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19/11/19

Por qué hombres y mujeres tienen distintas enfermedades mentales. La esquizofrenia y el autismo son más frecuentes entre los varones, mientras que la depresión y los trastornos de ansiedad son más habituales en la población femenina...

"Hombres y mujeres tienen más similitudes que diferencias, pero se sabe que muchas enfermedades no se distribuyen por igual entre los dos sexos. Las enfermedades mentales son un caso evidente. 

Las mujeres suelen recibir más diagnósticos de estrés postraumático, depresión o trastornos de ansiedad, mientras que los hombres suelen sufrir más de hiperactividad, esquizofrenia o autismo. En el inicio de la era de la medicina personalizada, entender esas diferencias será necesario para mejorar la prevención y los tratamientos, aunque como reconocen algunos expertos, pronunciarse sobre estas diferencias puede resultar polémico. 

El reconocimiento de diferencias innatas en los cerebros de hombres y mujeres, aunque solo sea hablando en términos globales y se recalque que dominan los rasgos comunes, puede entenderse como un intento de justificar y perpetuar desigualdades históricas.

En realidad, como suele suceder en todos los ámbitos, desligar lo biológico de lo social es complicado, porque la sociedad es fruto de la naturaleza humana y los cambios sociales pueden transformar la biología. Los paleoantropólogos plantean, por ejemplo, que fue la selección de machos más dados a la cooperación y a cuidar de sus crías por parte de las hembras lo que impulsó la evolución humana hacia la aparición de hombres con colmillos más pequeños y músculos menos potentes, pero más dotados para la interacción social.

“El dimorfismo sexual [las diferencias entre sexos] es algo que existe en muchos animales y también se da en el ser humano”, explica Eduard Vieta, director científico del CIBER de Salud Mental (CIBERSAM). “Algunas diferencias son susceptibles de ser cambiadas a nivel cultural y otras menos. Por mucho que entrene una mujer el levantamiento de peso, no va a lograr los mismos resultados que un hombre que entrene lo mismo”, añade. “En lo que se refiere a la conducta humana, la discusión está en ver qué proporción de las diferencias que se observan tiene un origen cultural y cuál viene de la biología. 

Algunos de los mecanismos son biológicos, sería un error atribuir todo a cuestiones culturales”, continúa. “Hay una biología distinta a nivel hormonal, y por ejemplo, la exposición a la testosterona durante la adolescencia puede hacer que un hombre sea más violento”, explica. “Aunque eso no significa que un hombre más violento vaya a tener mayores niveles de testosterona que uno menos violento. Son factores de riesgo”, aclara.

Hombres y mujeres tienen diferentes niveles de distintas hormonas que además se expresan de forma diferente a lo largo de la vida. Eso puede explicar, en parte, que los niños sean más propensos a sufrir algunas enfermedades durante la infancia y ellas empiecen a tener más problemas mentales durante la pubertad y la adolescencia. En ambos casos, el estrés es uno de los principales desencadenantes de estas dolencias. 

En los niños, según explica en un artículo publicado en Biological Psychiatry Georgia Hodes, del Instituto Politécnico y Universidad Estatal de Virginia (EE UU), el periodo de mayor vulnerabilidad parece el propio embarazo y los años inmediatamente posteriores al nacimiento, y las enfermedades que desencadena son las relacionadas con la socialización, como los trastornos del espectro autista, los trastornos de atención o los problemas cognitivos. 

En esta etapa, según se indicaba en un trabajo liderado por Debra Bangasser, de la Universidad del Temple en Filadelfia (EE UU), parece que los estrógenos protegen a las mujeres de estas dolencias. Sin embargo, épocas de cambios hormonales, como la pubertad, el embarazo o la transición a la menopausia, hacen más vulnerables a las mujeres a desarrollar depresión o trastornos de ansiedad.

Junto a la predisposición biológica, que está mucho más relacionada con la familia que con el sexo, las circunstancias estresantes tienen que ver con el entorno en el que nace y crece cada individuo. La exposición a sustancias tóxicas en el útero o a través de la alimentación más adelante puede desencadenar una esquizofrenia en alguien propenso. En las mujeres, las experiencias de acoso o la presión por sentirse el pilar que sustenta a los hijos o a familiares enfermos pueden estar en el origen del estrés postraumático, los trastornos de ansiedad o la depresión.

Los factores culturales también pueden estar detrás de que, como plantea la Organización Mundial de la Salud (OMS) en un informe sobre el distinto impacto de las enfermedades mentales en hombres y mujeres, los hombres acudan menos al médico cuando sufren este tipo de problemas o de que los médicos, dejándose llevar por estereotipos, diagnostiquen depresión a más mujeres y les ofrezcan más ansiolíticos, un tipo de fármacos mucho menos consumidos por los hombres. En España, el 13,9% de las mujeres los consumen, frente al 7,4% de los hombres. Hasta ahora, sin embargo, ellos sufren adicciones con mucha más frecuencia, algo que más que una tendencia biológica a beber o a drogarse puede reflejar una forma de reaccionar a los problemas.

El suicidio es otro aspecto de la enfermedad mental en el que los datos dibujan una gran brecha entre los dos sexos. Según Eurostat, de las 53.500 personas que se suicidaron en los países de la Unión Europea en 2016, el 77% eran varones. Sin embargo, según cuenta Vieta, las mujeres realizan más intentos que los hombres, aunque no los consumen. “Las mujeres emplean formas poco letales para intentar suicidarse. No suelen pegarse un tiro, en parte también porque tienen menos acceso a las armas, ni saltan de un edificio o se ahorcan”, ejemplifica. “En muchas mujeres, los intentos de suicidio son una demanda de ayuda, porque las mujeres, cuando tienen problemas, suelen pedir más ayuda que los hombres”, añade.

El conocimiento de los riesgos específicos de las personas de distinto sexo en distintos momentos de su vida puede ayudar a mejorar las labores de prevención de la enfermedad mental. Por ahora, aunque no se sabe si se debe a un incremento global de estas dolencias o a que se tienen más en cuenta y se diagnostican problemas que antes pasaban desapercibidos, hay indicios de que la prevalencia de problemas mentales está creciendo. 

En España, según el INE, en 2012, el 9,3% de los ingresos hospitalarios se debía a enfermedades psiquiátricas. En 2015, era del 9,7%. En el Reino Unido, que lleva midiendo la prevalencia de estas dolencias desde 1993, se observa una clara tendencia al alza. En aquel año, un 6,9% de la población tenía un trastorno mental, que subió al 7,9% en 2000, al 8,5% en 2007 y al 9,3% en 2014. Y el problema es mucho peor en mujeres y en particular entre las jóvenes, de entre 16 y 24 años. 

En 2014, el 26% tenía síntomas de alguna enfermedad de este tipo, frente al 9,1% de los hombres de la misma edad. En España, según la Encuesta Nacional de Salud, el 9,1% de las mujeres decía sufrir ansiedad crónica frente al 4,3% de los hombres. Las cifras eran similares para la depresión, con un 9,2% y un 4%, respectivamente."                  (Daniel Mediavilla, El País, 23/10/19)

31/1/18

“El autodesarrollo práxico mediante la actividad es el origen del placer y de la felicidad”

"Nos habíamos quedado aquí, en este punto de la segunda parte de tu libro cuando afirmas que el fin de la política, de nuevo según Aristóteles, es el buen vivir, que es lo mismo que ser feliz. ¿La comunidad humana existe entonces para que seamos felices? ¿Cuándo lo somos, cuándo podemos serlo?

La polis tiene como finalidad el vivir bien, la buena vida; Buen Vivir: eú zen –εῦ ζῆν-. Solo la comunidad social genera la vida humana y a la par crea la antropología, la individualidad y las necesidades humanas.

 A comenzar por los recursos materiales y espirituales, imprescindibles para nuestra socialización, sin todo lo cual no hay posibilidad de vida humana. O sea la vida humana, la buena vida, es consecuencia inmediata y solo posible gracias a -o debido a- la actividad de la comunidad social. 

La felicidad de cada individuo tiene esa precondición, no puede existir sin la misma. Pero la noción de felicidad aristotélica se basa en el autodesarrollo de cada individuo que no es posible sin su voluntad de hacer, de auto elegirse en este o aquel hacer, y en aplicarse a esa praxis.

 La felicidad es una sensación inherente a la actividad que genera en sí el individuo activo, el individuo cuya característica ontoantropológica exige que pueda hacer, cuya antropología individual como ser humano solo se genera a medida que aprende a hacer y pone en obra su hacer: el hacer es la autogénesis de cada sujeto individual, y su auto desarrollo como tal. 


Hablas de actividad...

Debemos entender por actividad todo uso –toda génesis y todo uso- de todas y cada una de las facultades intelectuales humanas, y esto incluye también a las que ponemos en obra ante el arte o en el estudio de las ciencias y demás saberes; pero no solo esas. En la Ética Nicomáquea Aristóteles reflexiona sobre este asunto del placer, y de la felicidad. Muy especialmente en el libro X.

 El placer es generado por la actividad, esto es, por el desarrollo activo de cada una de las facultades y capacidades humanas. La felicidad, por ello, es inherente a toda actividad desarrollada conforme al saber hacer previamente elaborado por la comunidad, del que nos hemos apropiado previamente y cuya apropiación nos ha desarrollado las correspondientes capacidades y facultades –las dynameis-. 

Ese saber hacer incluye el conocimiento práxico que garantiza la pericia y el conocimiento de las normas que orientan la actividad para el bien de la comunidad. La felicidad depende del ethos, que es el que nos posibilita el desarrollo de nuestras capacidades, cuando nos lo apropiamos y ponemos en obra protagónicamente, autodeterminadamente, pero este ethos incluye. a la vez, ethos como saber hacer y ethos como norma ética o norma moral. 

Podemos aceptar claramente que el autodesarrollo práxico mediante la actividad es el origen del placer y de la felicidad. Es una axiología de valor de la felicidad nada pasiva, nada basada en el fin del consumo/consumismo, sino en la creatividad, que es imposible si no es en común. Y es una axiología potente y válida. Más procelosa es la justificación de que el bien moral nos causa felicidad.


Es una idea hermosa...

Es una idea hermosa, pero hemos visto que en las sociedades divididas en clases, hay quienes se autodesarrollan plenamente con independencia de los demás, y disponen de los medios que posibilitan su actividad autodesarrollada debido al sufrimiento o explotación de los demás. 


Perdona que insista. Cuando afirmas que el desarrollo de cada individuo como género homo depende de la comunidad social, ¿no estás subvalorando la libertad de los seres humanos y poniendo en primer plano el conjunto de la comunidad? ¿No puede derivarse de esa prioridad un aplastamiento de seres humanos concretos que la comunidad puede considerar disidentes, antisociales o conflictivos, enemigos del bien común, del buen vivir, de la vida feliz de la que hablábamos?

Es importante que plantees esta pregunta, cuya respuesta conoces mejor que yo, pero que me permite salir al paso de uno de los prejuicios ideológicos que el liberalismo moviliza contra la noción de prioridad ontológica de la sociedad sobre el individuo y, por tanto, contra toda alternativa de orden social que trate de oponerse al existente.


El tema, el asunto es importante.

El ser humano, puede ser considerado consecuencia o resultado de la sociedad, o resultado de su propia inherente, y previa a la sociedad y la socialización, naturaleza. De ser así, el hacer humano sería una etología más, como la de los animales, gobernada por instintos naturales. Sería inmodificable. 

No habría en consecuencia libertad alguna, excepto la de cumplir con la propia innata naturaleza biológica, y los impulsos e instintos naturales, ni habría por lo tanto, lugar al debate sobre lo que sea la libertad. 

Es ridículo plantearse la libertad respecto de los anélidos, las lombrices, los tiburones, etcétera. Son así, y basta, nadie puede decirles que ejerzan autodominio, que «repriman su fiera condición», para expresarlo con Calderón de la Barca, con una de las frases, dirigida a Segismundo sobre la libertad humana, que hay en La Vida es Sueño.


El individualismo antropológico es un determinismo biológico que, ese sí, excluye toda libertad humana posible


¿Por qué?

Porque convierte el asunto de la libertad en un sin sentido. Libertad sería dejar libre a la necesidad natural. Dejar a la naturaleza hacer su curso, por ser vano y loco tratar de domeñarla.

Que el individuo depende, incluso en su génesis individual, no de la naturaleza, sino de la sociedad, sin embargo, es la tesis que se abre a la libertad. 

La misma sociedad, posterior al individuo, surge como resultado de la praxis en común. y posibilita a su vez, una nueva actividad, un nuevo nivel de hacer, que es el que otorga libertad. Todo hacer decidido en grupo, genera economía de tiempo, al inventar tareas nuevas. Si un solo animal o un grupo muy reducido de individuos tiene que asumir las tareas imprescindibles para la subsistencia, hace las cosas de otro modo; el «posterior» modo social. 

Cada posterior modo social de cada posterior nivel de comunidad mayor tiene que ser traído a la realidad –inveniat, invento-. Junto al aumento de tiempo libre, que posibilita a su vez la creación o invento de nuevas acciones. El tiempo libre es lo que posibilita la auto interpelación, interpela a cada sujeto sobre qué hacer en ese tiempo. La diversidad de quehaceres interpela a la reflexión sobre posibilidad de elección, sobre qué hacer, cómo autoelegirse. 

El carácter social del hacer común exige el aprendizaje de ese saber hacer nuevo, y esto, plantea un nuevo nivel de desarrollo auto gobernado de la personalidad social: el que es inherente a la exigencia de que cada individuo ponga en obra ese saber hacer, cosa que exige que ese saber hacer que yace en nuestra consciencia sea operado protagónicamente cada caso, y eso exige, por tanto, protagonismo libre, como el desarrollo, previo, generado por cada saber hacer nuevo, de las nuevas capacidades y facultades correspondientes, en cada individuo que interioriza ese saber. 

La subjetividad y la libertad son creación, construcción derivada de esa previa, ontológicamente, construcción social, construcción en sociedad, de la propia praxis social y de la propia comunidad social activa.


La sociedad, la comunidad es la matriz generadora de la individualidad y de su necesidad de auto dirigirse y de ser libre.


Remarco lo que acabas de señalar. Disuelve un falso (e interesado) problema sobre la sociedad y el individuo.

La libertad por tanto es comunitaria, es fruto de la comunidad, porque la comunidad es autogénesis, no es natural ni posee etología natural. El ser humano que sí es comunitario y que sí es un ser que se autocrea mediante una actividad que se denomina praxis, es libre porque la praxis carece de patrón de saber hacer apriorísticamente definido por la naturaleza. Ese saber hacer debe ser creado en cada caso por cada comunidad. 

Ese ser en común, ser intersubjetivo, que dispone de capacidad de hacer, no dispone ontológicamente de saber hacer inherente. Lo debe crear, somos una subjetividad en común sin proyecto, pero necesitamos de uno que oriente nuestra praxis –fines, objetivos, saber hacer- para poder subsistir.

 Somos una nada que puede serlo todo, y eso es lo que nos hace libres ab origo, Legibus solutus, como el rey absoluto, por naturaleza. La libertad es consecuencia del orden social del que nos dotemos, pero este no es natural, sino social, histórico, autogenerado.


Tu reflexión, en mi opinión, tiene mucho interés. Abuso un poco más. Aristóteles, señala, lo citas tú mismo, que todo es obra de la filia, de la amistad, que la elección de la vida en común presupone amistad. Pero ¿es eso posible en comunidades grandes, enormes y complejas como las nuestras? ¿Cómo podemos sentir amistad por gentes que no conocemos ni conoceremos seguramente a lo largo de nuestra vida?

Recuerdo un hermoso ejemplo que debo a Cornelius Castoriadis. 


Un autor muy estudiado por uno de nuestros compañeros, por Jordi Torrent Bestit.

Sí, efectivamente. Él, Cornelius, decía que su abuelo, ya muy mayor, se había puesto a plantar olivos. Olivos que él sabía que no iba a disfrutar él. Y sin conocer quién acabaría disfrutando. Este es un hecho empírico.


Aparte de eso, todos nos sabemos miembros de comunidades, y las comunidades sociales nos transmiten –paideia- la solidaridad. Una catástrofe nos conmueve y si nos hallamos próximos, tratamos de ayudar, como podemos. La percepción de copertenencia a una sociedad y a la especie humana nos induce a comportamientos sociales solidarios, no por utilitarismo sino por reversibilidad de consciencia: no espero nada a cambio de lo que hago, pero hago lo que quisiera que se hiciera conmigo, con los míos, lo hago porque son mis iguales.


Mis iguales, en efecto.

Porque me parece que no es justo que teniendo yo para comer haya quién no pueda comer, puesto que es mi igual; no seré yo quien se ría de quien aporta unos alimentos a un centro de reparto. 


Yo tampoco, pienso que es una blasfemia hacerlo.

No es mala consciencia, pero incluso si aceptáramos esa ofensa: por qué de la misma. Es la ideología del individualismo antropológico liberal la que hace apología del aislamiento. Pero la experiencia de que toda actividad nuestra es en común, es inmediata…Y además, la creación de instrumentos para la organización política que nos permita intervenir en la sociedad, nos crea mayor consciencia de ello.


De acuerdo, tienes razón en lo que señalas. Lo dejamos aquí por ahora."          

(Entrevista a Joaquín Miras Albarrán sobre Praxis política y estado republicano. Crítica del republicanismo liberal, Salvador López Arnal , en Rebelión,  28/01/18)

6/10/17

El sexo del cerebro: más allá de los prejuicios

"[A la luz de los conocimientos actuales en neurociencia, estaríamos tentados de creer que los viejos prejuicios sobre las diferencias biológicas entre hombres y mujeres ya han sido barridos. Sin duda no es así: los medias y obras de divulgación pretenden que las mujeres son “naturalmente” habladoras e incapaces de leer un mapa de carreteras, mientras que los hombres habrían nacido buenos en matemáticas y competitivos.

 Estos discursos hacen creer que nuestras aptitudes, emociones, nuestros valores, están conectados con estructuras mentales inmutables desde tiempos prehistóricos.

Es necesario colocar el debate alrededor de las diferencias entre los sexos en un terreno científico rigurosos más allá de las ideas preconcebidas. El desafío consiste en comprender el papel de la biología pero también la influencia del ambiente social y cultural en la construcción de nuestras identidades de hombres y mujeres. ]

Los seres humanos, hombres y mujeres, tenemos personalidades y formas de pensar diferentes. ¿Son innatas o adquiridas? ¿Qué parte corresponde a la biología y cuál al entorno social y cultural en la construcción de nuestras identidades? Estas cuestiones son objeto de debates apasionados desde hace siglos. Se podría estar tentados de pensar que con el progreso del conocimiento tanto en biología como en sociología los argumentos se hubiera clarificado y las polémicas hubiera amainado. 

Nada de eso. Ideas adquiridas y falsas evidencias continúan proliferando sobre este tema. Medias y revistas nos saturan de viejos clichés que pretenden que las mujeres son “naturalmente” dotadas para el lenguaje, multi-atareadas incapaces de leer un mapa, mientras que los hombres serían por esencia buenos en matemáticas y competitivos. 

Estos discursos sugieren que nuestras aptitudes, nuestros gustos, nuestros comportamientos estarían conectados con estructuras mentales inmutables desde el nacimiento. Sin embargo, el progreso en las investigaciones en neurociencia muestran lo contrario: actualmente, gracias a las técnicas de imágenes cerebrales por IRM (Imagen por Resonancia Magnética) sabemos que el cerebro fabrica sin cesar nuevos circuitos de neuronas en función de los aprendizajes y de las experiencias vividas.

 Estas propiedades de “plasticidad cerebral” descubiertas hace una quincena de años han revolucionado nuestra concepción del funcionamiento del cerebro (Vidal, 2015). Nada está solidificado ni programado en nuestras neuronas. La plasticidad neuronal es un concepto clave para comprender cómo se construyen nuestras identidades de mujeres y hombres.

¿El cerebro tiene sexo?

En el siglo XIX, la forma del cráneo y el tamaño del cerebro eran utilizados para justificar la jerarquía entre los sexos. Se pensaba que los hombres, pretendidamente más inteligentes, estaban dotados naturalmente de un cerebro más grande que el de las mujeres. Algunos médicos, especialmente Paul Broca, alimentaron esta tesis mediante la medida comparativa de cerebros cuidadosamente seleccionados para confirmar la demostración.

 Aunque en la misma época otros estudios demostraron, claramente, que el tamaño del cerebro no era la causa de la inteligencia, la ideología conservadora lo llevaba hasta el rigor científico (Gould, 1997).

¿Qué se puede responder hoy a la pregunta de si el cerebro tiene sexo? La respuesta científica es sí y no (Vidal 2015, Vidal y Benoit-Browaeys 2015). Sí porque el cerebro controla las funciones asociadas a la reproducción sexuada que evidentemente son diferentes en los hombres y las mujeres. En los cerebros femeninos, encontramos neuronas que se activan cada mes para desencadenar la ovulación, lo que no sucede entre los hombres. 

Pero en lo que respecta a las funciones cognitivas, la respuesta es no. Los conocimientos actuales sobre el desarrollo del cerebro y la plasticidad cerebral demuestran que las chicas y los chicos tienen las mismas capacidades de razonamiento, de memoria y de atención.

La plasticidad cerebral 

Los estudios IRM no cesan de aumentar para mostrar cómo la experiencia modela el cerebro, tanto en los niños como en las personas adultas. (May 211, Vidal 2010). El ser humano recién nacido viene al mundo con un cerebro muy inacabado: posee un stock de 100 000 millones de neuronas pero pocas vías nerviosas para conectarse entre ellas. Solamente el 10 % de las conexiones -sinapsis- están presentes en el momento del nacimiento.

 Esto significa que el 90 % de las sinapsis se fabrican a partir del momento en el que el bebé entra en contacto con el mundo exterior. Las influencias de la familia, de la educación, de la cultura, de la sociedad, juegan un papel importante sobre las conexiones neuronales y la construcción del cerebro. El término plasticidad describe esta propiedad del cerebro humano de modelarse en función de los aprendizajes y de las experiencias vividas. Por ejemplo, entre los pianistas, se observa un espesamiento de las regiones del córtex cerebral especializadas en la motricidad de los dedos y la audición. 

 Este fenómeno es producido por la fabricación de conexiones suplementarias entre las neuronas. Además, estos cambios del córtex son directamente proporcionales al tiempo dedicado al aprendizaje del piano durante la infancia. La plasticidad cerebral está también activa durante la vida adulta. Así entre las personas que aprenden a hacer malabarismo con tres bolas, se constata después de tres meses de práctica, un espesamiento de las zonas que controlan la coordinación de los brazos y la visión. Y si se interrumpe el entrenamiento, las zonas espesadas anteriormente, se encogen.

Estos ejemplos, y muchos otros, muestran cómo la historia propia de cada persona se inscribe en su cerebro. Resulta que ningún cerebro se parece a otro. La IRM ha permitido revelar que las diferencias cerebrales entre las personas de un mismo sexo son tan importantes que sobrepasan las diferencias entre los sexos (Kaiser 2009, Joel 2015). Cada uno de los 7 000 millones de individuos en el planeta poseen un cerebro único en su género, independientemente del hecho de pertenecer al sexo femenino o masculino.

El concepto de plasticidad permite superar el dilema clásico que intenta oponer naturaleza y cultura. De hecho, en la construcción del cerebro, lo innato y lo adquirido son inseparables. Lo innato aporta la capacidad de conexión entre las neuronas, lo adquirido permite la realización efectiva de esa conexión. Toda persona humana, tanto por su existencia como por su experiencia, es simultáneamente un ser biológico y un ser social. (Rose 2006, Kahn 2007). 

Todas esas adquisiciones de la neurobiología confirman y enriquecen las investigaciones en ciencias humanas y sociales sobre el género. El sexo y el género no son variables separadas sino que se articulan en un proceso de incorporación (personificación) que designa la interacción entre el sexo biológico y el entorno social y esto desde el nacimiento (Fausto-Sterling 2012 a-b).

Desarrollo del cerebro e identidad sexual 

Las propiedades de plasticidad del cerebro aportan una nueva aclaración sobre los procesos que contribuyen a forjar nuestras identidades. Al nacer, las criaturas humanas no tienen conciencia de su sexo. Lo van a aprender progresivamente a medida que sus capacidades cerebrales se desarrollan. Solo a los dos años y medio empieza a ser capaz de identificarse con uno de los dos sexos (Fausto-Sterling 2012a, Le Maner-Idrissi 1997).

Sin embargo, desde el nacimiento, evoluciona en un entorno sexuado: la habitación, los juguetes, la ropa diferente según el sexo del bebé. Además, los adultos, de manera inconsciente, no nos comportamos igual con los bebés. Tenemos más interacciones físicas con los niños mientras que hablamos mucho más con las niñas. Es la interacción con el medio familiar, social, cultural, la que va a orientar sus gustos, las capacidades y contribuir a forjar los rasgos de personalidad en función de los modelos de masculino y femenino ofrecidos por la sociedad.

Pero todo no se juega en la infancia. Los esquemas estereotipados no están gravados en las neuronas de forma indeleble. A todas las edades de la vida, la plasticidad del cerebro permite cambiar de hábitos, adquirir nuevos talentos, elegir diferentes itinerarios de vida. La diversidad de las experiencias vividas hace que cada cual forje su propia manera de vivir, su vida de mujer o de hombre. En materia de identidad sexual, la evolución actual de las costumbres, de las normas culturales y de las layes (paridad entre mujeres y hombres, matrimonio homosexual) es un ejemplo más de nuestra capacidad de plasticidad cerebral.

Hormonas y cerebro 

La acción de las hormonas sobre el cerebro es invocado regularmente par explicar la vida amorosa, los encuentros, los lazos sociales, los conflictos, etc. Por ejemplo, la hormona oxitocina sería responsable del flechazo, de la fidelidad, del instinto maternal. En cuanto a la testosterona, es la que haría a los hombres ligones, competitivos, coléricos y violentos. En realidad, los datos experimentales sobre el papel de las hormonas sobre el cerebro y los comportamientos son mucho menos sólidas de lo que dan a entender ciertos discursos de divulgación científica (Jordan-Young 2016).

¿La oxitocina es la hormona del vínculo social?

La hormona oxitocina, que es segregada a la sangre por la glándula hipófisis, es conocida porque actúa sobre las contracciones del útero en el momento del parto y sobre las glándulas mamarias para la lactancia. Entre los animales (ovejas, ratas, ratones) esta hormona tiene también efectos sobre el comportamiento. Algunas experiencias han mostrado que la inyección de oxitocina directamente en el cerebro refuerza los jadeos recíprocos, el aseo, la interacción entre madres y crías, y entre machos y hembras. De esta forma, la oxitocina ha sido calificada de hormona de la unión y los vínculos sociales (Roos y Young 2009).

¿Pero qué pasa entre los humanos? El problema es que, al contrario de lo que ocurre con los animales, casi es imposible medir la concentración de oxitocina en el cerebro o inyectar en el interior para ver sus efectos... 

Tampoco se puede inyectar en sangre pues la oxitocina no pasa la “barrera hemato-encefálica” que protege el cerebro. Algunas experiencias han intentado suministrar un spray nasal, pero el acceso directo de la oxitocina al cerebro a través de la mucosa nasal no está demostrado. Además, la presencia de receptores de oxitocina en la membrana de las neuronas no ha sido detectada en el cerebro humano (Galbally 2011).

Al final, los argumentos científicos a favor de un papel de la oxitocina en el instinto maternal, los vínculos, la comunicación social, la empatía, están lejos de estar establecidos, al contrario de lo que dicen los media (Fillod 2012). En relación a los vínculos madre-hijo, los casos de maltrato, de abandono y de infanticidio muestran que el instinto maternal no depende de una ley biológica universal e ineludible. 

Lo que no afecta al placer que puede procurar la lactancia y ocuparse de un bebé. No se trata de instinto sino de amor, materno y paterno, construido biológicamente, psicológicamente y socialmente. Los lazos afectivos se moldean y evolucionan según las experiencias de vida que se inscriben en el contexto cultural y social. La oxitocina no tiene nada que ver en ello.

¿Es la testosterona la hormona de todos los poderes? 

Sin duda, la testosterona tiene, efectos sobre el cuerpo afectando especialmente al volumen y a la fuerza muscular. Pero en lo que se refiere a su efectos sobre el cerebro y la conducta está lejos de haber un consenso científico.

En general, en la población de hombres adultos de buena salud, no hay relación estadística significativa entre el deseo sexual y la concentración de testosterona en sangre (Van Anders 2013). Claro que, en condiciones patológicas de castración, no hay erección, pero esto no provoca necesariamente la pérdida de deseo ni la desaparición de toda actividad sexual. Entre los humanos, el órgano sexual más importante, es el cerebro... 

Sus capacidades cognitivas confieren a la sexualidad humana múltiples dimensiones que ponen en juego el pensamiento, el lenguaje, las emociones, la memoria... En principio, el deseo sexual es el fruto de una construcción mental que varía según la vida síquica y los sucesos de la vida. No tiene nada que ver con un acto reflejo desencadenado por la testosterona.

En cuanto al pretendido papel de la testosterona en la agresividad y la violencia, tampoco los estudios científicos son concluyentes. Investigaciones realizadas entre varones adolescentes de trece a quince años, muestran que la concentración de testosterona en sangre no está asociada a comportamientos agresivos o de conductas de riesgo presentes, a menudo, mucho antes que la pubertad. Entre los varones autores de actos delictivos, la tasa de testosterona no es correlativa con el grado de violencia del comportamiento. Al contrario, se observa una fuerte correlación entre los factores sociales tales como el nivel de educación y el medio socioeconómico (Archer 2006).

Todos los roles atribuidos a la testosterona, que justifican el apetito sexual y la agresividad de los hombres, no están respaldados por pruebas experimentales que tengan consenso en la comunidad científica (Jordan-Young 2016). 

Por el contrario, las investigaciones en sociología y en etnología muestran que si muchos hombres adoptan estos comportamientos, es el resultado de una larga historia cultural de dominación masculina aliada a factores sociales, económicos y políticos que favorecen la expresión de la violencia (Héritier 1996).

Cerebro humano y evolución

Los avances de las neurociencias permiten comprender mejor por qué el ser humano escapa a la ley de las hormonas. El homo sapiens posee un cerebro único en su género que le distingue del de los grandes simios. La diferencia es debida al desarrollo del córtex cerebral que recubre el resto del cerebro. A lo largo de la evolución de la especie humana, la superficie del córtex ha crecido de tal forma que debe plegarse formando surcos para poder caber en la cavidad craneal. 

Hoy, mediante métodos informáticos, se sabe desplegar el córtex virtualmente: mide dos metros cuadrados de superficie sobre tres milímetros de espesor, es decir, 10 veces más que en los monos. Gracias a su córtex cerebral, el homo sapiens ha podido desarrollar su capacidad de lenguaje, de conciencia, de razonamiento, de proyección hacia el futuro, de imaginación... Muchas facultades que le han permitido al ser humano adquirir la libertad de elección en sus acciones y sus comportamientos (Rose 2006, Kahn 2007).

Una de las consecuencias del desarrollo del córtex cerebral es que controla las zonas profundas del cerebro implicadas en los instintos y las emociones. Por esto, el ser humano es capaz de cortocircuitar los programas biológicos instintivos que están regidos por las hormonas. Entre los seres humanos, cada instinto no se expresa en estado bruto. 

El hambre, la sed o la atracción sexual están claramente ancladas en la biología pero sus formas de expresión están controladas por la cultura y las normas sociales. El ser humano puede decidir hacer huelga de hambre o renunciar a su sexualidad. Las mujeres y los hombres, en su vida personal y social, utilizan estrategias inteligentes, basadas en representaciones mentales que no dependen de la influencia de las hormonas.

Cerebro, ciencia y sociedad

A pesar de los progresos científicos sobre la plasticidad cerebral, el argumento de las diferencias de “naturaleza” siempre está muy presente para explicar las diferencias entre las mujeres y los hombres en la vida social y privada. El ambiente mediático contemporáneo contribuye activamente a reforzar la “biologización” de los comportamientos humanos (Fillod 2015, Jurdant 2012). 

Televisión, prensa escrita, páginas de internet, nos suministran regularmente “descubrimientos” científicos que explicarían nuestras emociones, nuestros pensamientos, nuestras acciones: gen de la homosexualidad, hormona del deseo, neuronas de la empatía, etc. Necesariamente, este contexto es propicio a la promoción de tesis esencialistas orquestadas por los movimientos conservadores que se oponen a nuevas fórmulas de familia, al matrimonio homosexual, a la legalización del aborto...

Estas ideas tienen implicaciones sociales y políticas de graves consecuencias. Invocar razones biológicas (genéticas, cerebrales u hormonales) para los comportamientos de hombres y mujeres, da por sobrentendido su carácter normal e inmutable. ¿Para qué luchar contra nuestra naturaleza?

Sin embargo, si las chicas y los chicos no hacen la misma opción de estudios o profesional, no es a causa de las diferentes capacidades cognitivas de su cerebro (Vouillot 2015). Afirmar que es más natural que una mujer se ocupe más de los niños que un hombre a causa de la oxitocina es cuestionar las leyes de la igualdad, las vacaciones familiares y la legalización de homoparentalidad. También es frenar las ambiciones profesionales de las mujeres, animar su trabajo a tiempo parcial que va a la par de salarios reducidos.

 Pretender que la testosterona da a los hombres más apetito sexual que a las mujeres, o incluso que la violencia resulta de pulsiones hormonales irresistibles, lleva a aceptar que esta violencia como inevitable y cuestiona las leyes que reprimen el acoso sexual y la violencia contra las mujeres.

En el contexto actual en el que las tesis esencialistas resurgen para atacar los estudios de género, es crucial que los biologicistas se comprometan al lado de las ciencias humanas y sociales para cuestionar las falsas evidencias que querrían que el orden social fuera un reflejo del orden biológico. Abordar el frente de los prejuicios esencialistas es indispensable para combatir los estereotipos, desenvolver acciones políticas y construir conjuntamente una cultura de la igualdad."              (Catherine Vidal , alencontre.org, en Viento Sur, 10/06/17)

28/7/17

Un grupo de investigadores midió el pulso de los asistentes a las fiestas de San Pedro Manrique, en Soria, y comprobaron que todos tenían los corazones sincronizados

"Ayer dio comienzo la madre de todas las fiestas. Siete días de éxtasis colectivo que arrancan cada 6 de julio y que ya tiene más seguidores desde fuera, espectadores colocados a una prudencial distancia, creadores de memes, y voyeurs de Instagram, que desde dentro

. Millones de cabecitas minúsculas vistas a través de la pantalla de la televisión, o un bosque de brazos y risas si se vive desde dentro, desde el olor pegajoso a vino y cuerpos. Es lo que se dice un planazo o una tortura, según quien lo mire. ¿Por qué unos la adoran y otros la aborrecen?

Las razones se remontan a nuestros ancestros y para explicarlas hoy hay que acudir no solo a la psicología y la neurociencia, sino a la antropología e incluso a la genética. Un estudio reciente realizado entre un grupo de 1.000 individuos en Australia probó que quienes salían de fiesta -acudían a festivales o conciertos, bailaban en bares o discotecas o incluso escuchaban bandas de música callejeras- eran más felices y se sentían más conectados con la sociedad.


"Las personas somos seres sociales", explica por correo electrónico el psicólogo Nacho Calvo en mentesabiertas.com. "Al margen de los encierros, que para muchos tan sólo sirven como excusa, San Fermín supone la concentración de miles de personas de diferentes culturas, lo que genera un sentimiento que para la mayoría de las personas resulta tremendamente positivo".

Para los escépticos, Calvo advierte de que este tipo de eventos se viven de una manera radicalmente distinta desde fuera y desde dentro: "Al encontrarnos rodeados de un ambiente festivo vivimos la experiencia de una manera amplificada, como ocurre en los conciertos o festivales, haciendo que se conecten nuestras neuronas espejo que son las encargadas de la empatía en el cerebro".

No es solo formar parte de un gran grupo que comparte una actividad, sino el hecho de que esa actividad esté relacionada con el baile o el movimiento lo que nos eleva al éxtasis colectivo. El profesor de Arqueología de la Universidad de Reading (Berkshire, Inglaterra) especulaba en su libro The singing Neanderthals : the origins of music, language, mind, and body -Los neardentales que cantan: los orígenes de la música, la lengua, la mente y el cerpo- con que el baile se remonta a 1,5 millones de años y está relacionado con la supervivencia "como forma de cooperación y comunicación". 

Algo, que según un grupo de investigadores de Jerusalem, alcanza el estatus de habilidad y está escrita en nuestros genes.


Esa comunicación es lo que Émile Durkheim denominó la "efervescencia colectiva" y el investigador de la Universidad de Montreal Paul Carls ha estudiado a fondo para encontrar su explicación actual. Según cuenta Carls, la efervescencia colectiva de Durkheim está en el corazón de las religiones: 

"Eleva a los individuos fuera de sí mismos y los hace sentir como si estuvieran en contacto con una energía extraordinaria, que los lleva a una excitación emocional colectiva".


La tecnología quiere ahora medir esta emoción a través de 'wearables' biométricos que registran las pulsaciones y el movimiento. El antropólogo Dimitris Xygalatas, de la Universidad de Connecticut (EE.UU.) ya lo hizo en un estudio de campo en las fiestas del Paso del Fuego y Móndidas en San Pedro Manrique.

Xygalatas y su equipo se trasladaron a este pueblo de la provincia de Soria y colocaron aparatos biométricos en sus 3.000 habitantes durante las fiestas. Toda la comunidad resultó estar emocionalmente alineada durante el ritual festivo, a juzgar por las frecuencias cardiacas.

 No solo los que caminaban sobre el fuego, sino también los espectadores tenían sus corazones sincronizados. Eso sí, quienes tenían una mayor vinculación familiar con los participantes del ritual o era originarios de San Pedro Manrique o alrededores mostraron una sincronización cardiaca mayor.

Lo mismo ocurre en los festivales de música o grandes festividades, según comenta Xygalatas, "en los actos con los que se sientan más identificados los asistentes vivirán la magia de la efervescencia colectiva, mientras que en los que no formen parte de la identidad se sentirán más desconectados y desincronizados".


"El ser humano y los animales suelen vivir en grupo, y aunque no sabemos qué circuitos o neurotransmisores pueden estar implicados en el bienestar que produce este hecho", explica por teléfono el neurocientífico del Instituto Cajal y vicepresidente del Consejo Español del Cerebro, José Luis Trejo, "sí que tiene un nombre: enriquecimiento ambiental. 

En su componente social", añade, "hace que se incremente el número de neuronas en el hipocampo, que es el centro neurálgico del apredizaje y la memoria, y el único en el cerebro en el que se fabrican neuronas en la edad adulta". Por tanto, las relaciones sociales, interactuar con muchas personas y participar de atividades en grupo "mejoran el aprendizaje".

Además, Trejo hace referencia a las hormonas que participan en los eventos sociales como los festivales de música o los sanfermines. "Sabemos desde hace tiempo que el ejercicio y la actividad en grupo, al contrario que ocurre con el aislamiento, hace que el cerebro libere dopamina y endocannabinoides [el cannabis natural de nuestro cuerpo], al tiempo que activa los circuitos serotoninérgicos".

O la tormenta perfecta

Esa es la parte buena. En la parte mala, los festivales son, como algunos adversos sospechan, un semillero de enfermedades, según un estudio que llevó a cabo la Facultad de Medicina de la Universidad de Marsella (Francia) en grandes eventos desde 1980 hasta 2012. "Se producen transmisiones fecales-orales de agentes patógenos por el incumplimiento de las normas de higiene", relata el informe. 

"Además, se propaga una gran variedad de enfermedades de transmisión sexual".
En esta línea, el verano pasado las autoridades británicas lanzaron un comunicado en el que aconsejaban a los jóvenes vacunarse contra el sarampión. Otras enfermedades que no querrá padecer y que están vinculadas a los grandes eventos: salmonela, e.coli o el horrible norovirus.

Más allá del entorno y de vuelta a la efeverscencia colectiva, los mismos circuitos serotoninérgicos que hacen que algunos se sientan bien cuando se encuentran rodeados de muchas personas, "se encuentran vinculados a trastornos obsesivos-compulsivos y trastornos del pánico", confirma Trejo. Esto quiere decir que lo que para unos es un clímax emocional para otros es un pequeño infierno, la tormenta perfecta.


Ver las imágenes de ayer en plaza del Ayuntamiento de Pamplona despierta en algunos todo un abanico de posibles catastróficas desdichas y un montón de preguntas relacionadas con la sensación de encierro: "Una vez dentro no hay escapatoria, y si de pronto quiero descansar, y ¿cuánto tiempo dices que va a durar?...".

"Hay personas", afirma Calvo, "que rehuyen este tipo de eventos ya que la aglomeración puede generarles demasiada ansiedad sobre todo si no se encuentran en un buen momento emocional". Un alto nivel de estrés, por ejemplo, "podría ser un detonante que nos hiciera sentirnos más vendidos ante situaciones en las que nos vemos incapaces de escapar".

"Cuando una persona ha vivido experiencias desagradables como la ansiedad súbita o los ataques de pánico, teme que esas sensaciones se pudieran reproducir en un contexto en el cual les fuese complicado escapar", añade. "Cuando se siente afectada por el miedo a sus propios síntomas físicos -taquicardias, falta de aire, etc...- tiende a evitar cualquier contexto que le incapacite para huir, que es una respuesta primitiva de supervivencia que todos tenemos en situaciones límite en las que nos podemos sentir amenazados".


"El consumo de ciertas sustancias como el cannabis o la cocaína también pueden predisponer a la persona hacia la ansiedad". Llevado al terreno de la patología, "el problema suele diagnosticarse como agorafobia (o trastorno de pánico con agorafobia). Y se puede ver propiciado por cambios hormonales que nos hagan sentirnos más vulnerables como la menstruación en las mujeres o las afectaciones de la glándula tiroides".

En cuanto al cerebro, Trejo añade que las actividades en grupo "activan los circuitos que regulan la jerarquía de dominancia. En el laboratorio lo vemos en los ratones: enseguida se manifiestan los dominantes". 

Algo que los famosos violadores de San Fermín llevaron a un deplorable extremo. No se ha estudiado en profundidad qué circuitos neurológicos activa un aumento de la actividad social, al nivel de las fiestas de San Fermín, para derivar en estados de malestar.

 "Pero sí que sabemos que cuando queremos inducir estados patológicos en ratones", explica Trejo, "para la interacción social positiva se utiliza el sexo, mientras para la negativa lo que hacemos es llenar la urna de ratos, provocar multitudes, y luego vaciarla para dejar aislado al ratón. Multitud y aislamiento".

Algunos, como el en caso de los humanos, tardan más en reaccionar que otros. Unos están a gusto en esa muchedumbre, y otros, en la soledad."                 ( , El País, 07/07/17) 

17/2/16

Las personas ajustan su visión de los problemas del mundo al sistema de creencias que define sus identidades

"La identidad no se discute.

 Tampoco se vota. Nadie elige a sus padres, ni escoge su lugar de nacimiento, ni resuelve hablar su lengua materna, ni diseña su educación básica. La mayor parte de nosotros somos del país de nuestra infancia y quienes luego lo abandonan, o se ven forzados a hacerlo, se llevan para siempre los jirones de su acento. 

El que esto es así llena páginas de las mejores revistas que publican los trabajos de mis colegas más listos. Créanme, por favor (bueno, no todos ustedes lo harán, pues supondría renunciar a sus identidades, algo que casi nadie de nosotros está dispuesto a hacer).

(...) Dan Kahan, un psicólogo que enseña en la facultad de Derecho de la Universidad de Yale (la mejor del mundo en todos los ránkings), lleva años escribiendo que las personas ajustan su visión de los problemas del mundo al sistema de creencias que define sus identidades respectivas. 

Y lo hacen hasta el punto de que, con independencia del nivel de educación que hayan alcanzado (incluso si es muy alto), las personas tendemos a rechazar aquellas teorías y evidencias científicas que minan nuestras identidades. Ello, escribe Kahan, es perfectamente racional: aceptarlas nos marginaría al instante de nuestra propia gente, con un sacrificio personal inmenso, inasumible en muchos casos. 

He citado primero al de Yale por ibérico complejo de inferioridad, pero Ortega y Gasset ya escribió lo mismo hace más de un siglo: las ideas se tienen, pero en las creencias se está. Nunca (sabemos bien los abogados) defiendan a alguien por el procedimiento de atacar las creencias de quien ha de resolver sobre la suerte de su defendido.  (...)"            ( , El País,28 ENE 2016)

8/8/13

La cooperación es instintiva

"Nuevos estudios revisados por la investigación de Michael Tomasello, un psicólogo estadounidense y co-director del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva en Leipzig, Alemania, ha sintetizado tres décadas de investigación para desarrollar una teoría de la evolución global de la cooperación humana. “What can we learn about sharing as a result?” (¿Qué podemos aprender acerca de compartir como resultado?).

Tomasello sostiene que hay dos pasos fundamentales que llevaron a la forma única en que los seres humanos son interdependientes. El primero se trataba de quien venía a cenar, hace dos millones de años, los homo habilis emergieron en África, al mismo tiempo una era de hielo, produjo que se desarrollaran ambientes con vastos espacios abiertos.

Este cambio climático obligó a nuestros ancestros a adaptarse a una nueva forma de vida o perecer. Debido a que carecían de recursos para cazar grandes mamíferos de la época, se tuvieron que conformar con escarbar cadáveres de animales recién muertos, utilizando utensilios de corte para obtener los trozos de carne. Nuestros ancestros tenían el hábito de llegar tarde al festín.

Sin embargo, esta nueva estrategia trajo consigo una serie de nuevos comportamientos, como coordinarse, trabajar en equipo y compartir; aprender a tolerarse y a asignar a cada quien una ración justa. 

Para los simios anteriores a ellos, la caza y recolección de frutos había sido una tarea individual. Esto, originó que la cooperación fuera el comportamiento más apto para sobrevivir y las conductas que no siguieran este patrón eran reprimidas, escribe Tomasello.

El segundo paso de la teoría, conduce directamente a qué tipo de negocio y economía está más alineada con la evolución humana. Los humanos tenemos poblaciones particularmente grandes en comparación con otras especies, como los primates.

Fue la tendencia humana hacia la cooperación lo que permitió crecer en números y convertirse en sociedades tribales.

Los humanos hemos desarrollado adaptaciones sicológicas que nos permiten reconocer más rápidamente a miembros del mismo grupo, haciendo una asociación de comportamiento, tradición y lenguaje similar, al igual que una identidad cultural con una meta en común.

El resultado, según Tomasello “fue un nuevo tipo de interdependencia y mentalidad orientada hacia el grupo, que iba mucho más allá de la intención conjunta de cooperación hacia una intención colectiva a nivel de toda la sociedad”.

¿Qué significa esto para los diferentes tipos de negocio hoy en día? El ambiente laboral probablemente no esté en sincronía con nuestros raíces evolutivas y puede no ser lo mejor a largo plazo como seres humanos.

La cultura corporativa impone el mandato de arriba hacia abajo a lo largo de la organización. Pero las cooperativas -cuando un grupo de miembros posee un negocio y ponen reglas sobre como operarlo- es un modelo de administración que tiene mucha relación con nuestras raíces evolutivas y herencia de nuestra especie.

Por otra parte, la estructura de las corporaciones es una receta para el trabajador de la alienación y el descontento. Los seres humanos han desarrollado la capacidad para formar rápidamente intencionalidad colectiva que motiva a los miembros del grupo para perseguir un objetivo compartido. “Una vez que se han formado un objetivo común”, Tomasello, dice, “los seres humanos se han comprometido a ello.”

Las empresas, por ley, están obligados a maximizar los beneficios para sus inversores.

El objetivo común de los empleados de las empresas no es en beneficio de su propia comunidad, sino más bien una población distante de los financieros que no tienen ninguna conexión personal con su vida o su trabajo.

Sin embargo, como las cooperativas de propiedad de los trabajadores se centran en maximizar el valor para sus miembros, son operadas por y para la comunidad local, un objetivo mucho más coherente con nuestra herencia evolutiva.

Como Darwin llegó a la conclusión de El origen del hombre, “Los instintos sociales más persistentes conquistan a los instintos menos persistentes.”

A medida que las cooperativas, propiedad de los trabajadores, continúen ganando importancia en todo el mundo, es posible que en última instancia, seamos testigo de la caída de la “ley de competencia” de Carnegie y podamos ser capaces de volver a los entornos de colaboración que la especie humana ha considerado como su casa durante tanto tiempo."          (Carlos Burgos, Fuente: YES, Enpositivo)

23/5/13

Nuestro cerebro necesita héroes...

"¿Están los héroes condenados a la extinción a causa del auge de la ciencia colaborativa y los empeños de los historiadores?

Espero que no. Como ya sabe Hollywood, estamos cableados para apreciar las narrativas que se basan en individuales. Esto se demostró vívidamente con el estudio de 1944 de los psicólogos Fritz Heider y Mary-Ann Simmel, en el que a la gente se le enseñaba una animación de un par de triángulos y un círculo moviéndose alrededor de un cuadrado.

 Los participantes contaban historias sobre que el círculo y el pequeño triángulo estaban enamorados, y cómo el triángulo grande, malo y gris intentaba apartar al círculo, de cómo incluso después se abrazaban y vivían una vida felices, y así. 

Hace poco, las imágenes de escáner cerebrales realizadas por Chris y Uta Frith de la University College de Londres, y Francesca Happe del King's College, revelaron una activación en la unión temporoparietal y la corteza prefrontal media durante estas situaciones hipotéticas. 

Lo que es destacable es que la misma red cerebral está involucrada si consideramos las formas en movimiento o los estados mentales de otros. Hay una predilección humana por hacer narrativas de cualquier cosa que nos rodee, a ver una agencia en las oscuras sombras y mensajes en las estrellas.

 Con estas pautas podemos encontrar héroes también. Las historias que crean héroes son importantes porque pavimentan reputaciones, vitales para la evolución de la cooperación, mediante un mecanismo llamado reciprocidad indirecta. 

Sí, la realidad de la historia de un desarrollo científico es siempre más compleja de lo que sugieren las historias heroicas. Pero tenemos que ser pragmáticos cuando se trata de presentar la "verdad" de un avance científico al público general. No se trata de elegir entre contar a la gente la historia completa, matizada y compleja que hay tras un nuevo avance y contarles cuentos.

 Cuando se trata del público, suele ser una elección entre no decir nada de interés u ofrecer un relato ameno y heroico. Cuando se trata de vender la magia de la ciencia hemos de aceptar que la manera más poderosa es mediante las historias heroicas. 

Es más, cuando se lleva a los extremos, el enfoque colectivista puede ser un cliché. Cada vez que me tomo una gran taza de café podría darle las gracias a los agricultores en Colombia que cultivaron el grano, a los de Brasil que proporcionaron los exuberantes campos verdes de mecidas cañas de azúcar que se usan para endulzar las bebidas, o al vaquero en Devon que ordeñó a las vacas para que mi energizante pudiera decorarse con una pequeña espuma.

 También le doy gracias a los trabajadores en la energía nuclear que dieron la electricidad para calentar mi leche, a la persona que tuvo al principio la brillante idea de tomar una bebida a base de semillas tostadas, o a quien patentó la primera máquina de espresso. Podría seguir y enumerar a todos aquellos cientos de personas que trabajaron en las cadenas de suministro que se extienden en todo el planeta para reunir la energía, la información y los ingredientes. 

Prefiero agradecerle al camarero, ya que nuestra asombrosa capacidad de cooperar es una característica definitoria de la sociedad humana y se da por sentado que muchos otros participaron en casi todo lo que hacemos. 

Te quejarás de que la exaltación del héroe puede distorsionar nuestra imagen de cómo se hace la ciencia. Sí, puede. Pero el público es lo suficientemente sofisticado para saber que la vida real es siempre más complicada que el espectáculo del atleta que está en el podio. Nadie pretende otra cosa. 

En las Paraolimpiadas, los héroes agradecían por sistema a sus familias, a sus patrocinadores, a los amigos que les pagaron las lecciones de conducir, a los psicólogos deportivos, a los científicos deportivos y demás por sus medallas de oro. Todos sabemos que eso no reduce el impacto de ganar una medalla de oro. 

Te quejarás de que todo lo que estoy diciendo es que necesitamos héroes porque el público es corto de entendederas. En absoluto. Solo es que creo en hablarle a la gente en un lenguaje que pueda entender y de una forma que asegure que serán receptivos. 

Necesitamos verdades convenientes que pueden transmitir el meollo de la ciencia a un público general sin un énfasis exhaustivo en los aspectos colectivos del descubrimiento, por no hablar de los recursos al cálculo, la jerga y las descripciones densas. 

Los científicos usan rutinariamente metáforas para expresar ideas complejas y, por la misma razón, necesitas personajes heroicos a modo de metáforas para transmitir la amplitud de los desarrollos científicos.

 El objetivo es que los héroes funcionen como transmisores vitales de la ciencia en el abarrotado ámbito de las ideas. Esto es importante porque necesitamos que toda la gente como sea posible sepa en qué consiste la ciencia para que funcione una democracia moderna. 

Esta es la razón, básicamente, por la que deberíamos preocuparnos del declive de los héroes de la ciencia. La cultura del escepticismo, la comprobación y la formación de un consenso provisional en la investigación científica es el logro más importante de nuestra especie y es hora de que todo el mundo lo comprenda (OK, va a ser difícil cuando se trate de los políticos). 

El verdadero problema no es si debemos tener o no héroes (por supuesto que debemos), sino cómo asegurar que explican una historia razonablemente veraz sobre ese asombroso y primordial esfuerzo que conocemos como ciencia.»    ( Roger Highfield en Edge.org: , en Arcadi Espada, 19/05/2013)

24/4/13

“La mentalidad mágica humana es genética, producto de la evolución”

"A Juan Luis Arsuaga, como paleontólogo que es, le interesan todas las especies y su evolución, aunque por la especie humana siempre ha tenido una fascinación especial. (...)

“Es que El sello indeleblees un libro más sobre el presente y futuro de la especie humana que sobre su pasado”, dice este catedrático de la Universidad Complutense.
 
Pregunta. ¿La especie humana es especial?

Respuesta. Sí, francamente. Es un acontecimiento único en la evolución. Como si fuera la tercera forma de materia: hay materia inanimada, materia viva y materia consciente, nosotros, aunque todas hechas de los mismos átomos, por supuesto. 

El hombre es consciente de sí mismo, se pregunta, razona, tiene yo, es un organismo hecho de carbono, hidrógeno... pero capaz de reflexionar. Es tan fantástico que se han buscado explicaciones no naturales.

P. ¿Cuánta diferencia determinan las razas?

R. Esto es muy sorprendente porque todo el mundo pensaba que éramos la especie más variada de la Tierra. Las diferencias aparentes son tan evidentes que incluso parecía que éramos una especie ya casi dividida en subespecies. 

Sin embargo, al secuenciarse el genoma se ha visto que no es así: somos de las especies menos variadas genéticamente. Ahora tenemos un nuevo problema: por qué, siendo todos tan iguales de piel para dentro, somos tan distintos epidérmicamente.

P. ¿Alguna idea de por qué?

R. No hay una explicación. Se han buscado argumentos adaptativos, pero no se ve una relación directa. Ahora se ha recuperado una explicación olvidada: las razas se han hecho distintas por la otra fuerza que Darwin argumentó en su libro El origen del hombre y es que las razas son diferentes por selección sexual, es decir, por cuestión de gustos.

 Sería algo parecido a los vestidos: el hecho de que los chinos fueran con quimono y nosotros de otra manera no tiene que ver con el ambiente o la temperatura, es una selección del gusto. Eso sí, la ciencia ha demostrado que no hay diferencia intelectual ni nada parecido entre las razas humanas.  (...)

P. Los humanos, ¿somos hostiles o sociales?

R. Tenemos una inteligencia social. El científico Richard Alexander dice que en nuestra evolución hay un momento en que las fuerzas selectivas dejan de ser las fuerzas hostiles de la naturaleza porque alcanzamos el dominio ecológico: los glaciares o el clima adverso, los depredadores o la hambruna... dejan de ser un obstáculo, porque nos protegemos con la tecnología.

 Pero seguimos evolucionando porque hay una competencia dentro del grupo, nuestro medio social, en el que competimos por descendencia y recursos. Para eso necesitamos un órgano que permita procesar información social. Así, el éxito depende de hacer muchos amigos y tener pocos enemigos.  (...)

P. ¿Cómo aborda la ciencia una especie como la humana?

R. Todavía no está claro siquiera en qué somos únicos. Hay una asociación internacional de científicos en la que intentamos elaborar una definición de ser humano. Y queda mucho por hacer, pero algunas características son chocantes. 

Por ejemplo, unos rasgos que no desearíamos, porque nos delatan ante los demás, pero no podemos evitar: el blanco de los ojos, que indica adónde o a quién miramos, y la capacidad de ponernos colorados. Otro rasgo, al parecer, es la buena puntería, tenemos mucha coordinación.

P. Y el cerebro.

R. La consciencia es algo obvio, pero otras cosas no lo son tanto, como la mentalidad mágica, no racional. Gran parte de nuestro pensamiento es mágico, no en el sentido religioso, sino que no tiene que ver son la razón. 

Mucha gente cree que es cultural, que viene de nuestro pasado ignorante y que lo estamos superando... Pues no, está en los genes, es un producto de la evolución y no nos lo vamos a quitar de encima."        (Entrevista a Juan Luis Arzuaga, El País, 2404/2013)

22/9/11

"¿Pero cómo es eso de ver el aro como una piscina? En esos momentos ves el aro más grande de lo normal"

"-Antes del Europeo le pregunté en otra entrevista concedida a La Voz por su estado físico, porque parecía óptimo, seguramente el mejor en muchos años. Al final, se ha demostrado que efectivamente llegaba a un nivel altísimo. 

-Me he encontrado genial tanto mental como físicamente y eso ha hecho que me salieran las cosas como quería. Me encontré muy bien durante toda la preparación y durante el torneo, pero los tres últimos partidos han sido la guinda. La verdad, es muy difícil de repetir, porque estar tan acertado es complicado.

-El aro parecía una piscina. En la semifinal y en la final consigue varias canastas casi imposibles de ver en la alta competición. 

-Son cosas que salen en un momento de calentura máxima, cuando se está on fire. También es cierto que todos los compañeros lo vieron, confiaron en mí y me pasaron la bola en todo momento. Yo eso lo percibía y me encontraba más suelto en la pista.

-Ya, ya, ¿pero cómo es eso de ver el aro como una piscina? 

-En esos momentos ves el aro más grande de lo normal. En esos tres partidos metí muchos tiros de cuatro y cinco metros que durante la temporada no había practicado demasiado, pero todo me salía bien porque me encontraba con mucha confianza."                         (La Voz de Galicia, 21/09/2011)

18/8/11

En la vida urbana hay algo que no le sienta bien al cerebro humano

"Que vivir en la ciudad aumenta significativamente el riesgo de padecer depresión, ansiedad y sobre todo esquizofrenia se sabe hace décadas, y el vínculo es tan claro que los expertos aceptan que debe de haber una relación causal: en la vida urbana hay algo que no le sienta bien al cerebro humano. La cuestión es encontrar qué.

Los culpables se buscan hace años: estrés, falta de apoyo social, mayor consumo de drogas... incluso un virus. Aún no hay una respuesta. La última pista llega de la neurociencia: un grupo de investigadores ha descubierto que el cerebro de quienes han crecido entre edificios reacciona de forma distinta al estrés social. (...)

Las primeras evidencias de que los habitantes de las ciudades sufren más esquizofrenia datan de los años cuarenta. (...)

¿Y si el culpable fuera el estrés? Se admite que los sucesos estresantes son un desencadenante de los trastornos de tipo psicótico, como la esquizofrenia. Y ese ha sido el punto de partida para los primeros neurocientíficos en abordar el misterio de las ciudades y la salud mental. (...)

Diseñó un curioso experimento: mientras 32 estudiantes resolvían problemas aritméticos complejos, los experimentadores los estresaban con comentarios negativos y actitudes reprobatorias.

"Les decíamos que sus resultados estaban siendo inferiores a la media, y les sugeríamos con impaciencia que se dieran un poco más de prisa...", ha contado Meyer-Lindenberg en Nature.

De entre las áreas cerebrales que se activaban durante la prueba, dos variaban en función de la procedencia urbana o rural de los voluntarios. La amígdala, un área clave en el procesado de las emociones, se activó exclusivamente en quienes vivían en ciudades en el momento de la prueba.

El córtex cingulado -la región PACC-, que contribuye a regular la amígdala y a procesar emociones negativas, se activó más intensamente en quienes crecieron en ciudades.

Los investigadores detectaron variaciones incluso según el tiempo transcurrido en la ciudad durante la infancia, y según el tamaño de la ciudad en cuestión.

La asociación aparecía tan clara que Meyer-Lindenberg desconfió y repitió el experimento con más voluntarios, teniendo en cuenta factores como -entre otros- edad, nivel educativo, ingresos, situación familiar, estado de salud, personalidad y estado de ánimo.

Pero "ninguno de ellos alteraba el efecto de la urbanicidad, lo que sugiere que vivir en un ambiente urbano cambia la respuesta del cerebro en situaciones de estrés social, por un mecanismo claro aunque misterioso" (...)

"La incidencia aumenta con el grado de urbanización", escribe en The British Journal of Psichiatry; los habitantes de las áreas más densamente pobladas "tenían un riesgo entre un 68% y un 77% mayor de desarrollar psicosis, y entre un 12% y un 20% mayor de desarrollar depresión".Ningún investigador defiende, no obstante, que sea malo vivir en las ciudades. (...)

Y la planificación del crecimiento urbano debería tener en cuenta también la salud mental, opina Sundquist: "Es importante que los expertos en urbanismo sepan más sobre los mecanismos específicos que actúan sobre la salud mental, y esto podemos proporcionarlo los investigadores".

Ella coincide con Van Os en que hay que estudiar más el papel de factores como el soporte social y el grado de estrés cotidiano, y profundizar en las diferencias entre estilos de vida dentro de la propia ciudad. No es lo mismo, suponen, un entorno urbano con muchas zonas verdes que una zona industrial. (...)

Ana Dolado, del estudio Araujo-Dolado Arquitectos, reflexiona sobre lo que considera un exceso de estímulos en el espacio urbano actual: "La ciudad es un soporte que cambia a una velocidad difícil de procesar.

La gente reconoce el entorno pero no se identifica con él. El ritmo es tal que a los habitantes no les da tiempo a establecer vínculos con su espacio". (...)

"hay elementos culturales protectores de la salud mental". Resume uno de ellos: "En vez de pasarte cuatro horas en Facebook, queda con un amigo a tomar una caña". (El País, ed. Galicia, 14/08/2011)

1/6/11

"¿Por qué los ciudadanos votan a unos partidos u otros, en blanco o se abstienen?

"¿Por qué los ciudadanos votan a unos partidos u otros, en blanco o se abstienen? Cabe pensar que son sus intereses los que mandan, pero la pregunta es entonces qué son los intereses, y parece ser que a menudo tienen poco que ver con eso que los economistas entienden por "intereses racionales". (...)

Esta enseñanza ancestral es la que pone de nuevo sobre el tapete la neuropolítica, una disciplina preocupada por descubrir cómo funciona el cerebro de los ciudadanos, sobre todo de los ciudadanos como electores. (...)

Y resulta ser que las gentes, según George Lakoff y otros investigadores del ramo, no votamos teniendo en cuenta los hechos concretos, como cabría pensar de seres presuntamente racionales, sino que en realidad votamos desde nuestros valores, estrechamente ligados a las emociones. (...)

A lo largo de nuestra historia personal nos vamos identificando con un marco de valores y, una vez configurado el esquema, nos resistimos como gato panza arriba a renunciar a él.Lo más curioso es que esos marcos están presentes en las sinapsis del cerebro, e influyen en nuestras decisiones de forma inconsciente. (...)

Así se explica que las informaciones concretas sobre que los políticos del propio partido mienten, que son ignorantes, que no saben resolver los problemas, que más bien forman parte de los problemas, que hacen trampas o que son corruptos, no cambien la intención de nuestro voto. (...)

¿Cómo puede un partido conseguir adhesiones casi inquebrantables y conquistar los votos de los indecisos? Aquí la neuropolítica resulta de nuevo de utilidad: conocemos esos marcos de valores a través del lenguaje, las palabras se definen en relación con los marcos y, cuando se oye una palabra, el marco se activa en el cerebro.

Se trata entonces de crear un lenguaje propio del partido, que caracterice su posición y sintonice con los ciudadanos. Ganar a las gentes por la emoción, a través de la palabra, es clave.

Por fortuna, aquí no acaban los mensajes de la neuropolítica, sino que más bien queda uno esencial. Los políticos responsables deberían crear marcos de valores atractivos, capaces de sintonizar con los grandes ideales del mundo moderno, y no con lo peor de ese mundo.

El entorno social y político en que los ciudadanos vivimos influye poderosamente en el desarrollo de nuestro cerebro, y nos ha costado demasiado descubrir esos grandes valores a lo largo de la historia humana como para ahora echarlos por la borda y potenciar lo peor solo por ganar votos. (...)

Afortunadamente, emoción y razón van unidas, más aún en el caso de ciudadanos que quieran ser críticos y activos, capaces de atender a las realizaciones, y no solo a las declaraciones, capaces de atender a las buenas prácticas y no sólo a las proclamas vacías." (ADELA CORTINA: La racionalidad como rara avis. El País, 31/05/2011, p. 31)