991 unas masacres preparatorias del genocidio. El Banco Mundial y el FMI sistemáticamente ayudaron al régimen dictatorial, aliado de Estados Unidos, de Francia y de Bélgica.

El aumento de las contradicciones sociales

Para que el proyecto genocida pudiera llevarse a cabo no sólo hacía falta un régimen para concebirlo y dotarse de los instrumentos para su realización, sino también la presencia de una masa empobrecida, presta a realizar lo irreparable. En ese país, el 90 % de la población vivía en el campo, y el 20 % de la población campesina disponía de menos de media hectárea por familia.

 Entre 1982 y 1994, se asistió a un proceso masivo de empobrecimiento de la mayoría de la población rural, mientras, en el extremo opuesto de la sociedad, se producía un enriquecimiento impresionante de algunos pocos. Según el profesor Jef Maton, en 1982, el 10 % más rico retenía el 20 % del ingreso rural, en 1992, acaparaba el 41 %, en 1993 el 45 % y a comienzos de 1994 el 51 % |4|.

 El impacto social catastrófico de las políticas dictadas por el BM/FMI y de la caída del precio del café en el mercado mundial (caída que se debe relacionar con las políticas de las instituciones de Bretón Woods y de Estados Unidos que lograron hacer saltar el cártel de los productores de café en la misma época) tuvo un papel clave en la crisis de Ruanda. El enorme descontento social fue canalizado por el régimen de Habyarimana hacia la ejecución de un genocidio."               (Eric Toussaint, CADTM, en Rebelión, 15/04/2014)

23/1/14

¿Los chimpancés inventaron la guerra de exterminio?

"Godi decidió alejarse de su grupo del valle Kahama hacia unos árboles frutales. Aunque son muy sociales, los chimpancés suelen disfrutar de una buena comilona en solitario. Mientras lo hacía, un grupo de ocho chimpancés del grupo vecino se movía rápida y sigilosamente por la frontera de sus territorios.

 Esta partida avanzaba en fila india, en silencio, parando cada vez que ganaban unos cuantos metros para atender al olfato y al oído. Su pelo estaba erizado y se mostraban ansiosos y excitados. El joven macho que disfrutaba de su merienda en las ramas de un árbol no vio venir el ataque.

Súbitamente, los machos más rápidos del escuadrón de ataque se lanzaron sobre Godi, derribándolo bruscamente. Aunque logró zafarse del primer asalto, Humphrey, Figan y Jomeo, el peso pesado del clan de Kasakela, corrían hombro con hombro tras él hasta que el primero de ellos logró agarrarle por una pierna, tumbándolo de golpe en el suelo, boca abajo. 

De un salto, Humphrey se sentó sobre su cabeza, sujetando sus extremidades, para que los otros cinco machos adultos desataran la violencia sobre su cuerpo desamparado. Un macho adolescente y una hembra, Gigi, les jaleaban en un segundo plano.

Rodolf, el más viejo de los machos del grupo de Kasakela, mordía al indefenso rival con sus escasos dientes en cuanto veía ocasión mientras Figan, Jomeo, Sherry y Evered golpeaban salvajemente la espalda de su víctima. 

Para siquiera imaginar la violencia que sufría Godi, conviene recordar que incluso un chimpancé criado en cautividad cuadruplica la fuerza de un hombre en buena forma. Los sonidos de la selva quedaron silenciados con el griterío de los chimpancés: los chillidos de Godi, ahogándose entre el terror y el dolor, y el frenesí furioso de los alaridos de sus agresores.

La brutal paliza duró diez minutos. Después,  Humphrey soltó a su víctima, que quedó inmóvil, gimiendo, durante un largo rato. Todavía tenía el rostro hundido en el barro. En ese momento, Rodolf se acercó hasta el cuerpo dolorido de Godi con una roca entre sus manos y la estampó sobre él. Era la tarde del 7 de enero de 1974.

“Estaba gravemente herido, con grandes cortes en la cara, una pierna y el lado derecho de su pecho, y debía estar seriamente dañado por la tremenda paliza que había recibido. Sin lugar a dudas, murió a causa de estas heridas, porque nunca volvió a ser visto por el equipo que estudiaba el grupo de Kahama”, relata la prestigiosa primatóloga Jane Goodall en su libro A través de la ventana (1990).

 La investigadora tituló Guerra el capítulo en el que narra este episodio, que fue presenciado por un atónito colaborador de Goodall, Hilali Matama, y que Goodall había dado a conocer inicialmente en su libro Los chimpancés de Gombe: patrones de comportamiento(1986).

El asesinato de Godi, como si se tratara del magnicidio del archiduque Francisco Fernando de Austria de 1914, marcó el estallido de una guerra de cuatro años entre dos clanes de chimpancés, el del valle Kahama y el del valle Kasekela, que será recordado como el primer conflicto bélico entre primates no humanos. 

Sin duda, enfrentamientos como aquel se habrían dado anteriormente, pero la muerte de Godi —y las que le siguieron— fue la primera ocasión en que se tuvo conocimiento de ese nivel de violencia premeditada y cruel, con el claro objetivo de matar a los rivales, no sólo de vencerles.

El conflicto había comenzado a gestarse un par de años antes, cuando un grupo de machos que pertenecían al clan Kasakela —Hugh, Charlie, Dé, Godi, Willy Wally, Sniff y Goliath— fueron poco a poco desligándose hasta constituir su propio grupo al sur, en el valle Kahama. Desde que se consumó la división norte-sur en 1972, la escalada violenta se desató, pasando de roces a escaramuzas y de golpes a ataques orquestados. Pero fue a partir de 1974 cuando la espiral sangrienta tomó un cariz espeluznante. 

El goteo de muertes terroríficas siguió adelante hasta que, en 1977, los machos de Kasakela aniquilaron a Sniff, el último macho Kahama. Incluso mataron a una de las hembras, Madam Bee, siempre en ataques del mismo estilo cobarde, acorralando a una víctima entre muchos para matarla con un terrorífico afán.

“Durante años luché para aceptar este nuevo descubrimiento. A menudo, me despertaba en medio de la noche y venían a mi mente terribles imágenes: Satan [un macho Kasakela] ahuecando la mano debajo de la barbilla de Sniff para beber la sangre que manaba de una gran herida de su rostro; el anciano Rodolf, por lo general bondadoso, completamente erguido para lanzar una roca de dos kilos sobre el cuerpo postrado de Godi; Jomeo arrancando a tiras la piel del muslo de Dé; Figan golpeando una y otra vez el cuerpo tembloroso y malherido de Goliath, uno de sus ídolos de infancia. 

Y, tal vez lo peor de todo, Passion atiborrándose con la carne del hijo de Gilka, con la boca manchada de sangre como un grotesco vampiro de las leyendas infantiles”, describe una afectada Goodall.

Este último episodio de canibalismo, el de Passion y su hija Pom secuestrando crías de su propio clan para devorarlas, se convertía en el paradigma de los años de terror que se vivieron en el Parque Nacional de Gombe (Tanzania) y que, en cierto modo, puso fin al idilio de los primeros años de Goodall entre los chimpancés.

A Goodall le dolió especialmente la muerte de Goliath, uno de sus primeros amigos en Gombe. Emilie, una estudiante que colaboraba con el grupo de Goodall, presenció el ataque que llevó a su muerte. 

Esta joven estaba sorprendida por la rabia y la terrorífica hostilidad de los cinco agresores: “Sin duda querían matarlo. Faben incluso retorció su pierna una y otra vez como si quisiera desmembrar a su presa tras una cacería”, relató posteriormente a su jefa.

Tras el shock inicial por este descubrimiento, la comunidad científica puso estos episodios en cuarentena y solo recientemente, cuatro décadas después, se han reconocido como lo que fueron: una demostración del lado más violento de estos primos hermanos de los humanos.

 “Por aquel entonces, los chimpancés de Gombe estaban siendo aprovisionados con comida, una práctica de duró meses, tal vez incluso años”, explica a Materia el primatólogo Josep Call, recordando que Goodall comenzó a dar plátanos a los chimpancés en 1965. “Es posible que algunos investigadores atribuyeran este episodio en cuestión a causas no naturales. 

El paso de los años y la acumulación de conocimiento han demostrado que dichos episodios también ocurren en ausencia de aprovisionamiento”, resume Call, director del centro de investigación en grandes simios más importante del mundo, ubicado en Leipzig.

“Fue la primera prueba de que el conflicto entre grupos existe y que a veces se manifiesta de forma muy violenta. Como a menudo sucede en el campo de la investigación, la verdadera importancia de un primer episodio o de un descubrimiento inicial se aprecia mejor cuando pasan unos años y se acumulan (y repiten) episodios similares”, defiende este reconocido investigador barcelonés.

Hoy por hoy, la expansión del territorio y los recursos que conllevan —incluidas las hembras— se citan como las principales fuerzas subyacentes en este tipo de conducta. 

Uno de los investigadores que más ha trabajado en esta pauta expansionista es el antropólogo John Mitani, de la Universidad de Michigan, que en 2010 publicó un estudio decisivo tras años de observación de la gigantesca comunidad de chimpancés de Ngogo (150 ejemplares), en el Parque Nacional de Kibale (Uganda): su equipo observó 18 ataques mortales que finalmente tuvieron como consecuencia la ampliación del territorio de los atacantes.

“Es muy raro que los animales vayan por ahí matando a otros de su especie. Por eso genera tanto interés. Lo que ha quedado claro durante tantos años después de la primera observación en Gombe es ¿por qué los chimpancés matan a miembros de otros grupos? Nuestro trabajo en Ngogo ha demostrado, creo, de forma bastante concluyente que se trata de una estrategia a largo plazo para lograr el dominio sobre los grupos vecinos”, explica Mitani a esta redacción. “Si tiene éxito, los chimpancés son capaces de ampliar sus territorios a costa de sus vecinos”, resume.

Sin embargo, y a pesar de que es la propia Goodall la que usa el término “guerra”, ni a Mitani ni a Call les gusta la terminología bélica para los comportamientos de los chimpancés. “Creo que la guerra humana es algo que es muy diferente de lo que los chimpancés hacen cuando matan a otros”, reivindica Mitani.

 Y añade: “En cualquier caso, también es importante recordar que existen muchos otros tipos de animales en el mundo, además de los chimpancés y otros primates, que participan en este tipo de comportamiento: las hormigas, por ejemplo”.

Call también recurre a estos insectos sociales: “Hormigas de diferentes especies han demostrado un antagonismo intenso hacia otras colonias, que en algunos casos creo que pueden llegar al exterminio total. En general, el conflicto entre grupos vecinos de animales es mucho mas común en el mundo animal de lo que cabría pensar. Pero claro, cuando se trata de chimpancés, tal vez nos parece más parecido a un acto bélico”.

“Durante muchos años”, escribe Goodall, “yo había creído que los chimpancés, al tiempo que mostraban asombrosas similitudes con los humanos en muchos sentidos eran, en general, ‘más bonitos’ que nosotros. De pronto, me di cuenta de que, en determinadas circunstancias, podían ser igual de brutales, que también tenían un lado oscuro de su naturaleza. Y eso duele”.                 (Javier Salas, La Marea, 14/01/2014)

4/2/11

Las causas sociales de la guerra de Afganistán

"Aun ante movimientos abiertamente fundamentalistas, hay que tener cuidado de no perder de vista el componente social. A los talibanes se los suele presentar como un grupo fundamentalista islámico que se impone mediante el terror; sin embargo, cuando en la primavera de 2009 ocuparon el valle paquistaní del Swat, The New York Times informó de que habían fraguado "una revolución de clase que explota las profundas fisuras existentes entre un pequeño grupo de terratenientes acaudalados y sus desposeídos arrendatarios".

Si al "aprovecharse" de los sufrimientos de los campesinos los talibanes estaban "dando la voz de alarma sobre los riesgos que pesan sobre Pakistán, que sigue siendo mayormente feudal", ¿qué es lo que impedía a los demócratas partidarios de ese país, así como de EE UU, "aprovecharse" igualmente de esos sufrimientos, tratando de ayudar a los campesinos sin tierra? ¿Acaso las fuerzas feudales paquistaníes son el "aliado natural" de la democracia liberal?

Es inevitable llegar a la conclusión de que el auge del radicalismo islámico fue siempre el reverso de la desaparición de la izquierda laica en los países musulmanes. Cuando Afganistán aparece retratado como el ejemplo más extremo de país fundamentalista musulmán, hay que preguntarse si todavía alguien se acuerda de que hace 40 años era un país con una sólida tradición laica en el que un poderoso partido comunista se hizo con el poder sin contar con la Unión Soviética. ¿Adónde fue a parar esa tradición laica?" (SLAVOJ ZIZEK: Caos bajo los cielos: qué magnífica situación. El País, 03/02/2011, p. 27)