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18/9/23

En 2015, cuatro límites planetarios estaban sobrepasados (integridad de la biosfera, cambio climático, cambio del sistema terrestre y flujo bioquímico)... hay se añadieron dos más el agua dulce y entidades novedosas (microplásticos, contaminantes orgánicos, residuos nucleares, etc.)... De los tres límites que todavía están en "zona segura", se considera que dos están a punto de romperse: la contaminación del aire y la acidificación de los océanos. El único límite que no está amenazado es el ozono atmosférico producto de las políticas adoptadas en las últimas décadas para eliminarlo progresivamente... "La Tierra empieza a estar fuera del espacio operativo seguro para la humanidad"

 "El lunes a la madrugada, Derna, ciudad de Libia, despertó sobresaltada por una potente explosión. El estruendo dio paso a una de las peores tragedias climáticas de la historia. Las inéditas lluvias colapsaron dos represas de agua. En pocos minutos, los torrentes de lodo (33 millones de litros de agua) destruyeron todo a su paso: casas, edificios, puentes, carreteras, coches. Sin capacidad de reacción, los habitantes de esta localidad fueron, literalmente, arrastrados hacia el mar. Este jueves, el alcalde admitió que la cifra de muertos podría elevarse a 20 mil.    

Para meteorólogos y científicos, el drama de Libia no es excepcional, puntual y extraordinario. Responde a un clima extremo que llegó para quedarse. Las advertencias de los expertos sobre la deriva a la que se encamina la humanidad se acumulan en cada revisión científica. 

La última se conoció con la actualización de la investigación que estudia los "límites planetarios", un conjunto de nueve procesos -como el clima, el agua y la diversidad de la vida silvestre- que son vitales para mantener la estabilidad y resiliencia de la Tierra en su conjunto. "El crecimiento verde no se está produciendo y no va a evitar una catástrofe climática"

Los límites planetarios, en resumen, delinean los sistemas y procesos (biofísicos y bioquímicos) que regulan el estado del planeta "dentro de rangos que son históricamente conocidos y científicamente probables para mantener la estabilidad de la Tierra y los sistemas de soporte de vida conducentes al bienestar humano". 

En otras palabras, son los límites ambientales dentro de los cuales la humanidad puede operar de manera segura.

El ser humano, con sus sistema productivo (capitalismo global), ya ha roto seis de estos nueve límites, lo que deja al planeta "muy fuera del espacio operativo seguro para la humanidad", según los autores del estudio. 

Si queremos tener seguridad, prosperidad y equidad para la humanidad en la Tierra, tenemos que regresar al espacio seguro y no estamos viendo ese progreso actualmente en el mundo

La conclusión es tajante. "Hoy la humanidad está ejerciendo una presión sin precedentes sobre el sistema Tierra", alerta la investigación. La evidencia científica no deja dudas: todos los procesos de límites planetarios relacionados que proporcionan la resiliencia (capacidad de amortiguar las perturbaciones) del sistema terrestre se encuentran en o cerca de un nivel de alto riesgo de transgresión.

Hace ocho años, en 2015 (última actualización), los científicos habían detectado cuatro límites sobrepasados de los siete que podían estudiarse (integridad de la biosfera, cambio climático, cambio del sistema terrestre y flujo bioquímico) y solo dos de ellos en la categoría "riesgo alto".

 En esta revisión, más amplia (nueve ítems con herramientas de análisis) los autores sumaron dos límites más a la lista de "rotos": el agua dulce y entidades novedosas (microplásticos, contaminantes orgánicos, residuos nucleares, etc.). Cuatro de ellos ya superan el umbral de "riesgo alto".

De los tres límites que todavía están en "zona segura", se considera que dos están a punto de romperse: la contaminación del aire y la acidificación de los océanos. El único límite que no está amenazado es el ozono atmosférico producto de las políticas adoptadas en las últimas décadas para eliminar progresivamente las sustancias químicas destructivas que estaban reduciendo el agujero de ozono.

"Actualmente se han transgredido seis límites planetarios. Para todos los límites previamente identificados como transgredidos [cambio climático, integridad de la biosfera, cambio del sistema terrestre y flujos biogeoquímicos], el grado de transgresión ha aumentado desde 2015", subrayan los autores.

Y agrega: "Esta actualización del marco de límites planetarios puede servir como una nueva llamada de atención para la humanidad de que la Tierra está en peligro de abandonar su estado similar al Holoceno, caracterizado por condiciones planetarias relativamente estables y cálidas".

Las actividades humanas -profundizan- han sacado a la Tierra de la "ventana de variabilidad ambiental del Holoceno". 

Para los nueve científicos que firman esta investigación, "existe una necesidad urgente de herramientas científicas para guiar los procesos políticos para evitar alterar el estado del sistema terrestre más allá de los niveles tolerables para las sociedades actuales".

De los tres límites que todavía están en "zona segura", se considera que dos están a punto de romperse: la contaminación del aire y la acidificación de los océanos. El único límite que no está amenazado es el ozono atmosférico

"Los resultados de nuestro modelo demuestran que uno de los medios más poderosos que la humanidad tiene a su disposición para combatir el cambio climático es respetar los límites del cambio del sistema terrestre", explican.

Ponen un ejemplo: el de devolver la cubierta forestal mundial total a los niveles de finales del siglo XX, lo que proporcionaría un sumidero acumulativo sustancial de CO2 atmosférico en 2100. 

"Sin embargo, esta reforestación parece poco probable, dado el interés actual en la biomasa como sustituto de los combustibles fósiles y la creación de CO2 a través de bioenergía con captura y almacenamiento de carbono. Ambas actividades ya están sirviendo para aumentar la presión sobre la superficie forestal restante de la Tierra", lamentan.

La profesora Katherine Richardson, de la Universidad de Copenhague, directora de la investigación, le dijo a The Guardian: "Sabemos con certeza que la humanidad puede prosperar en las condiciones que han existido aquí durante 10.000 años; no sabemos si podemos prosperar bajo alteraciones importantes y dramáticas. Los impactos humanos en el sistema terrestre en su conjunto están aumentando mientras hablamos".

Para ilustrar la emergencia, comparó a la Tierra con un paciente con presión arterial muy alta: "Eso no indica un ataque cardíaco determinado, pero sí aumenta enormemente el riesgo".

Johan Rockström, otro de los autores (codirector del Instituto Potsdam para la Investigación del Impacto Climático en Alemania), sintetiza: "Si queremos tener seguridad, prosperidad y equidad para la humanidad en la Tierra, tenemos que regresar al espacio seguro y no estamos viendo ese progreso actualmente en el mundo".                  (Andrés Actis, LPO, 14/09/23)

20/1/22

La humanidad ha sobrepasado el límite planetario de plásticos y contaminantes químicos... Se calcula que hay unos 350.000 tipos diferentes de productos químicos manufacturados en el mercado mundial...

 "Dada la persistencia en el medio ambiente de los productos químicos sintéticos y de una producción al alza desde las últimas décadas, una nueva investigación revela que se ha superado el umbral para estos procesos, lo que podría poner en peligro la salud del sistema terrestre. El equipo hace una llamada a la acción para reducir el daño asociado a estos compuestos.

Cambio climático, agotamiento de la capa de ozono, deforestación, acidificación de los océanos, pérdida de biodiversidad, ciclo de nitrógeno o contaminación química son algunos de los problemas ambientales que amenazan la salud del planeta. Son los conocidos como límites planetarios, un concepto establecido en 2009 por el equipo liderado por Johan Rockström del Centro de Resiliencia de Estocolmo (SRC, por sus siglas en inglés).

Una vez detectados, los científicos establecieron una serie de variables y límites que en teoría no se debían sobrepasar para mantener la estabilidad de la Tierra de los últimos 10.000 años. De los nueve umbrales identificados, cuatro de ellos ya se han superado, según un estudio publicado en Science en 2015 y dirigido por Will Steffen, de la Australian National University.

Sin embargo, en aquel momento algunos límites, como el de los compuestos químicos, no se pudieron cuantificar por falta de información. “Ahora esto ha cambiado”, afirma a SINC Patricia Villarrubia Gómez, estudiante de doctorado en el SRC de la Universidad de Estocolmo en Suecia y coautora de un estudio que se publica en la revista Environmental Science & Technology.

La investigación, liderada por Linn Persson del Instituto Medioambiental de Estocolmo, da un paso adelante en el análisis de nuevas entidades y contaminación química, y ha permitido evaluar por primera vez el efecto del cóctel de productos químicos sintéticos que inundan el medio ambiente. Los resultados revelan que la humanidad ha sobrepasado un límite planetario relacionado con los contaminantes ambientales, incluidos los plásticos.

“Nos centramos en documentar la preocupación por la seguridad planetaria como consecuencia de la sobreproducción y liberación de sustancias sintéticas como plásticos, pesticidas, retardantes de llamas y otros químicos industriales; así como de materiales naturales que son movilizados como consecuencia de las actividades humanas”, apunta Villarrubia Gómez.

A ellos también se suman antibióticos y otros productos farmacéuticos. Se calcula que hay unos 350.000 tipos diferentes de productos químicos manufacturados en el mercado mundial, creados por los humanos con efectos en gran medida desconocidos sobre el sistema terrestre. Cada año entran en el medio ambiente volúmenes significativos de estas nuevas entidades. 

Compuestos persistentes en el medio ambiente

En la actualidad, dado que algunos de estos contaminantes pueden ser extremadamente persistentes, pueden encontrarse por todo el planeta, desde el Ártico hasta la Antártida. Su presencia provoca impactos negativos en los sistemas de la Tierra, incluyendo la biodiversidad y los ciclos biogeoquímicos.

 “El ritmo de aparición de estos contaminantes en el medio ambiente supera con creces la capacidad de los gobiernos para evaluar los riesgos globales y regionales, y mucho menos para controlar los posibles problemas”, destaca la coautora Bethanie Carney Almroth, de la Universidad de Gotemburgo.

Plásticos, los mayores contaminantes

Los científicos se centraron en parte en el estudio de la contaminación por plásticos por varias razones. “La cantidad de la masa total de plásticos que se ha producido ya excede a la cantidad total en masa de todos los mamíferos existentes”, indica Villarrubia Gómez. Además, los edificios e infraestructuras creados (los cuales contienen plásticos y miles y miles de químicos sintéticos) exceden la masa de todos los árboles y arbustos existentes, según un estudio reciente. 

“Cada vez hay más evidencias científicas que apuntan a una gran preocupación. A día de hoy, sabemos que existen múltiples razones por las que los químicos y los plásticos producen impactos negativos en la salud de nuestro planeta, y que mayoritariamente se debe a la manera en la que los utilizamos en el día a día”, recalca la científica.

 Los impactos negativos de estas sustancias químicas se producen en todas las fases de su ciclo de vida, causando problemas en cada uno de los procesos –desde la extracción de las materias primas, su transformación e industrialización, pasando por el uso mismo de los productos– hasta que estos son desechados como basura.

Además, en el caso de los plásticos, “sabemos que hay una conexión directa con el cambio climático, pues al menos el 98 % de los plásticos vírgenes son un producto derivado de la producción de combustibles fósiles como la gasolina o el gas natural, lo que tiene asociado grandes emisiones de CO2 a la atmósfera, así como la contaminación de cuerpos de agua y suelos”, subraya.

Hacia una economía circular

Con este trabajo, los científicos piden que se tomen acciones de manera urgente para reducir el daño asociado a químicos sintéticos y plásticos, controlando y limitando su producción. “Consideramos que aún estaríamos a tiempo de revertir los daños producidos si llevamos a cabo acciones ambiciosas y concretas”, asevera Villarrubia Gómez.

 “A la hora de actuar, los investigadores estamos convencidos de que estos resultados pueden informar a gobiernos e instituciones intergubernamentales a tomar decisiones basadas en ciencia”, añade. Hasta ahora, los nuevos productos químicos, así como las nuevas formas de utilizar los ya existentes, llegan a los mercados con una rapidez tal que se excede con creces la capacidad de evaluación de los organismos gubernamentales y el control de los impactos relacionados con ellos.

Ante esta situación de desajuste extremo entre las tasas de producción y evaluación, el equipo sugiere que “se trabaje hacia una economía circular real mediante el cambio en el diseño de materiales y productos, diseñar nuevos que puedan ser reciclables, y mejorar el control de seguridad y sostenibilidad de los mismos”, detalla la autora.

También proponen establecer cuotas fijas para la producción y liberación de químicos, “como se está haciendo para tratar de controlar el cambio climático a través de cuotas para la emisión de gases de efecto invernadero”. Para la científica, “los cambios que estamos creando en nuestro planeta van a terminar repercutiéndonos de manera continuada y acumulativa si no llevamos a cabo acciones urgentes”, concluye. "                     (Adeline marcos, SiNC, 18/01/22)

13/10/21

“No encontrar lo que buscamos en las tiendas será el pan de cada día... La crisis de los microchips no es más que la punta del iceberg de lo que vendrá”... Hemos realizado curvas de extracción de recursos minerales. La conclusión general es que el pico de la mayor parte de los recursos puede llegar antes de que acabe este siglo, y muchos de ellos antes de 2050

 "Alicia Valero (Zaragoza, 1978) es una referencia en el estudio del consumo de recursos. Hace 18 años que lo estudia desde el Centro de Investigación de Recursos y Consumos Energéticos (Instituto CIRCE). Dirige el grupo de investigación de ecología industrial de este centro, y también da clases en varios grados y másteres de la Universidad de Zaragoza. Este año ha publicado Thanatia. Los límites minerales del planeta (Icaria), un libro en formato de entrevista donde divulga la crisis de los materiales junto con su padre, también experto en la cuestión. En la vertiente académica, Valero ha sido más prolífica: 126 publicaciones y numerosos reconocimientos internacionales. Su campo de estudio puede parecer técnico y concreto, pero nos permite entender mejor qué pasa con las Play Stations, en la Seat o en el conflicto afgano.

La fábrica más grande de Cataluña, la Seat, está en un ERTE. El mayor productor de coches del mundo, Toyota, ha anunciado que bajará un 40% su producción mundial de coches este mes de septiembre. ¿Qué está pasando con los microchips? ¿Es una crisis de semanas o va para largo?

Las fábricas de microchips son muy pocas en todo el mundo y están concentradas en Asia. Ha habido una demanda brutal de microchips no solo a causa de la automoción, sino en general de todos los aparatos eléctricos y electrónicos. A ello, se ha sumado el hecho de que algunas fábricas tuvieron que estar paradas por la pandemia, y todo junto ha provocado serios problemas de abastecimiento. El sector está bastante preocupado porque no parece que esto pase rápidamente. En 2022 es seguro que continuarán las paradas, y es posible que se alargue a 2023. Además, hay el problema de que los coches tienen microchips relativamente baratos y sencillos, que solo tienen funciones como subir o bajar una ventanilla. La priorización de los fabricantes es hacia los microchips de mayor valor añadido, como los de los ordenadores. Los automóviles están al final de la lista. Hay algunas circunstancias puntuales relacionadas con la Covid-19 en esta crisis que no conozco bien porque no soy experta, pero no deja de ser la punta del iceberg de lo que vendrá en el futuro.

¿Por qué es la punta del iceberg?

Porque tenemos una demanda creciente exponencialmente y unos recursos del planeta que son los que son. No se puede soportar este crecimiento con los recursos que hay. Si haces cuentas, ves que la población aumenta con una tasa del 1% anual. Y que la depredación de recursos crece más, hasta un 3%. No solo hay más gente, sino que la gente que hay quiere más. En una generación habremos consumido tanto como en toda la historia del ser humano. Está clarísimo que esto estallará de alguna forma. Ya estamos viviendo estas consecuencias; los microchips son solo una muestra. Pero realmente todas las materias primas están sufriendo subidas brutales, porque la demanda sube de manera exponencial y no hay fábricas que sean capaces de dar abastecimiento ni recursos suficientes para proveerlas. Tenemos un problema serio que hay que abordar inmediatamente.

Pero, si no hemos pensado en comprar ningún coche… ¿esto nos puede afectar igual a corto plazo?

Para empezar, la economía de lugares como Martorell se puede ver muy afectada. Yo he visto afectaciones en mi entorno. Hay amigos de mis hijos que quieren una Play Station, y en la tienda no hay. O gente que necesitaba un sofá reclinable y este no llega porque faltaban microchips. No es un problema del sector del automóvil; ahora todo funciona con electrónica.

¿Cuál es tu previsión sobre los recursos que fallarán?

Si haces un análisis de cómo estamos extrayendo los recursos desde el año 1900 y de cuánta materia prima queda disponible para explotar, te das cuenta que, si seguimos a este ritmo, hay bastantes materias primas que tendrán un gran problema de suministro. Sobre todo, si consideras la transición digital y la transición a las energías limpias. Todo esto requerirá una serie de elementos que son escasos en la naturaleza.

Y, si estos materiales van buscados, ¿no se podrán encontrar nuevas minas?

No hay minas operativas suficientes. Y abrir una mina nueva implica, de media, unos 15 años, y muchos problemas ambientales asociados. Nadie quiere una mina cerca. No es tan fácil abrir una mina, como hemos visto en Cáceres. Aunque fuéramos capaces de encontrar nuevos yacimientos, que por supuesto se encontrarán, el problema está en el hecho que sus minerales estarán cada vez más diluidos. Esto es como el petróleo: la rentabilidad será cada vez peor. Es aritmética. Otra cosa es que no quieras ver el problema.

¿Quién no quiere ver el problema?

La Comisión Europea ya está diciendo que hay que apostar por nuevos yacimientos en el territorio porque dependemos de otros países. Pero, cuando he asesorado a comités de la Comisión Europea y explicaba que había que reducir, se me echaban a la yugular. Decían que se trataba de continuar creciendo económicamente. Pero tres más uno son cuatro. Y, si tienes cinco, solo te queda un margen de uno. Y, si sigues creciendo a un ritmo de uno, solo te queda un año. Algo hay que hacer. Ahora la transición energética está planteada para no superar los 2 grados y llegar a cero emisiones en 2050. O se invierte seriamente en minas y en la recuperación de materiales, o no llegaremos a estas cifras.

¿Debemos acostumbrarnos a no encontrar lo que buscamos en las tiendas?

Creo que será más el pan de cada día, sinceramente. Obviamente, todo esto se ha visto agravado por la Covid-19, y, cuando los precios suben mucho, al final vuelve a bajar la demanda y todo se vuelve a canalizar durante algún tiempo. La economía depende de muchísimos factores. Pero lo cierto es que, si existe un factor limitante, este factor es el físico, el de los recursos que hay. Tendremos que asumir que, si no tengo una Play Station, mala suerte y me aguanto, porque sencillamente no hay microchips para ofrecerme esta consola. Personalmente, estoy pendiente de que llegue el uniforme de gimnasia de mis hijos, y me han dicho que hasta enero o febrero no llegará porque los barcos chinos no están llegando. Fíjate que estamos hablando de un textil, ni siquiera de una cosa electrónica. Esto será cada vez más cotidiano; tendremos que volver cada vez más a las raíces de lo local. La globalización actual, además del impacto ambiental de traer unos pantalones desde China, nos hace muy vulnerables. Tarde o temprano —y yo creo que más temprano que tarde— toparemos con estos límites.

¿Qué significa “temprano”?

Hemos realizado curvas de extracción de recursos minerales. La conclusión general es que el pico de la mayor parte de los recursos puede llegar antes de que acabe este siglo, y muchos de ellos antes de 2050. Esto, contando con las reservas minerales que hipotéticamente existen en el planeta y que todavía no hemos detectado, y también con una tecnología futura que podría llegar a extraerlo. Si contamos solo las reservas que conocemos actualmente, los picos se avanzan muchísimo. Aquí el problema es que la demanda está aumentando exponencialmente y no hemos entendido lo que significa el consumo exponencial. No lo tenemos interiorizado; pensamos en lineal. Pero, precisamente cuando llegó la pandemia, experimentamos en primera persona lo que implica una transmisión del virus exponencial. Sin confinamiento, en pocos días nos habríamos infectado todos. Con ritmos diferentes, pero es la misma lógica de lo que estamos haciendo con los materiales.

Volviendo a Seat: ¿esto quiere decir que la promesa de fabricar 500.000 coches eléctricos cada año es inviable?

Yo he trabajado con Seat analizando como diseñar vehículos para evitar estos cuellos de botella. Si la demanda de vehículos y la de energías renovables aumentan de la manera que se prevé en los ‘Acuerdos de París contra el cambio climático’, nos podemos encontrar con límite de suministro de plata, cadmio, cobalto, cromo, cobre, galio, indio, litio, manganeso, níquel, plomo, platino, telurio o zinc antes de 2050. Estos son los elementos necesarios para las baterías de los vehículos, pero también para las energías renovables y en general para toda la electrónica. Tu ordenador también tiene batería; todo compite con todo. Por ahora, no hay baterías suficientes. Yo creo que los fabricantes de vehículos saben que no habrá baterías para todos los coches que esperan. El cobalto, por ejemplo, es muy crítico y está concentrado en muy pocos países.

Si las empresas automovilísticas lo saben… ¿por qué no actúan de una manera diferente?

Los fabricantes están creando acuerdos con los países proveedores para asegurar el suministro de materiales. Renault y Volkswagen ya prevén que las baterías se quedarán en propiedad del fabricante. Esto te da una idea de lo preocupados que están, de lo estratégicas que son las baterías, y de lo escépticos que están los fabricantes respecto a las previsiones que ellos mismos dicen. Lo que no hará un fabricante es lanzar mensajes apocalípticos.

¿Seat os pide que analicéis si tendrán materiales para sus coches?

Sí, nuestro grupo de investigación ha hecho varios proyectos con ellos. Antes de que ocurriera el problema de los microchips, nosotros ya les hicimos un análisis de varios modelos de Seat diciéndoles cuales eran las piezas críticas que tiene el vehículo, y como habría que diseñarlas para mejorar. ¿Sabes cuáles eran las piezas críticas? Justamente la electrónica, los microchips. Esto fue en 2018. Ya les estábamos diciendo que “ojo con estas piezas”, porque dependen de unos materiales muy escasos. Y bien, ya lo ves. Los fabricantes son conscientes de que tienen que repensar la manera de fabricar, y ahora han visto las orejas al lobo con el tema de los microchips.

Y los gobiernos, ¿son conscientes del problema? ¿Cómo está preparado el Estado español en este tema?

No estamos preparados ni mucho menos. Nos hemos hecho vulnerables intentando fabricar de manera más barata en otros países. Si fabrican otros lo que es tuyo, aparentemente tú no tienes los problemas de emisiones contaminantes. Y hemos pensado: ¡que fabriquen los chinos! A corto plazo podía ser una estrategia, pero a la hora de la verdad, si los chinos dicen que no suministrarán chips o tierras raras, aquí se para la economía. No tenemos fábricas, ni materias primas, ni una industria capaz de obtener materias primas de la basura que estamos generando.

Pero hoy en día ya somos dependientes del petróleo y del gas de otros países, y no nos va tan mal.

El problema es que queremos dejar de quemar combustibles fósiles, porque es lo que hay que hacer, pero lo queremos hacer con el mismo ritmo de crecimiento. Los aerogeneradores, los vehículos eléctricos, las placas solares…, todo esto es necesario, y todo esto está basado en materiales que son muy críticos. Pasaremos de ser dependientes del petróleo a ser multidependientes de toda la tabla periódica. Puede haber escasez de litio, puede haber escasez de manganeso, de cobalto… No todos estos elementos están situados en Arabia Saudí.

¿Quién se está preparando mejor?

El litio está en Bolivia, Argentina y Chile. El cobalto, sobre todo en el Congo. Las tierras raras, en China. Pero sobre todo seremos dependientes de China. Ellos tienen o bien los recursos o bien el procesamiento y refinamiento de los recursos de otros países. Y está comprando terrenos ingentes de África y de América Latina que contienen recursos. Son la fábrica del mundo y saben que quien tenga los recursos tendrá el poder. China tiene, desde hace décadas, una política de acaparamiento, o como mínimo de asegurarse el suministro. Los otros países no lo han sabido ver. Nosotros seremos más bien unos espectadores.

Algunos países petroleros, en América Latina y en Oriente Medio, han sufrido inestabilidad política y guerras como consecuencia de la lucha por su petróleo. ¿Puede pasar lo mismo con países que tienen muchos recursos minerales?

Esto ya está ocurriendo en Marruecos. Los conflictos que hay por el Sáhara Occidental no son para apoderarse del desierto. Son porque tienen las mayores reservas de fósforo del planeta. El fósforo es el oro verde, porque es la materia prima de los fertilizantes, y quizás podemos vivir sin microchips pero no sin alimentación. Las plantas necesitan este fósforo. Hoy en día hay mucha menos hambre en el mundo porque hubo una revolución de la agricultura con los fertilizantes. La productividad de los campos aumentó mucho. Pero se han echado tantos fertilizantes en los campos que hay unos problemas de contaminación brutales. Y estamos viendo una desaparición de suelo fértil. O encontramos otra revolución verde en la que no necesitemos estos fertilizantes minerales, o lo tenemos difícil. En el caso de Afganistán, no me atrevería a decir que ha estado determinante porque desconozco el background del país. Pero en 2007 ya era uno de los países estrella en busca de nuevas reservas de elementos como el litio. Si ahora mismo los chinos la tienen a bien con los talibanes es porque hay unas reservas estratégicas que interesan. Obviamente, de trasfondo del conflicto puede haber otros muchos factores, pero por supuesto en Afganistán hay reservas de varias materias que son estratégicas.

Muchos economistas defienden que es posible seguir creciendo sin consumir tantos materiales, porque en una economía digital ya no harán tanta falta, y entonces no habrá que sufrir por la escasez. ¿Cómo lo ves tú?

Precisamente son las tecnologías digitales las que más materias primas escasas necesitan. Esto, para empezar, pero es que, además, la historia nos dice que, cada vez que hemos mejorado la eficiencia de algún equipo, ha ocurrido un efecto rebote. Los coches ahora son más eficientes que nunca, pero utilizamos la mejora para fabricar muchos más coches. Y, al final, lo que tienes es un aumento exponencial de la depredación de los recursos. Hay que buscar la eficiencia, evidentemente; pero, si eso no va acompañado de repensar el modelo de sociedad que tenemos, difícilmente lo cambiaremos. Hay que replanteárselo todo muy seriamente. En el fondo, la pandemia nos ha enseñado mucho sobre esto: lo que hay que hacer es bajar la curva.

¡Una de las apuestas podría ser que todos estos materiales se reciclen!

En el caso de los coches, hemos hecho estudios para ver como se podría hacer un reciclaje mejor. Y, actualmente, todos estos elementos que son críticos los estamos perdiendo. Cuando llevas un vehículo a desguazar, le sacan las ruedas, los fluidos, el catalizador…; esto, con suerte. Los aceros del coche, que son ultraresistentes, se juntan con las chapas de cualquier electrodoméstico, y el acero que queda es de baja calidad, con impurezas. De todo ello, se dice que actualmente se reciclan los vehículos en un 95%, que es a lo que obliga la legislación. Pero en realidad lo que se recicla es un 95% del peso, y los minerales críticos se pierden en el vertedero o quedan diluidos en la mezcla de aluminio. Hoy por hoy, no existen procesos mejores que recuperen estos elementos, los que están en los microchips y que son esenciales. No será fácil, pero hay que entender lo estratégico que es recuperar estos elementos. Ahora mismo estamos parando las fábricas de vehículos de 1.000 kilos porque nos faltan unos microchips que pueden pesar 3 gramos.

Di algún ejemplo de mineral desconocido para el gran público que utilizamos mucho y que echaremos de menos pronto.

El telurio, por ejemplo. Se emplea en los nuevos paneles fotovoltaicos, porque son más finos y eficientes. Pero no hay minas de telurio, porque son elementos que salen del refinamiento de otros elementos mayores, como el cobre. Es decir, que están supeditados a la producción de estos minerales mayores. No abrirás una mina específicamente para el telurio si lo que puedes sacar son unos gramos por tonelada. Con el indio pasa lo mismo: es un material que hace que puedas mover la pantalla del móvil con el dedo. Y es necesario para los LED. Y una sola compañía china suministra una gran parte de este indio.

¿Y las tierras raras? ¿Por qué son importantes?

Se llama tierras raras a un conjunto de 17 elementos de la tabla periódica. Algunas son muy críticas para las energías renovables, como el neodimio y el disprosio. Con estos dos materiales hacen imanes muy fuertes, unos imanes que son necesarios para cualquier motor. Todo motor eléctrico tiene tierras raras: ordenadores, cámaras, vehículos… Cualquier cosa que se mueva lo tiene: incluso un sofá reclinable. Pero no hace falta fijarse en materiales tan concretos para darse cuenta de la gravedad de la situación. El sector de la construcción está temblando por los precios de las materias primas que no son raras. La madera está subiendo muchísimo. El aluminio y el cobre, también. De momento, los promotores están asumiendo esta subida de precios, pero no sé cuánto tiempo aguantarán así. Al final nos lo repercutirán. Todo está relacionado con el consumo exponencial. Por algún lado tiene que explotar.

Si falla alguno de estos materiales, ¿es posible que encontremos alternativas para fabricar a partir de otras cosas?

Siempre se buscan alternativas. Todo es reemplazable. Pero en el sistema de producción actual no lo es, porque todo se basa en el just in time. Si necesito un pedido de microchips, es para mañana. Tenemos que ir hacia un modelo diferente, de stocks más grandes, de más flexibilidad, porque las cadenas de suministros cada vez son más débiles. China ya hizo un embargo de tierras raras en 2010 y los precios subieron de manera brutal. Puede volver a ocurrir que se frene bruscamente la circulación de cualquier de estos materiales, como estamos viendo ahora con los chips.

Si no hay bastante materiales para hacer la transición energética, ¿nos veremos forzados a incumplir los objetivos porque no habrá alternativa a quemar gas y petróleo? ¿Qué podemos hacer para dejar de contaminar sin agotar los materiales?

No creo que sigamos quemando combustibles fósiles al ritmo actual porque, como explica Antonio Turiel, ya hay desinversión por parte de las petroleras. Ya no buscan nuevas reservas. Y se están cerrando las centrales de carbón. Está en la mente de todos que tenemos que ir hacia las energías renovables. Pero hay un problema: la extracción de minerales necesarios para la transición energética es a base de energía fósil. Ahora mismo, la minería ya es el 10% de las emisiones de gases de efecto invernadero. Si la demanda aumenta, también lo hará la extracción de minerales. El impacto climático de esta minería en el futuro será mayor. ¿Podremos descarbonizar la economía tal como está pensado? Yo creo que no, porque no se ha tenido en cuenta este factor, y descarbonizar el sector de la minería es muy complicado. Si no nos podemos desarrollar con las renovables, volverá el viejo debate de si alargar la vida de la energía nuclear. Pero esto último ya no es ciencia, sino mi opinión. En todo caso, creo que no nos podremos desarrollar tal como habíamos pensado. Habrá paradas económicas y bajará el PIB. O cambiamos el modelo, o la falta de recursos nos hará cambiar bruscamente el modelo."            (Entrevista a Alicia Valero, Manuel Riu, Rebelión, 12/10/21)

26/5/21

Eduardo Garzón: los coches eléctricos NO pueden ser la solución a la crisis climática y ecológica... lo es una reducción importante de la demanda energética, una transformación de nuestro modelo productivo, urbano, de movilidad y de consumo




Eduardo Garzón @edugaresp

 A diferencia de lo que muchos creen, los coches eléctricos NO pueden ser la solución a la crisis climática y ecológica. Lo explico en este vídeo y hago hilo resumen https://youtu.be/m3EYbrXDD7A

Aunque el coche eléctrico no emita gases de efecto invernadero durante su uso, tanto en su producción como en su eliminación sí se vierten a la atmósfera este tipo de gases. De hecho, se vierten más, debido a la fabricación de las baterías.

La producción de un coche de gasolina medio supone unas emisiones equivalentes a 5,6 toneladas de dióxido de carbono, mientras que para un coche eléctrico medio la cifra es de 8,8 toneladas. De esa cantidad, casi la mitad se destina a producir la batería (Patterson et al 2011).

A pesar de ello, en ese mismo estudio se señala que, si se tiene en cuenta la cantidad de gases que deja de emitir durante su uso al no tener tubo de escape, a lo largo de todo su ciclo de vida el coche eléctrico emitiría un 20% menos de emisiones que un coche de gasolina.

La clave está en la fuente de energía utilizada en la producción de las baterías y del coche eléctrico, así como la utilizada para generar la electricidad que necesita para desplazarse.

Si la fuente energética es total o mayoritariamente fósil, entonces se emitirán muchos gases de efecto invernadero y las ganancias a lo largo de toda su vida no serán importantes; mientras que, si la fuente es renovable en buena medida o en su totalidad, se emitirán menos gases.

Pero en la actualidad el mix energético de la mayoría de los países dista mucho de ser renovable, y las mejoras se producen lentamente; por lo que tendremos que esperar tiempo para que el coche eléctrico sea significativamente menos contaminante que uno convencional.

Pero es que hay más problemas: 1) La instalación de centros de energía renovable se hace con combustibles fósiles (nunca se utiliza energía renovable, ni siquiera está claro que sea posible), por lo que seguiremos emitiendo más carbono incluso de esta forma (Turiel 2021).

2) Los parques de energía renovable requieren el uso de mucho suelo que hoy día tiene otros usos, por lo que en algunos países la transición hacia una economía 100% renovable pondría en riesgo la conservación de la biodiversidad y la seguridad energética.

En un estudio se estima que transitar a una economía 100% solar puede ser físicamente inviable en la mayoría de los países de la UE, así como Reino Unido, Corea del Sur, Japón o Taiwán, porque no tienen suficiente suelo disponible para estos usos (Capellán-Pérez et al 2017).

3) La instalación de parques de energía renovables requiere la utilización de recursos naturales que son muy escasos, y como su demanda se está multiplicando en los últimos años, no está claro que haya suficientes para hacer la transición renovable (Valero et al 2018).

En este gráfico se puede ver qué metales y en qué proporción se necesitan para producir un coche eléctrico en comparación con uno de combustión interna, así como las energías renovables en comparación con las energías fósiles. La diferencia es verdaderamente abrumadora (AIE 2021)

La propia Agencia Internacional de la Energía ha calculado que para 2040 se necesita que la extracción de estos minerales se multiplique (hasta 42 veces en el caso del litio y de 21 en el del cobalto), y presenta sus dudas sobre si esto será posible (AIE 2021).

Más claro lo tienen otros estudios. Por ejemplo, en éste se estima que la escasez de 13 de minerales generaría cuellos de botella insalvables, especialmente en el caso del telurio que se utiliza para fabricar células solares fotovoltaicas (Valero et al 2018).

En este otro estudio se concluye que el desarrollo de los vehículos eléctricos generaría escasez de algunos minerales clave, como el litio y el magnesio (Blas et al 2020).

En este otro se proyectan varios escenarios y en la mayoría de ellos se agotarían las reservas de aluminio, de cobre, de cobalto, de litio, de manganeso y de níquel (Pulido et al 2021).

Por último, en éste se calcula que, debido a la escasez de los minerales, una economía globalmente electrificada no puede crecer más de 12 teravatios, lo que obligaría a nuestra economía a tener que operar con el consumo equivalente que tenía en el año 1985 (García-Olivares 2015)

Pero el problema no es sólo que muchos de estos minerales se vayan a agotar, sino que, antes de que eso ocurra, su precio se disparará debido a la ley de la demanda y la oferta, lo que a su vez hará inasumible el desarrollo del negocio (Scheidel y Sorman 2012,Grosjean et al 2012)

Otro problema es que estos minerales se concentran en muy pocas zonas del planeta. Si ya las reservas de hidrocarburos están distribuidas muy asimétricamente, pues sólo tres países concentran casi la mitad; en el caso de estos minerales es mucho peor:

Previsiblemente los conflictos por el control de estas reservas de minerales se agravarán, como ya ocurrió en la República Democrática del Congo, que concentra más del 60% de las existencias de cobalto y que sufrió y sigue sufriendo conflictos militares por su control.

Por no hablar de la explotación laboral y humana que se producirá en los países menos desarrollados, como también ocurre ya en el Congo, pues como denuncia Amnistía Internacional, allí son empujados a trabajar en condiciones muy duras incluso niños durante 12 horas al día

Y la solución no esta en el reciclaje, porque el diseño de los circuitos electrónicos que utilizan las baterías y los parques renovables no están pensados para su reaprovechamiento y los procesos de reciclaje específicos no dan resultado (Turiel 2021).

Las tasas de reciclaje son muy modestas (Wang et al 2016). En algunos casos estas tasas son muy reducidas, como ocurre con el litio de una batería, que sólo se recicla menos del 3% (Vikström et al 2013), y es que sólo el 42% de los materiales de la batería puede ser reciclado

Utilizar el hidrógeno a partir de energía renovable tampoco es la solución. Con la tecnología actual se requiere mucho consumo de energía renovable para sacarle rendimiento al hidrógeno.

Por ejemplo, si quisiésemos que el transporte europeo funcionase con hidrógeno necesitaríamos multiplicar la producción eléctrica renovable por 3,5, lo que ya hemos visto que se enfrenta a enormes desafíos (Turiel 2021).

Además, su manipulación presenta obstáculos que difícilmente se pueden superar de forma sencilla, porque -entre otras cosas- no es fácil de almacenar ni de transportar, y nada nos asegura que esto vaya a cambiar en el futuro (Turiel 2021; PIK 2021).

En fin, toda la evidencia científica disponible nos indica que no es posible solucionar la crisis climática y ecológica solamente sustituyendo los coches de combustión interna por eléctricos, a no ser que reduzcamos notablemente la demanda energética.

Con la tecnología actual, los únicos sustitutos de los combustibles fósiles son técnicamente muy inferiores y además están limitados por restricciones biofísicas y límites termodinámicos.

Pero esto no quiere decir que no existan soluciones factibles y realistas a la crisis climática y ecológica. Lo único que ocurre es que estas soluciones exigen una reducción importante de la demanda energética, una transformación de nuestro modelo productivo, urbano y de consumo

así como una mejora sustancial del transporte público y un cambio drástico de nuestros hábitos de movilidad y de consumo. Pero claro, para que dicho cambio sea posible es necesario que los gobernantes se arremanguen y giren el timón de sus políticas muchísimos grados. 

9:14 a. m. · 25 may. 2021
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10/7/20

"Hay una posibilidad entre seis de que nos extingamos este siglo"... nunca ha sido tan fácil como ahora... el colapso de la civilización requeriría más del 50% de mortalidad en todas las regiones del mundo

"No es un guionista de Hollywood y ni un telepredicador. Toby Ord es un filósofo de la Universidad de Oxford que asesoró a la OMS y el Banco Mundial. 

Por eso, en vez del fin del mundo o del apocalipsis, él habla del “colapso de la civilización”. Los matices son importantes para alguien que se dedica a analizar las diferentes formas en que podríamos extinguirnos. Y si hay más posibilidades de que un asteroide destruya la Tierra, que de que haya una explosión supervolcánica o de que otra pandemia diezme el planeta.

 En su libro ‘The Precipice’, Ord analiza al detalle cómo puede la humanidad acabar consigo misma y, lo más importante, cómo evitarlo. Su conclusión es que no es un asunto como para dejárselo a los guionistas y debería preocuparnos muy seriamente desde un punto de vista científico. “Hay una posibilidad entre seis de que nos extingamos en este mismo siglo”, afirma el investigador. 

En este cálculo, incluye también otros “riesgos existenciales”, como un colapso que destruyera el potencial de la humanidad. “Pero prefiero ser positivo”, añade en nuestra conversación por Skype. “Eso también significa que hay cinco posibilidades entre seis de que sobrevivamos como especie”. ¿Tener un 80% de posibilidades de que sobreviva la civilización es realmente una buena noticia? Más bien es una llamada de atención para tomarnos en serio los riesgos que corremos y de los que, según este filósofo, no hablamos todo lo que deberíamos.

 Ord es en el fondo optimista, porque cree que el fin del mundo puede evitarse. La mala noticia, recuerda, es que nunca ha sido tan fácil como ahora que nos extingamos. La buena, que nunca nos hemos extinguido. “Europa sobrevivió en la Edad Media perdiendo del 25 al 50% de su población en la Peste Negra, lo que podría significar que para desencadenar el colapso de la civilización requeriría más del 50% de mortalidad en todas las regiones del mundo”. 

En lo que respecta a las pandemias naturales, los humanos llevamos decenas de miles de años sobreviviéndolas, por lo que no cree que “sean una amenaza para la extinción, aunque puedan ser muy devastadoras”. Advierte también de que, “con el aumento de las comunicaciones globales y la superpoblación, las cosas pueden ponerse mucho peor en términos de pandemias que con el covid-19”. Pero más peligrosas que los virus zoonóticos como el SARS-CoV-2 le parecen las amenazas potenciales de grupos terroristas que diseñen armas biológicas, una tecnología que, a diferencia de las armas nucleares, cada vez es más accesible y difícil de rastrear.

 “La inteligencia artificial es más peligrosa que las pandemias”, argumenta Ord. Sostiene que los humanos nunca hemos tenido tanto poder para transformar el mundo ni una tecnología tan poderosa entre manos. “Igual que las armas biológicas, la inteligencia artificial puede suponer en los próximos 50 años riesgos nuevos que aún desconocemos y en cuya prevención apenas estamos invirtiendo: la humanidad gasta más cada año en helado que en que prevenir que las nuevas tecnologías no nos destruyan”. Calcula el filósofo que el gasto total en reducir los riesgos existenciales de la inteligencia artificial es de decenas de millones de dólares, en comparación con los miles de millones que se gastan en mejorar sus capacidades. En otras palabras, no estamos creando nuevos escudos a la velocidad que generamos nuevas armas.

“La inteligencia artificial tiene una posibilidad entre 10 de acabar con la humanidad”, calcula Ord. “No digo que los robots sean malos”, matiza. “La Inteligencia Artificial, igual que la energía nuclear, la podemos usar para algo bueno o para algo malo, pero el problema es que todavía no hay una conciencia pública sobre sus riesgos. Los físicos en los años cuarenta y cincuenta estaban preocupados por armas nucleares y en el siglo XX los gobiernos desarrollaron protocolos de seguridad, ahora deberíamos preocuparnos más por los riesgos de la IA y las armas biológicas”.

A cada peligro que puede poner en riesgo la humanidad le ha asignado una probabilidad matemática, aunque reconoce que son cálculos difíciles de contrastar. “He analizado muchas variables, pero es verdad que no es un cálculo fácilmente comprobable y nunca estaremos seguros de ello. Obviamente no tenemos cien planetas como este para averiguar a ciencia cierta cómo de devastadora es una amenaza. Pero hay algunas certezas”. ¿Hay algo entonces que podamos hacer? “Obviamente, sí”.

Para empezar, hablar de ello ya es un avance hacia la prevención. Tratar de medir ese riesgo cree que ayudará a tomarlo más en serio. A Ord le preocupa la poca conciencia de los riesgos devastadores que corremos y para los que habría que estarse preparando. Y, pese a que el covid-19 ha dejado claro lo vulnerables que somos a las amenazas globales, este académico de Oxford está convencido de que los gobiernos y la opinión pública seguimos sin tomarnos lo suficientemente en serio los riesgos catastróficos a los que, en mayor o menos medida, se enfrenta la humanidad. “Es complicado sacar el tema en el debate social, porque mucha gente asume que ya hay alguien haciéndose cargo de ello. Pero no es así. Algunos de los problemas más grandes a los que enfrenta la humanidad no se están afrontando. No entrar en una carrera armamentística, por ejemplo, es una cuestión política”.

Tampoco debe de ser el tema de conversación más sencillo que sacar en una cena cuando a uno le preguntan a qué se dedica. “En contextos informales, la gente se sorprende mucho cuando les hablas de la posibilidad de que la humanidad se extinga”. ¿Espera a los postres para comentarlo? “Hace falta algo más fuerte que un postre para sacar el tema”, bromea.

 Las especies de mamíferos generalmente sobreviven alrededor de un millón de años antes de extinguirse; el Homo erectus, sobrevivió durante casi dos millones. Así que según Ord, si todo fuera bien y siguiéramos los pasos de una especie normal, podríamos aspirar a sobrevivir el millón de años que viven de media los mamíferos. “Como solo tenemos unos 200.000 años de existencia, eso nos convierte en adolescentes”, dice Ord. “Pero los adolescentes no son buenos ordenando las prioridades. No ven más allá de dentro de un rato. Y en este momento la humanidad está actuando de forma tremendamente imprudente con el futuro, como un adolescente, pensando solo en nuestras próximas cinco horas de vida. Si queremos tener cientos de miles de años de futuro, tenemos que repensar las prioridades. Eso precisa cooperar mejor entre países y reconocer que tenemos un problema y necesitamos más sabiduría”.

Mucho más peligrosos que los volcanes y los meteoritos son los riesgos antropocéntricos, es decir, los que están en manos humanas. Y, en concreto, de los humanos que se dedican a la política. “En otras épocas daba igual como de malos fueran los gobernantes, no tenían el poder de destruir la humanidad. Ahora sí. Necesitamos entender este poder rápidamente para poner en marcha una red de seguridad que nos proteja contra estos riesgos”.

La pandemia del coronavirus ha alimentado un boom en Estados Unidos entre los llamados ‘preppers’, los temerosos del apocalipsis que se retiran a vivir a los bosques y guardan comida en sus cabañas o construyen búnkeres inexpugnables a una guerra química. No es acumular leña la solución que propone el filósofo, porque más que adaptarse al colapso civilizatorio él propone cómo prevenirlo. “Tampoco creo que sea bueno ridiculizar a los ‘preppers’. Por lo menos ellos son conscientes de que hay un riesgo, aunque su respuesta no creo que solucione mucho. El remedio hay que ponerlo antes de que pase, no después”.

 A diferencia de las películas de catástrofes, que suelen contar con un héroe que aprieta el botón correcto en el último momento, el mundo real difícilmente puede salvarse en solitario. “Hay que frenar el riesgo en primer lugar. Las amenazas son demasiado grandes y las soluciones individuales no van a evitar el problema, necesitamos invertir más en conocimiento para sobrevivir como especie”.

 El problema no es tanto un exceso de tecnología como una falta de sabiduría. No solo hace falta más ciencia e investigación para prevenir los riesgos asociados a los avances científicos y tecnológicos, también más política y cooperación global. Igual que estamos inventando nuevas tecnologías hay que inventar también nuevas formas de cooperar ante las amenazas globales.

 En ‘The Precipice’, Ord no resulta fatalista. No es que el destino de la humanidad sea destruirse a sí misma ni el progreso tecnológico derive necesariamente en caos. Muy al contrario, el filósofo insiste en que alejarnos del precipicio depende de las decisiones que tomemos ciudadanos y gobiernos. Además de invertir en prevención, propone una solución preliminar: “No elegir políticos que actúen como adolescentes sería un buen comienzo para garantizar el futuro de la humanidad. 

En otras épocas daba igual cómo de malos fueran los gobernantes, antes no tenían el poder de destruirlo todo. Y no podremos sobrevivir muchos siglos con el nivel de poder que estamos acumulando si no aumenta también la toma de conciencia del peligro. Estamos en un nivel insostenible de riesgo en manos de un grupo de adolescentes. Y los adolescentes no son buenos pensando en el largo plazo”.            (Marta García Aller, 26/06/20)

7/10/09

Los científicos proponen nueve "límites planetarios" para preservar los sistemas que mantienen la estabilidad del planeta desde hace 10.000 años

"El mundo que conocemos sólo tiene 10.000 años. Por esa fecha acabó la prehistoria y empezó el holoceno, el raro periodo de buen tiempo en que vivimos. Esa estabilidad podría durar otros 7.000 años, según predice la geología, pero la actividad humana ha alcanzado un nivel capaz de "dañar los sistemas que mantienen la Tierra en el estado de holoceno". (...)

Johan Rockström, de la Universidad de Estocolmo, y otros 28 científicos de universidades e institutos europeos, norteamericanos y australianos proponen ahora un sistema nuevo y polémico. Han estimado nueve "límites planetarios" que la humanidad debe respetar para no inestabilizar los sistemas terrestres esenciales, con cambios climáticos bruscos y tal vez catastróficos.

Tres de los límites ya han sido transgredidos: los del calentamiento global, la extinción de especies y el ciclo del nitrógeno. Otros cuatro están cerca de caer: uso del agua dulce, conversión de bosques en cultivos, acidificación de los océanos y ciclo del fósforo. Los otros dos son la contaminación química y la carga de aerosoles en la atmósfera.

Rockström y sus 28 colegas han presentado su propuesta en Nature. La versión completa de su trabajo está disponible en http://www.stockholmresilience.org/planetary-boundaries. El último número de la revista Nature Reports Climate Change recoge las críticas de siete expertos -incluido el premio Nobel Mario Molina-, y hay un debate abierto sobre la propuesta en http://tinyurl.com/boundariesblog. (...)

De hecho, "ya empezamos a ver evidencias de que algunos subsistemas terrestres han empezado a salirse de su estado holocénico estable", dicen los expertos. La rápida pérdida de los hielos árticos en verano, por ejemplo. También la masa menguante de las capas de hielo de Groenlandia y la Antártida Occidental. Y el aumento acelerado del nivel del mar en los últimos 10 años. (...)

Su propuesta es otro tipo de barrera más exigente. Se compone de dos límites. Primero, que la contribución humana al CO2 atmosférico no pase de 350 partes por millón (ppm). Y segundo, que el forzante radiativo (el cambio de energía en la capa más alta de la atmósfera) no supere los niveles preindustriales en más de un vatio por metro cuadrado. (...)

Los científicos han situado el límite planetario del uso del nitrógeno en un 25% de su valor actual, o 35 millones de toneladas. Con argumentos similares, fijan un límite de 11 millones de toneladas para el fósforo que la actividad humana vierte a los océanos cada año, no muy lejos de los 9 millones actuales. El flujo natural de fósforo a los océanos ronda el millón de toneladas. (...)

La extinción de especies es parte del juego de la vida, pero el registro fósil muestra que su ritmo natural es menor de una extinción por millón de especies al año (las estimaciones varían entre entre 0,1 y 1). La tasa actual de extinción causada por el hombre es entre 100 y 1.000 veces mayor.

"La Tierra no puede sostener el actual ritmo de extinción sin una importante erosión de la resiliencia de los ecosistemas", dicen los autores. El término resiliencia se ha tomado prestado de la ingeniería -donde mide la energía que puede absorber un material deformándose de manera elástica- para designar la capacidad de un ecosistema para encajar las agresiones.

Rockström y sus colegas proponen como límite planetario que los cultivos no cubran más del 15% de la superficie de tierra firme -ahora cubren el 12%-, pero hay científicos críticos con ese límite, y con los demás." (El País, ed. Galicia, 04/10/2009, p. 36/7)