"La historia de las empresas de combustibles fósiles está llena de
ejemplos en los que han adoptado estrategias de relaciones públicas
procedentes de la industria del tabaco. Sin embargo, un análisis revela
que la relación entre las dos industrias va mucho más allá — incluso financian a las mismas organizaciones para que les hagan el trabajo sucio.
De estas organizaciones, DeSmog reveló que 32 han recibido donaciones
directas de la industria del tabaco, 29 las han obtenido de la
industria de los combustibles fósiles, y 28 las han recibido de ambas.
Hay
dos redes principales, una centrada en
los hermanos Koch y la otra en
Atlas Network, involucradas en la financiación de muchos de estos
think tanks.
Al explorar la base de datos de The Guardian, Hsu se percató de que
muchos de los nombres de las organizaciones que se oponían a la
regulación del tabaco eran las mismas que “las que se dedican a fomentar
el negacionismo climático”.
“Este es un movimiento financiado”, afirmó. “Las estrategias usadas
en el debate del tabaco son, definitivamente, estrategias que se usan
también en el debate climático”.
Complejo Industrial Anticientífico
Existe una red cada vez mayor de organizaciones que se autodenominan “de libre mercado”
que crean informes, aparecen en los medios y diseminan información que
la industria después usará para presionar a los políticos. El análisis
muestra que muchas de estas organizaciones aceptan donaciones de las
industrias sobre las que investigan e informan.
Como reveló una reciente investigación para The Guardian, realizada por Jessica Glenza con la colaboración de Sharon Kelly, estas organizaciones proporcionan “una voz potente para que los fabricantes de cigarrillos la usen en su lucha contra regulaciones más restrictivas”.
Y como ya mostró DeSmog, las mismas organizaciones llevan mucho tiempo
promoviendo el negacionismo de la ciencia del cambio climático para
desanimar a los legisladores y que no implementen regulaciones que
limiten las emisiones de carbono.
Según Hsu, la procedencia del dinero que reciben estos think tanks
para realizar sus actividades tiene importancia: “Hay gran cantidad de
investigación de calidad que muestra que independientemente de lo que
uno piense sobre cómo el dinero afecta a sus actividades, quien recibe
grandes donaciones responde a los intereses de sus donantes”.
“La industria de los combustibles fósiles y la del tabaco están financiando campañas de desinformación para
que las sociedades y los países no puedan tomar acciones que, en
general, beneficiarían a todo el mundo excepto a las industria de los
combustibles fósiles y el tabaco”, añadió.
“Este es un hallazgo interesante, pero no inesperado”, declaró a DeSmog Robert Brulle, profesor de sociología de la Universidad de Drexel.
“Varios think tanks de corte conservador participaron en las
primeras etapas del desarrollo y diseminación de la desinformación
sobre la relación entre el tabaco y la salud. Las técnicas que usaron
para diseminar dudas sobre los hallazgos científicos se desarrollaron en
la campaña del tabaco,” afirmó Brulle, explicando además que “cuando
apareció el asunto del cambio climático, esos think tanks conservadores estaban bien equipados y eran capaces de aplicar esas habilidades para impulsar una nueva campaña contra la regulación”.
De marginales y aislados a mainstream y transatlánticos
Los
think tanks respondieron a preguntas de The Guardian,
afirmando que son “totalmente independientes, no influídos por ninguna
donación, y que apoyan posiciones en favor de las empresas, y la
retirada de regulación e impuestos como parte de una filosofía de
mercado libre más amplia”.
Sin embargo, estas organizaciones ven sus voces y su influencia amplificadas por la inestabilidad política a ambos lados del Atlántico, haciendo que ideas que antes eran marginales entren en la narrativa dominante.
La elección de Donald Trump en Estados Unidos supuso el nombramiento
de varios oficiales con relación con estas organizaciones de libre
mercado. Han sido situados en puestos de poder que les permiten dar
forma a las políticas federales de energía y clima.
Entre ellos están dos exempleados de
ALEC (Consejo Legislativo Americano de Intercambio), que ha sido descrito como una “
fábrica de proposiciones de ley corporativas” por un exmiembro. Uno de ellos es
Daniel Simmons,
quien ahora dirige la Oficina de Eficiencia Energética y Energías
Renovables del Departamento de Energía de Estados Unidos, una oficina
que ALEC presionó para eliminar. Simmons también trabajó en el
Centro Mercatus, que ha aceptado donaciones tanto de tabacaleras como de empresas de combustibles fósiles.
El otro es
Todd Wynn, quien empezó trabajando para el
Cascade Policy Institute
(financiado por la industria del tabaco) y después pasó a dirigir el
equipo de Energía, Medio Ambiente y Agricultura de ALEC. Hoy es
el director de la Oficina de Asuntos Intergubernamentales y Exteriores del Departamento de Interior de los Estados Unidos.
El Departamento de Interior tiene competencia para permitir la
extracción de combustibles fósiles de los enormes terrenos federales del
país norteamericano.
Las tres organizaciones aceptaron donaciones de empresas tabacaleras al mismo tiempo que realizaban lobby a favor de normativas favorables a la industria. El IEA y el ASI, además, han aceptado dinero de la industria de los combustibles fósiles.
¿El que paga manda?
Hans Gutbrod, Coordinador de Transparify (una ONG que evalúa a think tanks en función de la transparencia de su financiación), indica que esta no es una cuestión que pueda analizarse “en el eje de izquierda-derecha”. Sin embargo, Gutbrod afirma que las organizaciones que abogan por la liberalización de la economía han sido capturadas por empresas privadas.
En declaraciones a DeSmog, afirmó: “Los padres del pensamiento liberal
advirtieron en numerosas ocasiones de los riesgos de que intereses
privados intentasen capturar a legisladores y reguladores. Y, aun así,
ese tipo de capitalismo clientelista es exactamente lo que vemos con
ciertos think tanks que supuestamente defienden el libre
mercado”. “En lugar de investigar políticas, lo que hacen son tareas de
lobby, que apenas disimulan, en favor de un puñado de empresas”, añadió
Gutbrod.
El IEA negó con firmeza que sus fuentes de financiación tengan un impacto sobre el trabajo que realizan.
Un portavoz declaró a DeSmog: “La producción editorial y política del
Instituto, tanto en nuestros informes como en nuestros materiales
educativos, la deciden solo su equipo de investigación y el Consejo
Consultivo Académico. Ninguna financiación de la que recibimos influye,
bajo ninguna circunstancia, el enfoque o las conclusiones de nuestra
investigación”. “Como think thank liberal, no es ninguna sorpresa que hayamos publicado investigación que abogue por la liberalización.
Pero el IEA no asume una línea empresarial para sus políticas: en el
pasado hemos publicado investigaciones que defienden la liberalización
de diferentes sectores y mercados, desde los servicios financieros a la
vivienda o los cuidados infantiles”.
Por la liberalización post-Brexit
En conjunto, muchas de las organizaciones que reciben donaciones de
las industrias del tabaco y los combustibles fósiles están involucradas
en un movimiento transatlántico por la liberalización cuando se produzca el Brexit.
For ejemplo,
Shanker Singham, que formó parte de la lista de expertos del
Instituto Heartland, es
una de las figuras clave
que abogan por este tipo de políticas una vez el Reino Unido abandone
la UE sin acuerdo. El Instituto Heartland ha recibido donaciones tanto
de empresas tabacaleras como de combustibles fósiles.
El informe acusa a la UE de cargar al Reino Unido con regulaciones
que “afectan al crecimiento” y señala las normas de protección
medioambiental como una de las áreas en las que la regulación comunitaria “avanza en una dirección anti-competitiva”.
Mientras tanto, la
Fundación Heritage, con base en Washington DC, ha recibido a varios políticos británicos, incluyendo al Secretario de Comercio Internacional
Liam Fox, el ex Secretario de Medio Ambiente
Owen Paterson, y el líder del Partido del Brexit y anterior dirigente de UKIP
Nigel Farage. La
Fundación Heritage también ha recibido dinero tanto de la industria del tabaco como de la de los combustibles fósiles.
Relación con la red Atlas Network
Todas estas organizaciones
se identifican como think tanks pro-libre mercado, y están coordinadas (hasta cierto punto) a través de
Atlas Network.
Atlas es un grupo, con base en Washington DC, que trabaja con más de
450 organizaciones de todo el mundo, conectándolas con “las ideas y
recursos necesarios para avanzar en la causa de la libertad”, según su
propia página web. Fue fundada en 1981 por Antony Fisher con el objetivo
de ofrecer “perspctivas innovadoras y de mercado a asuntos de política
pública”. Fisher también
fundó el IEA.
El diario
The Guardian reveló que
más
de una quinta parte de las organizaciones que forman parte de la red
“presentaban algún tipo de argumentación contra el control [de la
industria del tabaco], aceptaron donaciones de la industria, o ambas
cosas”. De esas organizaciones, DeSmog ha identificado a 28 que
también aceptaron donaciones de la industria de los combustibles
fósiles.
La propia Atlas ha recibido considerable apoyo de las dos industrias.
The Guardian
también informó de que Atlas recibió donaciones de British American
Tobacco en 2015 y 2016, así como de Japan Tobacco International en 2016.
Según PR Watch,
el gigante del tabaco Philip Morris aportó más de 475.000 dólares a
Atlas tan solo en 1995. Entre las donaciones que Atlas ha recibido de la
industria de los combustibles fósiles,
según ExxonSecrets,
ExxonMobil ha donado un total de 1.082.500 dólares a la red desde 1998.
Al contactar con Atlas para obtener su punto de vista para este
artículo, un portavoz de la organización dirigió a DeSmog a una sección
de preguntas frecuentes para periodistas. El documento afirma que la
posición de la red “en cuanto a transparencia de donaciones se guía por
el Servicio de Impuestos Internos de Estados Unidos y las directrices
que este proporciona, los cuales seguimos fielmente y sin excepción”.
“Cualquier información que afirme o implique que Atlas Network es opaca
u opera de cualquier manera que no se ajuste con total fidelidad a los
requerimientos legales para las organizaciones sin ánimo de lucro como
la nuestra es evidentemente falsa e indefendible,” afirma el documento.
Atlas afirma operar en 90 países. Allí donde va hay organizaciones organizadas contra el consenso científico, siempre que ese consenso debilite los argumentos de la liberalización de la industria.
En el Reino Unido, según
informó DeSmog, Atlas está en el centro de una red de organizaciones que ejercen presión en pos de un
Brexit duro. Atlas
multiplicó por cinco
su gasto en Europa entre 2015 y 2016 (el año del referéndum del
Brexil), pasando de 340.000 dólares en 2015 a 1,7 millones al año
siguiente.
La siempre presente influencia de los hermanos Koch
En el trasfondo de todo esto están los
hermanos Koch.
Koch Industries es
la mayor empresa energética de carácter privado (que no cotiza en bolsa) de Estados Unidos. Copropietarios de un enorme imperio petroquímico e industrial, los los multimillonarios hermanos
Charles y
David Koch
son importantes financiadores de organizaciones políticas de libre
mercado tanto en los Estados Unidos como en otros países. De las 28
organizaciones que aceptaron dinero de las industrias del tabaco y los
combustibles fósiles, 23 también recibieron donaciones de los Koch.
Atlas aceptó donaciones de los Koch por un total de 101.658 dólares
en 2016, lo que significó un aumento desde los 82.426 dólares de 2015.
De acuerdo con los datos obtenidos por Greenpeace Estados Unidos, Atlas recibió un total combinado de 348.560 dólares en donaciones de fundaciones ligadas a los Koch entre 1998 y 2015.
Los Koch también son importantes donantes del Instituto Cato, la Fundación Heritage, el Instituto Heartland, el Competitive Enterprise Institute, y ALEC.
Todas estas son organizaciones que han aceptado fondos tanto de la
industria del tabaco como de la de los combustibles fósiles.
Las organizaciones británicas que presionan por un Brexit duro
también han recibido, indirectamente, dinero de los Koch. Estas
donaciones las recibían a menudo a través de
Donors Trust (una fundación descrita por la revista
Mother Jones como “
el cajero automático de dinero oscuro del movimiento conservador”, y que ha recibido importantes aportaciones de los Koch) o de
Epicenter, que funciona como la sucursal europea de Atlas Network.
DeSmog también reveló que los
Koch estaban detrás del dinero oscuro que recibía un grupo de “defensores de la libertad de expresión” que difundían la
ideología del libertarianismo y el negacionismo climático en el Reino Unido.
Según Hsu, la expansión de la financiación de los Koch podría tener consecuencias:
“Las organizaciones, muchas de ellas financiadas por la red de los
Koch, han usado ventajas fiscales reservadas a organizaciones
filantrópicas, primero para ahorrarse impuestos, y segundo, para usarlos
como un mecanismo de influencia en el debate público”, afirmó. “Muchos
de estos supuestos think tanks o organizaciones filantrópicas son
percibidos, probablemente, como más neutrales de lo que en realidad son.
En realidad lo que reflejan son los intereses de los hermanos Koch”.