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26/10/23

«El decrecimiento no es algo que puedas elegir, es algo que va a ocurrir»... estaríamos en un grado leve de colapso... se ve en la pérdida de recursos esenciales como el agua, la alimentación o el acceso a la educación y sanidad... podemos elegir entre tres únicos escenarios: extinción, gobernanza autoritaria o transformación

 "Asiduo a la divulgación en redes sociales y programas de televisión, Fernando Valladares ahora se adentra en el mundo editorial con ‘La recivilización. Desafíos, zancadillas y motivaciones para arreglar el mundo’ (Destino, 2023). El ser humano construye su propia ruina, paradójicamente, destruyendo la naturaleza en la que está inserto. Por eso, este doctor en biología e investigador del Instituto Superior de Investigaciones Científicas, propone un camino mediante el que poder renacer, de alguna forma, como especie. El experto desgrana los principales retos a los que nos enfrentamos, los problemas que se encontrará la sociedad para conseguir el cambio deseado, las razones que harán del decrecimiento económico algo ineludible y el porqué del debate entre colapsistas y posibilistas dentro del ecologismo.

 En la primera parte del libro, expone que podemos elegir entre tres únicos escenarios: extinción, gobernanza autoritaria o transformación. ¿En qué se basan cada uno de ellos?

Se trata de simplificaciones de un abanico más amplio de escenarios. El primero está ligado a no hacer nada, que es prácticamente lo que estamos haciendo ahora. El no hacer nada ya es una decisión en sí misma, y la ciencia te dice lo que pasará si no actuamos. No hace falta insistir mucho para que nos demos cuenta hacia dónde nos dirigimos si seguimos así. Otra posibilidad es que sean los gobernantes o los responsables políticos los que se hagan cargo de la cuestión. Eso podría dar lugar a un modelo de gobernanza autocrática donde se ejecutarían decisiones más o menos dictatoriales. Significaría un retroceso profundo de los derechos humanos y en la salud física y mental de las personas. Se podrían arreglar los problemas logísticos más acuciantes, pero a un coste elevadísimo. Yo apuesto por el último, el escenario de la transformación. Hay que poner todo patas arriba para que el mundo vaya a mejor. Nos equivocaremos, no será fácil, pero tenemos mucho que ganar, sobre todo porque no tenemos prácticamente nada que perder si seguimos como hasta ahora, en un sistema completamente insostenible.

¿De qué escenario cree que estamos más cerca como sociedad a nivel mundial? ¿Y en España?

El escenario global remite a que estaríamos en un grado leve de colapso, aunque en algunas regiones ese grado se encuentra en estado avanzado. El colapso se ve en la pérdida de recursos esenciales como el agua, la alimentación o el acceso a la educación y sanidad. Eso, que está amenazado en el Norte global, no tenerlo o estarlo perdiendo es común en el Sur global, aunque lo hayamos normalizado. Tenemos que tomar decisiones rápidas porque el escenario cambia día a día. En España parece que la gente está muy preocupada por el medio ambiente, pero la sociedad no ha encontrado la forma de canalizarlo hacia la resolución del problema. La mayoría de la gente apenas da urgencia a algunas cosas, además de que la descoordinación reina entre las acciones individuales y colectivas o del sector público y privado. También somos más vulnerables por la posición geográfica, la sequía que podremos sufrir y nuestras características climáticas.

También aborda ocho desafíos que requieren hablar claro, como usted dice. El primero que trata es el desafío natural. ¿Considera que es el más importante? Parece que todos los demás desafíos van supeditados a este.

Sí, pero no lo digo yo con mi posible sesgo de científico y ecólogo. Cuando uno escucha a los grandes economistas del Foro Económico Mundial, ellos mismos aceptan que las crisis que afrontamos no son económicas de raíz. Lo mismo ocurre al escuchar hablar a médicos de las crisis sanitarias. Todas las crisis que sufrimos, ya sea geopolítica, social, sanitaria o energética, tan solo son manifestaciones de crisis ambientales. Si solo vamos a los síntomas, lo único que haremos será posponer un poco el colapso.

En la parte en la que trata el desafío económico, usted afirma que el sistema actual no funciona, al menos como debería funcionar para la supervivencia y confort humano. ¿Cuál es su plan B?

Mi plan B es el de muchas otras personas que llevan décadas hablando del decrecimiento económico, que es ineludible. No es un escenario que puedas elegir, es algo que va a ocurrir. Hasta los propios multimillonarios firman manifiestos para que les suban los impuestos porque ellos mismos se dan cuenta de que su bonanza económica está en riesgo en el actual sistema. El plan B es planificar al contrario de lo que lo hacemos desde hace siglo y medio. En lugar de que el objetivo sea que el PIB suba, tendrá que bajar. ¿Cómo hacerlo? Con políticos valientes, porque ahora mismo no se atreven. Son medidas difíciles de explicar. Imagina un candidato a presidente diciendo que su propuesta es decrecer un 17%, por ejemplo. La gente también tiene que estar preparada para entender bien qué significa y por qué este debe ser el recorrido futuro.

La democracia, la ideología y la religiosidad aparecen como el último desafío cuando, a priori, se podrían considerar categorías alejadas del respeto y la preservación del medio ambiente, pero no es así. ¿Por qué?

El problema de algunas ideologías y religiosidades muy marcadas es que tienen una visión con una gran primacía del ser humano. Lo entienden como si estuviera aislado, sin soporte alguno en la naturaleza, como una colección de individuos y no una sociedad integrada. Esas son una serie de simplificaciones que sirven para mantener el modelo económico, por lo que aquellas personas que las profesan son obstáculos a la hora de explicarles el desafío civilizatorio. Pero hay razón para el optimismo. En el último sínodo, celebrado este mismo año, se dio una gran convergencia en los objetivos, entre los que se encontraba que el ser humano conviviera en mayor armonía con la naturaleza. Otro ejemplo es el papa Francisco con su nueva encíclica. Que siga vivo es uno de los mayores misterios después de la Trinidad, porque es algo que los creyentes más acérrimos se tienen que tragar como un sapo. Es un gran avance que personas tan influyentes como él digan cosas basadas en la ciencia y en el sentido común.

Algunas personas confían en que la tecnología nos podrá salvar del destino que usted plantea. Es lo conocido como «tecnoptimismo». ¿Qué les respondería a estas personas?

Yo les diría que no fueran tan ingenuas, que tienen una actitud muy infantil. Sus ideas no se ajustan a la cruda realidad. Tienen una especie de confianza en que el ser humano será capaz de sobreponerse hasta a las leyes de la termodinámica y hacer de un planeta finito algo infinito. Hay que trabajar con lo que tenemos hoy, y ahí sí que tenemos tecnología de sobra para hacer frente a un cambio de civilización.

Otro concepto que se empieza a utilizar es el de «ecomodernismo», que también aborda en su libro. ¿Cree que se trata de un falso ecologismo? ¿Quién puede tener interés en potenciarlo”?

Desde el momento en que quiere construir alternativas únicamente fijándose en las bondades alcanzadas en el último siglo, el ecomodernismo es un falso ecologismo. Se dan ciertos avances indiscutibles como la vacunación, el alfabetismo o la mejora de la esperanza de vida, que son logros de la humanidad sin duda. El ecomodernismo viene a fijarse en estas cuestiones para contrarrestar lo peyorativo del concepto «antropógeno». En lugar de ralentizar las cosas como decimos los científicos, sus defensores cada vez apuntan más arriba. Son cosas lunáticas, hasta divertidas si no habláramos de la vida de millones de personas y nuestro futuro como especie a medio y largo plazo. Piensan, por ejemplo, que si vienen mal dadas podremos irnos a vivir a Marte.

Ya ha comentado que el decrecimiento es algo ineludible. ¿Existen personas dentro del ecologismo en contra del decrecimiento?

El decrecimiento despierta dudas y recelos en mucha gente, y dentro del ecologismo hay muchas orientaciones. Hay ciertas personas que se siguen agarrando al milagro de los panes y los peces, que pretenden reconciliar el planeta con el modelo económico preponderante. Quizá lo hagan por miedo, desconocimiento o como una posición ideológica. Otras personas defienden que se trata de una posición muy utópica y que sería mejor aprovechar lo que ya existe en forma de energía renovable y tecnologías más blandas y verdes para hacerlo mejor. Están bienintencionadas, pero lo que sí es utópico es posponer el momento de tomar las decisiones más duras. Yo creo que nunca habrá un periodo de transición. Vemos que nada es gradual, que el clima no cambia gradualmente, y las pandemias tampoco golpean de forma planificada. Tenemos que prepararnos para un futuro cercano muy revuelto, lleno de adversidades inesperadas, e intentar hacerles frente sin decrecimiento complicará las cosas.

En el último tiempo se ha dado un debate muy enconado en un sector del ecologismo entre aquellos que podríamos denominar colapsistas y otros estudiosos y activistas más posibilistas. ¿Usted se ubica en alguna de estas etiquetas?

Yo planteo que el colapso es uno de los escenarios, pero eso es algo que está presente en los informes del IPCC desde hace muchos años. En realidad, a partir de 3 o 4 grados centígrados de calentamiento de la atmósfera ya entraríamos en colapso. Yo no quiero imaginar un escenario catastrofista, pero pongo ejemplos de cómo avanzamos hacia él. Por otra parte, apoyo el suavizar el concepto de colapso. A alguien que no esté muy metido en el mundo del ecologismo y las crisis ambientales le puede crear cierta repulsión, ya sea por miedo o porque lo ven algo muy catastrofista. Eso es lo que busco con el libro, que gente que no ha oído hablar de la crisis de biodiversidad se interese por lo que sucede y decida formar parte de la solución. Sin ir más lejos, el libro de Emilio Santiago, una vez que superas su título [Contra el mito del colapso ecológico], ves que hay muchos matices que van en este sentido, el de empoderar a la gente a otras alternativas más sociales y económicas mediante las que poder sortear el colapso.

En realidad, su figura sirve casi de puente entre los colapsistas y los posibilistas.

Soy consciente de ello y me tiemblan las piernas, porque los puentes son los puntos más vulnerables. Yo intento tender puentes de forma activa, es algo que va con mi carácter, el asumir esa responsabilidad y encontrar puntos de interés y lógica en las distintas posturas, pero eso me estresa un poco y me pone en situaciones complicadas.

Por último, volvamos al principio. Su obra se titula La recivilización, es decir, volver a civilizar. Para eso, tendremos que revertir ciertos procesos aprehendidos e interiorizados. ¿Cuáles son los principales?

Hablaría de uno, el mayor de todos: el individualismo. Esto es lo que nos hace ser una sociedad tan vulnerable. De hecho, estamos al límite de lo que es una sociedad porque apenas hemos establecido una red en la que compartir valores. Fortalecer eso no solo nos hará posible el camino, sino que nos hará sentir más sanos y felices. Si revertimos algunos efectos secundarios del capitalismo, como el afán de productivismo, volveremos a humanizarnos. Así nos adentraremos en el abandono del antropocentrismo e iremos al ecocentrismo."

(Entrevista a Fernando Valladares, Guillermo Martínez, Ethik, 24/10/23)

23/5/23

¿Cómo vamos a producir las 20 Tm/Ha de compost que necesita un campo de cultivo medio? ¿Somos conscientes de lo que supone solo el trabajo de acarrear y esparcir esas 20 Tm sin tractores, sin tracción animal, para los casi 20 millones de hectáreas que se cultivan en la península? Las condiciones climáticas que impone el calentamiento global, nos van a obligar a re-territorializar nuestro sistema agroalimentario... Nos urge pasar rápidamente a la acción y construir modelos agroalimentarios locales viables, mientras tengamos energía disponible para realizar esta transición

 "El cénit de la producción de petróleo tiene muchas aristas y, posiblemente, el impacto y las consecuencias sobre el sistema agroalimentario mundial, sea una de las cuestiones más complicadas de tratar y quizás por eso, se convierta en una cuestión que se suele quedar en un segundo plano.

Los combustibles fósiles son esenciales en el mantenimiento del sistema agroalimentario actual: maquinaria agrícola, bombeo de agua en el regadío, producción de fertilizantes de síntesis, todo tipo de plásticos de uso agrícola, etc. afectando a toda la cadena que va desde la producción, a la distribución y al consumo.

Alrededor del 30% del consumo de energía[1] se emplea en el mantenimiento del sistema alimentario mundial y produce 1/3 de las emisiones de GEI[2]. Algunos estudios cifran en 13 unidades de energía fósil las que se utilizan por cada unidad de energía alimentaria producida[3].

Esta abundancia energética que nos han proporcionado los combustibles fósiles nos ha permitido disponer —especialmente en los países occidentales— de una gran variedad de productos desestacionalizados en las estanterías de nuestros supermercados y poder elegir entre diferentes tipos de dietas, en función a nuestro estilo de vida. Esta supuesta capacidad de elección, si la observamos desde una perspectiva más larga, seguramente sea una ficción propia de las sociedades opulentas contemporáneas, que sólo se puede sostener en un corto período de la historia de la humanidad, gracias al proceso de Haber-Bosch. Convertimos calorías de combustibles fósiles en calorías de nuestros alimentos. Hay estimaciones de que al menos el 30% de los átomos de nitrógeno de nuestro cuerpo proviene de este proceso de síntesis.

Si analizamos la historia agraria de la Península Ibérica, veremos cómo a lo largo de la historia hemos desarrollado sistemas alimentarios de base territorial. Nos alimentábamos mayoritariamente a través de los recursos que teníamos en nuestro ámbito geográfico y esto estaba determinado por la capacidad de sostener con esos pastos, forrajes etc., una cabaña ganadera con la que cerrar el ciclo de fertilidad de los cultivos. Nuestros antepasados tenían un gran ingenio y conocimiento del medio que los llevaba a hacer un aprovechamiento muy eficiente y generalmente sostenible de los recursos del entorno. Se trata de un patrimonio cultural basado en la gestión agroecológica del territorio que será muy importante de recuperar de cara al descenso energético en el que nos encontramos (Columela, Al Awan, la gestión comunal, etc.). Estos modelos agroalimentarios tradicionales —de base agrosilvopastoril— no eran perfectos y alrededor del siglo XIX, con la crisis finisecular y diferentes sucesos políticos y sociales, comenzaron a chocar contra límites físicos de la geografía donde se desarrollaban, lo que llevó a trasladar la huella territorial de los sistemas agroalimentarios locales a otros países con sus consiguientes impactos: importación de guano, de nitrato de chile, etc. (Una mayor profundización sobre el metabolismo agrario se puede realizar en los estudios de González de Molina y el Laboratorio de Historia de los Agroecosistemas de la UPO[4] y de Enric Tello en Catalunya[5]).

Esta necesidad/disponibilidad de fertilizantes se dispara con el mencionado proceso de Haber-Bosch y de ahí a la intensificación de la mal llamada revolución verde que conforma el sistema agroalimentario que tenemos en la actualidad.

Me dedico a la regeneración de suelos que han sido degradados tras décadas de impactos derivados de las prácticas de la revolución verde. En zonas de cultivos de secano de la península es habitual encontrarse con suelos con porcentajes de materia orgánica que no llegan al 1%. Son suelos muertos, en los que los ciclos de fertilidad del suelo están rotos y, por si fuera poco, los niveles de diferentes contaminantes, son muy elevados. En el momento en que a esos suelos les quitas su dosis de fertilizante de síntesis, el rendimiento productivo cae de manera abrupta. Dentro del proceso de regeneración, utilizamos las técnicas más avanzadas del conocimiento científico que disponemos: abonos verdes, biofertilizantes, cultivos de microbiología, BRF, introducción de diferentes secuencias de animales en pastoreos rotacionales regenerativos… Los procesos de recuperación de la fertilidad de los suelos son muy lentos y en muchas ocasiones puede llevar hasta 4-5 años conseguir alcanzar porcentajes del 2-3% de materia orgánica (contenido mínimo para recuperar cierta fertilidad en un secano medio). Y esto contando aún con tractores y maquinaria que nos facilitan de manera increíble el trabajo. Imaginemos lo que sería todo este trabajo de regeneración sin la ayuda de los combustibles fósiles.

Hay ocasiones en las que mientras realizas trabajo de campo, te da por pensar en los miles de hectáreas que te rodean y que están siendo aún cultivadas con químicos, en el trabajo tan inmenso y el tiempo que será necesario invertir para recuperar en un grado mínimo su fertilidad. En que un aumento de los precios de los fertilizantes nos puede poner contra las cuerdas, como ya está pasando en muchos lugares del planeta. En esos momentos, son muchas las preguntas que te asaltan y para las que no tienes respuesta.

¿Cómo vamos a fertilizar sin químicos superficies tan grandes? ¿Cómo vamos a producir las 20 Tm/Ha de compost que necesita un campo de cultivo medio? ¿De donde van a salir todos estos restos orgánicos? ¿Nos podemos arriesgar a basar toda nuestra reposición de la fertilidad en un proceso tan pobre desde un punto de vista termodinámico como el compostaje de restos vegetales? ¿Es posible fertilizar grandes territorios sin la intervención animal?

Aunque tuviéramos maquinaria, el reto sería colosal, pero si nos vamos a ver abocados a una menor disponibilidad de combustible, ¿somos conscientes de lo que supone solo el trabajo de acarrear y esparcir esas 20 Tm sin tractores, sin tracción animal, para los casi 20 millones de hectáreas que se cultivan en la península? ¿Cuántas personas en las ciudades estarían dispuestas a hacer esos trabajos? ¿Cuantas estarían hoy preparadas físicamente para aguantar la cosecha manual durante 6 horas al día en julio en Castilla? ¿Quién va a hacer esos trabajos?

¿Podemos realmente elegir el tipo de alimentación que queremos tener, sin esa ingente cantidad de energía que nos aportan las fósiles, o la dieta vendrá determinada por las características de nuestros territorios y los recursos que seamos capaces de sostener en los mismos sin esquimarlos?

Las circunstancias derivadas del agotamiento de los combustibles fósiles y las dificultades de la adaptación a las condiciones climáticas que impone el calentamiento global, nos van a obligar a re-territorializar nuestro sistema agroalimentario. Y para ello, es necesario planificar la transición agroecológica de esos millones de hectáreas y poder superar las dificultades técnicas que esto supone. Se trata de un reto enorme al que como sociedad nos vamos a ver enfrentados. Las cadenas largas de producción, distribución y consumo basadas en la disponibilidad de combustibles fósiles baratos, nos permiten vivir una ficción que no va a ser posible mantener mucho en el tiempo. Nos urge pasar rápidamente a la acción y construir modelos agroalimentarios locales viables, mientras tengamos energía disponible para realizar esta transición."                   (, 15/15/15, 2023-05-12)

15/5/23

La primavera silenciosamente asesinada. Nos quedamos sin estaciones por ignorancia, por prepotencia, por exceso de optimismo, por falta de cooperación y de valentía... Grandes empresarios e inversores, junto a la mayor parte de los responsables políticos (que también son, indefectiblemente, responsables de la crisis ecosocial), tienen la mayor cuota de responsabilidad, sin duda. Pero casi todos aceptamos las reglas del juego y permitimos que cosas como el caos climático o el agotamiento de los recursos hídricos se agraven sin apenas respuesta

 "La primavera está desapareciendo gradualmente ante nuestros ojos. Pero no se trata de un fenómeno natural. La primavera está siendo silenciosamente asesinada.

Abril con temperaturas de julio, embalses con niveles de verano, suelos y vegetación reseca que arde sin control en marzo, en uno de los grandes incendios más tempranos de nuestra historia. Regadíos que exprimen el agua subterránea comprometiendo la biodiversidad de parques nacionales, y mientras tanto, el agua de boca faltando en Córdoba o en Cataluña. Cereales que no se podrán cosechar. Cabezas de ganado que no tendrán qué comer, sacrificadas, porque su alimento se producía en primavera. El mayor regulador térmico del planeta, los océanos, ha absorbido hasta un 90% del exceso de calor y ya ha dado señales inequívocas de desestabilización, marcando récord tras récord de temperatura. Valiosísimas poblaciones de abejas, escarabajos y saltamontes muriendo. En algunos lugares hasta se tiene que polinizar a mano, añadiendo otro riesgo más a la ya comprometida seguridad alimentaria. Y pese a todas las evidencias incontestables, el negacionismo campando a sus anchas en programas de televisión en prime time.

Una primavera de elecciones, donde algunos observamos, incrédulos, el negocio innegociable: la promesa irresponsable y envenenada de incrementar el riego de la fresa con agua protegida. La locura colectiva de aceptar que alguien prometa a los agricultores agua milagrosa en Doñana.

Neruda fue demasiado optimista cuando dijo aquello de “podrán cortar las flores, pero no detendrán la primavera”. Salta a la vista que podrán. ¡Y tanto que podrán! Pero, ¿quiénes son los responsables? ¿Cómo hemos llegado a esta situación?

Grandes empresarios e inversores, junto a la mayor parte de los responsables políticos (que también son, indefectiblemente, responsables de la crisis ecosocial), tienen la mayor cuota de responsabilidad, sin duda. Pero casi todos aceptamos las reglas del juego y permitimos que cosas como el caos climático o el agotamiento de los recursos hídricos se agraven sin apenas respuesta. Esto no se arregla con acciones individuales, sino con una contundente acción colectiva que imponga cordura y frene unas inercias que no se van a detener por sí solas. Las 100.000 personas que colapsaron el centro de Londres durante cuatro días para exigir acciones contundentes comprenden bien esta obviedad. Los medios de comunicación que silenciaron esa convocatoria pacífica y masiva, mientras amplifican acciones más discutibles y minoritarias, también lo están comprendiendo a la perfección.

 La primera de las dificultades para salir del embrollo radica en que no admitimos que se hable claro. Mentimos y aceptamos mentiras. Por nuestro interés cortoplacista, por ignorancia o por dejarnos llevar. Y, al no hablar claro, nos ponemos a nosotros mismos ocho grandes zancadillas que nos impiden avanzar en la resolución de la grave crisis ambiental y social; de la que se derivan pandemias, tensiones geopolíticas, desastres financieros y el calentamiento de la atmósfera y de los océanos. Zancadillas que van desde el negacionismo a la presión del egoísmo, desde la hipocresía organizada al tecnoptimismo, desde la huida hacia adelante hasta la tendencia a la autodestrucción, desde la creencia en milagros a los paripés ambientales, también conocidos como greenwashing, ecoblanqueo o postureo ambiental. Unas zancadillas que hablan de una sociedad enferma (la codicia mata más gente que la contaminación atmosférica) y, sobre todo, de una sociedad bloqueada, incapaz de madurar y aceptar que, especialmente ahora, menos es más, y parar puede ser la única manera de avanzar. Si te encuentras cercano al borde de un precipicio ¿es acaso progresar una buena opción?

La primavera está siendo silenciosamente asesinada por la ignorancia, por la prepotencia, por el exceso de optimismo, por la falta de cooperación y de valentía. En el exceso de optimismo, por ejemplo, tenemos varios casos evidentes: la captura y secuestro de carbono, que no funciona, el hidrógeno verde, un concepto que a día de hoy es un oxímoron más –y que en nuestro territorio sin lluvia es claramente una apuesta muy peligrosa–, o la fusión nuclear, a la que le faltan 50 años desde hace 50 años. Casi cualquier cosa vale. Todo con tal de no afrontar que, más que falsas esperanzas que nos hacen esperar milagros más de la cuenta, lo que necesitamos es activación y altas dosis de realismo.

Esperanza, sí, siempre, pero en su justa medida. Y entremezclada con rabia, el ingrediente indispensable de cualquier avance en cuestión de derechos a lo largo de la historia. El voto de la mujer, la jornada de ocho horas o los avances en la descolonización han provenido siempre de las luchas, de la desobediencia civil, del conflicto. Y ahora nos estamos jugando algo, si cabe, más importante, porque sin ecosistemas sanos y climas estables no habrá mucho más que salvar o conservar. Sin embargo, parece que seguimos sin comprender que sólo con diálogo, informes y artículos en prensa, no llegamos. El conflicto en una situación de injusticia que se pretende silenciar es nuestro aliado.

 Por muchas renovables que se instalen –de maneras muy cuestionables, además, con poca participación de la gente del territorio y con una mentalidad cortoplacista en busca del beneficio económico–, si el consumo energético sigue aumentando tenemos el resultado esperable: 2022, récord de instalación de renovables y, a la vez, récord de emisiones.

La transición ecológica imprescindible es un problema más cultural que técnico, es más de reducir –consumo superfluo, desperdicio, desigualdad de la riqueza– que de añadir placas y molinos sin apenas planificar. Las alternativas realistas que se quieran presentar a la sociedad tienen que incorporar esta dimensión o se quedarán cojas.

Estamos subidos en la trepidante locomotora de la historia, que cada vez acelera más y más, hasta el punto de haber vuelto a aumentar el uso de carbón. Y esa locomotora va tan rápido que cada vez tiene menos estaciones donde parar. ¿Y qué le ocurrirá a una locomotora que apenas tiene donde parar y que cada vez tiene menos combustible? Nada bueno. Tendríamos que estar reduciendo las emisiones de gases de efecto invernadero a toda velocidad, pero parece que lo único que coge impulso es la inercia, una inercia que nos lleva inexorablemente hacia el final del trayecto.

Cuando, en 1962, la bióloga marina Rachel Carson escribió Primavera silenciosa, alertando sobre los peligros del DDT, los grupos industriales que iban a verse afectados por su investigación fueron eficaces ridiculizándola. Desprestigiar a una mujer investigadora en aquellos tiempos era, además, sumamente sencillo. Rachel Carson falleció joven, dos años después de publicar su obra más importante, y no pudo llegar a ver cómo logró cambiar el mundo, pero vaya si lo logró. El DDT se prohibió en la década de los setenta, y gracias a su trabajo incansable se salvaron incontables especies y vidas humanas. Gracias a ella nuestro mundo es mejor.

Pero volviendo al presente, el silencio reina de nuevo en otra primavera. Las aves siguen declinando globalmente. Tampoco se dejan ver casi los insectos que antes llenaban los parabrisas de los coches en cualquier viaje. Y el colapso de las poblaciones de insectos es la antesala de otro tipo de colapsos aún más peligrosos.

Actualmente, esa misma oposición interesada se está dando ante los que no tenemos problema en asumir algo que un niño pequeño entiende sin problema: no se puede crecer eternamente en un planeta finito. De la misma manera que un edificio no puede crecer hasta el infinito porque, cuanto más crece, más pone en cuestión su propio equilibrio. De la misma manera que una persona cuando llega a la madurez, deja de crecer, y se estabiliza porque de lo contrario la gravedad le acabaría haciendo besar igualmente el suelo. De la misma manera que nada crece eternamente en el universo –que sepamos– salvo la estupidez humana.

Pues bien, aunque cada vez hay más literatura científica al respecto de la necesidad de abandonar el crecimiento como meta, aunque los organismos internacionales, numerosos expertos y cada vez más políticos –incluso presidentes de gobierno– están perdiendo el miedo a hablar de ello, es curioso ver que la respuesta –muy especialmente del sector económico– es negar la mayor y seguir emperrados en una idea suicida, hasta para el propio desarrollo económico. El capitalismo sin control es su peor enemigo; alimentado por una codicia infinita, compromete el futuro de la humanidad, incluyendo su propia existencia como modelo socioeconómico.

La primavera está siendo asesinada. Luego caerá el otoño. Hasta que nos quedemos sin estaciones estables, sin combustible y sin frenos, y la locomotora en la que vamos subidos se estrelle irremediablemente. Y el que calla, otorga. El silencio nos hace cómplices. Cómplices de un asesinato al que aún podemos hacer frente organizándonos para detener a los que no se detendrán jamás. El pueblo es quien más ordena."                (Juan Bordera / Fernando Valladares, CTXT, 11/05/2023)

13/3/23

10 medidas para reducir el conflicto social por la implantación de renovables en España... El rechazo al desarrollo de energías renovables en algunas partes del territorio podría retrasar la transición energética o incluso paralizarla: Reinvertir los beneficios en el municipio... Estimular el empleo local... Ofrecer electricidad más barata a los vecinos o empresas de los municipios mediante la bonificación de sus facturas, por la implantación de comunidades energéticas o sistemas de autoconsumo compartido, o mediante PPAs a la industria local... Aumentar los ingresos de los municipios mediante alguna figura impositiva adicional

 "Hay que hacer frente al cambio climático, y esto pasa por el fomento de las energías renovables. Sin embargo, el despliegue de las grandes instalaciones de energía solar fotovoltaica o eólica, entre otras, en las zonas rurales en España está sembrando conflictos en muchas comunidades autónomas.

“Es importante que la ciudadanía conozca la importancia de la implantación renovable para mantener industria en España y atraer nuevas inversiones, que se conozca la cadena de valor en el país y los empleos que crea, y que España fije como proyecto colectivo ser uno de los países pioneros en la transición energética, con su efecto positivo en la “marca España” y en su proyección exterior”, declara Pedro Fresco, experto en renovables y ex director general de Transición Ecológica en la Comunitat Valenciana.

El rechazo al desarrollo de energías renovables en algunas partes del territorio es un problema complejo, ya que podría retrasar la transición energética o incluso paralizarla, afectando también al desarrollo económico del país, y requiere una serie de estrategias diversas para poder ser gestionado.

Así, la manera más efectiva para reducir el conflicto social por la implantación de renovables es la creación de mecanismos para aumentar los beneficios que reciben las localidades que los acogen.

Reducir el conflicto

De este modo, entre las medidas que se podrían adoptar estarían las diez siguientes:

  1. Modificar los concursos de capacidad
  2. Reinvertir los beneficios en el municipio
  3. Estimular el empleo local
  4. Crear una vía administrativa rápida para la autorización de aquellos proyectos con características de excelencia medioambiental y social
  5. Ofrecer electricidad más barata a los vecinos o empresas de los municipios mediante la bonificación de sus facturas, por la implantación de comunidades energéticas o sistemas de autoconsumo compartido, o mediante PPAs a la industria local o vehiculados mediante ofertas comerciales
  6. Aumentar los ingresos de los municipios mediante alguna figura impositiva adicional en vez de un impuesto adicional
  7. Crear oficinas de apoyo a los municipios que tengan una importante implantación de renovables, mediante su promoción turística o con subvenciones específicas
  8. Crear oficinas de mediación y resolución de conflictos sobre la implantación de parques renovables, con personal especializado de las administraciones públicas que pueda ejercer como agente neutral ante los conflictos generados por los distintos intereses en juego
  9. Desarrollar un plan para la ubicación preferente de desarrollos renovables en suelos degradados y de menor valor
  10. Que el apoyo del municipio, convenios firmados con el ayuntamiento o los procesos de participación sean relevantes para los concursos de capacidad o el acceso a la vía administrativa rápida."                       (Sandra Acosta , Periódico de la Energía, 09/03/23)

15/2/23

Tejados, renovables y territorio: un debate abierto sobre transición energética

 "En las últimas semanas, en la red se han sucedido los hilos hablando sobre potencia renovable instalada, generación de energía verde y despliegue de grandes instalaciones. El debate se articula entre dos posturas diferenciadas de, por un lado, quienes consideran que las medidas prioritarias deben centrarse en los tejados; por otro, quienes argumentan que, además de apostar por el autoconsumo, la emergencia climática requiere de mayores instalaciones. En el centro, una verdad incontestable: la transición energética no es una necesidad de futuro, sino de presente.

Las «zonas de sacrificio» son un concepto acuñado por la escritora Naomi Klein en su libro Esto lo cambia todo: el capitalismo contra el clima para hacer referencia a una verdad incómoda de los combustibles fósiles: el carbón, el gas y el petróleo fueron –y, en muchas ocasiones, son– extraídos mediante procesos que entrañan un altísimo coste humano, social y ambiental para las comunidades que tienen la suerte de albergar en su subsuelo estos tesoros energéticos. 

La actual transición que vivimos hacia un nuevo modelo basado en las energías renovables debería significar, entre otras cosas, el fin de las zonas de sacrificio: las energías limpias no suponen un peligro en cuanto a la contaminación de los ríos, los mares y el aire que respiramos. Sin embargo, sí tienen asociadas otras complicaciones que afectan directamente a diversos territorios y no de la misma forma.  

Hace unas semanas, se produjo un pequeño incendio digital a raíz de un manifiesto publicado por la Alianza Energía y Territorio (ALIENTE), una plataforma en la que participan más de 200 entidades y colectivos, presentes en doce comunidades autónomas, y entre los que se encuentran multitud de movimientos ambientales, sindicatos, fundaciones, colegios profesionales, ayuntamientos y cooperativas energéticas. En él, advierten del «daño al equilibrio y cohesión del territorio, a la biodiversidad y al desarrollo local sostenible» que provocan las grandes instalaciones renovables centralizadas. Una clara alusión a los enormes parques fotovoltaicos y eólicos que consideran perjudiciales para el patrimonio natural, el turismo y la agricultura en algunos parajes. Su visión se resume en un grito de guerra: «renovables sí, pero no así».

Frente a este modelo, ALIENTE aboga por la «la generación distribuida y las pequeñas instalaciones renovables», que permiten una mayor compatibilidad con la ordenación del territorio por su proximidad a los centros de consumo. De hecho, acaban de presentar además el estudio Renovables sostenibles: fotovoltaica, desarrollado por el Observatorio de Sostenibilidad, que concluye que «toda la potencia renovable proyectada cabe en zonas ya alteradas, sin sacrificar nada más». 

«Existen más de 300 mil hectáreas en tipos de superficie como tejados y cubiertas, zonas industriales, vertederos, escombreras, minas abandonadas, zonas aledañas a infraestructuras de autovías, autopistas y vías férreas, canales al aire libre e invernaderos ya consolidados en los que sería posible instalar fotovoltaica», calculan en el informe. Todo ello, insisten, sin afectar ni a un solo metro de territorio protegido por alguna de las muchas figuras ambientales existentes (Reserva de la Biosfera, Red Natura, ZIM, ZEPA, LIC, etc.).

¿Realmente basta con los tejados?

Pero para el director general del Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE), Joan Groizard, la realidad es otra bien distinta. En un episodio del podcast Sendas, dedicado a la transición ecológica, manifestó recientemente su postura sobre el reparto de las cargas de la transición energética. «Claro que hay que aprovechar todos los tejados y todas las cubiertas», señaló, pero sin perder de vista que también «hay que ocupar territorio: si estamos en una emergencia climática, no da tiempo a estar pensándolo varias décadas».

El responsable del IDAE, entidad dependiente del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, se pronunció claramente sobre los planteamientos recogidos en el manifiesto lanzado por ALIENTE. «Cuando decimos ‘renovables sí pero no así’, porque nos preocupa el impacto paisajístico y ambiental de las renovables, hay que ver si, realmente, lo que estamos diciendo es ‘renovables, bueno, ya veremos cómo y cuándo’ si no somos capaces de plantear un escenario alternativo», comentó. 

Groizard no es el único con esta postura. Pedro Fresco, exdirector general de Transición Ecológica de la Comunidad Valenciana, era destituido hace unas semanas por sus discrepancias con Compromís, que defiende empezar la transformación del modelo energético por pequeños proyectos solares de autoconsumo en los tejados. Él cree que el debate planteado es irreal porque, aunque haya que seguir avanzando e instalando fotovoltaica a escala doméstica, con eso no sería suficiente. «El año que hemos instalado más fotovoltaica de autoconsumo en España (2020) fueron casi 600 MW. Aunque pudiésemos duplicar esa cifra, tardaríamos casi 40 años en conseguir llenar todos los tejados, es decir, 40 años para conseguir ese 6,5% de la energía final que consumimos hoy. Y les recuerdo que tenemos que descarbonizar la economía entera en 29 años. Como ven, es absolutamente inviable eso de los tejados primero. No, la emergencia climática requiere que se haga todo a la vez», explicaba en un artículo varios meses antes de su cese. 

En él, aunque reconocía que existen algunos proyectos renovables inadecuados o municipios que no se ven suficientemente compensados por albergarlos, como también denuncia ALIENTE, advertía del riesgo de dar alas a ciertas narrativas que, sin ser negacionistas del cambio climático, si contribuyen al retardismo. «Tan sólo se me ocurren dos formas coherentes de oponerse a la instalación de energías renovables: la primera, abrazando efectivamente el negacionismo climático; la segunda, proponiendo un desarrollo masivo de centrales nucleares. Intentar oponerse al desarrollo rápido de renovables sin defender una de esas dos opciones resulta un ejercicio de funambulismo argumental insostenible en el tiempo», sostenía.

En Twitter, reconocidos activistas climáticos se pronunciaron tras su cese y se alinearon con sus argumentos a favor de instalar masivamente energías limpias. «Tenemos muy poco tiempo y necesitamos correr. Y no, los tejados no son suficientes. Necesitamos plantas en tierra y eólica. Frenar la instalación de renovables significa seguir usando combustibles fósiles», reclamaba por ejemplo Javier Peña, comunicador y divulgador viral con sus vídeos en Hope. Desde entonces, el debate sobre el modelo energético ha estado encendido en los medios especializados y generalistas y en la propia red social, donde en las últimas semanas se han ido acumulando hilos con datos técnicos para avalar las cuentas.

Dialogar con los territorios y acelerar la burocracia

Para Carlos Ariñez, uno de los principales impulsores de Luco Energía –la primera comunidad energética de Aragón y una iniciativa ciudadana reconocida además con el Premio Aragón Medio Ambiente 2022 por su contribución al medio ambiente rural–, la cuestión es compleja pero no reviste mayores contradicciones. En referencia a la postura de Groizard, Ariñez reconoce los esfuerzos de las entidades públicas para acelerar la transición energética –según el propio responsable del IDAE, el gobierno ha dedicado más de 1.300 millones de euros en actuaciones para autoconsumo, entre los que se incluye además una partida específica de 100 millones de euros para comunidades energéticas– pero lamenta que no se esté produciendo, hasta el momento, un necesario «diálogo con los territorios». 

También critica los muchos problemas con los que se están encontrando él y sus compañeros para iniciar la actividad de la comunidad energética, una figura novedosa para el autoconsumo y la autoproducción de energía gestionada de forma participativa por sus propios miembros. Un nuevo actor en el enrevesado sector de la energía al que le está costando hacerse hueco, a pesar de su creciente popularidad: como cuenta, ya llevan casi año y medio perdido para la puesta en marcha de Luco Energía por diversos problemas, derivados del desconocimiento de la normativa por parte de los técnicos municipales –en su caso, del Ayuntamiento de Calamocha– y de la lentitud de la distribuidora energética para aprobar el último trámite pendiente.

«No solo está pasando con esta comunidad energética, sino que la puesta en marcha de otras va a sufrir los mismos problemas o más», asegura Ariñez. José Miguel Granados, miembro de CooperaSE, cooperativa granadina de servicios energéticos dedicada a la transición hacia las renovables e involucrada además en la constitución de la Comunidad Energética del Río Monachil, comparte su testimonio.

En este caso, hablamos ya de dos años de espera. «Casi todos los elementos que intervienen han fallado de un modo u otro», señala Granados. Estas dificultades empezaron con la Junta de Andalucía, cuya plataforma digital para el registro de instalaciones renovables no incluía entre sus opciones la del autoconsumo colectivo, un motivo por el que tuvieron que acudir a otras vías para dicho registro.

Este fue sin embargo el menor de los problemas. Después ha venido el laberinto de notificaciones, confusiones y retrasos protagonizado por la distribuidora de la zona –la dueña de la infraestructura eléctrica, es decir, de los cables y los postes–, todas las comercializadoras implicadas –uno por cada miembro de la comunidad, ya que la comercializadora es a quien pagamos como consumidores la factura de la luz– y la empresa encargada de conectar el nuevo contador.

Sin embargo, pese a estas dificultades, el miembro de la cooperativa granadina insiste en la necesidad de apostar por la autogestión ciudadana de la energía. Si no, insiste, la alternativa es la de fiarlo todo al modelo de los grandes parques fotovoltaicos y eólicos. «En Granada, tenemos una zona que parece el lejano oeste y que está totalmente despoblada. Allí por muy poco dinero puedes montar un gran parque», lamenta Granados. 

Más allá de las discrepancias, parece claro el punto común del debate: urge acelerar la transición energética hacia un modelo renovable que garantice la descarbonización. Aunque se debata el cómo, está claro el porqué: la transformación no podrá realizarse sin consenso y, enfrente, el tiempo corre y el enemigo es más grande que nunca. De conseguirlo depende terminar, de una vez por todas, con esas zonas de sacrificio."                   (

21/11/22

Hidrógeno verde: ¿Llave o ilusión para descarbonizar la economía europea? El "megaproyecto" Maersk busca convertir a la península en otro "hub mundial" de este combustible... pero puede generarase un nuevo "colonialismo energético": países "proveedores" que van a abastecer a las regiones más ricas y desarrolladas

 "El hidrógeno verde asoma como la panacea con la que Europa va a sortear su doble crisis, la energética y ambiental. Esta semana, la UE y Egipto sellaron, en el marco de la COP27, una "alianza estratégica" para importar este combustible.

El acuerdo, según confiaron desde Bruselas, convertirá al país africano en un nuevo "hub" productivo. Europa financiará la infraestructuras y todas las herramientas necesarias para poder transportar el hidrógeno a largas distancias. Es decir, para hacerse con él una vez que elaborado.

El vicepresidente de la Comisión Europea, Frans Timmermans, se mostró exultante por esta nueva alianza. La calificó como un "punto de inflexión para la transición energética europea". "Necesitamos descarbonizar la economía europea sin desindustrializarla. Por eso mismo creemos que el hidrógeno verde puede ayudarnos a conseguir este reto", afirmó.

 El "gran desafío", agregó, es que el de hidrógeno verde "esté a la altura de la demanda internacional": "Ahora mismo estamos en un momento clave para invertir en infraestructuras".

Semanas atrás, los jefes de Gobierno de España, Francia y Portugal, Pedro Sánchez, Emmanuel Macron y António Costa, respectivamente, firmaron un pacto para poner en marcha un nuevo corredor de hidrógeno verde (llamado BarMar) que transcurrirá desde Barcelona a la ciudad francesa de Marsella.

En paralelo, el Ejecutivo español acordó un protocolo de colaboración con el gigante del transporte marítimo Maersk para impulsar la producción de hidrógeno verde y biocombustible para el sector marítimo. El "megaproyecto" busca convertir a la península en otro "hub mundial" de este combustible.

 La firma danesa pretende alcanzar una producción de dos millones de toneladas de metanol verde para el transporte marítimo en 2030.

"Es un proyecto estratégico, de país: en el futuro, las rutas marítimas se van a reconfigurar en torno a grandes hubs que abastecerán a los barcos de combustible verde, y solo los países que apuesten por su producción van a estar bien posicionados. Para España es muy importante estar en la primera división del combustible marítimo", sacaron pecho en Moncloa.

Sin embargo, al calor de la enorme expectativa (político/empresarial) que hay en torno al hidrógeno verde, empiezan a aparecer voces de científicos, académicos y expertos en energía que ponen en duda que este combustible pueda producirse en la escala que se necesita para descarbonizar las economías.

 Sus limitaciones, aclaran estas fuentes, -su poca eficiencia, la enorme disponibilidad de electricidad de origen renovable que se requiere y el alto consumo de agua que demanda su producción- no solo convierte a los planes gubernamentales en "utópicos", sino que están generando un nuevo "colonialismo energético": países "proveedores" que van a abastecer a las regiones más ricas y desarrolladas.

Los límites del hidrógeno verde

El hidrógeno no es una fuente de energía. Es un vector o un portador que para su producción necesita, justamente, energía. El "hidrógeno negro" se genera con carbón. El "hidrógeno gris", con gas natural.  El "hidrógeno azul" se elabora con gas capturando el CO2. Todos estos requieren de combustibles fósiles.

E hidrógeno verde, en cambio, es producido por la electrólisis del agua. Se produce con electricidad procedente de fuentes renovables (fotovoltaica, eólica e hidroeléctrica). Actualmente, casi el 95% del hidrógeno usado en la UE es hidrógeno gris, generado a partir de gas natural.

 El ingeniero industrial David Valle Rodríguez, exdirector general de Industria, Energía y Minas de la Comunidad de Madrid, resume las ventajas del hidrógeno renovable en cinco puntos.

  • Tiene una densidad energética muy elevada, siendo su contenido energético por peso de hasta tres veces el de la gasolina.
  • Su combustión tan solo produce agua, con lo que contribuiría radicalmente a reducir la contaminación en nuestras ciudades.
  • Se puede inyectar en las redes de transporte y distribución de gas natural, pudiendo alcanzar un porcentaje de hasta el 2% sin excesivos problemas ni modificaciones en las instalaciones, y con inversiones en adaptación de la red se puede superar el 10%.
  • Permite regular la diferencia entre los ritmos de producción de energía renovable y los ciclos de la demanda de energía, pues se puede generar y almacenar energía en forma de hidrógeno en momentos de exceso de producción de energía eléctrica renovable, para emplearla posteriormente cuando la demanda sea superior a la oferta.
  • En movilidad permite unas potencias y autonomías de los vehículos mucho más largas que los vehículos eléctricos.

Sin embargo, este ingeniero marca reparos no menores a la hora de pensar una producción/traslado a grandísimas escalas como proyecta la UE (papel central en el Green Deal para lograr la neutralidad de carbono en 2050).

Señala que "los procesos de generación de hidrógeno a partir del agua, mediante electrolisis, tienen una baja eficiencia energética, del orden del 50%. En términos más sencillos: se pierde mucha energía en el camino.

Un inconveniente añadido del hidrógeno verde -agrega- es la gran cantidad de electricidad de origen renovable y de agua que requiera para su producción, lo que genera "cuellos de botella".

El ingeniero hace números: con el objetivo planteado por el Gobierno de España para el año 2030 (instalación de electrolizadores con una potencia total de 4 GW/ 700.000 de toneladas de hidrógeno verde), se necesitarían unos 12 millones de m3 de agua al año (12.000 millones de litros), lo que equivale aproximadamente al consumo de 245.000 españoles.

El hidrógeno no es una solución a la crisis climática, ni siquiera cuando es verde. Lo que la UE describe como el escenario final ideal de la transformación de la economía europea, lamentablemente es una opción insostenible

En materia energética, esta producción necesitaría "13.000 hectáreas de terreno para huertos solares dedicados en exclusiva". "Si el objetivo fuese dedicar tan solo los excedentes de energía renovable a la producción de hidrógeno, las necesidades de terreno destinados a la generación renovable se multiplicarían", aclara. Y se pregunta: "¿Dispone España de agua y terrenos suficientes para atender esa demanda?".

Una duda similar (¿Es sostenible la cadena de suministro de hidrógeno verde?) recorre la investigación de los académicos italianos Leonardo Setti (Universidad de Bolonia) y Sofia Sandri (Centro de Comunidades Solares), autores de un trabajo titulado "La ilusión del hidrógeno verde".

Explican, por ejemplo, que para transportar hidrógeno verde a través de oleoductos se requiere una potencia de compresión unas tres veces superior a la de los gasoductos actuales. Los autores toman como referencia el actual sistema de distribución de gas fósil por gaseoductos de Italia para "hacer las cuentas" de este nuevo combustible.

Para lograr el objetivo del plan estratégico italiano de una potencia de electrolizadores igual a 5 GW, sería necesario construir 50 electrolizadores de 100 MW. Para producir esa energía necesitaríamos una superficie total de 550.000 hectáreas de parque eólico o 43.100 hectáreas de parque fotovoltaico. 5500 kilómetros cuadrados equivalen a la superficie de los distritos de Módena y Reggio Emilia juntos 

El país vecino tiene 13 plantas de compresión que son necesarias para mantener la fuerza del gas en los gasoductos. "Un flujo de hidrógeno en una tubería de hidrógeno requeriría alrededor de 20 teravatios-hora de energía eléctrica por año para alimentar los compresores, lo que equivale a la producción de unos 20 gigavatios de plantas fotovoltaicas, que es la potencia fotovoltaica instalada actualmente en toda Italia", desmenuza la investigación.

Más complicaciones, según estos investigadores: un barco metanero requiere 6.000 toneladas de combustible para un viaje de ida y vuelta de 30 días entre China y Europa. Eso significa unas 2.000 toneladas de hidrógeno, lo que corresponde a 100 gigavatios-hora de energía eléctrica: "Por lo tanto, en la hipótesis de un barco alimentado con hidrógeno, se necesitaría alrededor de una séptima parte del hidrógeno transportado para alimentar el barco".

El estudio arroja, también, números poco alentadores respecto a la cantidad de energía renovable que se requiere para producir hidrógeno verde a la escala que se proyecta.

"Para lograr el objetivo del plan estratégico italiano de una potencia de electrolizadores igual a 5 GW, sería necesario construir 50 electrolizadores de 100 MW. Para producir esa energía necesitaríamos una superficie total de 550.000 hectáreas de parque eólico o 43.100 hectáreas de parque fotovoltaico. 5500 kilómetros cuadrados equivalen a la superficie de los distritos de Módena y Reggio Emilia juntos", aclara el estudio.

Y concluye: "El hidrógeno, entonces, no es una solución a la crisis climática, ni siquiera cuando es verde. Lo que la UE describe como el escenario final ideal de la transformación de la economía europea, lamentablemente es una opción insostenible".

La investigación desliza otro fenómeno oculto del hidrógeno verde, ya no técnico, sino geopolítico: las grandes corporaciones energéticas saben que el plan de la UE para el hidrógeno verde requiere cantidades que, posiblemente, no se producirán dentro de la UE, por lo que "apuntan a controlar la infraestructura".

Este combustible verde aparece, entonces, como el "disparador" que el sector privado está utilizando para solicitar fondos públicos -como en la modernización de la red de transporte y distribución de gas- "con el fin de sentar las bases para una nueva era de colonialismo energético".

En su texto, David Valle Rodríguez también hace mención a esta cuestión. Al ser la energía renovable y el "dos factores muy limitantes", Alemania, por ejemplo, está detrás de la construcción de una central hidroeléctrica en el río Inga, en la República Democrática del Congo (sería la mayor del mundo con 44 Gw de potencia) con el objetivo de generar electricidad para destinarla a producir hidrógeno que, una vez licuado, se transportaría a tierra alemana. 

Más voces críticas 

El científico e investigador del CSIC, Antonio Turiel, físico que desde hace años viene alertando sobre la crisis estructural de los sistemas energéticos, sostiene que para producir el hidrógeno verde en una escala comparable con el consumo que se quiere sustituir "los número no salen de ninguna manera".

También pone un ejemplo: si España quisiera producir el 50% de su consumo energético actual con hidrógeno verde tendría que multiplicar su producción de electricidad por 24. "Los números no salen", repite en diálogo con LPO.

"La estrategia europea del hidrógeno reconoce que el continente no se puede abastecer. Este es el motivo por el que Alemania está firmando acuerdos a mansalva con países de África y Latinoamérica para importar hidrógeno. La idea es también explotar a España en este camino", analiza. 

Y agrega: "Es imposible pagar el hidrógeno verde a un precio justo en estas condiciones. Por eso la idea es que no se pague un precio justo para establecer un mecanismo de expropiación colonial clásico". 

El "modelo alemán", explica Turiel, consiste en que "todos le demos hidrógeno verde a bajo coste a costa de arruinarnos": "Perderíamos mucha energía para que ellos se puedan mantener. Este es el motivo por el que se defiende a capa y espada este modelo. Es el enriquecimiento de unos pocos a costa del empobrecimiento de muchos para intentar mantener un pequeño núcleo industrial en el corazón de Europa".

La estrategia europea del hidrógeno reconoce que el continente no se puede abastecer. Este es el motivo por el que Alemania está firmando acuerdos a mansalva con países de África y Latinoamérica para importar hidrógeno. La idea es también explotar a España en este camino

En este contexto, "si España no puede abastecerse, es ridículo pensar que va a poder exportarlo", aclara el científico, que matiza las limitaciones por el consumo de agua. "Es significativo pero no monstruoso. No lo veo como el principal problema. Lo que pasa es que si produces en zonas hídricas muy estresadas, más en sequías que van a intensificarse, se convierte en otro problema añadido", reflexiona.

Esta semana, otro experto en medio ambiente y energía, José Larios Martón, presidente de de la Fundación Transición Verde, publicó un artículo titulado "Haciendo las cuentas del hidrógeno verde" con cifras y números que demuestran "lo descabellado de convertir a España en el proveedor de hidrógeno verde para la UE".

Según sus cálculos, para producir con energía verde los 500.000 kg de hidrógeno gris que se usan actualmente en España, habría que destinar la mitad de toda la producción de renovables. 

Si solo se sustituyera el hidrógeno usado al año en la Unión Europea + Reino Unido (10 MtH2) se necesitarían unos 600 TWh, más del doble de toda la producción eléctrica de España. 

"Si además quisiéramos utilizarlo como almacenamiento de energía renovable dado que éstas tienen un carácter intermitente y no siempre están disponibles, las cuentas salen menos. Por ejemplo, difícilmente vamos a tener capacidad para usarlo en alto hornos en fabricación de acero y cemento", profundiza en diálogo con este medio.

Y agrega: "Vamos a tener mucha dificultad para que nos sobre energía eléctrica. A las renovables le va a costar muchísimo trabajo sustituir a los combustibles fósiles. No vamos a tener excedente de energía eléctrica para destinar al hidrógeno verde. Al cabo: soluciones tecno-optimistas que crean más problemas que los que solucionan".

Su pregunta final: "¿Es la propuesta de España dejarnos a oscuras y cuadriplicar las renovables instadas para solo sustituir el hidrógeno gris de la UE?".               (Andrés Actis, LPO, 18/11/22)

5/10/22

Para una vez que unos urbanitas hacen algo bien en el campo (repoblarlo convirtiéndose en campesinos), las leyes de los urbanitas destrozan su obra... La frustrada reconstrucción de Fraguas, una pedanía abandonada en la España vacía: multa y cárcel para los repobladores

 "Acaban de recolectar las patatas y los ajos. Gonzalo Aracil lleva nueve años reconstruyendo y habitando las casas abandonadas de Fraguas, una antigua pedanía del municipio de Monasterio (Guadalajara), que fue expropiada en 1968 para plantar pinos en el monte. Era un lugar vacío y deshabitado cuando llegaron en 2013. Junto a cinco compañeros se enfrenta ahora a un grave problema: un proceso judicial en el que pueden ir a la cárcel por usurpación y delito contra la ordenación del territorio. Y deben hacer sus cálculos sobre cómo asumir las costas de demolición incluidas en la condena y valoradas en 109.841 euros, tras la sentencia, el pasado junio, del Juzgado de lo penal 1 de Guadalajara.

Un grupo de 15 personas llegó en 2013 al despoblado. La Asociación Fraguas Revive presentó varios proyectos a la Junta de Castilla-La Mancha sobre apicultura, agricultura y ganadería ovina para la prevención de incendios. Ninguno fue aprobado. Aun así, siguieron. “Sabíamos que no teníamos los permisos, pero pensábamos que nos verían con buenos ojos”, reconoce Aracil. No era ingenuidad, habían estudiado la zona: a 40 kilómetros al norte, una entidad similar tenía cedido el uso de pastos, cultivos, y edificios. Allí un grupo de arquitectos se rebeló hace más de 40 años contra la desaparición de los pueblos de la serranía de la provincia. Sin embargo, los de Fraguas no han conseguido la simpatía de las instituciones.

De las 50 casas que había en Fraguas, han rehabilitado dos para viviendas, otra como almacén y un antiguo gallinero, respetando la metodología tradicional y los diseños originales: “Solo hemos añadido elementos de seguridad a las estructuras”.

Un año después de su llegada, la Junta de Castilla-La Mancha —bajo el mando de Dolores de Cospedal (PP)— los denunció por usurpación de monte público. Los agentes forestales identificaron a 50 personas en el enclave. Llegaron a ser enjuiciadas, aunque solo seis fueron condenadas. En ellas recae el peso de la ley. Tras nueve años de proceso judicial, se ha ratificado la sentencia, condenándolos por este delito, y otro contra la ordenación del territorio que interpuso el siguiente equipo de Gobierno de Emiliano García-Page (PSOE).

Mercedes Álvarez, que coregenta una casa rural, única oferta de pernocta en los alrededores, comprende su estado de ánimo: “Son buena gente, generosa. Estas cosas queman, empiezas con mucha ilusión con un proyecto de vida y te encuentras que igual vas a la cárcel. Es un sinsentido”. Su marido y socio, Miquel Jiménez, les sintió vecinos desde el primer momento: “Venían aquí, les comprábamos sus productos artesanales (mermeladas, cremas…). Han bajado alguna vez, les hemos dado un caldito y cuando les hemos ido a visitar nos acogen”.

Aunque las denuncias han sido interpuestas por la Junta de Castilla-La Mancha, el matrimonio de hoteleros, que apoya desde su llegada al grupo, acusa también al Consistorio por su resistencia al cambio: “El Ayuntamiento podría hacer mucho más. Tendría que haberles empadronado”.

En una entrevista de Cuatro Al Día, la alcaldesa María Victoria Delgado aseguró que “ellos [los pobladores de Fraguas] saben que no se les ha podido empadronar porque el pueblo no existe”. Fuentes del Instituto Nacional de Estadística, entidad encargada del empadronamiento, corrigen a Delgado: “De acuerdo a la Ley, el padrón debe reflejar el domicilio donde realmente vive cada vecino. En consecuencia, incluso la ausencia total de techo puede y debe figurar como domicilio válido en el padrón”.

La Junta de Castilla-La Mancha incluyó en octubre de 2021 al municipio de Monasterio —donde se encuentra el despoblado de Fraguas— entre los que tienen “riesgo de extrema despoblación”. No es una excepción: la situación es dramática, con el 93% de los municipios de la provincia afectados. El colectivo no entiende cómo no ven con buenos ojos su propuesta, como sí se hace en otras regiones como Navarra, donde el Gobierno foral ha desarrollado un proyecto junto a la Red Ibérica de Ecoaldeas para recuperar pueblos abandonados, o en Aragón, donde la comunidad ha cedido municipios a colectivos para su repoblación, como Artosilla, Ibort y Huesca.

Jóvenes que no quieren ser urbanitas

Andrea Martín (23 años) lleva más de un año conviviendo en Fraguas. Es informática y teletrabaja desde el poblado. Se molesta cuando le dicen que ahí no hacen nada. “A veces se nos ve como personas que queremos huir y que hemos venido a sentarnos en el monte sin oficio ni beneficio. Este es un trabajo duro, hay que creer en el proyecto”. Siente que, en un contexto grave de despoblación y de falta de acceso a la vivienda, no se les deja vivir en el campo: “Somos gente joven que no queremos ser urbanitas. Si quieren que vengamos al campo, tenemos que poder vivir del campo. ¿Qué queréis, un hotel, un spa?”.

Desde hace años reforestan la zona con especies autóctonas, asesorados por asociaciones especializadas. La última replantación ha sido de robles, bellotas y encinas. En su defensa de la vuelta del ecosistema original han encontrado unos aliados de excepción. Se refieren a ellos con tono reverencial, como Los Antiguos. Son aquellos vecinos y vecinas que fueron expropiados en 1968 y que aún hoy vuelven al pueblo de visita, y hasta han declarado en los tribunales a su favor

El colectivo Fraguas Revive se ha enfrentado a tres gobiernos regionales. Entre 2017 y 2019, hubo cierto acercamiento durante el mandato conjunto de PSOE y Podemos. Tras la primera sentencia condenatoria, en junio de 2018, se puso la cosa complicada, pero se presentó ante el juzgado un acuerdo entre las partes que los jueces rechazaron. Un portavoz de la Administración regional reconoce que en dicho acuerdo se proponía “explorar la puesta en valor de usos y actividades permitidas en la normativa del parque natural. Pero, fue desestimado por el juzgado. Y aunque no compartimos la decisión judicial, hay que asumir que existe una sentencia judicial firme que se debe cumplir”.

“Desde que el juzgado no la aceptó, la Junta ha ido a por nosotros, se añadieron los delitos contra la ordenación del territorio y daños medioambientales”, asegura Aracil. El Gobierno regional afirma haber retirado el segundo de ellos. “Se retiró la acusación por delito de daños, evitando que pesara el ingreso en prisión sobre las personas condenadas”, explica un portavoz.

“Eso es una mentira horrorosa, es que me hierve la sangre”, rebate Aracil. “Lo retiró la Fiscalía y la Junta lo aceptó en sala durante el juicio porque los agentes forestales y del Seprona declararon que no había impacto medioambiental apreciable”.

El desencuentro es total. Desde el Ejecutivo de García Page aseguran que “solo una de las seis personas implicadas permanece allí y algunas viven en pueblos de la comarca donde se les había ofrecido vivienda”. Pero, Isabel Turina, otra de las condenadas, lo niega: “Cada uno nos hemos buscado la vida, no nos ofrecieron nada”.

Ella, Lalo Aracil y cuatro compañeros se enfrentan ahora a una pena de cárcel que sobrepasaría los cuatro años si no abonan, cuando el juzgado lo dictamine, los 110.000 euros por las demoliciones de las cinco reconstrucciones, según el cálculo de TRAGSA. Aracil aún espera un milagro: “Nos queda el último rayito de esperanza, hemos puesto el último recurso, a ver qué pasa”, explica mientras retira unos rastrojos de la calle principal del antiguo pueblo."                   (Merche Negro, El País, 24/08/22)

30/8/22

“El Mediterráneo está hirviendo, la cantidad de calor acumulada es enorme”

 “El Mediterráneo está hirviendo, la cantidad de calor acumulada es enorme”.

 Carlo Buontempo (Roma, 49 años) es el director del servicio de Cambio Climático de Copernicus, que forma parte del Programa Espacial de la Unión Europea. Gracias al sistema de satélites europeo, Copernicus ofrece información en abierto sobre diferentes variables relacionadas con el calentamiento global y el clima. Este verano, Buontempo, doctor en física y que hasta 2016 trabajaba para el Met Office (el servicio meteorológico del Reino Unido), y su equipo están registrando unos impactos excepcionales por su dureza y extensión, como detalla en esta entrevista telefónica.

Pregunta. ¿La situación que está viviendo Europa de calor extremo, incendios y sequía es normal?

Respuesta. No es normal. Basta con mirar un poco atrás y veranos tan calurosos, con unas anomalías de humedad y de sequía así, no se han visto en muchos años. Con lo cual, en ese sentido, no es normal. Es un evento excepcional, muy fuerte y muy extenso.

P. Respecto a los incendios, ¿está siendo un verano duro en toda Europa?

R. Depende del lugar. Tuvimos algunos incendios muy fuertes e intensos, como el de la zona suroeste de Francia. También hemos tenido muchos incendios en España, pero en Portugal es un año más o menos normal, no excepcional. En Italia hubo incendios significativos... Todavía no tenemos una visión paneuropea completa sobre los incendios. En algunos países seguramente será uno de los años con más superficie forestal quemada, por ejemplo, en España.

P. En cuanto a las temperaturas, ¿está siendo anómalo este verano?

R. Absolutamente. En el caso de la temperatura lo podemos fijar mejor, porque esta variable está muy bien observada, especialmente en Europa. Y hemos vivido varias cosas importantes: como una serie de olas de calor que nos afectaron desde el final de la primavera, porque la primera fue en mayo. Eso es muy temprano. Después siguieron las olas de calor en junio, julio y, ahora, en agosto. Es decir, muchos eventos muy extremos y con nuevos récords de temperaturas máximas en casi todos los países. Ha sido un verano muy caluroso. Todavía tenemos que esperar al final para decir si este ha sido el verano más caluroso registrado nunca. El más caluroso registrado hasta ahora fue el del año pasado. El otro hecho realmente excepcional, que me preocupa muchísimo, es la anomalía en la temperatura del Mediterráneo. El Mediterráneo está hirviendo, la temperatura está cinco o seis grados sobre el valor normal. Eso tiene un impacto no solo ahora, sino en las próximas semanas y meses. Es como un almacén de energía, la cantidad de calor acumulada es enorme.

P. ¿Y por qué está hirviendo?

R. Hemos tenido varios fenómenos distintos que han influido. Por un lado, al final de la primavera tuvimos una masa de aire muy caliente que llegaba desde África sobre Europa. Hubo récords de temperatura en el Reino Unido, en Alemania, en Holanda... Algo increíble. Eso fue más una traslación de aire caliente. Después lo que vimos es un sistema de alta presión bastante estático que, básicamente, significa que en muchas zonas de Europa central y occidental no tuvimos casi precipitaciones. Es decir, que no tuvimos perturbaciones atlánticas que aportasen agua y que enfriaran un poco el clima, lo que ha generado una anomalía importante. Las dos cosas seguramente han jugado un papel importante en el calentamiento del agua. Pero el agua no solo se está calentando en el Mediterráneo y sabemos que esto está relacionado con el cambio climático.

P. ¿Tanta energía acumulada en el Mediterráneo implica que hay un mayor riesgo de fuertes tormentas?

R. Sí, ese es uno de los ingredientes para tener eventos extremos como los que vimos el año pasado o el anterior con precipitación muy fuertes en pocas horas. Pero también se necesitan perturbaciones de origen atlántico que lleguen al sur de Europa. Uno de los ingredientes ya lo tenemos, que es la temperatura del agua superalta y muchísima humedad en las capas más bajas de la atmósfera. Y cuando se retire el anticiclón y comiencen a llegar perturbaciones atlánticas, tendremos la otra variante. Por eso es posible que veamos eventos extremos. Aunque también es posible que este anticiclón que empezó antes de lo normal permanezca más allá de lo que sería normal... Por eso no podemos decir que es seguro que vaya a ocurrir; lo que podemos decir es que uno de los ingredientes lo tenemos ya.

P. Si el anticiclón continúa, tendremos otra mala noticia, que es un empeoramiento de la sequía.

R. Sí. El final de verano y principio del otoño es una situación difícil de prever a nivel meteorológico. La información que tenemos, que no es muy fiable porque es un período difícil, va en ese sentido. Es decir, que la alta presión, especialmente en la parte más oriental del Mediterráneo, se quedará.

P. En todo este verano extremo que vive Europa, ¿qué papel juega el cambio climático?

R. Sabemos que ha aumentado la temperatura global del planeta y también la temperatura del mar. Cada una de las olas de calor que hemos visto tiene su historial meteorológico, pero sabemos que son totalmente consistentes con lo que esperamos que ocurra con el cambio climático. Y lo que esperamos es que estas olas que nos parecen tan extremas ahora serán más comunes en el futuro y potencialmente todavía más intensas. Ahora lo vemos como un evento excepcional, pero en el futuro serán menos excepcionales. Lo mismo pasa con la temperatura del mar, cuyo aumento es totalmente consistente con lo que sabemos del cambio climático. Porque al final el cambio climático es un problema de balance de energía, de la energía que llega del sol y la energía que el planeta puede devolver al espacio. Como tenemos un exceso de gases de efecto invernadero, no conseguimos enfriarnos y aumenta la energía del sistema.

 P. ¿Este verano extremo es una excepción o forma parte de una tendencia?

R. La historia climática nunca es una línea recta, hay siempre muchas variaciones de un año a otro. Y este año es particularmente excepcional. Lo que podemos decir es que el aumento de los años calurosos es algo consistente y está en línea con lo que esperamos del cambio climático. Pero siempre ha existido una variabilidad climática porque el sistema es caótico y tiene variaciones independientemente del cambio climático.

P. Hay científicos que mantienen que los modelos quizá se han quedado cortos, que no se esperaba del cambio climático algo tan intenso tan pronto. ¿Comparte esa visión?

R. Es difícil analizarlo sobre un evento en particular o sobre un año solo. Si miras lo que ha sido el incremento real de la temperatura en los últimos años y lo comparas con lo que indicaban los modelos hace 15 o 20 años, me parece que la tendencia estaba bien calculada. De todas formas, si estaban equivocados —algo que yo no comparto—, serían más optimistas de lo que ha ocurrido. Muchas veces a los científicos se nos critica por ser catastrofistas y hablar de un futuro demasiado negativo. Y si los modelos se hubieran equivocado, sería por no haber sido lo suficientemente catastrofistas.

 P. ¿Cómo puede la humanidad salir de este atolladero en el que se ha metido?

R. La ciencia climática es bastante clara. No podemos predecir todos los impactos en todos los sectores, pero sí tenemos muy claras las razones: el cambio climático está conectado a las actividades humanas y al incremento de los gases de efecto invernadero en la atmósfera. Por eso la solución tiene que pasar por un sistema donde la concentración de estos gases, no solo las emisiones, bajen. Es indispensable.

P. Más allá de Europa, ¿parece que estamos viviendo también un verano extremo en otras muchas partes del hemisferio norte?

R. Como todos los años, dependiendo de dónde se mira, hay más o menos impactos. A lo mejor el año pasado en Norteamérica fue el verano aún más extremo con los incendios en Canadá y California, que fueron brutales. Pero hay anomalías en muchísimos lugares. Aunque Europa es un lugar especial, porque a nivel de temperatura del verano el calentamiento es muy tangible. Creo que nosotros, los seres humanos, no somos muy buenos a la hora de actuar o responder a los problemas que nos quedan lejos. Nos cuesta tomar decisiones basadas en modelos o en lo que dicen los científicos. Pero sí sabemos reaccionar cuando tocamos las cosas directamente. Y este verano ha sido muy extremo y creo que mucha gente que a lo mejor cuestionaba las conclusiones científicas o el cambio climático se ha dado cuenta de que está aquí. El impacto es muy directo."               (Entrevista a Carlo Buontempo, Manuel Planelles, El País, 29/08/22)