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9/12/21

"La Constitución fue una lucha de la izquierda, y es un error cedérsela a la derecha"... con la amnistía salieron de la cárcel comunistas, socialistas y republicanos... no los franquistas... a pesar de los americanos... que seguirían apoyando los varios golpes de estado siguientes (los de Tejero y compañía)... En Sudáfrica hubo otra amnistía, ésta apoyada por los norteamericanos, que no querían ser salpicados por la terrible imagen del régimen sudafricano... en ésta, también los comunistas y socialistas negros salieron de la cárcel... los blancos no estaban encarcelados... los generales blancos sudafricanos declararon que habían ordenado torturar, o disparar contra manifestaciones de escolares... y después se fueron a disfrutar de sus fincas tranquilamente... Eso es una amnistía... un mecanismo para terminar injustamente una guerra civil, en España y en Sudáfrica

 "Nicolás Sartorius (San Sebastián, 1938) estuvo en las entretelas del pacto constitucional y hoy pide sentar las bases para su reforma. Su militancia antifranquista le llevó a estar seis años en prisión, y fue dirigente del PCE durante la Transición, cuando el partido fue legalizado y bendijo la Carta Magna como signo de consenso. (...)

reprocha a un sector de la izquierda el haber claudicado en la defensa de la Carta Magna y ve en Yolanda Díaz una oportunidad para sentar un proyecto de claras convicciones constitucionales y lejos del derecho de autodeterminación.

La Constitución cumple 43 años, ¿ha envejecido bien?

 Yo creo que sí. Siempre he dicho que es una estupenda Constitución, que necesita, como todas las cosas, ponerse al día, pero la base es muy buena.

Ciertos sectores de la izquierda sí que han considerado que la Constitución contiene residuos franquistas. ¿Qué les diría a todas esas voces?

Bueno, yo la verdad es que conozco muy bien la Constitución y no veo elementos franquistas, no sé a qué elementos franquistas se refiere.

Podemos, por ejemplo, nació impugnando la Constitución porque consideraba que enraizaba con el régimen anterior, con la dictadura franquista, con vestigios como la monarquía.

Sí, pero ahora Podemos la saca como una cosa buenísima y casi como un programa electoral. Porque la monarquía que la que la Constitución recoge es una monarquía constitucional, parlamentaria, sin poderes reales y donde el jefe del Estado es un rey, como ocurre en Inglaterra, en Suecia, Noruega, Dinamarca, en Holanda, que no se puede decir que sean países no democráticos. La monarquía actual no hereda los poderes que tenía el dictador, para nada.

La Constitución es una ruptura completa con el régimen franquista. Por primera vez, y no todas las constituciones europeas lo tienen, hay toda una serie de derechos que son recogidos como derechos fundamentales, entre ellos el derecho de huelga. A los sindicatos, por ejemplo, se les sitúa al mismo nivel que los partidos, al mismo nivel que las grandes instituciones del Estado. Establece un régimen de descentralización política muy considerable, que es el Estado de las Autonomías. Pero es un sistema que no tiene nada que ver con el franquismo. Es lo opuesto al franquismo. No hay nada franquista en esa Constitución. Eso es mentira. Es que la impresión es que no se han leído la Constitución.

¿Qué cambiaría de la actual Constitución?

En el Título VIII, yo creo que sería bueno ir a un sistema más federal, porque la española es una Constitución que la doctrina considera cuasi federal. Pero no se puede ser toda la vida cuasi algo, hay que ser ese algo. La España federal es la culminación del Estado autonómico. Es decir, no es cambiar, no es transformar, es simplemente tener un Senado que realmente sea una cámara territorial o clarificar las competencias. Esa es una cosa, por ejemplo, que nosotros los federalistas hemos defendido muchas veces. Y es que hay que clarificar en la Constitución cuáles son las competencias exclusivas del Estado y aquellas que no sean exclusivas del Estado que sean de las comunidades autónomas, siempre dejando claro que el Estado central interviene en los temas referidos al Estado de Bienestar -educación, la sanidad, las pensiones, etc-. La prueba de que es necesario es que el Tribunal Constitucional tiene cantidad de recursos por el tema de quién es el que tiene que hacer las cosas.

 También sería bueno introducir algunos derechos fundamentales que no se pudieron incluir y que ahora sí habría condiciones para que lo fueran, como por ejemplo, la sanidad, que figura como derecho declarativo pero que no se puede exigir ante un juez. En el año 78 solo se metió la educación, pero la sanidad no. Aquí, por ejemplo, podrían estar también las pensiones.

¿Ve posible una reforma constitución pese a la fuerte división política?

En este momento creo que no hay posibilidad, no se dan las mejores condiciones para modificar la Constitución, porque me temo que la derecha no está por la labor y se necesitan mayorías suficientes.

  Pero eso no quiere decir que no haya que ir trabajando en esa dirección. Los consensos no son puntos de partida, son puntos de llegada. Hay que ir creando las condiciones, las complicidades y el estado de opinión de que sería bueno reformar algunos temas de la actual Constitución, sobre todo en el tema territorial, para hacerla más federal.

¿Los partidos nacionalistas tendrían que dar el visto bueno a esa reforma?

Tendría que tener por lo menos el mismo consenso que tuvo la Constitución actual. Es decir, que sin duda alguna tendrían que participar los partidos nacionalistas, ¿no? Otra cosa es que estén por la labor, eso no lo sé. Pero lo bueno de la Constitución actual española es que es una Constitución de consenso que fuimos capaces de que valiera para la derecha, para la izquierda, para el centro, para los nacionalistas de entonces. El PNV se abstuvo pero, por ejemplo, Convergència i Unió votó a favor. Hay que buscar esos consensos muy amplios, porque las constituciones los requieren, pero hay que irlos trabajando.

Los partidos nacionalistas reivindican el derecho de autodeterminación, incluso Podemos defendió en su momento incluir el derecho a decidir. ¿Esto es compatible con la Constitución?

El derecho de autodeterminación no está reconocido en la Constitución española ni está reconocido en ninguna Constitución europea. No está reconocida en ningún sitio y tampoco en las Naciones Unidas salvo en las situaciones de opresión, de dictaduras, de situaciones de colonialismo, etc. Yo no creo que el País Vasco ni Cataluña sean colonias de España. Esta cuestión no está reconocida para nada. Ni tan siquiera eso que se ha buscado de ‘el derecho a decidir’. El derecho de autodeterminación es además un derecho reaccionario. Es un derecho que sólo beneficia a la derecha y a la derecha nacionalista, y que hoy en día, con la globalización y en la Unión Europea, es absolutamente contrario a los intereses de la mayorías. Imagínese una Europa que ya con 27 es complicada, si empezaran a surgir otras naciones, con las dificultades que ya hay para medirse con los Estados Unidos o con China.

Después de los escándalos del Rey Emérito, ¿no cree que debería reducirse el papel de la monarquía dentro de la Constitución?

Yo no soy partidario en este momento de plantear el tema de monarquía o república. Creo que hay que dejarlo así. Lo único que yo cambiaría es el tema de la inviolabilidad. Yo creo que la inviolabilidad del rey tiene que ser en los actos derivados de la jefatura del Estado, pero no de sus actos personales.

Por esa regla de tres, el rey Juan Carlos I no gozaría de esa inviolabilidad y habría de enfrentarse a la justicia.

Bueno, las responsabilidades penales no tienen efecto retroactivo. Es decir, en el caso de que eso se cambiara, no tendría nada que ver con Juan Carlos I; tendría que ser para el futuro. Yo creo que sería bueno para la institución, incluso para el sistema, cambiar algo que es casi medieval. El pensar que un Rey, jefe del Estado, comete delitos en el ámbito privado y que no tenga responsabilidad me parece absurdo. Eso es lo único que yo cambiaría. En cualquier caso, no hay consenso con la derecha para hacer eso.

¿Por qué cree que la derecha no se abre en estos momentos a una reforma constitucional?

Voy a decir algo un poco irónico: porque no están en el poder. Porque a lo mejor si estuvieran, lo abordarían. La derecha está en desgastar al Gobierno. (...)

¿Qué le parece el término que se utilizó en su momento para referirse al Partido Popular o Ciudadanos como partidos constitucionalistas?

Yo creo que es que es un profundo error que puede tener consecuencias malísimas. Es algo que se han inventado ellos mismos, se han apropiado de la Constitución. La Constitución es de todos, puesto que a todos protege. Incluso a los nacionalistas, que están en contra. Están ahí gracias a la Constitución. El señor Aragonés gobierna porque existe la Constitución española, porque los estatutos autonómicos nacen de la Constitución y ellos son los máximos representantes del Estado español y constitucional en esos territorios. Las derechas han intentado apropiarse de la bandera, de la Constitución, de cosas que son de todos y, al apropiársela, lo que hacen es debilitarla. Si la Constitución española solamente fuera la de PP, de Ciudadanos y de Vox, estaría muerta. Están haciendo un daño enorme a la Constitución. Si los constitucionalistas en Cataluña fueran Cs y PP, no habría constitucionalistas porque allí son muy débiles. Están haciéndole un flaco servicio a la Constitución. La cuestión es que es de todos y esa es su gran fuerza.

¿La izquierda ha sabido reivindicar la Constitución frente a esto?

Es evidente que el Partido Socialista ha sido muy claro en su defensa y el PCE en su día, en el que yo milité muchos años. Pero ha habido un momento en que una parte de la izquierda se ha despistado y ha empezado a dejar que la Constitución sea de la derecha. Quien luchó esta Constitución fue la izquierda, que luchó contra la dictadura para traer la democracia. Y en cambio una parte de la izquierda se ha desviado de ahí y se ha empezado a poner en cuestión esta Constitución, cosa que en mi opinión es un gran error, pero un gravísimo error. Puesto que esta Constitución, sobre todo, es una constitución de la izquierda.

Ahora que menciona al PCE, ¿cómo valora la candidatura de Yolanda Díaz, de ese partido?

Bueno, nunca la he oído decir que se presenta como una candidata del PCE, todo lo contrario. Lo que quiere es abrir los espacios y me parece muy bien. Yo creo que es una buena candidata y está haciendo una labor muy positiva desde el Ministerio de Trabajo. Los acuerdos alcanzados entre patronal y sindicatos son de las cosas más positivas que se han hecho en los últimos años. Si en el futuro se presenta encabezando una gran plataforma, pues muy bien.

Alguna vez ha hablado de la dificultad de la izquierda de integrar las diferencias, ¿cree que Yolanda Díaz será capaz?

Es bueno que se una el espacio a la izquierda del Partido Socialista y que haya una oferta seria, rigurosa, amplia. Es muy positivo. La señora Yolanda Díaz me parece una candidata estupenda y sería muy bueno que consiguiera un proyecto atractivo donde algunas cuestiones deben ser fundamentales: tiene que ser muy europeísta, porque las batallas se dan en Europa y cierta izquierda ya tuvo sus desviaciones cuando se opuso al euro. También debe ser central la defensa de los derechos sociales y después, no poner en cuestión la Constitución ni abordar cuestiones erróneas como el derecho a decidir.

El sindicato que usted fundó, CCOO, está brindando su apoyo a Yolanda Díaz, ¿cree que haría bien en respaldar abiertamente su proyecto?

Comisiones Obreras es un sindicato enorme que tiene casi un millón de afiliados que votan a partidos diferentes. No creo que todos voten al partido de Yolanda Díaz. Yo no creo que Comisiones Obreras, nunca lo ha hecho, vaya a llamar al voto para una fuerza concreta. Es negativo que un sindicato diga que hay que votar por tal o cual partido, porque la base social en que se apoya es muy plural. Otra cosa es que el sindicato diga ‘hay que apoyar proyectos que reconozcan los derechos sociales de los trabajadores’, pero apostar por un partido es un error de bulto. Y no creo que Comisiones lo vaya a cometer."                   (Ana Cabanillas, epe.es, 06/12/21)

16/10/18

Nelson Mandela: Las victorias cubanas destruyeron el mito de la invencibilidad del opresor blanco e inspiraron a las masas combatientes de Sudáfrica ... un punto de inflexión para la liberación de nuestro continente... las tropas cubanas negras rechazaron una invasión sudafricana apoyada por Estados Unidos en Angola y obligaron a Sudáfrica a abandonar Namibia...

"(...) ¿Cómo evalúa y evalúa el significado histórico y el impacto de la revolución cubana en los asuntos mundiales y hacia la realización del socialismo?El impacto en los asuntos mundiales fue extraordinario. Por un lado, Cuba jugó un papel muy importante en la liberación de África Occidental y del Sur. Sus tropas rechazaron una invasión sudafricana apoyada por Estados Unidos en Angola y obligaron a Sudáfrica a abandonar su intento de establecer un sistema de apoyo regional y abandonar su control ilegal sobre Namibia. 

 El hecho de que las tropas cubanas negras derrotaran a los sudafricanos tuvo un enorme impacto psicológico tanto en el África blanca como en la negra. Un notable ejercicio de internacionalismo dedicado, realizado con gran riesgo por la superpotencia reinante, que fue el último partidario de la Sudáfrica del apartheid, y completamente desinteresado. 

 No es de extrañar que cuando Nelson Mandela fue liberado de la prisión, uno de sus primeros actos fue declarar:
  • Durante todos mis años en prisión, Cuba fue una inspiración y Fidel Castro una torre de fuerza ... [Las victorias cubanas] destruyeron el mito de la invencibilidad del opresor blanco [e] inspiraron a las masas combatientes de Sudáfrica ... un punto de inflexión para la liberación de nuestro continente, y de mi gente, del flagelo del apartheid ... ¿Qué otro país puede señalar un registro de mayor desinterés que Cuba ha mostrado en sus relaciones con África?
La asistencia médica cubana en áreas pobres y en situación de sufrimiento es también bastante singular.A nivel nacional, hubo logros muy significativos, entre ellos, simplemente la supervivencia frente a los esfuerzos de los Estados Unidos para llevar “los terrores de la tierra” a Cuba (la frase del historiador Arthur Schlesinger, en su biografía de Robert Kennedy, a quien se le asignó esta tarea como su más alta prioridad) y el feroz embargo. 

 Las campañas de alfabetización fueron altamente exitosas, y el sistema de salud es justamente reconocido. Hay graves violaciones de los derechos humanos y restricciones de las libertades políticas y personales.  

Cuánto se puede atribuir al ataque externo y cuánto a las decisiones políticas independientes, uno puede debatir, pero el hecho de que los estadounidenses condenen las violaciones sin el pleno reconocimiento de su propia responsabilidad masiva otorga a la hipocresía un nuevo significado. (...)"                            (Entrevista a Noam Chomsky, C. J. Polychroniou,  Truthout, 19/06/16)

12/12/13

Mandela, el revolucionario que no renunció a la violencia

"Antes de ser un icono mundial de la paz y la reconciliación, Nelson Mandela fue un líder revolucionario. En 1964, fue conducido ante un tribunal para ser juzgado por cometer “actos de violencia y destrucción”. El líder del Congreso Nacional Africano sólo quería destruir el régimen racista del apartheid, no el país.

Había dudado mucho en apoyar el sendero de la violencia, pero al final vio que era la única alternativa que dejaba el Estado a la lucha por los objetivos políticos de la mayoría negra del país. Como otros líderes nacionalistas negros de África, había llegado a la conclusión de que la resistencia pacífica sólo conducía a la inmolación.

Ante el tribunal, no intentó negar los hechos, pero sí la interpretación que hacían de ellos los jueces blancos. Sus palabras finales son las más recordadas (“es un ideal por el que estoy dispuesto a morir”) y procedían de las pocas esperanzas que tenían él y sus compañeros sobre el veredicto final. Tardó dos semanas en escribir su alegato final.

 Un abogado que lo revisó preveía un desastre. Comentó que si leía ese texto, “le llevarían directamente a la parte de atrás del tribunal y le colgarían”. Su abogado le recomendó que no acabara con esa nota de desafío. Mandela no le escuchó: “Creía que nos iban a colgar no importa lo que dijéramos, así que pensé que podríamos decir aquello en lo que de verdad creíamos”, escribió años después en su autobiografía.

Más relevante que esas palabras finales fue la explicación que dio antes sobre por qué el CNA había decidido crear Umkhonto we Sizwe (Lanza de la Nación, el brazo armado del movimiento) y embarcarse en una campaña de sabotajes.

 Mandela nunca quiso una “guerra interracial” y, aunque al final se produjeran víctimas mortales, intentó que la violencia estuviera limitada a objetivos específicos. Ante el tribunal, decidió convertirse en fiscal del sistema y acusarle de no haber dejado a los negros más alternativa que empuñar las armas.
“En primer lugar, creíamos que, a resultas de la política del Gobierno, la violencia por el pueblo africano se había convertido en algo inevitable, y que a menos que un liderazgo responsable pudiera canalizar y controlar los sentimientos de nuestra gente, se produciría un estallido de terrorismo que ocasionaría un aumento de la hostilidad y el resentimiento entre las distintas razas del país hasta un punto desconocido incluso en una guerra.
En segundo lugar, pensamos que sin los sabotajes no habría forma de que el pueblo africano tuviera éxito en nuestra lucha contra el principio de la supremacía blanca. Todas las formas legales de oponerse a este principio habían sido bloqueadas por la ley, y estábamos en una situación en la que o aceptábamos un estado permanente de inferioridad o desafiábamos al Gobierno.
Elegimos desafiar al Gobierno. Primero, violamos la ley evitando el recurso a la violencia. Cuando se legisló contra esto, y cuando el Gobierno recurrió a la fuerza para aplastar a la oposición a su política, sólo entonces decidimos responder a la violencia con violencia”.
Es probable que la descripción de Mandela sobre el camino a la violencia como un proceso gradual que culminó en junio de 1961 no fuera del todo cierta. Varios miembros del Partido Comunista de Suráfrica confirmaron años después que la iniciativa surgió en su partido y que incluso Mandela formó parte también de la misma organización durante algún tiempo, algo que el expresidente surafricano siempre negó.

 A finales de 1960, el PC adoptó la vía de la lucha armada, pero su número de militantes era ínfimo. Sabían que no tendrían ninguna posibilidad sin el apoyo del CNA. Mandela asumió la decisión pocos meses después con la idea de que el paso era inevitable. Tras la matanza de Sharpeville en marzo de 1960, también había sectores del CNA que pensaban que había llegado el momento de empuñar las armas.

Este apoyo táctico a la violencia, incluso algo reticente, no se convirtió en una baza negociadora que pudiera abandonarse con facilidad si las circunstancias lo permitían. Ya en los años 80, el Gobierno de P.W. Botha ofreció la libertad a Mandela a cambio de la renuncia a la violencia. La rechazó. Aunque ya no fuera posible derrocar al Gobierno racista con las armas, la guerra continuaría hasta el fin del apartheid.

La progresiva movilización política, económica y cultural en Occidente a favor de su liberación y del fin del racismo en Suráfrica no podía ocultar el hecho de que desde el primer momento el mayor apoyo que recibió el CNA procedió de los gobiernos africanos que habían conseguido la liberación del colonialismo, muchos de ellos a través de la insurrección armada, y del apoyo material de los gobiernos soviético y chino. 

En el esquema de la guerra fría diseñado por Washington, el CNA pasó a formar parte de la amenaza comunista, aunque en su propio juicio Mandela recordó al tribunal que nadie se hubiera atrevido a llamar comunistas a Churchill y Roosevelt por haberse aliado con la Unión Soviética en la lucha contra Hitler.

En los años 80, los gobiernos de Reagan y Thatcher no se movieron ni un centímetro en ese rechazo. Washington instauró una política con Reagan que apostaba por la existencia de unos supuestos moderados dentro del Gobierno a los que había que apoyar para conseguir que el régimen cambiara desde dentro.

 Ese apoyo a Botha, tan moderado que llegó a decir que el sistema de un hombre, un voto nunca se impondría en Suráfrica, permitió al apartheid sobrevivir unos años más.

En el Reino Unido, el ala derecha de los tories, incluida su primera ministra, arrojó sobre Mandela todo su odio. En 1987, 23 años después del encarcelamiento de Mandela, Thatcher aún decía: “El CNA es una típica organización terrorista. El que crea que algún día gobernará Suráfrica vive en un mundo de fantasía”. 

Otros diputados pedían directamente que Mandela fuera fusilado. En esos años las juventudes tories distribuyeron un cartel en un congreso del partido que reclamaba que Mandela fuera ahorcado, y no sólo él: “Y todos los terroristas del CNA. Son unos carniceros”, decía.

Mandela había apostado ya desde su juicio por la reconciliación. Al salir de prisión, se deshizo de la violencia con facilidad porque ya había cumplido su objetivo: mantener unida a la mayoría negra y evitar la aniquilación de los que luchaban por la libertad.

 A partir de ese momento, quiso dejar claro que su lucha no era contra los blancos, sino contra la pobreza, la violencia y la dominación de un grupo racial sobre otro. Que es lo mismo que ya había dicho en su juicio de 1964."              (Guerra Eterna, 06/12/2013)