Mostrando entradas con la etiqueta Economía: analisis coste/beneficio. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Economía: analisis coste/beneficio. Mostrar todas las entradas

20/7/23

Instant Pot, una popular olla a presión electrónica, que se acogió recientemente a la Ley de Quiebras... ¿qué condenó a la olla instantánea? ¿Cómo ha podido fallar algo tan querido? Es posible que algún día las escuelas de negocios estudien uno de los puntos débiles de Instant Pot, a saber, que estaba demasiado bien hecha. Una vez que usted desembolsó los noventa dólares por la Instant Pot Duo 7 en 1, ya estaba preparado de por vida: no se rompía, no se desgastaba... Piénselo un momento. Con nuestros sistemas actuales de generación de beneficios, que son el principal motor del comportamiento humano en este planeta, fabricar un producto de calidad que dure mucho tiempo en lugar de quedarse rápidamente obsoleto o acabar en un vertedero te llevará a la quiebra... Las empresas funcionan como gigantescos sociópatas devoradores de mundos, porque nuestros modelos actuales permiten a sus dirigentes y abogados lavarse las manos de todas las consecuencias de los daños que infligen sus monstruos en nombre del crecimiento y del deber de maximizar los beneficios de los accionistas

 "Acabo de leer un párrafo inquietante en un artículo del New Yorker sobre la Instant Pot, una popular olla a presión electrónica cuya empresa matriz se acogió recientemente al Capítulo 11 de la Ley de Quiebras:

    "Entonces, ¿qué condenó a la olla instantánea? ¿Cómo ha podido fallar algo tan querido? ¿Es el arco de los artículos de cocina largo pero se inclina hacia la obsolescencia? Es posible que algún día las escuelas de negocios estudien uno de los puntos débiles de Instant Pot, a saber, que estaba demasiado bien hecha. Una vez que usted desembolsó los noventa dólares por la Instant Pot Duo 7 en 1, ya estaba preparado de por vida: no se rompía, no se desgastaba y la empresa no había introducido grandes innovaciones que le hicieran querer subir de nivel. Como cliente, usted era un "uno y ya está", lo que puede hacer que sea un cliente feliz, pero es un infierno para las métricas de rendimiento de beneficios y crecimiento".

Piénselo un momento. Con nuestros sistemas actuales de generación de beneficios, que son el principal motor del comportamiento humano en este planeta, fabricar un producto de calidad que dure mucho tiempo en lugar de quedarse rápidamente obsoleto o acabar en un vertedero te llevará a la quiebra.

Un artículo de The Atlantic sobre la declaración de quiebra ilustraba este punto de forma similar el mes pasado:

   "Desde el punto de vista del consumidor, esto convierte a la olla Instant Pot en un producto de ensueño: Hace lo que dice, y no cuesta mucho o ningún dinero adicional después de la primera compra. No parece que tenga obsolescencia programada, lo que obligaría a sustituirla con regularidad. Pero desde el punto de vista de los propietarios e inversores que tratan de maximizar el valor, la olla instantánea es un problema. Una empresa no puede ir dando tumbos a perpetuidad, lanzando nuevos productos según el ritmo real de sus buenas ideas y, por lo demás, fabricando y vendiendo unas pocas versiones de un aparato duradero y querido y de sus accesorios, actualizados cada pocos años con nuevas características. Una empresa necesita crecer".

Esto dice cosas tan díscolas sobre por qué nuestro planeta se enfrenta a las crisis existenciales a las que se enfrenta ahora. Las empresas morirán si no crecen continuamente, y no pueden crecer sin cosas como la obsolescencia programada incorporada o las compras adicionales continuas, que en una sociedad sana se considerarían simplemente como una artesanía de mala calidad. Toda nuestra civilización está impulsada por la búsqueda de beneficios, y para seguir obteniendo grandes beneficios tu empresa necesita crecer continuamente, y tu empresa no puede crecer continuamente a menos que estés fabricando un producto de mierda que necesita ser reemplazado o complementado continuamente, y no puedes fabricar esos reemplazos y suplementos sin cosecharlos de la carne de un mundo moribundo.

 Como el escritor Robert Moor observó recientemente en Twitter: "El hecho de que Instant Pot ya se esté enmarcando como un cuento con moraleja corporativa -la empresa que quebró porque hicieron un producto tan duradero y versátil que sus clientes tenían poca necesidad de comprar otro- en lugar de como una crítica al capitalismo es profunda, profundamente deprimente".

Es realmente desgarrador pensar en todas las formas en que el potencial humano está siendo privado y restringido por estas ridículas limitaciones que hemos puesto en la forma en que operamos como colectivo. La asignación de recursos en función de su rentabilidad frena la innovación tecnológica, porque el modelo más rentable siempre pierde frente a otros menos rentables pero más beneficiosos para las personas y el medio ambiente. Alguien podría inventar una máquina de energía libre que dure para siempre y cueste casi nada, y aunque salvaría al mundo, puede estar seguro de que nunca vería la luz del día bajo nuestros sistemas actuales, porque no podría producir beneficios enormes y continuos y destruiría muchos medios actuales de generación de beneficios.

La ciencia debería ser la actividad más colaborativa del mundo; todos los científicos del planeta deberían colaborar y comunicarse. En cambio, debido a nuestros modelos basados en la competencia, es exactamente lo contrario: la exploración científica se divide en innovadores que compiten contra otros innovadores, corporaciones que compiten contra otras corporaciones, naciones que compiten contra otras naciones.

 Si pudiéramos ver lo mucho que estamos perdiendo con estos modelos basados en la competencia, cuánta innovación no se está realizando, cuánta prosperidad humana se está sacrificando, cómo estamos perdiendo casi todo nuestro potencial cerebral con estos modelos, caeríamos de rodillas y gritaríamos de rabia. Si la ciencia hubiera sido un esfuerzo mundial de mente de colmena en plena colaboración, en lugar de estar dividida y volcada contra sí misma para obtener beneficios y poder militar, nuestra civilización estaría inimaginablemente más avanzada de lo que está.

Esto es indudable. Renunciamos al paraíso para enriquecer a unos cuantos bastardos.

Nuestros sistemas basados en la competencia y motivados por el beneficio limitan la innovación científica, y también limitan enormemente el alcance de las soluciones de las que podemos disponer. Existe un vasto espectro de soluciones potenciales a los problemas a los que nos enfrentamos como especie, y nos estamos limitando a una fracción muy pequeña e inferior del mismo. Al limitar las soluciones a las que son rentables, estamos omitiendo las que implican usar menos, consumir menos, dejar los recursos en el suelo y dejar a la naturaleza en paz. También estamos reduciendo el incentivo para curar enfermedades y eliminar problemas en lugar de ofrecer tratamientos y servicios caros y continuos para ellos.

O incluso un proyecto tan fundamental para nuestra supervivencia como eliminar toda la contaminación de nuestros océanos. El afán de lucro no ofrece ninguna solución a este problema porque no hay forma de ganar un excedente de dinero haciéndolo, y de hecho sería muy costoso. Así que la contaminación permanece en nuestros mares, año tras año. Se han inventado muchas soluciones para eliminar la contaminación del mar, pero nunca se aplican a la escala necesaria porque no hay forma de rentabilizarlas. Y la gente idearía muchas más soluciones si supiera que esas soluciones pueden aplicarse.

¿Cuántas veces has tenido una idea genial y te has entusiasmado con ella, para luego hacer cuentas y darte cuenta de que es inviable porque no sería rentable? Es una experiencia muy común, y le ocurre a las ideas para posibles soluciones a nuestros problemas todos los días.

El sistema del ánimo de lucro parte de la premisa ecocida del crecimiento infinito en un mundo finito. Sin eso, todo el sistema se derrumba. Así que no hay soluciones que impliquen no crecer, fabricar menos, consumir menos, no aumentar artificialmente la demanda con publicidad, etc.

Es difícil apreciar la importancia de esta limitación artificial cuando se está dentro de ella y se ha vivido toda la vida bajo sus reglas. Es como si sólo se nos permitiera hacer cosas de madera; si toda nuestra civilización prohibiera todo el espectro de innovaciones no relacionadas con la madera. Seguro que esa civilización sería muy buena fabricando cosas de madera y probablemente tendría algunas innovaciones que nuestra civilización no tiene. Pero también sufriría un gran retraso en su desarrollo. Así de perjudicados estamos con el modelo del afán de lucro en la búsqueda de soluciones viables.

Y algunas soluciones serían realmente geniales ahora mismo. Este planeta acaba de vivir la semana más calurosa de su historia, y el hielo marino de la Antártida está dejando de formarse en lo que para el hemisferio sur es pleno invierno. Incluso si todavía quieres fingir que el calentamiento global no es real, la biosfera de este planeta nos está dando muchas otras señales de colapso inminente, incluyendo la caída en picado de las poblaciones de insectos, la pérdida de dos tercios de la vida silvestre de la Tierra en los últimos 50 años, la extinción de los ecosistemas, la desaparición de los bosques, la rápida pérdida de fertilidad del suelo, las extinciones masivas, y los océanos jadeando en busca de oxígeno y convirtiéndose en desiertos sin vida mientras se forman continentes de plástico en sus aguas. Así que la necesidad de soluciones inmediatas a nuestra crisis medioambiental no es seriamente discutible.

pero no obtenemos soluciones, sino un mundo gobernado por corporaciones a cuyos líderes se les exige que sitúen el crecimiento por encima de cualquier otra preocupación, incluso de si el futuro contendrá un ecosistema en el que las corporaciones puedan existir o una especie humana a la que vender bienes y servicios. Las empresas funcionan como gigantescos sociópatas devoradores de mundos, porque nuestros modelos actuales permiten a sus dirigentes y abogados lavarse las manos de todas las consecuencias de los daños que infligen sus monstruos en nombre del crecimiento y del deber de maximizar los beneficios de los accionistas.

A la gente le preocupa que el mundo sea destruido por máquinas impulsadas por una inteligencia artificial despiadada, pero podríamos acabar destruyéndolo con un tipo de mente artificial que inventamos mucho antes que los microchips: la corporación. Gran parte de la disfunción de la humanidad puede explicarse por el hecho de que las corporaciones (A) prácticamente dirigen el mundo y (B) están obligadas a actuar como sociópatas anteponiendo el beneficio a cualquier otra preocupación.

Mientras el comportamiento humano siga guiado por el beneficio, el ecocidio continuará, porque el ecocidio es rentable.

Mientras el comportamiento humano siga guiado por el beneficio, las guerras continuarán, porque la guerra es rentable.

Mientras el comportamiento humano siga estando impulsado por el beneficio, continuará la explotación, porque la explotación es rentable.

Mientras el comportamiento humano siga impulsado por el beneficio, la corrupción continuará, porque la corrupción es rentable.

No existe ningún modelo "bueno" en el que el comportamiento humano pueda seguir impulsado por el beneficio sin que continúen estos comportamientos destructivos, porque muchos tipos de comportamiento destructivo siempre serán necesariamente rentables. Ningún defensor del capitalismo ha sido capaz de dar una respuesta satisfactoria a esta cuestión.

El llamamiento es, pues, a pasar de sistemas basados en la competencia y el beneficio a sistemas basados en la colaboración para el bien común de todos. Estamos muy lejos de eso, pero se puede recorrer un largo camino en poco tiempo en las condiciones adecuadas. Nuestra especie se encuentra en el momento de adaptarse o morir, y la adaptación que hay que hacer está clara."                  (Caitlin Johnstone, Brave New Europe, 16/07/23; traducción DEEPL)

26/6/12

Todo es convertible en mercancía, todo es reducible a dinero y todo es transformado en negocio

"El análisis coste-beneficio ha sido una innovación de análisis económico de una importancia terrible -el término “terrible” está usado aquí con toda la intención- en el ámbito de infinitud de disciplinas y pautas sociales. Construir un hospital o no hacerlo depende del análisis coste-beneficio, al igual que edificar una autovía dentro de un parque natural.

 Todo se reduce a una especie de problema económico-matemático donde se le pone precio a todo. Hemos, gracias al análisis coste-beneficio, creado una especie de mercados para todo con derechos de propiedad sobre todo.

Y como todo es ya mercancía y susceptible de ser convertido en precio, poner dinero sobre la mesa a cambio de una mercancía se ha convertido en algo normalizado, prácticamente connatural al ser humano y aceptado por éste.
El mecanismo es simple: se investiga una determinada enfermedad sí y sólo sí su demanda es capaz de colmar la oferta, es decir si los posibles beneficios superan a sus costes.

 La salud, que es un bien público, se ha convertido de la noche a la mañana en un bien sujeto a leyes de carácter privado, es decir, en la búsqueda y obtención de rentabilidad o bien en la minimización del coste a costa de la propia salud, tómese por ejemplo el aumento descontrolado de cesáreas en contraposición a los partos naturales o seminaturales que son mucho más caros y más lentos pero infinitamente menos peligrosos.(...)

Todo es convertible en mercancía, todo es reducible a dinero y todo es transformado en negocio.
Pero el análisis coste-beneficio está conociendo unas cotas de irracionalidad que apabullan. La sociedad ha asimilado tan profundamente ese sistema donde todo aquello cuyos “beneficios” (generalmente sobrevalorados) superen a sus costes (generalmente infravalorados) que desmontar esa construcción intelectual se ha convertido en una tarea ardua.

 Tanto es así que tenemos ilustres Premios Nobel de Economía que se han dedicado a extrapolar el análisis coste-beneficio a todo lo humano: el amor, por ejemplo, está -para Gary Becker- sujeto a las pautas del coste-beneficio. Así un individuo decidirá enamorarse de otro si las rentas obtenidas -y ahí entra todo, desde los hijos hasta el pago conjunto de la vivienda- supera a los costes -el coste, por ejemplo, de no poder romper el monopolio bilateral de las relaciones sexuales, esto es, la imposibilidad de ser infiel; o el coste de soportar a los suegros, etc.-

Todo es mercancia, todo es convertible a moneda y mesurable; y, lo lógico para los amantes del coste-beneficio, es que los seres humanos asuman e interioricen eso. Además, el analisis coste-beneficio es del todo parcial y, como decíamos un poco más arriba, deshumanizado. De este modo, y según Becker, un individuo delinquirá si los rendimientos esperados de su delito son superiores a la pena que pudiera sufrir sujeta a la probabilidad de ser capturado. Y ese es todo el análisis.

Quedan fuera de la ecuación las condiciones sociales, la educación, el tiempo histórico o, por ejemplo, la legitimidad de las autoridades que señalan el delito e imponen la pena. Ese es el corazón del coste-beneficio: simplificar la realidad e interacción social a una simple transacción, como el que va al mercado a por fruta, dejando profundas cuestiones al margen del análisis.

Sin embargo, la última moda a la hora de mercadear con todo es, sin duda, la convertibilidad del beneficio en empleo como moneda de cambio y cuyo peso está, en el imaginario colectivo, más que justificado.
De ahí que el título del presente artículo sea tan escabroso. Imaginen por un momento que, en pleno arrebato de lucidez, un grupo de economistas bien pagados, con sus trajes caros y apurado afeitado, sacan a la luz un estudio según el cual, si se instruye a cierto tipo de jóvenes en la delincuencia más salvaje -con otros términos mucho más políticamente correctos, por supuesto; no olviden que nuestro grupo de economistas son gente con estudios, y muy caros por cierto- esto generará directa e indirectamente más de 15.000 puestos de trabajo entre los médicos y enfermeros que cuidarán a los heridos derivados de la violencia, policías para la detención y la seguridad, personal de construcción para la ampliación de cárceles, etcétera.

 Todo ello perfectamente adornado con un sofisticado análisis econométrico cuya complejidad matemática le aporta un toque mucho más riguroso. ¿Qué gobierno, en la situación de destrucción de empleo en la que nos encontramos, rechazaría tan suculento plato?
Lógicamente, como se puede comprobar es un ejemplo de alejada (¿?) realidad. Podría haber usado otros aún más increíbles, como que por ejemplo un par de grandes ciudades españolas estuviesen subastando su soberanía mediante exenciones fiscales, reducciones de control judicial o simplemente crear una especie de vacío legal para convertir una zona de la ciudad en un lugar sin ley, o mejor dicho, un lugar con una ley que permita hacer prácticamente lo que un inversor que haya prometido la creación de más de 15.000 puestos de trabajo directos en casinos, desee.

 Como comprenderán, es un ejemplo tan irreal que apenas merece la pena desarrollar ni reflexionar sobre él. El análisis entre el coste (político, de cesión de soberanía; social, de prostitución, drogas, etc; y económico, de blanqueo de capitales -por seguir a Saviano-) y el beneficio generado es, bajo mi punto de vista, imposible.

Entrar en una ponderación de costes y beneficios acerca de estas cuestiones es entrar en un juego perverso en el que, por sí mismo, se acepta la convertibilidad en moneda común -dinero o empleos- de los heterogéneos costes contra los heterogéneos beneficios.
La cuestión que aquí se intenta poner de relieve es simple, ¿de verdad estamos tan mal en la lucha ideológica que los ciudadanos se han comenzado a comportar en homo economicus, dándole -de paso- una alegría al cadáver de Pigou? ¿Ha calado tan profundamente el individualismo que exporta el neoliberalismo que los conceptos como derechos sociales o comunitarios y su naturaleza misma no son ya más que papel mojado y convertibles en moneda de cambio, como cualquier otro bien?

 ¿Deben las relaciones sociales, como el matrimonio o las quedadas con las amistades, ser objeto de un análisis tan superficial y economicistas? Es más, ¿Es sensato entregar un Premio Nobel a quien propone la deshumanización de toda acción humana convirtiendola en objeto de transacción, de mercado?"          (Economía Crítica, 15/05/2012, de Alejandro Quesada Solana)