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9/9/22

Ucrania no es Guernica... la Segunda República española no recibió ni un céntimo de las democracias occidentales... tenían miedo de que sus propias clases populares fueran contaminadas por la movilización popular que había en este país. Solo la Unión Soviética y Méjico apoyaron al gobierno popular español. ... mientras que la Alemania Nazi y la Italia Fascista ofrecieron toda la ayuda militar que permitió la victoria del fascismo en España... el gobierno ucraniano tiene una orientación política también muy diferente al gobierno de unidad popular existente en la República española. La guerra de Ucrania es una guerra de nacionalismos dentro del sistema económico profundamente injusto y neoliberal, en el que las élites gobernantes que han dominado el pasado de este país continúan dominándolo ahora y continuarán haciéndolo en el futuro. De ahí que estén recibiendo tanto apoyo de los establishments políticos, económicos, mediáticos y empresariales occidentales... Precisamente lo opuesto a lo que ocurrió en España

 "(...) UNA ÚLTIMA OBSERVACIÓN. LA UTILIZACIÓN OPORTUNISTA POR PARTE DEL PRESIDENTE ZELENSKY DE UCRANIA DE LO QUE OCURRIÓ DURANTE LA ESPAÑA REPUBLICANA EN GUERNICA PARA PROMOVER LA CAUSA DE SU GOBIERNO

El presidente del gobierno ucraniano, Zelensky, en su petición de ayuda militar al parlamento español, utilizó la imagen de Guernica para establecer una semejanza entre lo que ocurrió en España durante la Guerra Civil y lo que está ocurriendo en su país. Ucrania estaba siendo bombardeada por el enemigo Rusia, tal como la ciudad de Guernica había estado bombardeada por aviones nazis alemanes durante la guerra civil española.

 De la misma manera que el gobierno republicano español había estado pidiendo ayuda internacional entonces, el ucraniano lo estaba haciendo ahora pidiendo ayuda al Parlamento Español. Era lógico y loable que la mayoría de los parlamentarios aplaudiera la referencia. El contexto, sin embargo, era muy diferente, casi opuesto, lo que explica las enormes diferencias en la respuesta internacional a la petición de ayuda militar entonces (a la España Republicana) y ahora (a la Ucrania actual).

Lo que ocurrió en España era una guerra entre la mayoría de la población, las clases populares de los distintos pueblos y naciones en España, frente a una minoría que deseaba mantener el orden económico y político existente (con la ayuda de la Alemania nazi y la Italia fascista) para poder preservar sus beneficios basados en las grandes injusticias existentes en aquel momento. Las clases populares estaban pidiendo cambios profundos en el injusto sistema económico y social vigente en España. 

Ello explica, por cierto, que el gobierno español democráticamente elegido no recibiera ninguna ayuda de las democracias europeas, debido a que los establecimientos políticos, económicos y mediáticos que gobernaban tales países tenían miedo de que sus propias clases populares fueran contaminadas por la movilización popular que había en este país. Solo la Unión Soviética y Méjico apoyaron al gobierno popular español. Las llamadas democracias occidentales no dieron ni un céntimo mientras que la Alemania Nazi y la Italia Fascista ofrecieron toda la ayuda militar que permitió la victoria del fascismo en España. 

La imagen de Guernica, bien reflejada en la pintura de Picasso, muestra el bombardeo de la población por parte de la aviación Nazi alemana en apoyo de los golpistas fascistas dirigidos por el General Franco. El contexto en el que el bombardeo ocurrió no podía ser más distinto del que ocurre en Ucrania hoy.

La guerra en tal país tiene una dinámica muy distinta y el gobierno ucraniano tiene una orientación política también muy diferente al gobierno de unidad popular existente en la República española. Ucrania es un país con gran concentración del poder económico en un sistema oligárquico en el que los cambios de gobierno (en un sistema democrático muy limitado e insuficiente) refleja más una alternancia de partidos de sensibilidad primordialmente nacionalista y escasamente social, lo cual explica la orientación conservadora neoliberal de los dos partidos históricamente mayoritarios, cuyo elemento diferencial es el nacionalismo y no la clase social de su electorado. 

De ahí, que la guerra de Ucrania ocurra en temas de carácter nacionalista que oculta políticas que debilitan al mundo del trabajo a costa del beneficio de grupos económicos y financieros internacionales. La reciente aprobación del parlamento ucraniano debilitando la protección laboral de la mayoría de los trabajadores ucranianos a fin de favorecer las inversiones extranjeras es prueba de ello (y de lo cual no se habla en ninguna parte en los medios internacionales). 

Es, en teoría, una guerra de nacionalismos dentro del sistema económico profundamente injusto y neoliberal, en el que las élites gobernantes que han dominado el pasado de este país continúan dominándolo ahora y continuarán haciéndolo en el futuro. De ahí que estén recibiendo tanto apoyo de los establishments políticos, económicos, mediáticos y empresariales occidentales. Precisamente lo opuesto a lo que ocurrió en España.  

¿Qué habría ocurrido en Ucrania si el gobierno hubiera tenido una composición semejante a la unidad popular de España, luchando para cambiar democráticamente el sistema político económico y enfrentándose con la sabiduría convencional de la globalización neoliberal? ¿Hubiera conseguido la ayuda que ahora está recibiendo? De ahí que la "lucha por la democracia" no puede ni debe limitarse a defender el statu quo, sino que debe incluir cambios substanciales de manera de que los que sufren más dentro de cada país puedan vivir mejor después. Es urgente y necesario que se pare la guerra que está causando tanta miseria, dolor, y mortalidad, y se antepongan los intereses de las clases populares de ambos lados del conflicto sobre los intereses de las minorías de siempre (industrias armamentistas, energías no renovables, oligarcas corruptos- no solo rusos sino también ucranianos y de países miembros de la OTAN, y políticos afines) que están utilizando la guerra para optimizar sus ganancias y beneficios. La lucha por la democracia debe ser mucho más que la lucha para mantener el estatus quo. Y esto es lo que está ocurriendo, a un gran coste para las clases populares de los dos bandos."            (Vicenç Navarro, Público, 08/09/22)

13/10/20

Respondiendo a Vox sobre el mito del «Oro de Moscú»

 "El 14 de septiembre de 1936 dio comienzo la evacuación de las reservas de oro y plata así como de billetes de curso legal de las cámaras acorazadas del Banco de España para su traslado a los polvorines de La Algameca en el puerto de Cartagena. De aquí la mayor parte del metal amarillo se transportó un mes más tarde en cuatro mercantes soviéticos a Odesa. 

Es la base del mítico “oro de Moscú”, una de las excusas, si no la más importante, que blandió la dictadura franquista para “explicar” la desastrosa situación de la que no salió la economía española durante los años cuarenta (añadió la segunda guerra mundial y, para colmo, el no menos mitificado “cerco internacional”).

También sirvió para arrojar al más tenebroso pozo de la historia al régimen republicano y a sus dirigentes, primero y ante todo, a los comunistas y  socialistas. De los primeros ya no se habla mucho. De los segundos no se cesa.

En este año de desgracia pandémica VOX ha encontrado, por consiguiente, al principal “culpable”. Véase el twit que ha enviado a este blog un amable lector:

Si en el lapso de un día o dos ese twit se reprodujo 153.000 veces servidor no aspira a que unos cuantos posts que se ríe a carcajadas tengan tamaña difusión. Diré, en principio, que aducir que  milicianos socialistas, en plan de gánsteres armados de ametralladoras Thomson, hicieran un atraco al venerable establecimiento de la plaza de la Cibeles madrileña es un poco exagerado. Que se llevaran “más de 500 toneladas” no lo es menos.

También diré que, salvo por VOX y su aparato mediático, pocas son las voces que se han levantado para recordar y maldecir tal supuesta efemérides del 14 de septiembre. A mí ni se me había ocurrido pensar en la fecha, pero no puedo permanecer en silencio (“quien calla otorga”) ante la desfachatez de ese partido y de cierta prensa que se ha hecho eco de sus estupideces.

La realidad es muy diferente del supuesto “latrocinio”. La evacuación del oro respondió a una necesidad perentoria. Después de la caída de Irún y de Talavera de la Reina las tropas sublevadas habían conseguido dos cosas: la primera, cerrar la frontera con Francia; la segunda, acercarse peligrosamente a Madrid. Esto había ocurrido en poco más de mes y medio desde que estalló la planeada revuelta contra la República con, ¿debemos subrayarlo una vez más?, la ayuda de dos reconocidos  supergánsteres internacionales como fueron Mussolini (que ya venía ayudando a los conspiradores desde 1932) y de Hitler (que se decidió a la semana de producido el golpe).

La idea de poner a salvo las reservas había aflorado en el mes de agosto con los anarcosindicalistas como principales proponentes. Sus proyectos los rechazó el Gobierno Giral y la CNT/FAI no se atrevió, lógicamente, a hacerlo por su cuenta y riesgo.

Los historiadores de VOX no han dicho nada, que se sepa, acerca del “oro de París”. Tampoco lo dijo la dictadura que probablemente desean blanquear. Pero el hecho, que descubrió servidor en 1974/75 y publicó al año siguiente (el libro fue inmediatamente secuestrado), es que a los pocos días del golpe, el 21 de julio, el Gobierno Giral empezó a preparar la expedición y venta al Banco de Francia de pequeñas cantidades de oro para obtener divisas papel (francos, libras esterlinas, dólares norteamericanos). Se necesitaban para adquirir armamento en el extranjero. (Los sublevados no tuvieron problemas: fascistas y nazis, cogiditos de la mano, suministraron a crédito y los primeros aviones italianos contratados el 1º de julio de 1936 los pagó Juan March, siempre generoso).

Tampoco se les ha ocurrido a los propagandistas de VOX decir una palabra que los sublevados se enteraron inmediatamente de lo que pasaba con el mítico ORO. Hasta el despreciable general Cabanellas, jefecillo de la autodeclarada Junta de Defensa Nacional, puso el grito primero en el cielo escribiendo al gobernador del Banco central del país vecino el 3 de agosto oponiéndose de manera insolente a todas las operaciones que ordenara el Gobierno español (la JDN se consideraba ya como tal, aupada en hombros por el fervor popular, pero también por las bayonetas y un terror ciego). El 8 escribió también al ministro de Asuntos Exteriores francés (Yvan Delbos, antirepublicano de pro) y más tarde a través de la prensa francesa y por último ante el Banco de Pagos Internacionales de Basilea.

Para encontrar las cartas hay que leer, al menos, algún libro, pero si van al portal del BOE (que seguro conocen) y buscan en la serie histórica los boletines de la JDN el decreto de la misma de 14 de agosto comprobarán que los sublevados estaban bien enterados de lo que pasaba. Se declaró como “delito de traición el cometido con las exportaciones de oro del Banco de España”. Luego hubo otro del 25 que, prepotentemente, declaraba nulas las operaciones resultantes. A finales de setiembre, conocida ya la salida de Madrid, Cabanellas tuvo el tupé de apelar nada menos que a la Sociedad de Naciones. Al gobierno republicano (regalo esta perla a VOX para su futura propaganda) lo calificaba el general de la blanca barca como “el Soviet de Madrid” y cabeza de una “banda internacional”. ¿No es bonito? El lector ve que no es necesario acudir, de entrada, a Franco.

Naturalmente, ni en agosto ni en septiembre de 1936 ningún país civilizado, ayudara a la República o no, iba a considerar “legítima” a una banda de salteadores de uniforme que se arrogaban hablar en nombre del pueblo español, además de representantes de la Nación. Fascistas, nazis y salazaristas terminarían haciéndolo, pero todavía habría de pasar algún tiempo. No se les adelantaron ni siguieron muchos: solo un par de pequeñas repúblicas centroamericanas dirigidas, ¡cómo no!, por militares.

Pregunta a VOX: si los milicianos socialistas arramplaron con el 72 por ciento de las reservas metálicas del Banco de España, ¿adónde fue el 28 por ciento restante? ¿Lo rescató acaso el “Caudillo” a lo largo de sus cuarenta años de “magistratura”? ¿Se volatilizó en una atmósfera corrosiva que deshacía el metal amarillo como si fuera un disolvente venusiano? Misterio.

Pues no. No ocurrió nada de eso. Fue siempre una moda de los historiadores franquistas confundir al personal (quiero decir a sus lectores) la no recuperación del oro vendido al Banco de Francia con el oro remanente que quedó en el país vecino, a consecuencia de la devaluación del franco, del depósito que en sucursal del Banco emisor francés en Mont-de-Marsan la República hizo en 1931. Ese remanente pertenecía a España pero los tribunales franceses, siempre respetuosos con el honor de Marianne, hicieron todo lo posible por no retornarlo a los republicanos hasta que, ¡oh, milagro!, se reconoció a Franco en febrero de 1939 y poco más tarde se devolvió a este. Confundir churras con merinas es un artilugio muy querido de ciertos historiadores pero el oro de Mont-de-Marsan nunca fue el “oro de París”.

La salida del oro de Madrid fue una medida de prudencia. También salió de la capital el Gobierno republicano a principios de noviembre (algunos hablaron en la época de huida). Sin oro, no era posible mantener la resistencia. España apenas tenía divisas. Había acumulado oro amonedado (no como algunos autores norteamericanos o franceses dicen del tiempo de los aztecas) y sobre todo en lingotes y es cierto que, en términos de reservas metálicas, las españolas eran las cuartas del mundo (después de USA, Francia y Reino Unido, aunque excluyendo de la comparación las soviéticas). Así que el dilema era evidente (aunque tal vez no haya calado en los dirigentes de VOX): si caían en poder de los sublevados, adiós, bye-bye, a toda posibilidad de resistencia; si no caían, pero Madrid quedaba aislada o con comunicaciones cortadas, ¿cómo iban a utilizarse desde la Plaza de la Cibeles? Es muy verosímil que, de haber permanecido en la capital, Franco hubiese mostrado algo más de interés por tomarla a sangre fuego y no se hubiese demorado.

¿No saben los historiadores de dentro de VOX, si es que hay alguno, lo que hicieron varios países de cara al posterior conflicto europeo? Recordémoslo a ellos y también a los lectores. Por ejemplo, los franceses, que se suponía disponían del mejor ejército de la época (no era el caso del español),  empezaron en noviembre de 1939 (a los dos meses de estallar el conflicto) a enviar oro a Nueva York, Fort-de-France (capital de La Martinique) y Kayes (en la colonia que hoy es Mali). Los belgas enviaron las suyas a Francia (y cayeron en poder de los alemanes, ¡quelle douleur!, por lo cual les fueron restituidas después de la guerra gracias al oro depositado en Nueva York). Los expertos mencionarán otros ejemplos. Hay para toda una panoplia de gustos.

En definitiva, el Gobierno republicano fue prudente. Tuvo la autorización del presidente de la República merced a un decreto reservado (de la víspera) del presidente Azaña. En esto también se seguían precedentes. Las ventas de oro se legalizaron a posteriori, pero con la vista puesta en otras siguientes, por otro decreto de igual característica del 30 de agosto, es decir, bajo el Gobierno Giral. “En evitación de posibles alarmas en el interior y recelos en el exterior, interesa quede en suspenso su publicación hasta que el Gobierno lo considere oportuno”. Normal.

¿Piensan los propagandistas a sueldo de VOX que tales operaciones deberían haberse voceado por los mercadillos y pasado por las Cortes? Si es así serían un tanto ignorantes. Incluso el tan amado Caudillo se parapetó detrás de un artilugio fenomenal, su voluntad fue ley, trasunto aprovechado del Führerprinzipnazi para, entre otros resplandecientes actos, hacer legal sus apropiaciones de dineros que no le pertenecían ¿Han dicho algo al respecto? No me consta. Lo cual es sorprendente porque tal principio duró tanto como él en vida.

A mitad de septiembre las milicias socialistas (más comunistas, anarquistas, republicanas, etc) se dedicaban preferentemente a luchar como podían para contener a los sublevados. ¿Iban a hacerse cargo del traslado? En realidad todo apunta a que los del PSOE estuvieron en lugar secundario. El acondicionamiento de las cajas necesarias para el traslado se hizo por cuenta del Gobierno y con la vigilancia de números de los Carabineros (que dependían del Ministerio de Hacienda y se habían mostrado leales) mientras se entregaban a la labor los empleados correspondientes y, en particular, los miembros del sindicato de Banca y Bolsa. Hay varios testimonios al respecto. ¿No los conocen los expertos de VOX?

Finalmente, ¿qué tiene que ver esto con la “memoria histórica”? Nada. Lo que hay es historia. Documentada. Analizada. Expuesta al público (con toda modestia por un servidor en repetidas ocasiones pero ya desde 1976). Y sobre los 140 años de historia, en lo que se refiere a latrocinios, encomiendo encarecidamente a los panfletarios voxistas que empiecen a refutar, documentalmente, la extensa experiencia de depredación de las élites españolas durante la Restauración y la dictadura primorriverista, como ha efectuado hace pocos meses Paul Preston en su último libro.

Mientras  los trileros de VOX recargan pilas invito a los lectores que tengan la amabilidad de echar un vistazo a una antología de los ilustrados comentarios de quienes se han dejado embaucar por tan significado partido.

Aquí va una muestra: 

https://twitter.com/hashtag/OroDeMosc%C3%BA?src=hashtag_click "       (Ángel Viñas, Sin Permiso, 10/10/20)

14/6/16

Franco ganó la guerra gracias a la gasolina norteamericana de la Texaco Oil

"Adam Hochschild recuerda en su nuevo libro ‘Spain in Our Hearts: Americans in the Spanish Civil War, 1936-1939’ la aportación de todos los norteamericanos que sintieron como propia la guerra civil española y que la eligieron para luchar contra el fascismo. 

En su obra también aparece una figura menos conocida en España, pero fundamental para la supervivencia del bando franquista. Torkild Rieber, máximo jefe de la petrolera Texaco, es ese hombre. “Siempre pensaba que era mejor hacer negocios con los autócratas que con las democracias”, según un amigo suyo citado por Hochschild. 
“Decía que con un autócrata sólo tenías que sobornarlo una vez. Con las democracias tienes que hacerlo una y otra vez”.

Como admirador de Hitler y los fascismos europeos, Rieber no esperaba preocuparse por los sobornos a Franco. Su petróleo y su dinero eran el mejor regalo que podían esperar los militares sublevados.
“En 1935, la República española firmó un contrato con Texaco, ya dirigida por Rieber, que convertía a la empresa en la principal suministradora de petróleo de España. Al año siguiente, después de que Franco y sus aliados se lanzaran a por el poder, Rieber cambió de opinión y apostó por ellos.
Sabiendo que camiones, tanques y aviones no sólo necesitaban combustible, sino también aceite y otros productos para los motores, el consejero delegado de Texaco ordenó rápidamente el envío de suministro a través del puerto francés de Burdeos con un petrolero de la compañía con destino a los necesitados nacionalistas. Fue un gesto que Franco no olvidaría.
Los altos cargos nacionalistas enviaron mensajes con el argumento de que, por mucho que necesitaran el petróleo de Texaco para sus militares, tenían un agudo problema de dinero. Rieber respondió de inmediato con un telegrama –”no se preocupen por el pago”– que se hizo legendario en el círculo más cercano al dictador.
No es una sorpresa que poco después fuera invitado a Burgos, al cuartel general de la insurgencia nacionalista, donde prometió cortar las ventas de combustible a la República, mientras garantizaba a Franco todo el petróleo que necesitaba”.
Ese apoyo era ilegal, según la legislación norteamericana, pero eso nunca fue un obstáculo. Todo lo más, Texaco fue multada con 22.000 dólares.

Petróleo, dinero y también información. Los petroleros que la República utilizaba para importar crudo y combustible fueron hundidos gracias a la información facilitada por Texaco a la que la compañía tenía acceso por su conocimiento del tráfico marítimo internacional.

Cuando Franco ganó la guerra pagó todo lo que debía a Texaco. Según Hochschild, Rieber vendió a los franquistas petróleo por valor de 20 millones de dólares (equivalentes a 325 millones de hoy). Además del dinero que debía, Franco concedió a Rieber la Gran Cruz de Isabel la Católica."               (Guerra eterna, 15/05/16)

17/4/11

"Las historias de Europa y España hubieran sido muy distintas si la República hubiera ganado y el fascismo hubiera sido derrotado en España"

"Durante muchos años se ha desconocido, ignorado o silenciado el periodo republicano que se extendió de 1931 a 1939. Excepto en círculos académicos y en libros pertenecientes a la bibliografía historiográfica, la República ha sido una página desconocida de la historia de España, excepto en la versión promovida por la dictadura implantada por el general Franco que dio una imagen profundamente negativa de aquel periodo.

Es importante reconocer esta distancia entre lo analizado en los textos históricos (de escasa difusión en el país) y lo conocido por la mayoría de la población. Las encuestas señalan un desconocimiento muy notable de lo que fue la República en grandes sectores de la ciudadanía. Podría parecer que las cosas cambian. (...)

¿Por qué, salvo contadas excepciones, este silencio sobre la República en los foros –como la televisión– donde se reproduce la cultura popular? La respuesta es clara. Se debe al enorme dominio que las fuerzas conservadoras tuvieron en el proceso de Transición de la dictadura a la democracia y su intento de no mirar al pasado.

Este pasado incluía no sólo la dictadura sino, muy en especial, la República. Este intento de olvido por parte de las fuerzas conservadoras es comprensible, pues la historia de la República fue la historia de la resistencia provista por sus antecesores a las reformas propuestas por el Gobierno republicano, tanto en el periodo 1931-1933 como en 1936-1939.

Ni antes (ni después) se han hecho reformas más sustanciales que en aquellos periodos y ello como resultado del poder de las izquierdas, nunca después igualado. No ha habido un periodo histórico en España en que hubiera tantas reformas en tan poco tiempo.

Como bien afirma Helen Graham en su revisión histórica de la República, el programa de reformas de esta fue enormemente ambicioso. Republicanos y socialistas habían estado esperando durante muchos años aquella oportunidad. (...)

La República introdujo la Seguridad Social (por un ministro socialista, Largo Caballero), intentó universalizar la enseñanza (un programa enormemente popular que explica la selectividad de la represión fascista en contra del magisterio republicano), introdujo el aborto y el divorcio (por una ministra anarco-sindicalista catalana, Federica Montseny), introdujo elementos de la reforma agraria, desde Andalucía al Bajo Ebro, introdujo reformas en el Ejército, lleno de generales de probada ineficacia, introdujo el laicismo (intentando reducir la misión de la Iglesia en la enseñanza), y un largo etcétera.

Ni que decir tiene que hubo también muchos errores e insuficiencias. Pero no debería olvidarse que la República fue la época de mayor creatividad legislativa reformista que ha habido en el Estado español.

El enorme entusiasmo popular que ocurrió a raíz tanto del establecimiento de la República como de la victoria del Frente Popular, era un indicador del deseo de las clases populares de hacer cambios y reformas sustanciales. El mundo occidental estaba en medio de la Gran Depresión y la fortaleza del movimiento obrero estaba asustando a las estructuras de poder de los países europeos.

Tales estructuras estaban viendo el surgimiento del nazismo y del fascismo como el único dique capaz de parar este movimiento obrero. De ahí que los establishments financieros, económicos y políticos tuvieran simpatías con el nazismo en Alemania y el fascismo en Italia.

Un caso representativo fue la monarquía británica, en la que las conocidas simpatías de Eduardo VIII por el nazismo hicieron que tuviera que abdicar del trono, hecho ocultado en la película El discurso del rey. Confirmando esta percepción, al año de abdicar hizo su viaje de novios a Alemania, saludando a Hitler con el brazo en alto en múltiples ocasiones y rodeándose de personajes próximos al nazismo.

En Francia, y a pesar de estar gobernada durante un periodo por las izquierdas, había gran preocupación por las reformas que estaban ocurriendo en España, pues el mundo empresarial y el funcionariado francés –profundamente conservador– estaban inquietos y la política del Gobierno francés era la de calmar a tales grupos. (...)

La Unión Soviética no deseaba una radicalización de tales reformas (lo que menos deseaba era que hubiera una revolución bolchevique, versión española, tal como erróneamente se presenta en el serial La República), pues, consciente de que el nazismo era su peor enemigo, quería establecer una alianza con las democracias occidentales en un frente anti-Hitler.

Este contexto europeo explica que cuando se dio el golpe militar contra un Gobierno democráticamente elegido, el resto de países democráticos se sumara al vergonzoso Pacto de No Intervención.

Los establishments europeos, temerosos del peligro de contagio reformista entre sus clases populares, simpatizaron con el nazismo y firmaron, además del Pacto de No Intervención (que dejaba a la República sin ayuda militar), el Pacto de Múnich en 1938, en el que el Gobierno Chamberlain del Reino Unido cedía a Hitler parte del territorio europeo a la Alemania nazi.

La Unión Soviética, que había apoyado el Pacto de No Intervención, lo rompió cuando vio el apoyo masivo de Hitler y Mussolini al general Franco. Sin tal ayuda, la República hubiera terminado y colapsado.

Un personaje nada sospechoso de simpatías comunistas, Winston Churchill, que había presionado para la abdicación de Eduardo VIII, se opuso al Pacto de No Intervención, acusando al establishment británico de anteponer su interés de clase (temerosos del reformismo republicano español) a sus obligaciones nacionales.

Churchill agradeció el apoyo militar de la Unión Soviética a la República, que la salvó transitoriamente, así como más tarde definió a aquel país como el que había derrotado al nazismo en Europa (con sus 22 millones de muertos).

Las historias de Europa y España hubieran sido muy distintas si la República hubiera ganado y el fascismo hubiera sido derrotado en España." (El recelo de las élites europeas, Artículo publicado por Vicenç Navarro en el diario PÚBLICO, 14 de abril de 2011, citado en www.vnavarro.org, 14/04/2011)

16/4/10

Un banco británico asfixió financieramente al gobierno republicano. Fue otra de las traiciones que le forzaron a jugar la carta soviética

"En realidad, en Inglaterra sobre todo, se intervino contra la República. Uno de los ejemplos más notables de tal hostilidad ha quedado oculto hasta ahora en la oscuridad de los archivos.

Como toda buena puñalada que se precie, la inglesa coincidió con un momento de suma gravedad: la crisis militar y política que llevó al cambio de Gobierno en abril de 1938, cuando Prieto salió del Ministerio de Defensa Nacional y Negrín asumió sus responsabilidades. Ríos de tinta se han vertido sobre las implicaciones.

Fue entonces cuando se produjo una maniobra secreta que ilustra hacia dónde apuntaban los tiros en Londres. Un banco inglés, el British Overseas Bank (BOB), suspendió de golpe las transferencias de divisas que alimentaban la diplomacia y la política exterior republicanas. De la noche a la mañana, embajadas, legaciones, consulados generales y consulados dejaron de percibir los fondos que enviaba el Banco de España desde Barcelona.

Sin dinero no es posible funcionar. No se cobraron sueldos. No se pagaron alquileres. Los saldos de las cuentas bancarias en el extranjero se agotaron. Los alaridos fueron generales, de Argentina a Suecia, de Filipinas a Moscú. Las finanzas son el nervio de la guerra. La parálisis que indujo el BOB pudo ser mortal. El daño que causó, incalculable. El golpe a la moral, mayúsculo. (...)

En abril de 1938 Meinertzhagen intentó asestar un golpe letal a la diplomacia y a la resistencia republicanas. Lo hizo con frialdad y desprecio, profesionalismo y alevosía total. El día 4 anunció por telegrama que con efectos inmediatos suspendía las transferencias de fondos. (...)

El amable lector se preguntará cómo evadió la República las consecuencias de la puñalada. La respuesta es que, a pesar de todos los esfuerzos realizados, tuvo un coste elevado. Muchos diplomáticos no recibieron sueldos durante meses. Las embajadas y consulados se instalaron en la precariedad. Las deserciones y los desplomes de moral aumentaron. La rapidísima actuación de las autoridades republicanas es, sin embargo, ilustrativa. Justifica, a mi entender, el análisis detallado de lo que a todas luces fue una operación extremadamente meditada y conducida con maestría. Confrontados con un desplome del crucial frente exterior, Negrín y el Banco de España no tuvieron otra alternativa que recurrir a los buenos oficios del aparato bancario soviético asentado en Occidente. No podía ser una solución óptima, ya que los rusos no conocían bien la base financiera de la diplomacia republicana. (...)

¿Qué conclusiones cabe extraer de este episodio? Al menos tres.

La primera es que la apenas encubierta hostilidad de ciertos círculos influyentes de las potencias democráticas y de algunos representantes del capitalismo británico empujaron a la República, en contra de su voluntad, a jugar la carta soviética. Esta constatación no es nueva en modo alguno. Ya la afirmaron los republicanos, aunque después la olvidaran en las querellas del amargo exilio. Es, no obstante, una conclusión que los autores neofranquistas y quienes no han superado los moldes conceptuales de la guerra fría continúan ignorando.

La segunda conclusión es que el honor británico no lo salvaron los burócratas de Whitehall ni los banqueros de la City. Lo salvaron, para la historia, los hombres y mujeres que o lucharon en las Brigadas Internacionales o ayudaron de múltiples formas a la República contra la agresión nazi-fascista y la enemistad de algunos de los sectores más conservadores de su propia sociedad." (ANGEL VIÑAS. Una puñalada inglesa a la República. El País, ed. Galicia, 15, /04/2010, p. 31)