"Mariana Mazzucato es uno de los nombres más
mencionados últimamente en el ámbito económico, y tiene su lógica. En un
instante en que incluso los ámbitos más ortodoxos han percibido la
necesidad de cambios, y constatada, al menos en el plano intelectual,
que la salida de esta crisis no puede ser como la anterior, se han
buscado nuevas fórmulas para afrontar tiempos difíciles.
Las ideas de
Mazzucato han tenido su instante de auge, y han sido examinadas y valoradas (aunque sin demasiada convicción) por buena parte de los gobernantes occidentales, Pedro Sánchez
incluido. El último libro de Mazzucato 'Misión Economía' (Ed. Taurus),
una suerte de resumen para todos los públicos de sus tesis, ha
contribuido a lanzar el debate sobre el sentido y la dirección de las
acciones gubernamentales en la era pospandemia.
La perspectiva de Mazzucato,
que aboga decididamente por la colaboración público-privada, toma un
hecho histórico, la actividad enorme que se puso en marcha para
conseguir que EEUU llegara a la Luna, ("un descomunal ejercicio de
resolución de problemas"), como espejo en el que estos tiempos deberían mirarse.
Fue una iniciativa en la que el sector público tomó el mando, y de la
que formaron parte empresas pequeñas, medianas y grandes en múltiples
ámbitos. El Gobierno necesitó de la colaboración en muchos sectores
diferentes, desde la informática, hasta la nutrición o la creación de
nuevos materiales. El gobierno estadounidense utilizó grandes cantidades
de dinero para conseguir ese propósito, pero lo desarrolló mediante
contratos breves, claros y muy ambiciosos.
Si el sector privado no cumplía lo estipulado, la NASA
no pagaba hasta que la solución fuera la correcta. Si tenían éxito,
esas empresas crecían, ya que contaban con nuevos mercados que les
abrían las compras del Gobierno, y ampliaban su campo de operaciones.
Ambos sectores salieron beneficiados, y el objetivo último, la llegada a
la Luna, se cumplió con enorme éxito. Esa experiencia, insiste Mazzucato, que implica colaboración público-privada bajo la dirección de los gobiernos,
es la que deberíamos aplicar ahora, ya que sería extremadamente útil en
un momento de cambio estructural con los riesgos generados por el
cambio climático de fondo.
PREGUNTA. El papel del Estado es una de las grandes
objeciones que se ponen a su proyecto. Hay mucha animadversión respecto
del liderazgo de los Estados, vale decir, de los liderazgos políticos.
En las 'misiones' que propone, este papel central del Estado es crucial.
¿Por qué es temido por muchas personas, y muchas de ellas en puestos de
decisión económica y política?
RESPUESTA. Como sabes, hay mucha ideología en el tema del Estado, y yo
he tratado de ir más allá de ella. El Estado siempre ha sido importante,
pero cuando no tenemos una teoría clara de lo que debería hacer,
el Estado se vuelve lento y aburrido, y adopta un papel equivocado. En
Italia lo vemos claramente, porque no hay una relación dinámica entre
Estado y empresas: hay una relación muy potente, pero no es el tipo de
Estado que defiendo.
Yo utilizo el programa Apolo como ejemplo. Las
empresas invirtieron mucho para llegar a la Luna, en industria,
nutrición, software, etc., pero fue el Estado el que dirigió el proceso,
ya que tenía una misión y un plan. Y para hacerlo tuvo que rediseñar su
organización, y hacerlo todo más dinámico y más horizontal, con más
comunicación entre departamentos, con una nueva política de compras y
utilizando los créditos para galvanizar y catalizar la inversión del
sector privado de modo que fueran unos socios adecuados.
Esto ahora no lo hacemos,
porque tenemos subsidios, garantías y demás, pero sin ningún objetivo
claro acerca de lo que se necesita hacer. Las plataformas digitales
—toda la tecnología en nuestros teléfonos— han sido financiadas por
Estados, pero no han gobernado ese proceso para que respondiera a una
finalidad y ahora nos encontramos ante la tragedia de que las compañías
tecnológicas abusan de su poder. No era inevitable, podíamos haber
gobernado a ese sector.
Y no estoy hablando de que el Estado lo haga
todo, pero sí de que debemos tener una visión acerca del tipo de
mercados que necesitamos: en lugar de, como dicen los economistas en sus
teorías, que el Estado arregle los problemas del mercado; lo que digo
es que tenemos que conformar, cocrear y coproducir el mercado. Y para
hacerlo necesitamos capacidad dentro de la administración pública, cosa
que no tenemos.
Hemos diezmado su capacidad, hemos subcontratado el cerebro de nuestras instituciones. Y la NASA,
con el programa Apolo, era consciente de cómo debían hacerse las cosas.
Se trataba de conformar un partenariado, de transformar esa relación
para que se asumieran riesgos conjuntamente, pero con objetivos comunes.
Hoy el objetivo no es la Luna, sino sacar el plástico del océano,
resolver el problema de la división digital que tenemos en todas las
partes del mundo, convertir las ciudades en neutras en carbono, y todo
esto necesita inversión pública y privada. Mi tesis es que, a causa de
la ideología, ya no sabemos cómo trabajar juntos, que es a lo que te
referías en tu pregunta.
P. Su
propuesta de las 'misiones' suelen enfocarse en la economía verde. Pero
puestos a cambiar de rumbo, y entendiendo la importancia del cambio
climático, ¿por qué no hacer la misma operación con la economía
occidental en su totalidad? ¿Por qué no un 'New Deal', y no solo un
'Green Deal'?
R. En el libro no hablo solo de
'green', también lo hago de salud, de plataformas digitales, de
división digital. Durante el confinamiento, hemos visto que muchos niños
del mundo no han tenido acceso a las oportunidades de lo digital. Y de
todos los objetivos de desarrollo sostenible, de los 17, no hay ni uno
que pueda ser inspirador a la hora de galvanizar las inversiones entre
lo público y lo privado. El problema es que muchas empresas prefieren simplemente recoger garantías, rescates y fondos y no devolver nada.
En muchas partes del mundo no hay suficiente inversión en negocios. Un
amigo mío dice que Brasil tiene capitalismo sin capitalistas y así suele
ocurrir en muchos lugares del mundo. Existe esta inercia en el sector privado,
pero también hay muchas empresas innovadoras y lo que subrayo es que
hay una oportunidad de innovación, de inversión, de cambio estructural
que permita perseguir objetivos que interesan a toda la sociedad. No son
solo verdes, también incluyen un sistema sanitario más fuerte y sólido o
la redefinición de lo que significa vivir de una manera más sostenible y
saludable, con nuevas maneras de distribuir y de producir.
Para alcanzar ese objetivo, la relación entre el Estado y las
empresas debe tener una condicionalidad vinculada con la innovación para
ayudar a resolver problemas, pero sin que el Estado microgestione el
proceso, porque si no dañaría a la innovación. Tenemos que estar
abiertos al cómo, pero con una idea clara de hacia dónde vamos.
Fijémonos en los fondos de recuperación del covid: se ha dado mucho
dinero a muchas empresas sin ningún propósito, sin ninguna dirección, y eso es una estupidez, una oportunidad perdida.
Respecto del 'Green Deal', el 'Green' ya sabemos cómo va, lo que no
sabemos es cómo va el 'Deal'. Necesitamos una nueva manera de crear un
contrato social, un acuerdo que realmente fomente asociaciones que sean
dinámicas y no parasitarias. Ahora tenemos un partenariado entre lo
público y lo privado que es muy complicado y parasitario, y no es por
culpa de las empresas, sino por culpa del Estado, que ha perdido la
capacidad de gobernar de una manera dinámica.
P.
Gobernar de forma dinámica es difícil cuando existen empresas y
sectores empresariales que cuentan con mayor poder que muchos Estados.
¿Cómo se logra dirigir a ese tipo de firmas, en general reacias a
aceptar el papel de los gobiernos, hacia los propósitos marcados por los
Estados? Es un problema que podemos tener con los fondos de
recuperación, y lo hemos visto con las compras de bonos o con los
subsidios en Occidente, que finalmente se han convertido en mero
parasitismo de los fondos públicos.
R.
Te daré algunos ejemplos. En Francia, el ministerio de finanzas le dijo a
Air France y a Renault que para recibir el dinero de la recuperación
tenían que reducir las emisiones de carbono en 5 años. En Dinamarca o en
Austria, les dijeron que tenían que comprometerse, para recibir fondos,
a dejar de utilizar paraísos fiscales; si quieres dinero público tienes
que someterte a estas condiciones. Elizabeth Warren, antes de Biden, dijo que para recibir parte de los fondos
las empresas estaban obligadas a no utilizarlos para recomprar
acciones. La clave es reinvertir en la economía y si las empresas no
quieren hacerlo, no hay ningún problema, pero no pueden recibir dinero
público; si no quieres, pues hasta luego, Lucas.
No obligas a las empresas a nada, solo impones tus condiciones. Si
nos fijamos en el sector de la salud, es increíble, hay tanto dinero
gastado por los gobiernos, en EEUU 40.000 millones al año, que se
utilizan en innovación para la salud, en fármacos, vacunas, terapias,
etc., y, sin embargo, los precios de los fármacos no reflejan esto.
Por
lo tanto, es un pacto estúpido, porque el Estado está invirtiendo
dinero, pero no lo gobierna en beneficio de la gente, de forma que en EEUU
muchos de sus ciudadanos no se pueden permitir una cobertura sanitaria.
En Europa, el Estado paga dos o tres veces por la misma cosa, porque
las empresas farmacéuticas se benefician de la financiación, ponen el
dinero donde quieren y luego encima el Estado subsidia. Y eso es
estúpido, porque el Estado no debería estar financiando dos o tres veces
la misma cosa.
Para cambiar esta dinámica se precisa
confianza, capacidad y mentalidad de inversión. A menudo digo que el
Estado debería ser como un emprendedor. No estamos hablando de
comunismo, sino de que si queremos un crecimiento basado en la innovación,
y que la innovación se plasme en la energía, en la salud, en internet,
no deberíamos simplemente inundar el sistema con inversión, sino que hay
que gobernar ese sistema para que en los países democráticos las
personas se beneficien de lo que se hace con sus impuestos.
Por eso, creo que si las empresas tuvieran una asociación con un
Estado más fiable, todo funcionaría mucho mejor; sin embargo, hay
Estados que prefieren que su Gobierno reparta dinero estúpidamente. Hay
empresas que sí se preocupan del largo plazo, y por tanto el Estado
debería ser mucho más selectivo a la hora de decidir con qué empresas
quiere trabajar, como aquellas que se preocupan por el crecimiento
inclusivo y sostenible.
Evidentemente, en esa asociación las empresas
deben tener beneficios, porque no hablamos de caridad, pero deben ser
justos. La NASA
tenía una cláusula en sus acuerdos según la cual los beneficios no
podían ser excesivos. Es importante que se compartan riesgos y
recompensas, evitando que esto se convierta en un casino. Y si ves a Elon Musk en los últimos 15 días, esto parece un casino.
P.
Hay mucho dinero destinado a la inversión, el problema es que casi todo
se dedica a una inversión financiera y especulativa. En la pandemia ha
vuelto a ocurrido, que la liquidez de los bancos centrales ha tenido un
destino poco relacionado con la economía productiva. ¿El gran cambio
consistiría en devolver ese dinero a la esfera real, a la productiva?
¿Cómo se convence a los poseedores de grandes cantidades de capital que
no quieren saber nada de la economía real?
R.
Exactamente, este es el problema. En mi libro anterior, 'El valor de
todo', analizaba estos dos problemas. El primero consiste en que la
mayor parte de la financiación y de los beneficiosos regresa a las finanzas,
a lo que en inglés se denomina FIRE (Finance, Insurance, Real Estate), y
esto es lo que provocó la burbuja de la vivienda, porque el dinero no
se pone en la economía real, sino en otras partes del sector financiero.
El otro problema es que la economía está financiarizada,
y los dos problemas podrían ser resueltos si las empresas no pusieran
solo dinero en la parte especulativa, sino en la capacidad productiva,
en la formación de trabajadores, en nuevos materiales, en nuevos tipos
de innovación. Pero eso exige una dirección para esa inversión, una
misión, un propósito.
Si tuviéramos unos objetivos globales y nos
asegurásemos de que tanto las subvenciones y ayudas como las cantidades
que el Banco Europeo y otros ponen en la economía se destinan a invertir
en áreas claras, para que sepamos lo que sucede y para qué, sería una
manera de garantizar la economía que queremos. Pero la financiarización
de la economía que mencionabas se debe al hecho de que los gobiernos no
son ambiciosos con sus herramientas.
P. Uno de los mayores problemas que nos podemos encontrar
con los fondos de recuperación, y en España será muy importante, es que
si no se utilizan de un modo inteligente generarán alivio momentáneo,
pero ningún cambio a medio plazo. Si no se emplean en fomentar una
actividad económica continuada, si no se crean empresas y puestos de
trabajo, supondrán no solo una oportunidad desaprovechada, sino un
problema añadido, porque los fondos son deuda que debe devolverse.
R. Ahora mismo tenemos un nivel muy alto de deuda privada, parecido al
de antes de la crisis financiera, creada por la deuda privada, no
pública. Si inundas el sistema de préstamos, tendrás más deuda. Si no
han aumentado los salarios en 30 años, no deberías asumir una hipoteca,
sería más inteligente disponer de vivienda social.
Alemania tiene un
programa de alquiler social muy importante para que la gente no tenga la
obsesión de comprar casa; en Reino Unido
hay programas para que el Gobierno te ayude a comprar una vivienda.
Pero también es cierto que, en la anterior crisis, la mayor parte del
dinero dado por el gobierno y por los bancos centrales volvieron a los
bancos y al sector financiero y por eso tenemos ahora una economía muy
financiarizada.
Si no garantizamos que los instrumentos que utilizamos no aumentan simplemente la deuda en las empresas o en las personas, si no van a parar a la economía real,
si no reducen la división digital, si no crean otro tipo de
infraestructuras, estamos perdiendo una oportunidad. Tenemos que estar
seguros de que no solo contamos con proyectos aislados de un ministro de
aquí o de allá, sino con proyectos que realmente duren, que formen
parte de un cambio sistémico. No se trata de inundar el sistema con
proyectos aleatorios, sino de que la suma del sistema sea mayor que la de sus partes.
P. Si comparamos las distintas reacciones a la pandemia que se
han experimentado en los países occidentales, parece claro que EEUU ha
sido mucho más ambicioso que la Unión Europea. Veremos en qué se
concretan los planes de Biden, pero desde luego parecen mucho más
contundentes y mejor orientados.
R. Hice un trabajo para la Comisión Europa en el que intentaba
ayudar, con esta perspectiva de la 'misión', al programa Horizon de
crecimiento sostenible, pero al final no se concretó en nada. Mi idea es
que esta orientación hacia la misión tiene que estar en la parte
superior de la acción. El 'Green Deal' no va a funcionar si no está
orientado hacia una misión, hacia la solución de problemas estructurales
en la economía real.
Como decía antes, Italia, España,
Portugal, y muchos otros países, han subcontratado el 'cerebro' de los
gobiernos a consultoras como McKinsey, que han orientado el destino de
los fondos del programa de recuperación. Esto es una locura porque
estamos reduciendo el talento de un país a una empresa de consultoría. Y
no tiene sentido ser ambicioso si no sabes cómo implementar los planes.
En EEUU sucede lo mismo, también han subcontratado mucha capacidad gubernamental. Pero ahora, con Biden,
hay una infraestructura gubernamental potente, un plan tipo pacto verde
y una parte ya ha pasado por el Congreso, pero si no aterriza en
estructuras que no puedan ser absorbidas por las finanzas, solo
estaremos hablando de más finanzas.
Alexandria Ocasio-Cortez decía que
teníamos que invertir en personas, en talento y en capital humano que
realmente puedan dar respuesta a este pacto, porque si no, tienes el
sistema lleno de carreteras y de puentes, pero se olvida que la parte
verde necesita otro tipo de trabajador profesional, con talento y
aptitudes específicas. Vamos a ver si el plan Biden incluye todo esto,
porque, en otro caso, no se va a crear una transformación real. Pero sí,
sus planes son mucho más ambiciosos de los que se tienen aquí.
P. Una de las grandes fortalezas chinas ha sido precisamente
su planificación, que ha sabido operar a largo plazo, con objetivos
claros y con una evidente dirección estatal. Esta planificación, que una
vez fue un distintivo occidental, está ahora completamente ausente.
¿Hasta cuándo podemos seguir compitiendo con China sin incluir la
planificación, el medio plazo y los objetivos claros que impulsen otro
tipo de futuro? ¿No parte China con mucha ventaja?
R. Sí, Europa como región compite con China y con EEUU,
pero quiero subrayar una cosa muy positiva, y es que la recuperación
europea no ha sido resuelta como en la crisis económica anterior, con
políticas de austeridad, y creo que España redujo en un 40% la
investigación y el desarrollo porque toda la obsesión era la reducción
del déficit.
Esa fue una política estúpida que, en realidad, aumentó la
deuda pública porque no fomentaba el crecimiento a largo plazo, y por
eso el PIB se redujo. Esta vez las condiciones para la recuperación
tienen que ver con el clima y la digitalización, y no con la austeridad,
y se trata de un cambio muy positivo. Dicho esto, el plan es mucho
menos ambicioso que el estadounidense, como ya ocurrió en la crisis
anterior, de la que EEUU salió mucho más reforzado.
China, desde mucho antes del covid, ha estado invirtiendo en torno a
este 'Green Deal' unos dos billones, más que la UE y que EEUU, y ha
cambiado completamente el sistema de fabricación y la base manufacturera
con un plan a largo plazo. Así que quizá el covid pueda servir para que
los gobiernos europeos se den cuenta de esto, y el hecho de que esta
inyección masiva de liquidez esté vinculada a unos objetivos básicos,
creo yo, es el resultado de ver lo que están haciendo China y EEUU.
Vuelvo al tema: si la capacidad y el talento del sector público no se
centran en esto, no funcionará. China tiene un servicio mucho más meritocrático,
puedes ascender más que en otros sistemas gracias a la meritocracia. En
el Reino Unido si no has ido a Oxford y Cambridge no puedes entrar en
esa vía rápida de ascenso del funcionariado. Tenemos esa manera de pensar un poco antigua, y hay más ideología que en China.
Es curioso ver cómo China se aleja de la estrategia de mano de obra
barata en pro de la innovación mucho más rápidamente que EEUU y Europa. Y
con la innovación, el que hace la primera jugada va más rápido, y el
que llega tarde se queda atrás. Los EEUU siguen siendo los mejores en la
tecnología de la comunicación porque fueron los primeros, y algo
similar le pasó a Alemania con la máquina herramienta. Y con la
revolución verde, el hecho de que China empezara a hacer inversiones
mucho antes les ha dado mucha ventaja, y vemos lo resultados, van
adelantados.
Mientras, Europa se está preguntando a ver qué hace.
También es cierto que en Europa hay países más ambiciosos: Dinamarca es
el mayor proveedor de servicios digitales verdes de alta tecnología a
China, y Dinamarca es un país pequeño y eso fue por un montón de
empresas jóvenes que se lanzaron e invirtieron en nuevos proyectos.
Países como España o como Italia, y España está mejor que Italia,
por cierto, sin una visión de lo que se desea hacer, no van a poder
desarrollar la capacidad del sector empresarial, como por ejemplo en los
servicios digitales o de alta tecnología."
(Entrevista a Mariana Mazzucato, Esteban Hernández, El Confidencial, 01/08/21)