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10/8/23

Las mujeres también cazaban

 "Con frecuencia se da por sentado: los hombres cazaban y las mujeres recolectaban. Según el razonamiento antropológico, los hombres eran más agresivos por naturaleza, mientras que el ritmo más lento de la recolección era ideal para las mujeres, que sobre todo se dedicaban a cuidar de los demás.

El Times  Una selección semanal de historias en español que no encontrarás en ningún otro sitio, con eñes y acentos.

“No es algo que yo cuestionara”, afirmó Sophia Chilczuk, una investigadora recién graduada en la Seattle Pacific University, donde estudió biología humana aplicada. “Y creo que la mayor parte del público tiene esa suposición”.

En ocasiones, esa idea ha resultado ser más sólida que las pruebas disponibles. En 1963, unos arqueólogos de Colorado desenterraron los restos de una mujer de casi 10.000 años de antigüedad a la que habían enterrado con una punta de proyectil. Los arqueólogos llegaron a la conclusión de que la herramienta no se había utilizado para matar animales, sino que le habían dado un uso poco convencional, como cuchillo para raspar.

No obstante, la historia centrada en el hombre ha ido cambiando poco a poco. El primer día de una clase universitaria de antropología, Chilczuk y sus compañeros escucharon un pódcast sobre el histórico descubrimiento de una mujer cazadora durante una excavación en Perú en 2018. Entre fragmentos de cráneo, dientes y huesos de las piernas, los arqueólogos encontraron un equipo de caza con más herramientas (puntas de proyectil, lascas, raspadores, picadores y piedras para pulir) de las que nunca habían visto. Este descubrimiento hizo que el equipo revisara los hallazgos de otras sepulturas de las primeras civilizaciones del Continente Americano; en 2020 llegaron a la conclusión de que la caza mayor no tenía género hace entre 8000 y 14.000 años.

Abigail Anderson, una estudiante de fisiología que también estaba en la clase, quedó impresionada. “Espera, ¿esto es verdad?”, pensó al respecto. Al leer el estudio, le llamó la atención las referencias del autor a la reticencia de los expertos a asociar a las mujeres con materiales de caza. “De inmediato, me pregunté si esto tenía algún sesgo o era preciso”, dijo.

Chilczuk y Anderson se unieron a Cara Wall-Scheffler, antropóloga biológica que daba clases a su curso, y a otras dos investigadoras para averiguarlo. Ahora, el equipo ha publicado una revisión bibliográfica en la revista científica PLoS One en la que concluye que, en la mayoría de las sociedades modernas dedicadas a la búsqueda de comida, las mujeres han desempeñado un papel dominante a la hora de regresar con el producto de la caza. Wall-Scheffler señaló que había historias de mujeres cazadoras, “pero lo que pretendíamos con este artículo era recopilar y demostrar que no se trata de una anécdota, sino de un patrón”.

Para investigar, el equipo analizó la Base de Datos de Lugares, Lenguas, Cultura y Medio Ambiente, un catálogo de etnografías sobre sociedades humanas de los siglos XIX y XX, y encontró 63 sociedades de búsqueda de alimento con informes de primera mano sobre cuándo, cómo y qué se cazaba. A continuación, el equipo buscó patrones: si las mujeres cazaban, si la actividad era premeditada u oportunista y el tamaño de la presa cazada.

Wall-Scheffler y sus estudiantes encontraron pruebas de que las mujeres cazaban en 50 de las 63 sociedades estudiadas; además, el 87 por ciento de ese comportamiento fue deliberado. En las culturas en las que la caza era el medio más importante para encontrar alimento, las mujeres desempeñaban un papel activo el cien por ciento de las veces.

Las investigadoras también descubrieron que las mujeres eran más flexibles en sus estrategias de caza a medida que envejecían. Las armas que elegían, las presas que cazaban y quién las acompañaba durante las cacerías cambiaban con la edad y la cantidad de hijos o nietos que tenían las cazadoras. “Tenían estrategias diferentes, pero seguían saliendo siempre”, aseveró Wall-Scheffler. A menudo, las mujeres de más edad eran las que más participaban (por ejemplo, en una cultura del arco y la flecha, se valoraba a una abuela por tener la mejor puntería).

Chilczuk explicó que los detalles sobre los patrones de caza femeninos no fueron fáciles de descubrir porque los informes solían darles prioridad a los debates sobre los cazadores masculinos. Pero los hallazgos, cuando aparecieron, tenían cierta lógica: si la caza era el principal medio de supervivencia, ¿por qué solo participaban los hombres? Las investigadoras se preguntaron qué otras historias habían pasado por alto los etnógrafos. “Puede ser que nos estemos perdiendo muchas cosas”, señaló Chilczuk. “Tener suposiciones es algo natural, pero es nuestra responsabilidad cuestionarlas, para entender mejor nuestro mundo”.

Tammy Buonasera, arqueóloga biomolecular de la Universidad de Alaska Fairbanks quien identificó el sexo de la mujer cazadora encontrada en 2018, celebró la conclusión del artículo publicado en la revista PLoS. “Siempre supuse que era probable que las mujeres cazaran con más frecuencia de lo que se reconocía”, dijo. Y añadió que, en general, las mujeres son vistas “solo como actores pasivos en la historia”. Señaló que el estudio de la recolección de plantas y las maneras innovadoras en que la gente las procesa (una fuente vital de alimentos) se ha descuidado porque estas actividades están tradicionalmente vinculadas a las mujeres.

Randy Haas, arqueólogo de la Universidad Estatal de Wayne, en Detroit, quien dirigió la excavación peruana, también celebró el nuevo estudio. “A la luz de lo que muestra mi estudio, sus hallazgos coinciden con la misma premisa: hemos tenido interpretaciones sesgadas”, comentó. “Y la idea de que la división sexual del trabajo es una parte inherente de la biología humana es un tema que ha influido en las inequidades estructurales de la actualidad”.

La naciente apreciación de las mujeres como cazadoras llega a medida que la antropología, como muchos otros ámbitos científicos, ha comenzado a diversificar sus rangos, lo que ha llevado a los expertos a reexaminar cómo se interpreta la evidencia. “Tu identidad determina las preguntas que te formulas”, aseveró Wall-Sheffler. “Determina las perspectivas de lo que ves”.

Wall-Sheffler agregó que, al igual que todos, los antropólogos pueden sentirse tentados por una premisa sencilla. “La complejidad se relega a una anécdota”, dijo. “Solo hay que tener la disposición de ahondar un poco más”.

En opinión de Anderson, fue como quitarse la venda de los ojos. “No sé en qué momento me infundieron esta idea en la niñez”, dijo sobre el mito del hombre cazador. “Y luego creció como una bola de nieve: ¿Qué otra cosa creo que es un hecho, pero es mentira?”.

(Katrina Miller es periodista científica en el Times. Hace poco se doctoró en física de partículas por la Universidad de Chicago. The New York Times, 08/08/23)

13/1/23

Žižek: Meloni, Isabel II, la película La Mujer Rey, y las protestas generalizadas en Irán tras el asesinato de Mahsa Amini, son cuatro acontecimientos con mujeres como protagonistas que reflejan rasgos esenciales del panorama político actual... El papel central de las mujeres en el moviminento de derechas en Europa todavía no ha recibido la atención que se merece... Las lideresas de derechas como Meloni y Marine Le Pen se presentan como alternativas más sólidas a los tecnócratas masculinos tradicionales... encarnan un fascismo con rostro humano... La monarquía irradia compasión, amabilidad y patriotismo... los monarcas representan no la trascendencia de la ideología, sino más bien la ideología en su forma más pura... La Mujer Rey es una película de épica histórica sobre las agojie, una unidad de guerreras que protegió el reino africano occidental de Dahomey, también trata de la lógica política de la monarquía, la forma de feminismo preferida por la clase media liberal occidental... condenarán sin tapujos todas las formas de lógica binaria, patriarcado y trazas de racismo en el lenguaje cotidiano, pero se cuidarán mucho de perturbar las formas de explotación más profundas... en cambio Las masivas protestas en Irán tienen una significancia histórica mundial, ya que combinan distintas luchas (contra la opresión a las mujeres, la opresión religiosa y el terrorismo de estado) en una unidad orgánica. Si bien ha movilizado a millones de mujeres de a pie, habla de una lucha mucho más amplia, y rehúsa la tendencia antimasculina que suele haber en el feminismo occidental... lo que está ocurriendo en Irán es algo que todavía está por acontecer en el mundo occidental desarrollado, en que se están acelerando las tendencias hacia la violencia política, el fundamentalismo religioso y la opresión de las mujeres... somos nosotros quienes tenemos que aprender de los iraníes si hemos de tener alguna posibilidad de confrontar la violencia y la opresión de derechas en Estados Unidos, Hungría, Polonia, Rusia y tantos otros países... Todo el parloteo relativista sobre especificidades y sensibilidades culturales ha dejado de tener significancia. Podemos y debemos ver la lucha de los iraníes como sinónimo de la nuestra. No necesitamos lideresas femeninas ni Mujeres Reyes, sino mujeres que nos movilicen a todos en torno a consignas como “mujer, vida, libertad” y contra el odio, la violencia y el fundamentalismo

  "Mujer, vida, libertad y la izquierda.

 Cuatro acontecimientos con mujeres como protagonistas han llegado a los titulares noticiosos durante el último mes: la electoral de Giorgia Meloni en Italia, de la Reina Isabel II, el estreno de la película La Mujer Rey y las en Irán tras el asesinato de Mahsa Amini por parte de la policía de la moral de ese país. Si se las toma en conjunto, esas cuatro historias reflejan rasgos esenciales del panorama político actual.

En momentos en que la izquierda no ha podido ofrecer una respuesta adecuada a la crisis de la democracia liberal, no cabe sorprenderse por el ascenso de nuevos gobiernos de derechas en Europa. Pero el papel central de las mujeres en este movimiento todavía no ha recibido la atención que se merece. 

Las lideresas de derechas como Meloni y Marine Le Pen en Francia se presentan como alternativas más sólidas a los tecnócratas masculinos tradicionales. Encarnan tanto la dureza derechista como características que, por lo general, se asocian con la femineidad, como el énfasis en los cuidados y la familia: un fascismo con rostro humano.

 Ahora pensemos en el espectáculo televisado del funeral de Isabel II, que subrayó una interesante paradoja: a medida que el estado británico se ha ido alejando de su pasado estatus de superpotencia, la capacidad de su familia real de inspirar ensueños imperiales no ha hecho más que aumentar. No deberíamos descartar esto como una ideología que enmascara relaciones de poder reales. Más bien, las fantasías monárquicas son ellas mismas parte del proceso por el cual se reproducen las relaciones de poder. La muerte de Isabel II nos recordó la distinción moderna entre reinar y gobernar, con la primera hoy confinada únicamente a deberes ceremoniales. 

Se espera que el monarca irradie compasión, amabilidad y patriotismo, y que se mantenga alejado de los conflictos políticos. Como tales, los monarcas representan no la trascendencia de la ideología, sino más bien la ideología en su forma más pura. Durante siete décadas, la función de Isabel II fue ser el rostro del poder estatal. Puede que la coincidencia de su fallecimiento con el ascenso al poder de la Primera Ministra Liz Truss haya dependido mucho de la contingencia, pero también ha sido profundamente simbólica del paso de Reina al de Mujer Rey. 

(...) La Mujer Rey de Gina Prince-Bythewood también trata de la lógica política de la monarquía: una película de épica histórica sobre las agojie, una unidad de guerreras que protegió el reino africano occidental de Dahomey entre los siglos diecisiete y diecinueve. La actriz Viola Davis representa el papel de Nanisca, una general de ficción, subordinada solo al Rey Gezo, figura histórica que gobernó Dahomey de 1818 a 1859, y que participó en el comercio de esclavos africanos hasta el final de su reinado.

En la película, entre los enemigos de las agojie se encuentran comerciantes de esclavos liderados por Santo Ferreira, personaje ficticio basado vagamente en Francisco Félix de Sousa. Pero, de hecho, de Sousa fue un comerciante de esclavos brasileño que ayudó a Gezo a llegar el poder, y Dahomey fue un reino que conquistó otros estados africanos y vendió como esclavos a sus pueblos. Aunque Nanisca aparece protestando frente al rey contra el comercio de esclavos, las agojie históricas en realidad lo apoyaron.

Así, La Mujer Rey promueve una forma de feminismo preferida por la clase media liberal occidental. Al igual que las actuales feministas del #MeToo, las guerreras amazonas de Dahomey condenarán sin tapujos todas las formas de lógica binaria, patriarcado y trazas de racismo en el lenguaje cotidiano, pero se cuidarán mucho de perturbar las formas de explotación más profundas que sustentan el capitalismo global moderno y la persistencia del racismo.

 Esta postura implica atenuar la importancia de dos hechos básicos acerca del esclavismo. Primero, los tratantes blancos de esclavos apenas tuvieron que pisar suelo africano, ya que los africanos privilegiados (como el reino de Dahomey) les proveían de un amplio suministro de esclavos frescos. Y, en segundo lugar, el comercio de esclavos estaba generalizado no solo en África occidental, sino también en sus áreas del este, donde los árabes esclavizaron a millones de personas y donde la institución duró más que en Occidente (Arabia Saudí no lo abolió formalmente sino hasta 1962). 

 En efecto, Muhammad Qutb, hermano del intelectual musulmán egipcio Sayyid, defendió intensamente el esclavismo islámico de las críticas occidentales. Argumentando que “el islam dio dignidad espiritual a los esclavos”, contrastó el adulterio, la prostitución y el sexo ocasional (“esa forma tan odiosa de animalismo”) que había en Occidente con “el vínculo puro y espiritual que une a una doncella [una chica esclava] con su amo en el islam”. 

 Todavía se pueden escuchar esos planteamientos en algunos eruditos salafistas conservadores, como el Jeque Saleh Al-Fawzan, miembro de la más alta entidad religiosa de Arabia Saudí. Pero uno no los conocería si solo escuchara a los liberales occidentales de clase media. Por fortuna, los vínculos históricos del islam no tienen por qué obstaculizar el potencial emancipatorio de las sociedades musulmanas.

 Las masivas protestas en Irán tienen una significancia histórica mundial, ya que combinan distintas luchas (contra la opresión a las mujeres, la opresión religiosa y el terrorismo de estado) en una unidad orgánica. Irán no es parte del Occidente desarrollado, y el eslogan de los y las manifestantes “Zan, Zendegi, Azadi” (“mujer, vida, libertad”) no es una mera imitación del feminismo occidental o el #MeToo. 

Si bien ha movilizado a millones de mujeres de a pie, habla de una lucha mucho más amplia, y rehúsa la tendencia antimasculina que suele haber en el feminismo occidental. Los hombres iraníes que cantan “Zan, Zendegi, Azadi” saben que la lucha por los derechos de las mujeres lo es también por su propia libertad, y que la opresión de las mujeres no es más que la manifestación más visible de un sistema de terrorismo de estado más amplio.

 Más aún, lo que está ocurriendo en Irán es algo que todavía está por acontecer en el mundo occidental desarrollado, en que se están acelerando las tendencias hacia la violencia política, el fundamentalismo religioso y la opresión de las mujeres. En Occidente no tenemos derecho a tratar a Irán como un país que intenta desesperadamente ponerse al día con nosotros. Más bien somos nosotros quienes tenemos que aprender de los iraníes si hemos de tener alguna posibilidad de confrontar la violencia y la opresión de derechas en Estados Unidos, Hungría, Polonia, Rusia y tantos otros países. 

Cualquiera sea el resultado inmediato de las protestas, lo crucial es mantener vivo el movimiento mediante la organización de redes sociales que sigan operando de forma subterránea en caso de que las fuerzas de la opresión estatal logren una victoria temporal. No basta con expresar simpatía o solidaridad con los y las manifestantes iraníes, como si pertenecieran a una cultura exótica y distante. Todo el parloteo relativista sobre especificidades y sensibilidades culturales ha dejado de tener significancia.

 Podemos y debemos ver la lucha de los iraníes como sinónimo de la nuestra. No necesitamos lideresas femeninas ni Mujeres Reyes, sino mujeres que nos movilicen a todos en torno a consignas como “mujer, vida, libertad” y contra el odio, la violencia y el fundamentalismo."               (

22/9/22

Las amazonas del reino de Dahomey (en los siglos XVIII-XIX)

 "La epopeya histórica "The Woman King", que acaba de estrenarse en la taquilla estadounidense con una acogida exagerada, es una película realmente extraordinaria. Ambientada en el África occidental del siglo XIX y protagonizada por Viola Davis y John Boyega, es una historia de idealismo y pasión; de violencia brutal y de ira ardiente; de sueños hechos y rotos, de mitos y misterios, de mentiras y traiciones, de las ambiciones abotagadas y las hipocresías enconadas de una sociedad en plena revolución cultural. Estoy hablando de América, por supuesto, no de África. Todo esto es antes de que la película haya comenzado.

Enseguida hablaré de todas las controversias. Pero en un nivel, la historia detrás de The Woman King es en realidad bastante simple. Como ha explicado su productora, la ex actriz de Hollywood Maria Bello, se le ocurrió la idea hace unos años tras visitar la república de Benín, en África Occidental. Allí se enteró de la existencia de un regimiento de mujeres guerreras inmensamente feroces llamadas Agojie, que lucharon por el Reino de Dahomey en los siglos XVIII y XIX. Como era de esperar, los viajeros europeos, los misioneros y los traficantes de esclavos las llamaron "amazonas", y como pocos podemos resistirnos a una historia de terroríficas amazonas esculturales, a Bello le llamó inmediatamente la atención su potencial cinematográfico. Y dado que Pantera Negra de Marvel ha demostrado que hay un enorme público internacional para las historias con héroes negros que empuñan espadas, los ejecutivos de Sony estuvieron de acuerdo con ella. Hasta aquí, nada complicado.

¿Y la trama? De nuevo, no es muy complicado. Las epopeyas históricas suelen ser bastante melodramáticas, con héroes imposiblemente admirables y villanos diabólicamente crueles, y El rey mujer no es una excepción. Para abreviar una historia de dos horas y cuarto, nos encontramos en Dahomey en la década de 1820. El rey Ghezo, interpretado por John Boyega, es básicamente un tipo decente, al menos para los estándares de los reyes guerreros en tiempos turbulentos. Depende de Viola Davis y su regimiento de amazonas, sobre todo contra sus vecinos, los oyo, cuyo líder asesino y rapaz está aliado con los esclavistas portugueses.

 Hay varios tejemanejes familiares del tipo "Luke, soy tu padre", pero no es necesario entrar en ellos ahora. ¿Un personaje aparentemente huérfano resulta ser la hija de otro? No lo voy a decir. De todos modos, en un desarrollo totalmente impredecible, algunos de los buenos son tomados prisioneros. Igualmente imprevisible, el rey es reacio a jugárselo todo a una arriesgada misión de rescate. Así que, en un giro que nadie podría haber imaginado, Viola Davis desafía las órdenes y lidera una expedición para salvarlos de todos modos. (Puede que pienses que ya has visto esto antes, pero no es así, porque no estaba ambientada en África cuando la viste antes, así que esta vez es completamente diferente). ¿Y qué pasa? Bueno, no quiero estropearlo. ¿Son todos masacrados en el lugar donde se encuentran? ¿Termina la película con una nota sorprendentemente baja? ¿O los buenos ganan la partida? Tendrá que verla usted mismo para averiguarlo.

Los productores afirman, como siempre, que The Woman King está "basada en hechos reales". Y, para ser justos, no se equivocan del todo. En el siglo XIX existía un reino de Dahomey: orgulloso, independiente, ferozmente agresivo, y eso es decir poco. El historiador Stanley B. Alpern, autor de la historia definitiva de los Agojie en inglés, lo califica de estado "dedicado a la guerra y a la caza de esclavos... con el rey controlando y regimentando prácticamente todos los aspectos de la vida social". Uno de esos reyes se llamaba efectivamente Ghezo. Y los Agojie también existieron. Como explica un excelente ensayo de la revista Smithsonian, se fundaron probablemente a principios del siglo XVIII y contaban con unas 6.000 guerreras que "asaltaban aldeas al amparo de la oscuridad, tomaban cautivos y cortaban las cabezas de los que se resistían para devolvérselas a su rey como trofeos de guerra".

 ¿Eran tan intimidantes como sugiere la película? En realidad, aún más intimidantes. A las Agojie se les prohibía acostarse con hombres, se las reclutaba cuando eran jóvenes y se las obligaba a someterse al tipo de entrenamiento militar que convertiría a la mayoría de nosotros en objetores de conciencia. Un viajero británico describió cómo se les obligaba a atravesar densos matorrales de espinas de acacia, sin nada que les protegiera los pies de las hemorragias.

Otras pruebas fueron diseñadas para insensibilizarlos a los horrores del combate. Cada año, según el Smithsonian, "los nuevos reclutas de ambos sexos debían subirse a una plataforma de 4 metros de altura, recoger cestas con prisioneros de guerra atados y amordazados, y lanzarlas por encima del parapeto a una multitud que aullaba abajo". Y en lo que quizá sea el detalle más horriblemente memorable, un oficial francés llamado Jean Bayol vio cómo una recluta adolescente llamada Nanisca, "que todavía no había matado a nadie", era llevada ante un joven capturado que tenía las manos atadas. Según Bayol, ella "blandió su espada tres veces con ambas manos, y luego cortó tranquilamente la última carne que unía la cabeza al tronco. ... Luego exprimió la sangre de su arma y se la tragó".

 Qué bien. Fue esta Nanisca, por cierto, la que parece haber inspirado el nombre del personaje de Viola Davis. Acabó sus días luchando contra los franceses, cortando la cabeza de un oficial de artillería antes de ser abatida en su turno. Era lo que ella hubiera querido. Por supuesto, muchas películas históricas romantizan a sus héroes aterradoramente violentos, como puede atestiguar cualquiera que haya visto Gladiator o 300. Así es la naturaleza de la narración. Sin embargo, el problema de The Woman King es que Dahomey no era sólo una sociedad violenta, sino que era una sociedad violenta de tráfico de esclavos. De ahí el tsunami de controversias.

Aunque siempre nos han dicho que la esclavitud es un tema terriblemente difícil y complicado, la historia que hay detrás de todo esto es en realidad bastante sencilla. El comercio de esclavos era enormemente importante, si no esencial, para el reino de Dahomey. Como ha señalado la historiadora brasileña Ana Lucia Araujo, la expansión de Dahomey coincidió exactamente con el apogeo del comercio de esclavos en el Atlántico. En particular, Dahomey se apoderó y controló el puerto de Ouidah, uno de los centros más importantes de toda la red. Desde aquí, cientos de miles, tal vez incluso un millón de cautivos africanos fueron embarcados a la fuerza hacia el Nuevo Mundo.

 Y aunque esta fue una historia en la que los traficantes de esclavos europeos desempeñaron un papel destacado, las guerreras de Dahomey no fueron inocentes. Todo lo contrario. Como señala Araujo, El rey mujer se abre con una escena en la que los Adojie atacan una aldea vecina, matando a los hombres pero perdonando caballerosamente a las mujeres. Sin embargo, esto es pura ficción. En realidad, escribe, "los soldados del ejército de Dahomey (tanto hombres como mujeres) tomaban como prisioneros a los aldeanos más jóvenes y sanos y los llevaban a la capital de Dahomey, Abomey". Aquí, algunos se convertirían en esclavos locales, otros serían sacrificados. Pero "la mayoría serían transportados a la costa, donde serían vendidos, y subirían a bordo de barcos negreros que navegarían hacia las Américas, especialmente hacia Brasil".

Esta no es la única distorsión de la verdad. En la película, se convence al rey Ghezo para que deje de depender de los traficantes de esclavos europeos y se dedique a la producción de aceite de palma. Pero esto no tiene sentido. De hecho, para sus vecinos, la idea de que él y sus guerreros amazónicos fueran liberadores reformistas habría parecido francamente obscena. En realidad, Ghezo era tan brutal e interesado como cualquier imperialista europeo. Cuando subió al trono en 1818, uno de sus primeros actos fue castigar a sus rivales familiares vendiéndolos como esclavos. Y durante gran parte de su reinado se resistió activamente a las presiones de Europa para acabar con el comercio de seres humanos, ya que en las décadas de 1830 y 1840 los británicos intentaban enérgicamente acabar con él, llegando a bloquear sus costas con barcos de la Marina Real.

 ¿Importa todo esto? Tal vez no. Repito: todas las películas históricas convierten los hechos en ficción. Si usted acude a Hollywood en busca de su historia, ese es su problema, no el de ellos. Dirigiéndose a sus críticos en Variety, Viola Davis insistió en que una película es sólo, bueno, una película. "Si sólo contáramos una lección de historia, que bien podríamos haber hecho, eso sería un documental", dijo sin rodeos. "Por desgracia, la gente no iría a los cines". En cuanto a John Boyega, volvió a caer en el tipo de galimatías impenetrable por el que los actores han sido admirados durante mucho tiempo en todo el mundo. "El arte puede vivir en un espacio moral o inmoral, y a veces podría tratarse simplemente de arrojar una luz sobre la naturaleza humana, la historia y la realidad de ese conflicto", dijo gnómicamente. "Así que, para mí, incluir eso sólo demuestra que hay una forma en la que podemos abrazar historias que aceptan el hecho de que la humanidad no es perfecta, a la vez que son entretenidas y algo de lo que se puede aprender".

 ¿Qué significa eso? Sospecho que nunca lo sabremos.

Pero como se trata de África y de la esclavitud, algunas personas no ven esto como un asunto trivial en absoluto. Hace un mes, Nikole Hannah-Jones, del New York Times, cerebro del alocado "Proyecto 1619" para reescribir toda la historia de Estados Unidos en torno al tema de la esclavitud, lanzó una ominosa advertencia de que estaba deseando ver "cómo una película que parece glorificar a la unidad militar femenina de los Dahomey trata el hecho de que este reino obtuvo su riqueza de la captura de africanos para el comercio transatlántico de esclavos". The New Yorker, analizando las numerosas distorsiones de la película, la condenó no sólo como "confusa" y "poco sincera", sino como una "cínica distorsión de la historia".

 Y en Twitter, los sospechosos habituales han salido en masa, con las horcas preparadas. En cierto modo, no importa de qué lado estés; el mero hecho de entrar en las listas es exponerse a acusaciones de herejía. Así que cuando Ana Lucia Araujo, experta en la trata de esclavos de la Universidad de Howard, se aventuró en la red a hablar de un libro sobre otra reina guerrera africana de Angola, y cometió el error de utilizar la palabra "deportada" para describir el transporte de esclavos a través del Atlántico... bueno, eso fue su fin. "¡La absoluta caucasidad de esta persona!", tronó uno de sus críticos, él mismo, a juzgar por su foto, claramente caucásico. Académicos, ¿eh? "¡Qué espectáculo de payasos!", decía una respuesta. Bueno, tú lo has dicho.

En el fondo, pues, la historia de La mujer rey no es realmente una historia sobre Dahomey en el siglo XIX, sino una sobre la política racial salvajemente histérica de los Estados Unidos en el siglo XXI. Ni siquiera he mencionado el hecho de que la actriz Lupita Nyong'o, que originalmente iba a participar en la película, fue a África Occidental, hizo un documental sobre el comercio de esclavos, rompió a llorar cuando descubrió la participación de los Agojies en la esclavitud, y luego se retiró de la película. Tampoco tengo tiempo para entrar en la alegría desenfrenada de la derecha estadounidense ante el espectáculo de tantos liberales de Hollywood y locos académicos destrozándose unos a otros por una película sobre la esclavitud. "Pocos de los gobiernos extinguidos por el colonialismo europeo", exultaba un escritor en la National Review, "merecían tanto ser destruidos como el de Dahomey". Aunque apuesto a que no se atrevería a decirle eso a John Boyega.

 ¿Me molesta entonces la distorsión de la historia que hace la película? Bueno, quizás un poco. Las películas son importantes. Teniendo en cuenta su perdurable legado en antiguas sociedades esclavistas como Estados Unidos y Brasil, habría sido mucho mejor contar la historia de la esclavitud de forma cuidadosa y matizada, en lugar de reducirla a un melodrama caricaturesco, salvajemente distorsionado y risiblemente despierto de héroes y villanos. Y si los realizadores hubieran tenido la valentía de contar la verdadera historia de Dahomey -una historia en la que las mujeres africanas audaces e independientes eran a veces tan crueles y explotadoras como los más despiadados capitanes de mar portugueses-, entonces podrían haber animado a sus espectadores a ir más allá de la visión infantil de buenos y malos de la historia imperial que se ha vuelto tan común hoy en día.

De todos modos, no voy a ponerme demasiado nervioso al respecto. Gritar y vociferar sobre las películas de Hollywood nunca es una buena imagen. Vienen y se van, y la mayoría de los espectadores de a pie son demasiado sensatos para tomárselos en serio. Dejemos que los lunáticos monten en cólera en Twitter. El resto sabemos que es sólo una película." 
             ( , UnHerd, 22/09/22)

4/5/22

Roksanne Muhammed: “La sociedad que me rodea representa una experiencia política, social e institucional única”... es jefa de la oficina de relaciones públicas de las milicias femeninas YPJ

 "Tras el inicio de la guerra civil siria en 2011, en la ciudad de Kobane, al norte del país, se comenzaron a organizar asambleas populares en 2012 para la toma de decisiones, la fijación de cuotas de mujeres en diversos órganos de democracia directa y para el establecimiento de una sociedad feminista. Se crearon también las Unidades de Protección Popular (YPG) y las Unidades Femininas de Protección (YPJ), estas últimas, milicias armadas compuestas completamente por mujeres, para defenderse del Estado turco y de grupos islámicos fundamentalistas.

Las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS) luchan desde 2015 por una Siria democrática. Son una alianza militar de milicias kurdas, árabes, asirias, armenias, turcomanas y circasianas en la región del norte y este de Siria, la cuál es gobernada por la Administración Democrática y Autónoma del Norte y Este de Siria. La región donde las y los kurdos son mayoría, el norte de Siria, se llama Rojava, mejor conocida como el Kurdistán Sirio. Las YPG e YPJ nunca han recibido apoyo de ninguna potencia occidental, sin embargo, han sido sistemáticamente criminalizadas. No obstante, los Estados Unidos y las Estados occidentales sí que han apoyado a las FDS y hay que señalar que las YPG e YPJ son las milicias mayoritarias de las FDS, bien conocidas por su resistencia incluso antes del 2015 contra ISIS.

Rojava obtuvo su autonomía a través de la organización popular, expulsando a Al-Nusra (asociado a Al-Qaeda) y al Estado Islámico. En la actualidad, la milicia kurda, ha adoptado una postura defensiva y una política de neutralidad, enfrentándose a cualquier facción armada que intente ocupar sus territorios.

Con grandes paralelismos con la revolución social de 1936 en el marco de la guerra civil española o más recientemente con la revolución zapatista del Estado mexicano de Chiapas, la revolución de Rojava resiste el aislamiento internacional. Una de las razones es el vínculo con el Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), una histórica organización considerada terrorista por el régimen turco de Erdogan, Estados Unidos y la Unión Europea. Sin embargo, desde hace algunos años, el PKK ha abandonado sus ideas marxistas-leninistas, las cuales luego de un proceso de discusión iniciado en la década de 2000 los llevó a ir dejando de lado estos principios por otros que incorporan elementos ecologistas, feministas y asamblearios. Esta nueva teoría ha tomado el nombre de “confederalismo democrático”, y su principal impulsor ha sido su líder e ideólogo Abdullah Öcalan, preso político por el Estado turco, condenado a cadena perpetua y en confinamiento solitario en la isla de Imrali.

En 2013, basada en las ideas de Öcalan, la Autonomía de Rojava promulgó su constitución, establecimiento el confederalismo democrático basado en los principios de igualdad de género, descentralización, ecologismo, tolerancia étnica y religiosa. También incluyó la Jineología, ciencia social que defiende que la libertad de la mujer es requisito indispensable para la libertad colectiva. Roksanne Muhammed es jefa de la oficina de relaciones públicas de las milicias femeninas YPJ y ha conversado con El Salto para explicarnos la actualidad de la revolución.

¿Por qué decidiste participar en la milicia kurda?

Nací en 1988 en la ciudad de Afrin, que ha estado ocupada por Turquía desde 2018. Me uní a las Unidades Femininas de Protección, YPJ, por dos razones: La primera por la cuestión de la autodeterminación de mi pueblo y la segunda por mi liberación como mujer. Bajo el régimen de Bashar al-Ásad en Siria, se negaba sistemáticamente nuestra identidad como mujeres kurdas, nuestra cultura, nuestro idioma. Eramos consideradas propiedad de los hombres, sin voluntad ni derechos. Es por estas razones que siempre busqué otras formas de vivir libre.

Decidí estudiar derecho y tenía muchas ganas de trabajar para cambiar la realidad, pero me di cuenta que bajo un régimen autoritario y represivo esta no sería la herramienta con la que podría cambiarla. A pesar de esto, no me rendí. Estudié en profundidad los libros del líder Abdullah Öcalan. Y con el comienzo de la revolución de Rojava, que se conocía como “la revolución de las mujeres”, no dudé en unirme porque mi objetivo era liberarme a mí misma y al mismo tiempo conocer mi verdadera historia. Al principio trabajé en el campo de la organización de estudiantes, pero comprobé que esto no era suficiente para cumplir mis metas y ambiciones, encontrar mi esencia y verdad como mujer, por lo que decidí incorporarme a las Unidades de Protección de la Mujer (YPJ).

Como luchadora y mujer kurda, vivo en la región del norte y este de Siria, vivo con mis camaradas. La sociedad que me rodea representa una experiencia política, social e institucional única. No aprendí nada de esto en las ideas y contenidos que nos enseñaron durante los años de estudio en las escuelas del régimen de Bashar al-Ásad. No nos enseñaron que es posible que las mujeres tengamos voluntad y desempeñemos nuestro papel en la sociedad. Sin embargo, en la revolución de Rojava, este asunto es considerado un deber de las mujeres, porque somos una generación que resume en todos sus detalles el sufrimiento de nuestro pueblo durante miles de años.

En la actualidad, ¿cómo se encuentra la lucha contra el Estado Islámico? ¿Cuál es el papel de las mujeres en la revolución?

Han pasado más de cuatro años desde la derrota de ISIS a través de la lucha y los sacrificios de la gente de las filas de las FDS en el norte y el este de Siria. ISIS fue derrotado aquí geográfica y administrativamente. Tanto Siria como Irak se destacaron como terreno fértil para el extremismo y el pensamiento islámico extremista, lo que se refleja en una organización como ISIS que mata a mujeres, niños y ancianos, lo cual no es nada nuevo en la historia del pueblo kurdo, especialmente con los Yezidis.

La lucha contra el extremismo en las regiones del norte y este de Siria ha estado dirigida principalmente contra los Hermanos Musulmanes y el Estado Islámico, quienes han oprimido a la sociedad y especialmente a las mujeres de la región durante décadas. Por lo tanto, la lucha contra esta mentalidad es uno de los aspectos importantes de la lucha librada por la administración autónoma en el norte y el este de Siria. Esta lucha tiene sus raíces en la experiencia de la sociedad kurda durante la larga lucha contra el régimen gobernante en Siria y la fuerte posición de la lucha de los kurdos en todas partes del mundo, la influencia mutua y la conexión moral e histórica con lo que le ha sucedido.

Para nadie es un secreto el papel de vanguardia en la lucha feminista asumido por las luchadoras de las YPJ, Unidades de Protección de la Mujer, quienes por derecho natural se han empoderado para proteger a su sociedad y a ellas mismas de las agresiones. El establecimiento de las YPJ fue solo una reacción a la marginación de la población kurda, e igualmente de las mujeres árabes bajo el sistema social y político imperante, que subestimaron su papel y sus derechos en la gestión de sí mismas y de su comunidad.

Basándose en el principio del creador de la nación democrática y líder espiritual Abdullah Öcalan de que ninguna sociedad puede ser liberada a menos que las mujeres en ella sean liberadas, las mujeres del norte y el este de Siria han tomado medidas en esta dirección para organizarse en lo político, social, económico y cultural.

¿Cómo organizan estos ámbitos en la región autónoma?

Todos los ámbitos de la vida, incluidos los de educación, sanidad, justicia y defensa, son organizados por los Comités de la Administración Autónoma y, a su vez, por las organizaciones e instituciones de la sociedad civil, y ambos ámbitos se refuerzan entre sí.

Todos los que se incorporan a una unidad de combate realizan un entrenamiento militar en el que aprenden a manejar armas de todo tipo, tácticas militares y preparación física. Después de eso, cada luchador se especializa en uno de los diferentes tipos de armas según sus deseos y habilidades, y recibe un entrenamiento avanzado en esa especialización. Se han agregado y desarrollado muchos cursos de capacitación y especializaciones de acuerdo con los requisitos de la realidad de la revolución que atraviesa la sociedad en el norte y el este de Siria.

Parece ser que las Naciones Unidas ya no pueden entregar ayuda humanitaria a través del cruce fronterizo de Til Kocher ¿cuál es la situación ahora mismo respecto a la salud y la ayuda humanitaria?

En el norte y el este de Siria, más de un millón de refugiados viven en 15 campamentos reconocidos oficialmente. En 2014, el Consejo de Seguridad de la ONU aprobó la decisión de transferir ayuda a través de la frontera siria. Pero a mediados de 2019, luego de que Rusia y China lo vetaron, el cruce fronterizo de Til Kocher fue cerrado y los envíos de ayuda de la Organización de las Naciones Unidas y organizaciones benéficas ya no llegan directamente a la región. La ONU envía ayuda al gobierno de Damasco, y este envía solo una pequeña parte de esta ayuda a la región autónoma.

El cierre de Til Koçer Gate está teniendo un impacto negativo en el sector de la salud en la región, especialmente con la propagación del coronavirus. La Administración Autonómica y la población están haciendo todo lo posible para protegerse. Por su lado, el ISIS y el Estado turco se están aprovechando de las malas condiciones de vida, comprando agentes con dinero y reorganizándose. El cierre del paso fronterizo de Til Kocher es una decisión política a favor de Turquía, que ha ocupado algunas partes de la región a través de una invasión que viola los derechos de las personas y ataca todos los días a toda la región, siendo la perjudicada de esta decisión, una vez más la población.

La guerra ruso-ucraniana es ciertamente desafortunada para las mujeres, los niños y los ancianos indefensos, quienes están pagando las consecuencias de las políticas y errores de juicio de sus países. Lamento decir que lo que se está viviendo en Ucrania, son escenas cotidianas que vive la gente en Siria.

La revolución feminista de Rojava no ha recibido la misma cobertura mediática que la guerra de Ucrania...

Podemos observar a través de los medios de comunicación de todo el mundo que la guerra ruso-ucraniana es ciertamente desafortunada para las mujeres, los niños y los ancianos indefensos, quienes están pagando las consecuencias de las políticas y errores de juicio de sus países. Y es un lugar de tristeza y dolor para nosotras, porque hemos vivido lo mismo aquí. Experimenté y probé el flagelo de la guerra, lamento decir que lo que se está viviendo en Ucrania, son escenas cotidianas que vive la gente en Siria.

La mayor amenaza para el autogobierno democrático en el norte y el este de Siria la plantea el Estado turco. Turquía ve el sistema democrático en la región, que es una alternativa para todo el Medio Oriente, como una amenaza a sus políticas fascistas y nacionalistas, así como a su proyecto de creación de un Imperio Otomano moderno.

En 2018, el Estado turco ocupó la región de Afrin y en 2019 las regiones de Sere Kaniye y Gire Spi, mediante una guerra de invasión que violó el derecho internacional. Las amenazas y los ataques del Estado turco continúan hasta hoy y se están produciendo ataques dirigidos con drones. El gobierno de Erdogan está aprovechando que la atención pública se centra en la guerra de Ucrania y está intensificando sus ataques en la región.

Iluminar el sufrimiento de la humanidad en las guerras es una preocupación humanitaria y un deber de los medios de comunicación, pero cuando se ignora la sangre y las tragedias de inocentes en una parte del mundo a cambio de atención y luz en otra, las máscaras quedan expuestas y queda claro que los intereses y los poderes internacionales juegan un papel importante."                    (Carlos Soledad  , El Salto, 03/05/22)

30/12/21

Esther Peñas: «Hasta que la mujer, en cualquier lugar del mundo, pueda darse a sí autogobierno, el mito de las amazonas seguirá encendido, iluminándonos»

 "Agarren sus arcos y flechas. Llega a Wunderkammer ‘De la estirpe de las amazonas’, ensayo en el que Esther Peñas reconstruye el origen y legado inmortal de las amazonas, desde sus fuentes más remotas hasta las apariciones en el arte, la literatura o el cine, y su perpetuación en mujeres que, desde diversas disciplinas, pueden considerarse continuadoras de su estirpe hoy.

Con ocasión de la llegada a librerías del libro, Wunderkammer charla con la autora y le invita a que revele más sobre el texto.

 Wunderkammer: Todo un misterio rodea a la figura de las amazonas. Un misterio que, en cierto modo, tratas de resolver en tu obra. Explicado de forma breve (si es que es posible), ¿quiénes son las amazonas?

Esther Peñas: Son mujeres soberanas, que luchan y empuñan sus armas para defenderse del enemigo, que cabalgan la vida de una manera plena y libre, que no se achantan fácilmente, que se dan sus normas y sus leyes, que se rigen por sus costumbres, y que están dispuestas a entregar su vida por aquello en lo que creen. Parafraseando al poeta, son mujeres «fieramente humanas», y también, quien lea el libro lo sabrá, son una cosa y su contraria, un linaje envuelto en una deliciosa incertidumbre y en una bruma mítica. De ahí que las amazonas sean al tiempo mitos, y por tanto trascienden categorías como verdad y mentira. Lo que menos importa es si existieron o no, tal y como habitan en nuestro inconsciente colectivo. Son. Y nos hablan de una manera distinta de estar en el mundo. Encarnan un mito vivo que nos sigue interpelando. 

WK: En el texto presentas una visión global del lugar que ocupan las amazonas en la imaginación mítica y cómo esta figura entronca con el mito del origen femenino del mundo pero también con el arquetipo de la mujer destructora: Kali, Lilith y la vagina dentata. ¿Cuáles son estos otros arquetipos femeninos y qué nos dicen sobre cómo se ha entendido a la mujer en el espacio mitológico?

E.P.: Me parece que todo pertenece a un discurrir que solo contemplado en conjunto adquiere su auténtico sentido. Nada surge al margen de, sino dentro de una corriente, de un conflicto, de una secuencia. De ahí que se aborde esa estirpe de las amazonas, sus referentes, sus mayores, sus antepasadas, mujeres que, como ellas, quebraron el orden imperante, desobedecieron al poder. Dis-locándose de la estructura social, poniéndola en entredicho, fueron tildadas de monstruosas, porque el monstruoso nos recuerda que las cosas pueden ser de otro modo a como se nos presentan y damos por sentadas. Ese cuestionamiento es muy peligroso para quien ostenta el poder, de ahí que se persiga la heterodoxia.  

La diosa Kali, nacida del entrecejo de su madre en mitad de una batalla entre las fuerzas del bien y del mal, es indómita, representa la fuerza incontrolable; Lilith primero se reveló contra su marido, Adán, y después no solo se encaró a Yaveh sino que lo desobedeció; Artemisa, la diosa de la caza, nacida de un pecho, es despiadada con cuantos desean violentar su castidad. Son tres figuras que reinan en el margen, en la otredad.  Pero hay otras muchas que pertenecen, de una manera u otra, a ese universo de lo ingobernable, como las amazonas: lamias, esfinges, erinias, sirenas…Curiosamente, todas ellas, mitológicamente hablando, ocupan un lugar (el que les ha sido designado) umbrío, oscuro, inquietante…

WK: ¿Por qué crees que la figura de las amazonas sigue teniendo poder en el imaginario colectivo a día de hoy?

E.P.: Todo aquello que nos recuerda que la vida puede ser vivida de otro modo, más pleno y auténtico, sigue interpelándonos. Hasta que la mujer, en cualquier lugar del mundo, pueda darse a sí autogobierno, ser plenamente libre, el mito de las amazonas seguirá encendido, iluminándonos.  

WK: En el capítulo ‘Cuando la poesía se embrida’, generas una genealogía de poetas amazónicas. ¿Cómo llegaste a esta selección de autoras?, ¿qué aspectos comunes encuentras en su escritura?

E.P.: Toda selección no deja de ser un error. Por lo menos, algo injusto. Podrían haber sido otras: Alda Merini, Claude Cahun, Gala, María Zambrano, Ayn Rand, Colette, Margarite Yourcenar… Pero decidí que fueran las que están. Natalie Clifford Barney, apodada, por cierto, «la Amazona», se convirtió en una bujía indispensable para la actividad intelectual femenina de principios del XX; Renée Vivien, amante de Natalie, fue una poeta libérrima, con una biografía tan breve como fascinante; Gertrude Stein es, ya físicamente, una pura amazona, además de una de las escritoras sin cuyo trabajo no nos entenderíamos a día de hoy; Bryher, mecenas de artistas (Joyce incluido), resulta artífice de numerosas propuestas necesarias para explicar el devenir de las vanguardias (por ejemplo, la primera revista de cine en inglés, Close up); Valentine Penrose rodeó su vida de silencio y enigma, y es autora no solo de un ensayo/poema/narración que nos acerca al abismo del hombre, La condesa sangrienta, sino de unos poemas de una belleza lacerante. De Lorde sólo basta recordar, para considerarla imprescindible, aquella sentencia que aún vibra: «Las herramientas del amo nunca destruirán al amo».

Son mujeres que, de una forma u otra, inauguraron espacios de libertad, una manera distinta de vivir. 

WK: Al final del libro, propones «el arquetipo de la amazona como motor de inspiración y cambio». ¿Qué podríamos aprender en el siglo XXI de la figura de las amazonas?

E.P.: Que la autonomía es una amenaza para cualquier sistema de poder. Que solo reconociéndonos capaces de rebelarnos contra el patriarcado podremos construir entre todos (hombres incluidos) una sociedad en la que no haya un arriba ni un abajo. Y que las amazonas fueron y son un ejemplo de gobernanza al margen del sistema. Sería hermoso que reivindicáramos el discurso del monstruo, ese mismo que anatemiza a la mujer por vincularla al lado salvaje, imprevisible, instintivo. Seamos luna. Y tierra. Seamos amazonas."                     (Entrevista a Esther Peñas, Wunderkammer, 04/10/21)

27/12/21

El fecundo mito de las amazonas

 "Las amazonas están vivas y nos siguen interpelando. A decir de Esther Peñas, autora del ensayo De la estirpe de las amazonas (Wunderkammer, 2021), este mito, nacido en la Grecia clásica y que ha sufrido diversos avatares a lo largo de los siglos, continúa vigente. Como toda ficción mítica que se precie, la de las amazonas trasciende las categorías de verdad y mentira.

 Da igual si existieron o no estas mujeres, subraya Peñas; lo que importa es su capacidad metafórica y simbólica, su presencia como arquetipos en nuestro inconsciente colectivo. Lo relevante es que las amazonas tienen mucho que contarnos todavía sobre quiénes somos.

De las lecturas del mito que ofrece el ensayo, la del autogobierno ocupa un lugar central. En una entrevista concedida a su editorial, Peñas explica a qué se refiere con ese término: las amazonas “son mujeres soberanas, que luchan y empuñan sus armas para defenderse del enemigo, que cabalgan la vida de una manera plena y libre, que no se achantan fácilmente, que se dan sus normas y sus leyes, que se rigen por sus costumbres, y que están dispuestas a entregar su vida por aquello en lo que creen”. A continuación, en paráfrasis del verso gongorino y del poemario de Blas de Otero, agrega: las amazonas “son mujeres fieramente humanas”.

 Antes de releer en clave contemporánea el mito, Peñas se remonta en su ensayo hasta la Grecia clásica. Para indagar en su origen se zambulle en lo que escribieron los más doctos del lugar: Aristóteles, Heródoto, Apolodoro, Quinto de Esmirna o Diodoro de Sicilia. Ese repaso a la biblioteca clásica arroja una primera conclusión: raro es el prohombre griego que no patinó con el asunto. Ahí tenemos a todo un médico como Hipócrates, por ejemplo, asegurando que las amazonas cauterizaban el pecho derecho de sus bebés con un instrumento de bronce, que previamente habían calentado al rojo vivo. Con eso, detenían el crecimiento de esa mama y lograban que “toda su fuerza y volumen” se desviasen “hacia el hombro y el brazo derechos”, lo que explicaba su enorme destreza bélica. Ciencia en estado puro, vaya.

 Una segunda conclusión es que, como todo mito, el de las amazonas se nutre de datos contradictorios. Así, no hay acuerdo en si tenían dos pechos o uno, en si fueron vírgenes o practicaron una promiscuidad desaforada, y tampoco en si mataban a sus hijos varones con tal de tener únicamente descendencia femenina. En cambio, sí hay acuerdo en que eran una tribu conformada exclusivamente por mujeres, todas bellísimas –no hay amazona fea, asegura Peñas–, y tan diestras en el manejo de las armas que, según Homero, luchaban como hombres. También hay consenso en que su destino era morir a manos de algún héroe griego. En fin, no hace falta ser Freud para advertir que el mito es una fantasía masculina: por bella y salvaje que fuera la amazona, siempre encontraba un Belerofonte o Aquiles que la domase.

De entre las múltiples citas que ofrece el ensayo, las dedicadas a Estrabón ejemplifican como ninguna otra esa tensión psíquica tan masculina. Por un lado, el historiador y geógrafo supo reconocerles a estas mujeres cualidades como el dominio del arado, la siembra y el pastoreo, y hasta afirmó que “las más valientes” se dedicaban “a la caza a caballo y a practicar ejercicios bélicos”. Lo dejó escrito en su legendaria Geografía. Sin embargo, también ahí anotó que le resultaba inimaginable que un grupo de mujeres fuera capaz de conquistar un territorio y organizarlo. En esto último creyó encontrar la clave de la cuestión: “¿Quién podría creer que un ejército de mujeres, o una ciudad, o una tribu, jamás podrá organizarse sin hombres?”

 La confusión entre mito y realidad estraboniana nos deja entrever un mecanismo mental genérico. Una cosa es fantasear con mujeres bellas y aguerridas, incluso con esas “vírgenes sin miedo en la batalla” de las que habló Esquilo; y otra cosa es asumir que puedan ser iguales o mejores, y no digamos ya aceptar su independencia respecto del deseo heterosexual masculino (ese apetito salvaje que lo gobierna e impregna todo desde tiempo inmemorial, y que considera como bárbaro, monstruoso, anormal o incivilizado cuanto no se subordina a él). En ese sentido, los griegos de entonces no eran muy distintos de tantos varones actuales: ni siquiera en la ficción querían ver cuestionada su posición dominante.

Cambiarle el final a la historia

El momento culminante del mito amazónico lo representa el asesinato de Pentesilea a manos de Aquiles en la Guerra de Troya. Ese instante, tantas veces inmortalizado por el arte como epítome del amor trágico, suele omitir dos detalles. Uno es que el héroe de la historia también mató a Polemusa, Antandra, Hipótoe, Antíbrota y Harmótoa, compañeras todas de la reina de las amazonas. El otro es que, una vez que Aquiles calmó su cólera asesinando a Pentesilea, se enamoró perdidamente de ella y, según Robert Graves, practicó la necrofilia. Dicho de otro modo: el mejor de los aqueos flojeaba de algo más que del talón.

Por todo ello, Peñas sostiene que no es inocente que el arte haya recreado el mito hasta la saciedad, pero en su versión mutilada. De hecho, ese modo de hacerlo “desactiva su virulencia”. Ahí están la cantidad ingente de pinturas, esculturas o literatura que muestran solo una parte de la historia, esa donde Aquiles llora frente a la mujer que acaba de asesinar y de la que dice estar enamorado. Ante esta calamidad de proporciones colosales, Peñas comenta con garbo que acaso enamorarse de una amazona resulte “una amenaza mítica para la civilización”.

Por desgracia, la historia del arte y de la literatura aporta pocos ejemplos en dirección contraria. El primero se remonta al escritor romántico alemán Heinrich von Kleist, quien en su Pentesilea (1808) cambió el desenlace e hizo no solo que Pentesilea matase a Aquiles, sino que lo cargase como si fuera un fardo, dijera unas palabras sentidas, se suicidase y que sus compañeras la cubriesen de rosas rojas. Si bien esta obra teatral inspiró el poema sinfónico de título homónimo compuesto por Hugo Wolf y el libreto de la ópera Pentesilea op. 39, de Othmar Shoek, esa senda fue poco transitada posteriormente.

 Otra de las honrosas excepciones tiene sabor español. Se trata de  Aquiles y Pentesilea (2016), una obra teatral de Lourdes Ortiz. En su reescritura del mito, la dramaturga madrileña imagina que la reina de las amazonas y el héroe griego abandonan la batalla y emprenden una vida en común, una alocada idea que intentarán sabotear Artemisa –la amazona por antonomasia– y Ulises. Como si cabalgara a lomos del eslogan “haz el amor y no la guerra”, Ortiz reflexiona sobre la reciprocidad del afecto y transforma en metáfora la muerte de la amazona. “Muerte de amor me das, y no otra muerte quiero”, le dice Pentesilea a su enamorado mítico. El sexo y el amor, mejor en vida.

Una relectura contemporánea

A principios del siglo XX, el mito comenzó a leerse en clave femenina. O al menos de manera más inclusiva, puesto que las amazonas se convirtieron en símbolo del movimiento lésbico. Ese punto de inflexión, señala Peñas, gozó de aroma literario, pues en su origen estuvo Natalie Clifford Barney, la gran anfitriona de la vida literaria parisina y mecenas, entre otros, de Paul Valéry. Barney era abiertamente lesbiana, la apodaban la Amazona y, por si faltaba algo, escribió Pensamientos de una amazona. Además, sirvió de inspiración a Carta a la amazona, de la poeta rusa Marina Tsvietáieva. Gracias a ellas dos, hablar del amor entre mujeres se volvió más habitual y menos clandestino.

 Sin embargo, aquel París no era tan abierto de mente como parecía. La crítica literaria de entonces –masculina, claro– se regocijaba con las escenas lésbicas que Zola incluyó entre dos prostitutas en la novela Nana o con los poemas eróticos de Canciones de Bilitis, de Pierre Louÿs. En cambio, no prestó atención o le pareció depravada la escritura de Renée Vivien, una notable poeta que cumplía estrictamente con los cánones del malditismo: era adicta al láudano, llevaba una vida sexual tumultuosa –fue amante de Barney– y murió joven debido a sus excesos. En aquel efervescente París, como antaño en la Grecia clásica, la horma masculina no consideraba la posibilidad de que las mujeres se imaginaran a sí mismas como se les antojara.

En cualquier caso, esa relectura de principios del siglo XX del mito amazónico lo recargó de energía metafórica y lo ha empujado hasta nuestros días. Lejos de restringirlo al universo lésbico, Peñas lo relee de modo que abarque a todas aquellas mujeres que han presentado batalla para reivindicar su derecho a salirse de la norma. Así, dedica un buen número de páginas a valorar no solo las figuras de Barney y Vivien, sino también las de Valentine Penrose (amazona órfica), Gertrude Stein (amazona vanguardista) y Audre Geraldine Lorde (afroamazona). A sabiendas de lo injusta y personal que es toda selección, Peñas deja en manos de la lectora o el lector reivindicar a otras mujeres, desde Medea o Judith a María Zambrano, Angela Davis, Claude Cahun, Emma Goldman o Simone Weil.

De la estirpe de las amazonas funciona, asimismo, como un crisol de referencias. Al fin y al cabo, el ensayo es un gozoso encuentro entre la Biblioteca Clásica Gredos, el mitólogo Josep Campbell, la psicología junguiana y la historia del arte, a la vez que rescata toda clase de literatura en honor de las amazonas, la escasa bibliografía existente sobre ellas o unas cuantas semblanzas biográficas de mujeres únicas. Ese esfuerzo lector es uno de los méritos de Esther Peñas (amazona surrealista, católica y poeta de ojos azules, al parecer de la escritora Isabel González, presentadora del libro una lluviosa tarde del otoño madrileño).

El otro gran mérito de la autora es haber escrito sobre las amazonas con el entusiasmo y el pulso lírico de quienes prefieren que el texto transmita antes por contagio que por erudición. Como resultado, las amazonas vuelven a ser un estandarte visible en el fragor de la batalla por romper las costuras de ese corsé llamado normalidad."                    (Rubén R. Arribas, CTXT, 24/12/21)

27/10/21

Tras el rastro de las amazonas... el Museo Histórico del Palatinado, en la ciudad alemana de Speyer (al oeste del país), organiza una muestra que recoge restos arqueológicos que parecen atestiguar la existencia de mujeres guerreras en Europa y Asia

 "Fueron las mortíferas guerreras de la mitología griega. De carácter belicoso, combatían a caballo y dominaban el manejo de la lanza. Su eficacia en el campo de batalla era tal que cuenta la leyenda que incluso lucharon en el asedio de Troya. Desde entonces, esa sociedad femenina ha fascinado a la cultura occidental. ¿Pero existieron realmente o no son más que un mito?

Para arrojar luz sobre el enigma de las amazonas, el Museo Histórico del Palatinado, en la ciudad alemana de Speyer (al oeste del país), organiza una muestra que recoge restos arqueológicos que parecen atestiguar la existencia de mujeres guerreras en Europa y Asia. Como el caso del enterramiento escita en pareja de un guerrero y una guerrera en el yacimiento de Ak-Alacha, en las montañas de Altai, en Asia central. Ambos portaban la armadura completa de la caballería y la mujer además llevaba un hacha de hierro, un puñal y un carcaj con un arco y flechas.

"Siempre han surgido muchas preguntas en torno a las amazonas, desde que el arqueólogo Heinrich Schliemann descubrió las ruinas de la ciudad de Troya, que indicaban que aquel escenario existió de verdad", indica el comisario de la exposición, Lars Börner, en declaraciones a Efe. La exposición Amazonas. Guerreras misteriosas , que abre sus puertas el próximo 5 de septiembre y hasta el 11 de febrero, reúne testimonios de historiadores especializados en el estudio del antiguo pueblo de mujeres guerreras. El itinerario expositivo recoge muchos hallazgos no se habían mostrado antes. Entre los objetos presentados hay armas, escudos, collares y pendientes, así como pinturas y esculturas.

La leyenda cuenta que las Amazonas se extendieron por regiones de la actual Ucrania o de zonas de Asia Menor, sin que su ubicación haya quedado nunca clara. De hecho, muchos de los restos proceden de excavaciones situadas a lo largo de la estepa que se extiende desde Europa del este hasta Asia. Fue en la literatura griega clásica, sin embargo, donde quedaron inmortalizadas. De aquel periodo datan muchas de las vasijas pintadas que se presentan en la muestra y que describen historias de un mundo lleno de héroes y leyendas, de vida y muerte, de amor y desdicha. Como la de Pentesilea , reina de las amazonas, que participó en la defensa de Troya ante el asedio griego. Retó a Áyax Telamón y fue derrotada por el mayor héroe griego, Aquiles, que tras matarla le retiró el yelmo y quedó cautivado por su belleza.

A través de esculturas y pinturas

La historia de estas mujeres guerreras es "sumamente interesante" y está "muy vinculada con nuestro mundo actual y con la lucha de las mujeres por la igualdad", según explica Börner. Con la reflexión sobre esas mujeres guerreras, se realiza un repaso "arqueológico, histórico, cultural y literario de la época, que fácilmente puede vincularse con el presente", añade. Y el recorrido hasta el presente se completa con grandes obras de arte cedidas por grandes museos de Europa y Asia que llenan el vacío de testimonios históricos. Entre los donantes temporales están el Museo Británico, de Londres; el Museo Nacional de Kiev, el Ny Carlsberg Glyptotek, de Copenhague; la Academia de Ciencias rusa y el Museo de Arte Antiguo de Basilea.

Un amplio despliegue de historia y arte que permite, según el Museo, recorrer con detalle el fenómeno cultural de las Amazonas. Y apreciar cómo la antigua leyenda ha pasado a convertirse en un símbolo de la mujer segura e independiente. Una imagen a la que alude, por ejemplo, el novelista Stieg Larsson (1954-2004) en la trilogía Millennium, cuya protagonias Lisbeth Salander evoca el talante de las antiguas guerreras de las leyendas griegas."                 (El País, 02/09/10)

26/10/21

Un libro, ‘De la estirpe de las amazonas’, repasa el mito de las mujeres guerreras y las contempla a la luz del feminismo moderno... Peñas reconoce su deuda con Carlos Alonso del Real y su durante tanto tiempo libro de referencia, 'Realidad y leyenda de las amazonas', hasta la sugerente obra reciente de Adrienne Mayor (Las amazonas, guerreras del mundo antiguo)... la amazona surgió de las noticias u observaciones directas de mujeres combatientes reales... mujeres guerreras en pueblos nómadas de la antigüedad (escitas, sármatas), que serían sobre las que se forjó el mito

 "Lo de que las indómitas amazonas se cortaban o quemaban un pecho para disparar mejor con el arco es uno de los elementos más conocidos y persistentes del viejo mito de las mujeres guerreras. Y es falso: proviene al parecer de una errónea traducción de su nombre (del que se desconoce la verdadera etimología), haciéndolo derivar del griego a-mastos, sin seno, y de la repetición del asunto desde la Antigüedad; y también de que es algo que resulta muy morboso. 

En un libro interesantísimo y sugerente recién publicado, De la estirpe de las amazonas (Wunderkammer, 2021), la escritora Esther Peñas se apunta a la corriente de los que niegan que las amazonas se amputaran el seno derecho para combatir mejor y refuta el truculento tópico con argumentos sólidos.

 Peñas (Madrid, 46 años) repasa en su ensayo, de un gran aliento literario, incluso poético, el mito de las guerreras que tanto sacudió el imaginario griego (y el nuestro), y toma caminos imprevistos para relacionarlas con el actual discurso de género y mostrarlas a la luz del feminismo moderno. “Las amazonas resuenan en cada una de nosotras como la posibilidad de libertad e independencia”, afirma la escritora, que abre su libro con una inesperada cita de la dramaturga Angélica Liddell (“ven guerrera amable, espada de alegría, no tardes, te espero con todo mi corazón”).

Afirma Esther Peñas que las amazonas, “mito incandescente” y “símbolo salvaje”, son “ejemplo de que las cosas pueden ser de otro modo al que se impone, o por lo menos de que al sistema ―patriarcal― se le puede ganar un margen en el que ser distinto”. Las amazonas míticas vivían en una ginecocracia y limitaban usualmente sus contactos con los hombres a temporadas para asegurar la reproducción.

La autora, que pretende con su libro inaugurar espacios nuevos para repensar el tema (hablando incluso de asuntos como el cáncer de pecho y la mastectomía), subraya lo fascinante del mito y su ambivalencia: las amazonas, hijas de Ares, hábiles jinetes, eran bellas pero crueles y belicosas. Heródoto las calificó de andróctonas, “matadoras de hombres”, y Homero en la Ilíada, donde aparecen mencionadas por primera vez (aunque es evidente que ya eran conocidas por su audiencia), de antianiras, “las que luchan como varones” (en el bando troyano). 

Célibes y ardorosas (no se casaban, pero podían mantener relaciones intensas, aunque también castrar a sus hombres), valientes, fieras e indómitas, inveteradas cazadoras consagradas a la virginal Artemisa, caían, sin embargo, invariablemente, ante la espada del héroe de turno, o eran sometidas y raptadas por él: Hércules, Teseo, Aquiles o Belerofonte (o Tarzán).

En el arte clásico visten con túnicas cortas, con una especie de leggins y pantalones como los persas y los nómadas, o van desnudas, siempre con armas características como las hachas de guerra labrys y sagaris, el escudo de media luna pelta, el arco y el lazo. Son todo un género las amazonomaquias y la representación de la amazona herida, generalmente con un tajo junto a los pechos, que se muestran generosamente. Se mencionan grandes reinas como Hipólita, Antíope, Pentesilea, Lisipe o Mirina, y guerreras con nombres tan explícitos como Lykopis, “ojos de lobo”, Aristomache, “mejor guerrera”, y Enchesimargos, “lanza loca”, que suena a comanche.

 Los atenienses las alinearon junto a los centauros, y los persas como sus más mortales enemigos, y los griegos en general, que las situaban con su mítica capital Temiscira en los confines de su mundo, las representaron obsesiva y recurrentemente en el arte. Quiere la tradición clásica que una (Thalestris) se acostara con Alejandro Magno, que otra (Hypsicratea) fuera concubina y compañera del rey Mitríades y que Pompeyo las combatiera, y las hiciera desfilar en uno de sus triunfos (posiblemente eran guerreras escitas o comparsas disfrazadas). Y que también hubiera guerreras en Hispania: Apiano, anota Peñas, relata que el general Décimo Junio Bruto luchó en el 136 antes de Cristo contra mujeres armadas, que combatieron y murieron valerosamente, en la muy pertinente localidad de Braga.

Su eco, recogido en creaciones literarias como las de Heinrich von Kleist o Marguerite Yourcenar, llega hasta las guerreras negras del rey de Dahomey, las aviadoras de combate soviéticas, las guardaespaldas de Gadafi, Mulan, Xena, la arquera Katniss de Juegos del hambre y Wonder Woman. Esther Peñas añade en un singular capítulo a “poetisas amazónicas” como Natalie Barney, Gertrude Stein, Annie Winifred Ellerman Bryher, Audre Lorde o Valentine Penrose, por la que confiesa una debilidad. “El libro es un esfuerzo de síntesis en el que reflejo lo esencial”, explica la autora, que considera que las amazonas son “un arquetipo que pone en jaque lo establecido” y que a las legendarias guerreras “toda mujer inquieta las admira”.

 De la estirpe de las amazonas surgió a partir de una conversación con la editora de Wunderkammer, Elisabet Riera, que la animó a escribir lo que Peñas tenía en mente y a decidir el formato, a caballo (y valga la imagen amazónica) entre el ensayo y la literatura. Peñas reconoce su deuda con un amplio arco de autores, desde Carlos Alonso del Real y su durante tanto tiempo libro de referencia, Realidad y leyenda de las amazonas (Austral, 1967), hasta la sugerente obra reciente de Adrienne Mayor (Las amazonas, guerreras del mundo antiguo, Desperta Ferro, 2017). 

Mayor es de los autores que han ido más allá en defender la realidad histórica de las amazonas, rastreando la presencia de mujeres guerreras en pueblos nómadas de la antigüedad (escitas, sármatas), que serían sobre las que se forjó el mito. Es decir, que la amazona surgió de las noticias u observaciones directas de mujeres combatientes reales.

Posteriormente, cuando griegos y romanos encontraban mujeres que luchaban, como sucedería también luego con los conquistadores españoles en América (“se vieron indias”, escribió fray Gaspar de Carvajal al llegar al río que llamaron Amazonas, “que con arcos e flechas hacían tanta guerra como los indios e más los acaudillaban e animaban”), tendían a identificarlas con el arquetipo. 

En contraste, otros autores, como William Blake Tyrrell (Las amazonas, Fondo de Cultura Económica, 1989), sin negar la existencia de guerreras auténticas, considera a las amazonas clásicas estrictamente imaginarias, una emanación de la mente masculina griega como personaje que representaba la para ellos peligrosa inversión de los papeles tradicionales de la mujer.

“El libro de Mayor es muy completo y trata las amazonas de forma transversal y holística, con informaciones arqueológicas muy relevantes”, destaca Esther Peñas. Aunque matiza que para ella misma, que incorpora el tema de género y la perspectiva feminista como aportación original, “lo de menos de las amazonas es su existencia real, lo importante es que como mito funcionan, no necesitan explicación para que nos fascinen; lo tienen todo, lo épico, lo lírico, lo sublime y lo desconcertante”. 

Y son bellas, no hay amazonas feas. “Es más terrorífico que sean hermosas, como la femme fatale, pero para la mujer son un arquetipo positivo, libres, nómadas, soberanas y ejemplo de fuerza y autogobierno”. Las inventaron los hombres. “Y mal no lo hicieron, hay que reconocerlo”.

 En cuanto a lo de cortarse el pecho (o quemarlo con una plancha, como escribió Hipócrates), considera que es “una forma muy gráfica para etiquetarlas en lo raro, lo monstruoso, lo execrable por distinto”. No le da ningún crédito a que esa mutilación fuera real: “Clínicamente hubieran muerto desangradas”, subraya, “y además en ninguna representación plástica aparecen sin pecho, o cortándoselo, siempre se las muestra con los dos, por no hablar de que su patrona, Artemisa, tan buena con el arco, conserva ambos senos”.

De hecho, la volumetría femenina nunca ha sido un obstáculo para tirar al arco o lanzar una jabalina, como atestigua cualquier deportista. “Es posible que se las considerara sin pecho porque no amamantaban”, reflexiona la escritora; “pero sobre todo la idea tiene que ver con hacerlas perder un elemento femenino por excelencia, igualarlas con el hombre por la vía de desfeminizarlas. 

Ponerles un pene hubiera sido demasiado grotesco”. Siguiendo con el pecho, algunos autores subrayan que hubiera sido muy perjudicial para las amazonas la coraza pectoral anatómica tipo corselete con que se las suele mostrar modernamente. Ese tipo de defensa metálica curvilínea, aunque muy vistosa, en realidad provocaría que los golpes y proyectiles resbalaran hacia el esternón y el corazón resultando peligrosísimos.

 A las amazonas se las ha asociado con el lesbianismo, pero, reconoce Peñas, en el mito clásico original no hay nada de eso: eran completamente heterosexuales. “En la Antigüedad no aparece ningún rasgo lésbico, ni tampoco cuando el mito dormido vuelve con la conquista de América. Es un rasgo moderno, si se hubiera tenido a las amazonas por lesbianas los autores de Grecia y Roma no habrían tenido ningún problema en decirlo. Pero en realidad no sé qué es más transgresor, si la homosexualidad o que se gobernaran ellas y lucharan con los hombres”.

 En cuanto a las relaciones de amazonas y héroes, “tradicionalmente se impone el discurso del poder, que es que el hombre redime de alguna forma a la amazona, la devuelve a su condición de mujer sometiéndola, hiriéndola y matándola, desactivándola”. Autores como Meyer, basándose en las prácticas desinhibidas de los nómadas, consideran que las amazonas practicarían un sexo robusto, promiscuo y desacomplejado, y que incluso habrían descubierto el poliamor. Más cauto, Virgilio dice que buscaban “tumultuosamente” el encuentro amoroso.

De sus amazonas clásicas favoritas dice Esther Peñas que prefiere Hipólita a Pentesilea. “Hay un misterio en lo de su cinturón y los poderes que le proporcionaba, y está ese elemento afectivo de que lo recibió de su padre y lo entregó, en algunas versiones, a Hércules por amor”. Considera amazonas modernas a Greta Garbo y a Katherine Hepburn, de la que recuerda que encarnó a una amazona (Antíope), precisamente, en 1932 en Broadway en The Warrior’s Husband y luego en una versión cinematográfica. 

Las amazonas, en suma, recapitula la escritora, “son un linaje de mujeres que por derecho propio disponen su manera de estar en el mundo; mujeres que pelean y que se dan a sí mismas el lugar que merecen”. Y proclama con orgullo: “Estirpe grandiosa, auténtica, la nuestra”.           (Jacinto Antón, El País, 25/10/21)

9/9/21

No siempre hemos estado a la gresca con la guerra de sexos. No siempre hubo dominación. Ni siquiera es necesaria esa dominación. Hace mucho, existió otra forma de entender el mundo. Más colaborativa, más coordinada, más pacífica.... así pues: “La lucha del futuro será entre sistemas orientados a la dominación o a la asociación”

 "Riane Eisler (Viena, 1937) es esa profesora a la que recuerdas con cariño. Sonríe todo el rato, hace preguntas, dialoga. Que sea, también, una de las voces más autorizadas en el campo de la antropología y la sociología solo aumenta el disfrute de la conversación, claro...

En 1987 Riane publicó El Cáliz y la Espada, que ha sido traducido recientemente por la editorial Capitán Swing. “El libro más importante desde El origen de las especies de Darwin”, en palabras del antropólogo Ashley Montagu. Ya ven, casi nada. La tesis que Eisler sostiene allí, fundada con evidencias arqueológicas, es atractiva. ¿En resumen? Que no siempre hemos estado a la gresca con la guerra de sexos. 

Que no siempre hubo dominación. Que ni siquiera es necesaria esa dominación. Que, hace mucho, existió otra forma de entender el mundo. Más colaborativa, más coordinada, más pacífica. Ella agrupa todas esas ideas bajo un componente común: el culto a eso que denomina “la Diosa”. Deidad femenina, una y todas. Concepto que Riane desarrolla para mejor comprensión.

Pero eso es después. Como no todos los días tiene uno la posibilidad de conversar con una antropóloga de talla mundial empiezo por algo que me es cercano. La covada, nada menos, esa tradición según la cual el hombre reproducía los dolores del parto tendido junto a la mujer y más tarde era él quien se quedaba cuidando del recién nacido. Ya ven, costumbres raras que tenemos aquí, por el norte. Riane asiente y comienza la charla. Una clase erudita y divertida. Como el libro. No se lo pierdan.

No me resisto a empezar hablando de la covada...

Ah, sí la conozco. Sé vagamente de la institución, y sus orígenes. Cerca de los vascos, ¿no?

Sí, donde yo vivo, en Cantabria, tenemos constancia de ello a través de textos clásicos. 

Una zona más orientada a la asociación, y no al patriarcado o matriarcado. Tendemos a pensar que es una cosa u otra, y no necesariamente. Creo que la covada sobrevivió hasta épocas tardías, un remanente de la cultura anterior. Me encantaría saber más cosas sobre ello.

Hasta el siglo XIX se conserva en algunos sitios.

Sí, hasta los tiempos de Napoleón, creo...

Aquí tenemos una especie de matriarcado histórico del cual nos sentimos muy orgullosos. Es falso, pero aun así nos sentimos muy orgullosos...

¿En qué sentido? Me interesa mucho lo de la covada porque cuando los hombres se involucran más con los bebés está demostrado que su respuesta neuronal cambia. 

Bueno, hay pervivencias similares hasta época muy cercana, que tienen cierto aire. En el Valle de Soba, por ejemplo. La obligatoriedad de no mudarse la ropa durante la semana posterior al parto. Tiene en común ese momento trascendente...

Quizá era algo sagrado, algo que no se quería cambiar. Es una especulación. La existencia de sacerdotisas además de sacerdotes y todo eso en la zona, ¿no? 

Y, en tu opinión, ¿por qué se pierde esa matrilinealidad?

Bueno, creo que se perdió porque las culturas cercanas también cambiaron mucho. Incluso si hablas con algunas personas mayores puede que aún recuerden cómo se produjo ese cambio. Ahora estamos moviéndonos hacia un espacio más tendente a la asociación gracias al feminismo, y llevamos un montón de equipaje mental. De alguna manera los hombres (y algunas mujeres) piensan que las mujeres van a tomar el control, pero no se trata de eso, sino de ser compañeros.

Históricamente podríamos hablar mejor, en estas tierras, de matrilinealidad, y no matriarcado.

Sí, es distinto. Uso esa palabra, matriarcado, porque estoy tratando de explicarme con las categorías que nuestro lenguaje nos da. Ya sabes, sería hacer el juego al patriarcado usar las dos versiones de eliminación, de oposición. Hacer el juego a la derecha. Otras reglas, otros peligros. En cuanto a la matrilinealidad…, hablamos de una transmisión de la propiedad, pero es algo ficticio, porque el padre o marido era quien gestionaba esa propiedad. Seguía siendo parte de la familia. 

Eso que planteas sobre no usar las versiones de la eliminación es una idea potente, aún extraña para nuestra mentalidad de hoy. Normalmente vemos el mundo como un enfrentamiento, siempre a la contra. 

Claro, pero si miras el arte…, el arte no es “contra”..., el arte trata la interconexión. Animales, vegetales, hombres y mujeres. Es una visión diferente del mundo.

Pero hay autores que niegan esto... que defienden un arte, usando sus palabras, “contra”, lejos de la conectividad. Su libro es muy heterodoxo en este sentido.

Bueno, ya sabes, puedes ver por ejemplo las llamadas figuritas de Venus. Embarazadas, grandes pechos, la vulva claramente marcada. No es pornografía, no hay dominio sino una representación de algún tipo de sistema de creencias, un sistema de creencias que es distinto. Creo que para entender la interconexión lo primero que debemos hacer es comprenderla como un sistema de pensamiento, cambiar nuestra conciencia y darnos cuenta de que nuestras únicas alternativas no son dominar o ser dominado. Existe también la asociación. Es un gran salto mental. 

Precisamente sobre lo que menciona en relación a las Venus y su significado... Recientemente hubo en España una polémica con cierta exposición temporal en el Museo de El Prado que buscaba explicar algunas pinturas clásicas desde un nuevo punto de vista. O, mejor aún, recuperar la intención inicial de los artistas. Dicho de otra forma, recalcar que una “Venus” de Velázquez es una figura mitológica con significación detrás, sí, pero también una mujer desnuda, y que se pintaba así precisamente para satisfacer un gusto erótico. ¿Qué piensa sobre esto?

Bueno, hay claras diferencias entre lo erótico y lo pornográfico, claro. Y luego, una cosa es una Venus de Tiziano saliendo de las aguas, y otra las escenas que muestran violaciones, por ejemplo. Creo que estos últimos cuadros recogen imágenes claramente orientadas a la dominación. Las feministas hablan de una mirada masculina. Y sí, estamos tan acostumbradas al macho como norma que es un buen primer paso que estemos examinando de nuevo todos estos asuntos.

Siguiendo con las creencias... en su libro habla sobre la ‘Diosa’, y comenta que es una figura al mismo tiempo monoteísta y politeísta...

Sí, son figuras distintas. Hay diosas serpientes que aparecen en diferentes sitios como icono central, aunque asociadas a otras divinidades. Pero, en cierto sentido, su figura es también monoteísta, porque venera el poder de dar y nutrir la vida. Eso es lo que realmente son las figurillas de Venus. Pero la arqueología decidió, tras abandonar la idea meramente pornográfica, que eran figuritas sin mayor trascendencia. Es una negación de la realidad. Solo si tienes esta visión de dibujo animado sobre el hombre de las cavernas, con sus barbas y su cachiporra... lo interpretas de esa manera.

En el fondo, ese sincretismo monoteísta / politeísta aparece en otros sitios, ¿no? En la propia Biblia, por ejemplo, donde se puede leer sobre dioses y Dios, con minúsculas y mayúsculas...

Es plural, y la gente lo entendía así. La parte menos conocida de la Biblia es muy interesante, y he trabajado mucho sobre ella. Las dos historias de la creación de la Humanidad, por ejemplo. La de Adán y Eva es más tardía que la de los elohim. Muy interesante. Nos falta cambiar nuestra concepción mitológica ahí.

Sí, diferentes tradiciones en un libro de libros como es la Biblia…

Es que es muy sugestivo, y llama mucho la atención. Jeremías, por ejemplo. Allí lees a Jehová regañando, afeando que las mujeres horneen pasteles en honor de la Reina del Cielo. La Reina del Cielo, fíjate. Y ellas responden: ¿por qué habríamos de dejar estos sacrificios? Hay más paz y prosperidad si los hacemos. Está ahí, en la Biblia. Antes no me había percatado de ello, porque no estaba buscándolo. Pero está ahí. No lo veía porque no encajaba.

Claro, la Biblia es tan grande que siempre puedes encontrar cosas inesperadas. Es fascinante, pero...

Pero un poco peligroso, sí. Mira, otro ejemplo... el Cantar de los Cantares. Es totalmente erótico. Todo eso lo toco en El cáliz y la espada.

Vayamos a este libro, entonces. Escribe muchas veces sobre la “Vieja Europa”, tomándola como base para sus teorías. ¿Se pueden trasladar a otros lugares esas conclusiones? Si vamos a Asia, a Oceanía, ¿encontramos movimientos análogos a los descritos aquí?

Sí, claro. Mira el ejemplo del Japón... allí el emperador, para convertirse en ello, debía mantener relaciones sexuales y luego dormir con una sacerdotisa de la Diosa. Lo que no encaja con nuestra visión de la cultura japonesa, ¿no?, muy dominada por los hombres. Entonces... creo que podemos encontrar pistas aquí y allá. Me concentro principalmente en el área alrededor del Mediterráneo, porque es donde se encontraban la mayoría de excavaciones arqueológicas hasta hace poco tiempo. 

En nuestros días aún existen sociedades que se encuentran en el neolítico (estoy siendo deliberadamente simplificador, pero creo que entendemos a lo que me refiero). ¿Se han mantenido allí estas ideas sobre la Diosa?

Bueno, algunos lo hicieron. Mira los minangkabau (un grupo étnico de Indonesia). Aunque fueron conquistados por los musulmanes aún veneran las montañas, todas con nombres femeninos. Y es una cultura matrilineal. Hay más casos. Pero es muy claro que hubo un cambio en cierto momento, y eso aparece perfectamente plasmado en el Arte. Aparecen escenas violentas, con gobernantes (también dioses) que son diez veces más grandes que sus súbditos, gente situada en un espacio inferior. Ya no están todos de pie al mismo nivel y con idéntico tamaño, como ocurría cuando se representaba a la Diosa, sino que algunos tienen los brazos levantados en signo de adoración.

 Si abrimos los ojos podemos ver que el lenguaje es diferente, nos están vendiendo una forma diferente de ver el poder, una forma diferente de ver a las mujeres y a los hombres. Tenemos que ir investigando pistas como Sherlock Holmes, despojarnos de nociones preconcebidas. Volvemos a la Biblia. Las mujeres hacen una cosa maravillosa, que es dar vida. Pero este acto se considera sucio, dado que la mujer que da a luz debe ser purificada más tarde por un sacerdote masculino. Es una locura ¿no? No tiene ningún sentido. Hablamos de traer una vida al mundo. 

Es una visión un poco pesimista, parece. Es como si toda nuestra evolución cultural hubiese sido trenzada para alejarnos de la Diosa y lo que representa. 

Bueno, pero también hay tendencias actuales en otra dirección. Piensa en el movimiento Black Lives Matter, por ejemplo. De hecho, si miro la Historia Moderna mi teoría es que es en períodos de desequilibrio, como el cambio que estamos viviendo desde que se puso en marcha la Revolución Industrial hace 300 años, surgen movimientos sociales progresistas que desafían lo preestablecido, ya sea el derecho divino a reinar, o el derecho divino a que los hombres estén por encima de mujeres y niños, o el derecho divino a que exista una raza superior. Hasta podemos hablar aquí del movimiento ecologista, que desafía nuestra, antaño idealizada, conquista y dominación de la naturaleza. Que no es sostenible, por supuesto. 

Creo que si examinamos lo que está sucediendo hoy, cuando cambiamos muy rápidamente, es una oportunidad ideal para acelerar estos movimientos. El Centro de Estudios de Asociaciones (entidad con base en California, de la cual Riane es presidenta) está promoviendo una campaña para que el asociacionismo se convierta en la corriente principal de nuestros días. Sé que no es fácil porque la gente está atrapada en... En fin, Trump dijo que todo trata sobre la dominación, ¿no?, y si te dominan eres débil. Para él no hay una alternativa de asociación. Pero una de las contribuciones de este libro es mostrar que una configuración social diferente es posible. Con todo, debemos ser holísticos, mirar a mujeres y niños no solo en la llamada esfera pública. 

En mi último libro, publicado por Oxford University Press, cito estudios demostrando que hay personas criadas en la dominación. Y uno de los rasgos que compartían esas personas era un verdadero malestar y disgusto por las mujeres que son más asertivas fuera del rol convencional. Otro estudio, que no aparece en el libro porque no lo descubrí hasta más tarde, trataba sobre cómo criaban esas personas a sus propios hijos. Primaba para ellos la obediencia, el castigo, no tanto el desarrollo humano. Se ponían muy nerviosos cuando sus hijos mostraban conductas independientes.

Es un cambio de paradigma, general.

Lo es. Tenemos un sistema oculto de valores que incluye siempre el dinero como eje central. Piensa en la cárcel... La capacidad económica es un denominador punitivo. Y siempre hay dinero para investigación armamentística. Pero, de alguna manera, no existen suficientes fondos para las personas delicadas, femeninas, que cuidan de la naturaleza. Así que, para mí, la lucha del futuro no será entre derecha e izquierda, religiosa y secular, oriental y occidental, porque las categorías son realmente distracciones. La lucha será entre sistemas orientados a la dominación y a la asociación. Entonces podremos tener una esperanza, sí.

Volvamos al arte prehistórico. Muy cerca de donde estoy ahora se encuentra el Monte Castillo. Allí hay muchas manos fijadas “en negativo” sobre los muros. Manos grandes y manos más pequeñas. Tradicionalmente estas últimas eran consideradas como manos de niño, fueron muy pocos los autores que dijeran, oye, igual es una mano femenina...

Es una falta de reflexión, claro. Ahora ya no se podría dar, porque sabemos que hay diferencias entre los dedos del hombre y de la mujer. Tiende a haberlas, mejor dicho, así que se puede establecer a quién perteneció esa mano. Conocí una vez un profesor universitario que se dio cuenta de esto. “Dios mío, esto son manos de mujer”. Sucede que no escribió el artículo donde plasmaba tal descubrimiento hasta después de abandonar la Academia... Esto es interesante, porque muestra cómo el mundillo académico está aún muy atascado en ideas previas. A eso hay que añadir que tenemos normalmente un enfoque disciplinario (también yo), pero si queremos conectar los puntos debemos observar varias disciplinas. No podemos centrarnos solo en una u otra, hay que descubrir juntos...

Existe una teoría reciente que habla sobre la posibilidad, solo la posibilidad, de que las pinturas de Altamira estuvieran hechas por mujeres. Únicamente eso, la idea... y ya es suficientemente polémica. 

Sí, puede ser el comienzo de algún cambio, y esto es importante. Pero es muy, muy lento. Y a veces arrastras problemas mentales. También yo, claro, todos hemos sido adoctrinados. Pienso en David F. Noble, el historiador de la Ciencia. Escribió un libro titulado A world without women, donde señalaba que la ciencia moderna occidental, que comenzó hace 600 o 700 años, surge en un entorno clerical totalmente masculino. Ahí comienza esta cultura. Esta visión, un reconocimiento como el que hace Noble, tiene solo medio siglo, así que quienes lo sostienen son, aún, tipos marginales. 

Y, con todo, cada vez se pueden leer a más mujeres dentro del campo de los estudios prehistóricos...

Bien, veamos entonces cuántas de estas mujeres pueden liberarse de todo lo que les han enseñado. Esa es la cuestión. Junto con otra: ¿cuántos hombres pueden liberarse de eso mismo? Creo que tienes razón en que, al menos en teoría, los estudios de hoy están más motivados para encontrar pruebas que no solo marginen o ignoren a las mujeres. Pero sigue habiendo vehículos que permiten encajar todo en la vieja visión, claro...

Una última pregunta... publicó El cáliz y la espada en 1987...

Sí, lo escribí en 1986, y con motivo del treinta aniversario añadí un nuevo epílogo...

¿Cree que ha cambiado algo? Desde que apareció el libro...

Yo creo que sí. Lo que comentábamos antes sobre las manos, por ejemplo, es un símbolo de algo que ciertamente ha cambiado. Las evidencias que manejamos hoy en día sobre el hecho de que había diferentes culturas son muy, muy fuertes. En otras palabras, la arqueología muestra que nuestra relación con la guerra tiene cinco o diez mil años de antigüedad, no más, y eso es algo para reflexionar. En fin, Pinker aún no acepta esto, ya sabes, hay personas que simplemente están ancladas en su visión. Él se aferra a su idea de que somos inherentemente belicosos, somos inherentemente malos. Algunos se enganchan a sus viejas enseñanzas. Pero hay cambios..."             (Entrevista a Riane Eisler, Marcos Pereda, CTXT, 26/08/21)