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5/10/26

De Reikiavik a La Haya, los gobiernos europeos están empezando a prepararse para un cambio marino literal que pondría fin a la vida tal como la conocemos en el continente... es parte de la razón por la que Islandia y los países del norte de Europa no sufren un clima siberiano... pero la corriente marina que transporta aguas cálidas tropicales hacia el norte, evitando que Europa se congele, podría debilitarse. Incluso podría apagarse... ... el océano podría volverse en nuestra contra antes de lo que se pensaba... aunque este proceso se desarrollaría a lo largo de muchas décadas, una desaceleración grave o un colapso de la corriente trastornaría la agricultura, la infraestructura, el bienestar y la economía de Europa. El continente podría enfrentar inviernos glaciares y veranos secos, niveles del mar en aumento y tormentas de viento feroces... podrían necesitarse rompehielos en el mar Báltico. Los canales de Ámsterdam podrían congelarse por completo, mientras las olas de frío harían que las temperaturas se desplomen a menos 20 C en Países Bajos y menos 40 C en Escandinavia... a medida que se acumulan las investigaciones sobre la probabilidad de una desaceleración importante o —menos probable— un colapso total, los gobiernos están empezando a tomárselo en serio y a tratar de determinar cómo minimizar los daños... existe un riesgo sustancial de que pueda ocurrir en los próximos 20 años... "Para reducir el riesgo de que esto ocurra, lo único real que se puede hacer es simplemente frenar el calentamiento global" (Zia Weise)

"Una pesadilla climática acecha en el Atlántico. Europa empieza a prestar atención.

Una desaceleración de las corrientes oceánicas que trastornaría la vida en el continente a una escala impensable.

De Reikiavik a La Haya, los gobiernos europeos están empezando a prepararse para un cambio marino literal que pondría fin a la vida tal como la conocemos en el continente.

En las profundidades del Atlántico Norte, un vasto sistema de corrientes arremolinadas conocido como Circulación de Vuelco Meridional del Atlántico, o AMOC (por sus siglas en inglés), transporta aguas cálidas tropicales hacia el norte, evitando que Europa se congele. Pero a medida que los humanos siguen bombeando gases que calientan el planeta a la atmósfera, esta bomba de calor oceánica se debilitará. Incluso podría apagarse.

Una zona de agua más fría de lo habitual justo al sur de Groenlandia, apodada la "mancha fría", tiene a algunos científicos preocupados de que esta desaceleración ya esté en marcha. Otros investigadores han examinado modelos climáticos, estudiado registros de temperatura del mar y realizado simulaciones para concluir que el océano podría volverse en nuestra contra antes de lo que se pensaba.

Aunque este proceso se desarrollaría a lo largo de muchas décadas, una desaceleración grave o un colapso de la AMOC trastornaría la agricultura, la infraestructura, el bienestar y la economía de Europa a una escala que haría que el calor y los incendios del verano pasado parecieran recuerdos leves de tiempos más tranquilos. El continente podría enfrentar inviernos glaciares y veranos secos, niveles del mar en aumento y tormentas de viento feroces.

Hasta hace poco, esta perspectiva se consideraba remota: un escenario de pesadilla esgrimido para advertir sobre los peligros catastróficos del cambio climático sin control. Pero a medida que se acumulan las investigaciones sobre la probabilidad de una desaceleración importante o —menos probable— un colapso total, los gobiernos están empezando a tomárselo en serio y a tratar de determinar cómo minimizar los daños.

Islandia ha declarado un colapso de la AMOC como riesgo de seguridad nacional. Países Bajos está investigando qué podría significar una desaceleración para sus defensas marítimas. Finlandia está examinando las posibles consecuencias. El Reino Unido está gastando millones en un sistema de alerta temprana. Y los ministros nórdicos han comenzado a discutir la amenaza.

Para los responsables de las políticas, la inestabilidad de la AMOC plantea un desafío inusual: ¿Cómo se prepara uno para un desastre lejano que puede que nunca ocurra —pero que, si ocurre, trastornaría la vida en Europa a una escala impensable? Pero los gobiernos concluyen cada vez más que la incertidumbre en sí misma no es excusa para esperar.

"Es irresponsable esperar a tener certeza absoluta antes de prepararse", declaró a POLITICO Jóhann Páll Jóhannsson, ministro de Clima de Islandia. "Porque, para cuando las consecuencias sean innegables, puede que ya sea demasiado tarde para evitar que ocurran".

"Esto no se trata de pánico ni de alarmismo", añadió. "Es simplemente una gobernanza responsable".

La sensación de alarma también ha llegado a Bruselas, donde el año pasado la responsable de transición verde de la Unión Europea, Teresa Ribera, sugirió añadir la AMOC "a la lista de siglas de seguridad nacional en Europa".
Esa sensación de hundimiento

El motor de la AMOC se encuentra en el Atlántico Norte, donde el agua fría y salada se hunde en las profundidades del océano. Ese hundimiento ayuda a atraer más agua cálida hacia el norte, impulsando una circulación que ha dado forma al clima de Europa durante milenios.

Ayuda a explicar por qué París no tiene los inviernos fríos de Ottawa, aunque la capital francesa se encuentra ligeramente al norte de la ciudad canadiense. También es parte de la razón por la que Islandia y los países del norte de Europa no sufren un clima siberiano.

Pero el cambio climático ahora amenaza con perturbar este motor estable durante tanto tiempo. A medida que se derrite la capa de hielo de Groenlandia y las lluvias más intensas añaden más agua dulce al Atlántico Norte, el mar se vuelve más cálido y menos salado —y por lo tanto menos denso—. Se hunde con menos facilidad, debilitando la circulación.

Esto puede desencadenar un bucle de retroalimentación: las corrientes más débiles transportan menos sal hacia el norte, lo que hace que el agua sea aún más dulce y ralentiza aún más la AMOC. El temor es que, con suficiente calentamiento, la agitación podría ralentizarse significativamente o incluso detenerse.

Si esto le suena familiar, probablemente sea por la película de catástrofes de 2004 "El día de mañana", que imagina la detención de las corrientes oceánicas del Atlántico desencadenando una congelación repentina que sumerge al mundo en una nueva era glacial de la noche a la mañana. No hay evidencia de que un escenario tan extremo y rápido sea posible.

Y sin embargo, el peligro no se limita a un futuro lejano. Aunque un colapso total de la AMOC se desarrollaría a lo largo de muchas décadas, probablemente más allá del final de este siglo, partes del sistema podrían empezar a fallar mucho antes —con consecuencias que se sentirían mucho antes de que las corrientes se detengan por completo.

"Partes de la AMOC podrían empezar a colapsar en el camino hacia el colapso total", dijo Laurie Laybourn, investigador asociado de Chatham House y director de la Iniciativa de Riesgos Climáticos Estratégicos. "Es un proceso que tendría perturbaciones a lo largo del camino".

Los científicos están particularmente preocupados por el giro subpolar, una corriente circular al sur de Groenlandia que ayuda a impulsar la AMOC. Algunos estudios sugieren que su función de mezcla de agua podría empezar a detenerse ya en la década de 2040, desencadenando cambios importantes en tan solo una década.

Un colapso del giro no sumiría a toda Europa del Norte en la congelación profunda asociada con un cierre total de la AMOC. Pero podría traer inviernos significativamente más fríos y aumentar el riesgo de sequía.

"Cuándo exactamente es difícil de decir, pero creo que existe un riesgo sustancial de que pueda ocurrir en los próximos 20 años", dijo Swinda Falkena, investigadora que estudia el giro subpolar en la Universidad de Utrecht. "Básicamente significaría que hay que empezar a planificar ahora".

En cuanto a la AMOC en su conjunto, los científicos todavía no saben en qué punto las corrientes podrían cruzar su llamado punto de inflexión, tras el cual un colapso hacia un estado muy débil se vuelve inevitable. Tampoco saben qué cerca están de cruzarlo. Las estimaciones van desde un calentamiento global de 1,4 grados Celsius por encima de las temperaturas preindustriales —un nivel que el mundo acaba de alcanzar— hasta 8 C.

Cuánto se perturbarán las corrientes sigue siendo objeto de debate; los científicos también siguen discutiendo si la desaceleración ya ha comenzado. Pero todos coinciden en que, a medida que el clima siga calentándose, la AMOC disminuirá.

En 2023, el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático —que publica informes que representan el consenso científico actual— concluyó que es "muy probable que la AMOC se debilite a lo largo del siglo XXI", con su fuerza cayendo entre un 24% y un 39% por debajo de los niveles preindustriales.

El IPCC también expresó una "confianza media" de que "no se espera un colapso abrupto antes de 2100" —pero las investigaciones publicadas desde la divulgación del informe han aumentado la posibilidad de que el sistema pueda alcanzar un punto de inflexión mucho antes.

Dos estudios recientes situaron ese umbral alrededor de mediados de este siglo. Otro artículo encontró que incluso si se reducen las emisiones que calientan el planeta, es más probable que no que un colapso comience antes del final del siglo. Y aún otro sugirió que incluso con un calentamiento leve, el riesgo de un cierre de la AMOC es de alrededor del 25 por ciento. Y un estudio de este año concluyó que las corrientes perderían la mitad de su fuerza hasta 2100. (En contraste, un artículo reciente encontró poco probable un colapso total este siglo).

"Los riesgos", dijo Jóhannsson, el ministro de Clima islandés, "están resultando más graves de lo que se entendía anteriormente".
Futuro helado

Los científicos están empezando a esbozar cómo podría ser Europa después de un colapso de la AMOC, basándose en modelos climáticos y en investigaciones sobre el efecto de las corrientes en las temperaturas, las precipitaciones, los niveles del mar y los ecosistemas. El panorama que describen, en estudios publicados y entrevistas con POLITICO, es dramático.

En invierno, las tormentas podrían azotar el continente, alimentadas por la marcada diferencia de temperatura entre un norte recién gélido y un sur tan cálido como siempre.

El hielo marino del Ártico podría empujar hacia el sur, hacia Escocia y los fiordos nórdicos. Podrían necesitarse rompehielos en el mar Báltico. Los canales de Ámsterdam podrían congelarse por completo, mientras las olas de frío hacen que las temperaturas se desplomen a menos 20 C en Países Bajos y menos 40 C en Escandinavia.

La sequía en África Occidental podría impulsar a los migrantes hacia el norte a medida que el cinturón de lluvias tropicales se desplaza hacia el sur. Mientras tanto, Islandia podría enfrentar una devastación económica a medida que colapsen las poblaciones de peces, según un escenario que los investigadores elaboraron para el Consejo Nórdico de Ministros.

A lo largo de la costa atlántica norte de Europa, los niveles del mar más altos podrían agravar las inundaciones y empujar el agua salada hacia las tierras agrícolas bajas. Los veranos seguirían trayendo calor extremo, pero una disminución de las precipitaciones podría agravar la escasez de agua. Un artículo encontró que en el Reino Unido, la tierra apta para el cultivo agrícola caería del 32% actual al 7% después de un colapso de la AMOC.

La preocupación por estos posibles impactos está empezando a moldear la planificación gubernamental. Islandia, que ha declarado un colapso de la AMOC como riesgo de seguridad nacional, llevó la amenaza al Consejo Nórdico de Ministros esta primavera. "Discutimos preparar una evaluación de riesgos conjunta para los nórdicos", dijo Jóhannsson.

En Finlandia, la ministra de Clima, Sari Multala, lanzó este verano una evaluación de lo que podría significar una desaceleración de la AMOC para el país, incluidas sus consecuencias para el clima, el mar Báltico y sectores clave como la agricultura, la energía y el transporte.

"Sería bastante obvio que si la temperatura cayera tan drásticamente como en los peores escenarios, las condiciones de vida en Finlandia se deteriorarían muchísimo", declaró a POLITICO. "Como creo que estamos en primera línea en lo que respecta a este punto de inflexión, queremos ser los que tengan el mejor conocimiento al respecto".

Países Bajos está realizando una evaluación similar, con especial atención a la amenaza para sus defensas marítimas. El comisionado del programa Delta neerlandés —un funcionario designado por el gobierno encargado de proteger al país de las amenazas relacionadas con el agua— está trabajando para incluir el debilitamiento de la AMOC como un "escenario hipotético" en los planes de preparación del país. Los estudios sugieren que un cierre de la AMOC podría añadir aproximadamente medio metro al aumento del nivel del mar a lo largo de partes del Atlántico Norte, además del aumento ya causado por el calentamiento global.

"La velocidad es incierta, el momento es incierto y el impacto es incierto", dijo Saskia van Vuren, que asesora al comisionado Delta sobre la AMOC. Pero ya está afectando la planificación sobre el terreno. "Deberíamos reconocer que puede haber capas de hielo [en los ríos] en el futuro", añadió, señalando los proyectos de restauración de ríos en curso.

Aun así, persisten grandes incertidumbres. Existe la posibilidad de que el calentamiento global cancele cualquier enfriamiento invernal relacionado con la AMOC, por ejemplo.

Pero "la incertidumbre no es razón para la inacción", dijo Walid Oueslati, jefe de la división de clima de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, que supervisó un informe sobre cómo los responsables de las políticas pueden abordar tales riesgos. "Es una razón para una mejor gestión de riesgos".

"Los gobiernos lidian con riesgos inciertos todos los días", añadió, citando "la crisis financiera, por ejemplo, o la pandemia, o los terremotos y otros peligros naturales".
Vigilancia oceánica

Una de las primeras líneas de defensa contra un colapso de la AMOC es darse cuenta de cuándo comienza. Los gobiernos y los científicos están invirtiendo en sistemas de alerta temprana para detectar cuándo las partes críticas de la circulación empiezan a acercarse a un punto de inflexión.

El gobierno británico ha vertido 81 millones de libras (94 millones de euros) en un programa de investigación para crear un mecanismo de alerta temprana para dos sistemas clave vinculados a la AMOC que pueden estar ellos mismos acercándose a un punto de no retorno: la capa de hielo de Groenlandia y el giro subpolar.

"Estamos tratando de reunir equipos para observar, modelar y pronosticar mejor los puntos de inflexión, de modo que podamos responder mejor a ellos", dijo Gemma Bale, una de los dos científicos que lideran el programa.

El programa —y cualquier esfuerzo por rastrear la AMOC— depende de observaciones fiables y a largo plazo del océano, añadió.

Los investigadores han tendido amarres a lo largo del Atlántico para medir las corrientes; una de esas redes, conocida como RAPID, es el programa de observación más longevo, con 20 años de datos consistentes.

"Es lo único que nos dice directamente cómo está cambiando la AMOC día a día, mes a mes, año a año", dijo Penny Holliday, directora científica del Centro Nacional de Oceanografía del Reino Unido, que codirige el proyecto. Hasta ahora, la red ha registrado un ligero declive en la AMOC, aunque los científicos aún no están seguros de si el cambio climático es responsable.

Pero la red de monitoreo sigue siendo precaria. Muchas de las redes se financian mediante subvenciones de investigación a corto plazo, algunas de las cuales se agotan para 2028, dejando programas de observación de décadas de duración vulnerables a los cambios en las prioridades gubernamentales.

En Estados Unidos, por ejemplo, la administración del presidente Donald Trump decidió recortar la financiación para la observación oceánica y desmantelar las boyas a principios de este año, para luego dar marcha atrás tras una protesta.

Para los científicos, el episodio subrayó el problema de tratar el monitoreo oceánico a largo plazo como una serie de proyectos de investigación a corto plazo. Lo que quieren en su lugar es un sistema de observación permanente y financiado internacionalmente —infraestructura a la escala que los gobiernos ya apoyan para el pronóstico del tiempo o la investigación espacial.

"Si pudiéramos unirnos colectivamente... entonces tendríamos un sistema de alerta temprana", dijo Holliday. "Podríamos decirle a cada nación si ese declive de la AMOC predicho por los modelos ya ha comenzado".

La Comisión Europea dio un primer paso este verano, anunciando 92 millones de euros en financiación para la observación oceánica; un evento de promesas en septiembre elevó la cantidad a 220 millones de euros. Los científicos de la AMOC acogieron con beneplácito el dinero, pero dijeron que un sistema fiable en todo el Atlántico requeriría mucho más.

"Necesitas alrededor de 500 millones o 1.000 millones de euros al año, y entonces puedes medir el océano a fondo", dijo Sjoerd Groeskamp, investigador del Real Instituto Neerlandés de Investigación Marina. "Lo que suena a mucho, pero no lo es. El acelerador de partículas [del CERN] tiene un presupuesto de 1.000 millones de euros al año, ¿verdad? El telescopio James Webb costó 10.000 millones de euros".

Groeskamp se ha asociado con un puñado de legisladores del Parlamento Europeo para presionar a la Comisión para que destine 25 millones de euros adicionales al año al monitoreo de la AMOC.

Mohammed Chahim, eurodiputado neerlandés de centroizquierda que lideró la campaña por financiación adicional, dijo que Bruselas debería "crear un programa financiero estructurado para el monitoreo oceánico, como estamos haciendo para el espacio".

"La AMOC es una de las mayores preocupaciones que tengo", añadió. "Si se observan los daños económicos que podríamos ver a causa de la AMOC, gastar un par de millones o un par de cientos de millones en un programa de observación a largo plazo desempeña un papel esencial".
Preparación en la que todos ganan

Incluso si los datos de observación solo informaran a los gobiernos de que un colapso de la AMOC se ha vuelto inevitable —proporcionando una alerta tardía en lugar de temprana—, esa información seguiría siendo importante, dado las décadas durante las cuales se desarrollarían sus impactos.

"Una vez que sabemos que se ha cruzado el punto de inflexión, que la AMOC no se recuperará de repente sino que seguirá disminuyendo en las próximas décadas, eso tiene un impacto importante en las medidas de adaptación que se tomen", dijo Stefan Rahmstorf, oceanógrafo del Instituto de Potsdam para la Investigación del Impacto Climático.

Mientras tanto, los expertos dicen que hay una serie de "medidas sin arrepentimiento" que los responsables de las políticas pueden tomar y que protegerán a sus ciudadanos si las corrientes colapsan, y beneficiarán a los países incluso si la AMOC permanece estable.

"Hay situaciones en las que todos ganan, como mejorar el aislamiento de las viviendas, que ayudan tanto contra el calentamiento global como en caso de un enfriamiento significativo", dijo Rahmstorf.

Muchos de los impactos de un cierre de la AMOC agravarían problemas que Europa ya enfrenta a medida que el planeta se calienta, incluidos la sequía, el clima extremo y el aumento del nivel del mar. Eso significa que gran parte de los preparativos necesarios son familiares: reforzar la infraestructura contra los fenómenos meteorológicos extremos, invertir en la protección contra inundaciones costeras y construir cadenas de suministro menos frágiles.

"Podemos identificar algunas cosas que no implican arrepentimiento", dijo Laybourn, el investigador de Chatham House. Señaló la renovación de edificios, la restauración de la naturaleza para hacer la agricultura más resiliente y el apoyo a los países de África donde los monzones podrían verse perturbados. "Hay algunas cosas que funcionan sin importar lo que vaya a pasar".

La medida sin arrepentimiento más importante es también la única que los científicos dicen que puede reducir el riesgo de que la AMOC colapse en primer lugar: reducir las emisiones que calientan el planeta.

"La respuesta principal debe ser dejar de titubear y retrasar cuando se trata de reducir emisiones y eliminar gradualmente los combustibles fósiles", dijo Rahmstorf.

Eso es cierto incluso para las partes del sistema que podrían desestabilizarse antes, como el giro subpolar. "Para reducir el riesgo de que esto ocurra, lo único real que se puede hacer es simplemente frenar el calentamiento global", dijo Falkena, la investigadora de la Universidad de Utrecht. "Reducir las emisiones lo más rápido que se pueda".

Ese mensaje está siendo cada vez más repetido por los gobiernos más expuestos a la amenaza.

"Lo más importante que podemos hacer para limitar el aumento de temperatura es reducir las emisiones rápidamente", dijo el ministro de Clima noruego, Andreas Bjelland Eriksen, cuando se le preguntó cómo su país está abordando el riesgo de un cierre de la AMOC.

Jóhannsson, de Islandia, comparó la reacción de su país a la amenaza de la AMOC con la forma en que el aumento del nivel del mar ha empujado a los estados insulares del Pacífico a exigir una acción climática global más fuerte.

"Para nosotros, la posibilidad de un colapso de la AMOC no es una cuestión científica abstracta", dijo. "Es básicamente una cuestión existencial, porque sabemos que la desestabilización de la AMOC traería una profunda perturbación a nuestra infraestructura, nuestros ecosistemas y nuestra forma de vida"." 

(Zia Weise, POLITICO, 02/10/26, traducción deepseek, enlaces en el original) 

16/11/22

2022 confirma que el cambio climático se intensifica a “velocidad catastrófica” Los eventos meteorológicos extremos que causa el calentamiento del planeta han afectado este año “a todos los continentes”, detalla el último informe sobre el clima global de la ONU

 "El año 2022 ha dado señales “alarmantes” de que el cambio climático y sus consecuencias “se intensifican”. El curso acabará entre los cinco o seis más cálidos registrados, ha visto un acelerón en la subida del nivel del mar y ha sido especialmente “duro” con el hielo de los glaciares, según el último informe sobre el clima global de la Organización Meteorólogica Mundial.

Hasta este momento, en 2022 la temperatura general del planeta va a estar 1,15 ºC por encima de la que había en la época preindustrial con lo que la década 2013-2022 tendrá un calentamiento extra de 1,14 grados. El límite menos dañino trazado por los científicos –y recogido en el Acuerdo de París– está en 1,5ºC para final de siglo.

“El informe es una crónica del caos climático”, ha dicho el secretario general de la ONU, Antonio Guterres. El cambio “a velocidad catastrófica, está devastando vidas y formas de vida en todos los continentes”.

  • Europa y las temperaturas extremas: “El continente ha soportado numerosas y relevantes olas de calor durante los tres meses del verano”.
  • Asia con olas de inundaciones y calor: el periodo previo al monzón fue “excepcionalmente cálido” en India y Pakistán que vieron caídas en su producción agrícola. 1.700 personas murieron meses más tardes por las inundaciones causadas por la violencia de las lluvias en Pakistán.
  • África: la sequía se intensificó en Kenia, Somalia y Etiopía. Para junio de 2022 se calculaba que más de 18 millones de personas padecían “inseguridad alimentaria”. Mientras, en el sur del continente, se han sucedido “desastres de gran impacto” sin tiempo para recuperarse entre ellos. “La región ha sido barrida por una serie de ciclones en solo dos meses”.
  • Caribe y América: por un lado, el huracán Ian golpeó desde Cuba a Florida (EEUU) y por otro, la sequía extraordinaria ha continuado en el oeste norteamericano.

Más datos. El informe provisional de la OMM, que aparece en la primera jornada de la cumbre climática COP27 en Egipto, muestra que el nivel medio del mar ha continuado su ascenso y de forma acelerada. “Desde enero de 2020 el nivel ha escalado 10 mm que parece que no es mucho, pero supone que, en solo dos años, ha subido el 10% de todo de todo el incremento medido desde 1993”, intenta ponderar la organización.

De hecho, si entre 1993 y 2003, la subida media fue de 2,1mm al año, entre 2013 y 2022 el promedio anual ha sido de 4,4 mm. El doble. “La aceleración se debe a la intensificación del deshielo”, explica el informe.

Y, desde luego que el clima netamente más cálido que se está registrando en 2022 se ha dejado sentir en la criosfera del planeta. “Un año especialmente duro para los glaciares en los Alpes”, sentencia el trabajo. Las pérdidas medias de espesor han sido de entre 3 y más de 4 metros.

“Lo fenómenos extremos se están intensificando y, con demasiada frecuencia, quienes menos contribuyen al cambio climático son quienes más sufren sus consecuencias”, ha afirmado el responsable de la OMM Petteri Taalas. Aunque “incluso las sociedades más preparadas han sufrido este año los estragos de los eventos extremos”.             (Rául Rajón, eldiario.es, 06/11/22)

10/10/22

Isabel Moreno, la física que te explica todo lo que tienes que saber sobre el cambio climático, en su libro: 'Cambio climático para principiantes', un manual en torno a cuestiones básicas sobre el calentamiento global y la acción necesaria para mitigarlo: «Un reto tan grande como el cambio climático exige replantearnos nuestra idea de bienestar»... Introduce uno de los conceptos más importante en física: la energía. «La manera en que se comporta el clima es el resultado de la energía que entra en el sistema, la que se queda y la que sale», explica. Y añade que «si la radiación que llega es igual a la que se va, el sistema está en equilibrio, pero si no son iguales, el clima evolucionará hacia un nuevo estado»

 "Si eres consciente que el cambio climático nos apremia, te preocupan sus consecuencias aunque quizás no acabes de entender por qué ocurren, y quieres indicaciones claras para saber qué puedes hacer, Cambio climático para principiantes (Plan B) es para ti. Está escrito por la física y meteoróloga Isabel Moreno Muñoz (Madrid, 1992). La experta es también colaboradora del programa Aquí la Tierra de TVE, un trabajo que le permite ser divulgadora científica para el gran público. Con ese mismo objetivo ha escrito un riguroso ensayo lleno de respuestas.

El primer libro de Isabel Moreno Muñoz se publica tras el verano más caluroso que hemos vivido y, paradójicamente, en un momento en que afloran discursos negacionistas en la televisión. «El negacionismo es un sector minoritario pero está en sitios que tienen un altavoz muy grande. Me preocupa que se les ponga el micrófono y puedan tener poder de movilización», asegura la autora. Considera que carece de sentido «confrontar los argumentos de los expertos con la de gente a la que, les expliques el dato que les expliques, no les vas a convencer». Asegura lo mejor que se puede hacer para combatir ese tipo de discursos es no darles eco y no compartirlos en redes sociales.

Al negacionismo hay que confrontarlo, pero Moreno indica que el foco principal no debe estar ahí, sino en el inmobilismo. «Centrémonos en el sector de población más grande que sabe que el cambio climático es real pero que pone infinitas excusas para no hacer nada. Una que me parece muy peligrosa es: qué voy a hacer yo como ciudadano si este que tiene mucho dinero va en avión privado». Moreno es tajante: el ser humano es responsable del cambio climático y, además de pedir cambios a los responsables políticos y las grandes empresas, «hay que actuar ya». 

El primer paso para afrontar el reto del cambio climático es entenderlo. Moreno explica de forma sencilla en su libro las bases físicas que hay detrás él. Se detiene en contar qué pasa con las temperaturas, las lluvias, el hielo, el mar. Explica porqué se producen olas de frío o nevadas históricas mientras el planeta se está calentando. A lo largo de la historia de la Tierra (más de 4.500 millones de años), algunos patrones se han ido repitiendo de forma periódica y los principales responsables eran los ciclos solares y orbitales. Eran. En pasado. «Desde hace unas décadas estamos observando un cambio que no se puede comprender únicamente por factores naturales.»

Introduce uno de los conceptos más importante en física: la energía. «La manera en que se comporta el clima es el resultado de la energía que entra en el sistema, la que se queda y la que sale», explica. Y añade que «si la radiación que llega es igual a la que se va, el sistema está en equilibrio, pero si no son iguales, el clima evolucionará hacia un nuevo estado». El ser humano está alterando el sistema principalmente de dos formas: modificando los usos del suelo y emitiendo gases como los de efecto invernadero. Y el clima está buscando un nuevo equilibrio. Por eso «debemos abandonar los combustibles fósiles, que son una gran fuente de CO2», destaca Moreno.

Océanos, los grandes sufridores del cambio climatico

Moreno define a los mares y océanos grandes como «sufridores del cambio climático, a la par que unos grandes salvavidas y un poquito rencorosos». Se han convertido en nuestros salvavidas porque son inmensos y están absorbiendo una gran cantidad de energía. Pero no les sale gratis. Entre 1982 y 2016 se han duplicado las olas de calor en los océanos, que además son cada vez más intensas. Esto es mortal para algunas especies. Especialmente significativo es el caso de los arrecifes de coral o la amenaza que sufre la posidonia, especie endémica del Mediterráneo.

«Los océanos se están calentando muchísimo. Esto hace que hayamos visto una tormenta tropical como Hermine al lado de Canarias». La meteoróloga no descarta la aparición de incluso huracanes en la península ibérica. De hecho, el huracán Danielle afectó a la península hace unas semanas. «En este caso lo llamativo fue que se formó en un sitio muy raro del Atlántico y siguió una trayectoria muy muy rara. Hacen falta diversos factores para que se forme un hucarán, y las olas de calor y las temperaturas oceánicas son algunas de ellos».

Todos estos cambios no se van a quedar en la parte más alta del océano. Moreno explica que la bajada del agua cálida está contribuyendo a que el fondo se vaya expandiendo. «Hagas lo que hagas, el nivel del mar va a continuar subiendo. Ese cambio es irreversible. Ahora bien, ¿qué queremos, qué de aquí a 80 años el nivel del mar haya subido 40 cm o que haya subido 5 metros?

Pasar a la acción individual y colectiva

El cambio climático es un reto enorme y requiere diferentes soluciones. «Esto no se soluciona solamente sustituyendo cómo sacamos la energía. No basta que sigamos viviendo como lo hacemos utilizando únicamente aerogeneradores o energía solar. Ciertas partes del mundo estamos consumiendo una cantidad de recursos asombrosa», afirma la autora. Este consumo desbocado también provoca otros problemas actuales como la contaminación o la pérdida de biodiversidad. Moreno lanza una reflexión: «Necesitamos replantearnos qué consideramos bienestar. Si consideramos que bienestar es poder irnos mañana mismo a la otra punta del mundo a pasar unos días. Eso no casa con unos valores respetuosos con el medioambiente». Su idea de bienestar pasa por tener un vínculo más sostenible con la naturaleza y por disfrutar un tiempo libre más calmado.

Moreno asegura que siempre se puede hacer un poco más de lo que se cree. «La energía es algo que muchas veces no depende de nosotros. Podemos tener cuidado en cuánta energía consumimos, y eso también va a repercutir en nuestro bolsillo, pero no depende de nosotros de dónde procede». Por eso incide en el transporte y la alimentación. «Para ir a Barcelona se puede coger un tren y no ir en avión. En lugar de ir a Indonesia este verano, se puede ir a los Pirineos».

Sabe que el tema de la alimentación es controvertido porque «la sociedad asocia comer carne con un cierto nivel de estatus». «Los que comunicamos sobre cambio climático no decimos que se deje de comer carne sino que se consuma menos y de manera consciente», destaca. También señala que beber agua embotellada jamás va a ser más sostenible que beber agua del grifo y se pregunta por qué necesitamos comer filetes todos los días teniendo garbanzos o lentejas.

Isabel Moreno también pone en valor las relaciones sociales. Una simple red vecinal que comparta los recursos como un taladro o una lavandería puede repercutir mucho en mejorar la situación. «La organización es fundamental para hacer frente a la crisis climática. Greta Thunberg por si sola no hubiese conseguido nada, tuvo éxito porque supuso una figura de líder para un movimiento mundial para los jóvenes».

La física y meteoróloga atiende la entrevista a poco de dar a luz a su primera hija, y pide a los lectores que entiendan que ningún cambio es posible sin la acción ciudadana. «Me llevo las manos a la cabeza con el mundo que va a vivir mi niña, pero podemos mejorarlo», concluye."           (Elisenda Pallarés, La Marea, 06/10/22)

23/9/22

Mariana Mazzucato: El sector público debe verse a sí mismo como un actor configurador del mercado, que trabaje con todas las partes interesadas en la economía del agua para abrir senderos a la innovación y a la inversión y garantizar el acceso universal a agua pura y saneamiento y una provisión de agua suficiente a los sistemas alimentarios, energéticos y naturales... porque todos los grandes desafíos ambientales que enfrentamos se relacionan con el agua... Debemos reconocer las amenazas contra el sistema global de agua dulce y convertir esa conciencia en acciones colectivas... Es necesario reorientar la legislación y la economía hacia el acceso universal a agua potable, saneamiento e higiene y hacia la creación de sistemas alimentarios más resilientes y sostenibles... Todavía podemos redefinir nuestra relación con el agua y rediseñar las economías para que se la valore como un bien común global. Pero el tiempo se agota.

 " Las inundaciones, sequías, olas de calor e incendios que están devastando muchas partes del mundo ponen de manifiesto dos hechos fundamentales. En primer lugar, el daño a los suministros de agua dulce genera cada vez más presión sobre las sociedades (en particular las pobres), con amplias consecuencias respecto de la estabilidad económica, social y política. En segundo lugar, el impacto combinado de las condiciones extremas actuales no tiene precedentes en la historia de la humanidad y supera la capacidad de respuesta de las autoridades.

En África oriental, una devastadora sequía que ya dura cuatro años ha destruido los medios de vida de millones de personas y ha dejado a más de 20 millones en riesgo de morir de hambre. En Pakistán, las últimas inundaciones han dejado bajo el agua un tercio de la superficie del país; al menos 1500 personas han muerto hasta el momento, y se ha perdido el 45% de la cosecha de este año. 

En China, una ola de calor nunca antes vista ha causado grave escasez de agua en regiones que equivalen a un tercio de la producción de arroz del país. Además, sequías e incendios en Estados Unidos y Europa, y graves inundaciones y sequías en toda la India, han reducido la producción mundial de granos y las exportaciones de alimentos; eso resalta hasta qué punto la producción alimentaria depende de grandes volúmenes de agua estables. Con el agravante del efecto de la guerra en Ucrania sobre el suministro de granos y fertilizantes, existe un riesgo sustancial de que esta crisis mundial de alimentos perdure. 

 Por primera vez en la historia, la actividad humana pone en peligro el agua en su origen mismo. El cambio climático y la deforestación están alterando la temporada de monzones; eso provoca derretimiento del hielo en la meseta del Tíbet y afecta el suministro de agua dulce del que dependen más de mil millones de personas. El aumento mundial de temperaturas modifica los patrones de evaporación y reduce la retroalimentación de humedad desde los bosques, lo cual altera las precipitaciones viento abajo. 

Y el hecho mismo de que el ciclo global del agua esté desestabilizado contribuye a agravar el cambio climático. Por ejemplo, el agotamiento del agua en el suelo y en los bosques reduce su capacidad para la captura de carbono. Restricciones al uso del agua, cortes de energía y otras medidas provisorias no pueden seguir ocultando el hecho de que nuestros sistemas de gobernanza y gestión del agua no son adecuados para un mundo de cambio ambiental a gran escala. Todos nuestros esquemas actuales dependen del supuesto (que ya no es válido) de que el suministro de agua es relativamente estable (dentro de los límites de variabilidad natural), predecible y manejable en forma localizada. Pero la crisis del agua es global, y sólo puede resolverse con un cambio de mentalidad y nuevos modelos de gobernanza. 

 Debemos reconocer el hecho de que todos los grandes desafíos ambientales que enfrentamos se relacionan con el agua (porque es mucha, porque es poca, o porque está demasiado contaminada para el uso humano). Ahora la tarea es comprender los vínculos entre el agua, el cambio climático y la pérdida de biodiversidad, y darle al agua una definición, un valor y un modo de gestión adecuados en cuanto bien común global. Esta forma de conceptualizar el agua nos permitirá movilizar la acción colectiva y diseñar nuevas reglas que pongan la equidad y la justicia en primer plano.

La mayoría de los gobiernos lleva demasiado tiempo ignorando los fallos del mercado o respondiendo a ellos con parches, en vez de movilizar a los sectores público y privado en torno de ambiciones compartidas. El sector público debe verse a sí mismo como un actor configurador del mercado, que trabaje con todas las partes interesadas en la economía del agua para abrir senderos a la innovación y a la inversión y garantizar el acceso universal a agua pura y saneamiento y una provisión de agua suficiente a los sistemas alimentarios, energéticos y naturales.

Una enseñanza clave de los desafíos del pasado que demandaron innovación sistémica es que se necesita definir una misión clara que organice nuestros esfuerzos. Las políticas orientadas a una misión permiten a los gobiernos dirigir la innovación y el conocimiento práctico directamente al logro de objetivos críticos. Cuando las guía una mirada inclusiva basada en el «bien común», tienen una capacidad única para entregar soluciones a desafíos que demandan niveles inmensos de coordinación y financiación a lo largo de muchos años. El cambio climático, la pérdida de biodiversidad y las crisis hídricas son ejemplos exactos de esa clase de desafíos.

 Las estrategias basadas en el concepto de misión pueden ayudar a los gobiernos a innovar con un sentido de propósito, dirección y urgencia. Pero para que sean eficaces, es necesario que las autoridades oigan la experiencia y la sabiduría de la ciudadanía, de las comunidades y de los innovadores que saben cómo prosperar en un mundo de escasez de agua, de temperaturas más altas y de alteración de los sistemas costeros y fluviales. Debemos reconocer las amenazas contra el sistema global de agua dulce y convertir esa conciencia en acciones colectivas. 

Como la escasez de agua pondrá en peligro todos los Objetivos de Desarrollo Sostenible, debe reafirmar nuestra determinación colectiva a limitar el aumento de temperaturas a no más de 1,5 °C por encima de los niveles preindustriales (como estipula el Acuerdo de París sobre el clima) y a preservar los sistemas naturales que garantizan pautas estables de lluvia y escurrimiento. Al responder a estos desafíos globales, debemos integrar los principios de equidad y justicia como parte esencial de cualquier nuevo sistema que pensemos. Ninguna comunidad puede prosperar sin un suministro fiable de agua pura. Pero para proteger este bien común global se necesita un cambio de políticas y de sistemas.

 Es necesario reorientar la legislación y la economía hacia el acceso universal a agua potable, saneamiento e higiene y hacia la creación de sistemas alimentarios más resilientes y sostenibles. Se necesita un cambio de incentivos para que el sector privado pueda hacer su parte en la provisión de acceso a tecnología e innovación a países pobres y ricos por igual. 

Esto demandará financiación a largo plazo y mecanismos novedosos para regular los modos de colaboración entre los sectores público y privado. La Conferencia de Naciones Unidas sobre el Agua en 2023 (la primera en casi cincuenta años) será una ocasión trascendental para que la comunidad internacional empiece a imaginar un futuro que sirva para todos. A modo de preparación, podemos encontrar inspiración en Nicholas Stern, que reescribió la economía del cambio climático, y en Partha Dasgupta, que hizo lo mismo con la economía de la biodiversidad. 

En nuestro carácter de copresidentes de la Comisión Mundial sobre la Economía del Agua, nuestro objetivo es transformar la visión que tiene el mundo respecto de su economía y de su gobernanza, para que se le dé mucha más importancia a la equidad, la justicia, la eficacia y la democracia. Todavía podemos redefinir nuestra relación con el agua y rediseñar las economías para que se la valore como un bien común global. Pero el tiempo se agota. Para tener una chance de evitar una catástrofe climática y adaptarnos a los cambios inevitables, tenemos que asegurar un futuro hídrico resiliente para todas las sociedades, pobres y ricas por igual."                   

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30/8/22

“El Mediterráneo está hirviendo, la cantidad de calor acumulada es enorme”

 “El Mediterráneo está hirviendo, la cantidad de calor acumulada es enorme”.

 Carlo Buontempo (Roma, 49 años) es el director del servicio de Cambio Climático de Copernicus, que forma parte del Programa Espacial de la Unión Europea. Gracias al sistema de satélites europeo, Copernicus ofrece información en abierto sobre diferentes variables relacionadas con el calentamiento global y el clima. Este verano, Buontempo, doctor en física y que hasta 2016 trabajaba para el Met Office (el servicio meteorológico del Reino Unido), y su equipo están registrando unos impactos excepcionales por su dureza y extensión, como detalla en esta entrevista telefónica.

Pregunta. ¿La situación que está viviendo Europa de calor extremo, incendios y sequía es normal?

Respuesta. No es normal. Basta con mirar un poco atrás y veranos tan calurosos, con unas anomalías de humedad y de sequía así, no se han visto en muchos años. Con lo cual, en ese sentido, no es normal. Es un evento excepcional, muy fuerte y muy extenso.

P. Respecto a los incendios, ¿está siendo un verano duro en toda Europa?

R. Depende del lugar. Tuvimos algunos incendios muy fuertes e intensos, como el de la zona suroeste de Francia. También hemos tenido muchos incendios en España, pero en Portugal es un año más o menos normal, no excepcional. En Italia hubo incendios significativos... Todavía no tenemos una visión paneuropea completa sobre los incendios. En algunos países seguramente será uno de los años con más superficie forestal quemada, por ejemplo, en España.

P. En cuanto a las temperaturas, ¿está siendo anómalo este verano?

R. Absolutamente. En el caso de la temperatura lo podemos fijar mejor, porque esta variable está muy bien observada, especialmente en Europa. Y hemos vivido varias cosas importantes: como una serie de olas de calor que nos afectaron desde el final de la primavera, porque la primera fue en mayo. Eso es muy temprano. Después siguieron las olas de calor en junio, julio y, ahora, en agosto. Es decir, muchos eventos muy extremos y con nuevos récords de temperaturas máximas en casi todos los países. Ha sido un verano muy caluroso. Todavía tenemos que esperar al final para decir si este ha sido el verano más caluroso registrado nunca. El más caluroso registrado hasta ahora fue el del año pasado. El otro hecho realmente excepcional, que me preocupa muchísimo, es la anomalía en la temperatura del Mediterráneo. El Mediterráneo está hirviendo, la temperatura está cinco o seis grados sobre el valor normal. Eso tiene un impacto no solo ahora, sino en las próximas semanas y meses. Es como un almacén de energía, la cantidad de calor acumulada es enorme.

P. ¿Y por qué está hirviendo?

R. Hemos tenido varios fenómenos distintos que han influido. Por un lado, al final de la primavera tuvimos una masa de aire muy caliente que llegaba desde África sobre Europa. Hubo récords de temperatura en el Reino Unido, en Alemania, en Holanda... Algo increíble. Eso fue más una traslación de aire caliente. Después lo que vimos es un sistema de alta presión bastante estático que, básicamente, significa que en muchas zonas de Europa central y occidental no tuvimos casi precipitaciones. Es decir, que no tuvimos perturbaciones atlánticas que aportasen agua y que enfriaran un poco el clima, lo que ha generado una anomalía importante. Las dos cosas seguramente han jugado un papel importante en el calentamiento del agua. Pero el agua no solo se está calentando en el Mediterráneo y sabemos que esto está relacionado con el cambio climático.

P. ¿Tanta energía acumulada en el Mediterráneo implica que hay un mayor riesgo de fuertes tormentas?

R. Sí, ese es uno de los ingredientes para tener eventos extremos como los que vimos el año pasado o el anterior con precipitación muy fuertes en pocas horas. Pero también se necesitan perturbaciones de origen atlántico que lleguen al sur de Europa. Uno de los ingredientes ya lo tenemos, que es la temperatura del agua superalta y muchísima humedad en las capas más bajas de la atmósfera. Y cuando se retire el anticiclón y comiencen a llegar perturbaciones atlánticas, tendremos la otra variante. Por eso es posible que veamos eventos extremos. Aunque también es posible que este anticiclón que empezó antes de lo normal permanezca más allá de lo que sería normal... Por eso no podemos decir que es seguro que vaya a ocurrir; lo que podemos decir es que uno de los ingredientes lo tenemos ya.

P. Si el anticiclón continúa, tendremos otra mala noticia, que es un empeoramiento de la sequía.

R. Sí. El final de verano y principio del otoño es una situación difícil de prever a nivel meteorológico. La información que tenemos, que no es muy fiable porque es un período difícil, va en ese sentido. Es decir, que la alta presión, especialmente en la parte más oriental del Mediterráneo, se quedará.

P. En todo este verano extremo que vive Europa, ¿qué papel juega el cambio climático?

R. Sabemos que ha aumentado la temperatura global del planeta y también la temperatura del mar. Cada una de las olas de calor que hemos visto tiene su historial meteorológico, pero sabemos que son totalmente consistentes con lo que esperamos que ocurra con el cambio climático. Y lo que esperamos es que estas olas que nos parecen tan extremas ahora serán más comunes en el futuro y potencialmente todavía más intensas. Ahora lo vemos como un evento excepcional, pero en el futuro serán menos excepcionales. Lo mismo pasa con la temperatura del mar, cuyo aumento es totalmente consistente con lo que sabemos del cambio climático. Porque al final el cambio climático es un problema de balance de energía, de la energía que llega del sol y la energía que el planeta puede devolver al espacio. Como tenemos un exceso de gases de efecto invernadero, no conseguimos enfriarnos y aumenta la energía del sistema.

 P. ¿Este verano extremo es una excepción o forma parte de una tendencia?

R. La historia climática nunca es una línea recta, hay siempre muchas variaciones de un año a otro. Y este año es particularmente excepcional. Lo que podemos decir es que el aumento de los años calurosos es algo consistente y está en línea con lo que esperamos del cambio climático. Pero siempre ha existido una variabilidad climática porque el sistema es caótico y tiene variaciones independientemente del cambio climático.

P. Hay científicos que mantienen que los modelos quizá se han quedado cortos, que no se esperaba del cambio climático algo tan intenso tan pronto. ¿Comparte esa visión?

R. Es difícil analizarlo sobre un evento en particular o sobre un año solo. Si miras lo que ha sido el incremento real de la temperatura en los últimos años y lo comparas con lo que indicaban los modelos hace 15 o 20 años, me parece que la tendencia estaba bien calculada. De todas formas, si estaban equivocados —algo que yo no comparto—, serían más optimistas de lo que ha ocurrido. Muchas veces a los científicos se nos critica por ser catastrofistas y hablar de un futuro demasiado negativo. Y si los modelos se hubieran equivocado, sería por no haber sido lo suficientemente catastrofistas.

 P. ¿Cómo puede la humanidad salir de este atolladero en el que se ha metido?

R. La ciencia climática es bastante clara. No podemos predecir todos los impactos en todos los sectores, pero sí tenemos muy claras las razones: el cambio climático está conectado a las actividades humanas y al incremento de los gases de efecto invernadero en la atmósfera. Por eso la solución tiene que pasar por un sistema donde la concentración de estos gases, no solo las emisiones, bajen. Es indispensable.

P. Más allá de Europa, ¿parece que estamos viviendo también un verano extremo en otras muchas partes del hemisferio norte?

R. Como todos los años, dependiendo de dónde se mira, hay más o menos impactos. A lo mejor el año pasado en Norteamérica fue el verano aún más extremo con los incendios en Canadá y California, que fueron brutales. Pero hay anomalías en muchísimos lugares. Aunque Europa es un lugar especial, porque a nivel de temperatura del verano el calentamiento es muy tangible. Creo que nosotros, los seres humanos, no somos muy buenos a la hora de actuar o responder a los problemas que nos quedan lejos. Nos cuesta tomar decisiones basadas en modelos o en lo que dicen los científicos. Pero sí sabemos reaccionar cuando tocamos las cosas directamente. Y este verano ha sido muy extremo y creo que mucha gente que a lo mejor cuestionaba las conclusiones científicas o el cambio climático se ha dado cuenta de que está aquí. El impacto es muy directo."               (Entrevista a Carlo Buontempo, Manuel Planelles, El País, 29/08/22)

27/5/22

Maricultura, ¿Unha solución para alimentar o mundo? O 1% da área oceánica global podería incrementar a produción de alimentos de mar entre un 36% e un 74% no ano 2050... Galicia é un dos lugares que pode ter maior potencial para mellorar a súa produción pesqueira e acuícola de forma sostible

 "Un equipo internacional de científicos con participación galega defende a acuicultura oceánica como “vital” para satisfacer a demanda futura de alimentos no planeta, pero debe ir acompañada dunha redución das emisións de gases para frear o cambio climático e dunha reforma da pesca de captura para que sexa sostible, avisan.

 “Aínda que o cambio climático desafiará a capacidade dos océanos para satisfacer as crecentes demandas de alimentos, os océanos poderían producir máis alimentos que os que producen actualmente mediante accións rápidas e ambiciosas para reducir as emisión de gases de efecto invernadoiro, reformar a pesca de captura e ampliar as operacións de maricultura sostible”. Estas son as recomendación que fai un equipo de investigadores e investigadoras de institucións científicas de Estados Unidos, Australia, Xapón, Islandia, Filipinas, Reino Unido e Galicia.

 O escenario é preocupante. A sobreexplotación dos mares para satisfacer a cada vez maior demanda de alimentos no mundo e os impactos do cambio climático nos ecosistemas mariños están poñendo ao límite os océanos. Nese contexto, a maricultura (acuicultura oceánica ou mariña) preséntase como unha alternativa viable para compensar as perdas e “a súa expansión podería ser un paso vital para alimentar os miles de millóns de persoas adicionais que se agarda que habiten o mundo a finais de século”, defenden estes científicos.

“Nunca antes se vira a nivel global a relación entre pesca e acuicultura baixo o cambio climático, no senso de que a produción pesqueira e a maricultura poidan compensarse ou planificarse a nivel de países baixo diferentes escenarios futuros”, destacou Elena Ojea, membro deste grupo de traballo internacional e investigadora do Future Oceans Lab do Centro de Investigación Mariña (CIM) da Universidade de Vigo.

O equipo científico advirte de que o futuro dos produtos do mar depende das respostas humanas ao cambio climático, ao tempo que alerta de que as reformas pesqueiras, aínda que necesarias, serán insuficientes para manter a produción per cápita de peixe e marisco no mundo.

Para Christopher Free, profesor de Ciencias Mariñas na Universidade de California e autor principal do estudo no que participou Elena Ojea, “ademais de corrixir a sobrepesca e apoiar as innovacións na maricultura, é esencial reducir drasticamente as emisións de gases de efecto invernadoiro para reducir as desigualdades e aumentar a pesca e a eficacia da maricultura”, explicou mediante un comunicado.

Pola súa banda, Reniel Cabral, profesor tamén de Ciencias Mariñas na Universidade de California, e coautor tamén do estudo, avisou de que a capacidade dos océanos para fornecer alimentos no futuro verase desafiada polo aumento na demanda de produtos do mar. "Espérase que a poboación humana aumente en tres mil millóns para fins de século, cun aumento da demanda de carne. O cambio climático desafiará aínda máis a capacidade do océano para proporcionar alimentos", dixo Cabral.

Na opinión destes científicos e científicas, a maricultura sostible ten un gran potencial para manter e mesmo aumentar a produción pesqueira, aínda que insisten en que para iso son necesarias reformas pesqueiras, máis avances nas tecnoloxías de produción de pensos e o establecemento dunha maricultura eficaz, acompañados da redución drástica das emisión de gases. Como explican, o cambio climático impacta negativamente, pero non é o único factor limitante para a expansión sostible da maricultura.

Aínda que estivésemos nun escenario de descenso de emisión de gases, necesitaríanse “importantes reformas na pesca, como acordos internacionais e un manexo adaptativo”, sinalou a investigadora galega. E aínda que se realice unha reforma integral da pesca, que consideran necesaria, existen localizacións nas que isto non será suficiente e o impacto negativo do cambio climático non se poderá compensar con adaptacións. “Neses casos, vemos que unha expansión sostible da maricultura pode chegar a compensar as perdas por pesca. Por iso facemos a recomendación da posibilidade de investir en acuicultura mariña sostible”, expuxo Ojea. 

O certo é que a medida que o cambio climático empeore, esas reformas necesarias serán cada vez máis difíciles de implementar, avisan.

O equipo científico sinala as rexións tropicais con baixos ingresos como as máis prexudicadas, e nas que se poderían exacerbar aínda máis os problemas económicos existentes. Porque, aínda que recoñecen que se mellorou a xestión en máis da metade das zonas de pesca mundiais, lembran que eses avances se desenvolveron principalmente nos países con maiores ingresos, polo que piden que as reformas se apliquen tamén nas rexións con menos recursos económicos, contribuíndo así aos Obxectivos do Desenvolvemento Sostible da ONU. 

Segundo Cabral, as zonas de pesca dos países tropicais veranse “afectadas negativamente dun xeito desproporcionado” polo quecemento e a acidificación dos océanos. Por iso, considera necesario apoiar a maricultura nestes países, especialmente.

 Galicia ten contribuido ao desenvolvemento da maricultura en países en desenvolvemento. Por exemplo, o Centro Tecnolóxico do Mar (Cetmar) ven de concluír tres anos de traballos no proxecto Acuipesca Perú, para potenciar a maricultura na Baía de Sechura. Os expertos galegos viñeron asesorando neste país en como aumentar a produción de vieira e novos produtos con valor engadido, ou en fortalecer as relacións entre as administracións públicas e os axentes do sector pesqueiro e acuícola, e en favorecer a diversificación e novos emprendementos neste ámbito.

Entre outros resultados, o proxecto posibilitou a edición de dúas guías para axudar os maricultores no cultivo de macroalgas.

HAI CAPACIDADE PARA AUMENTAR A PRODUCIÓN MARIÑA

O estudo debe ser considerado, segundo os seus autores, como unha demostración de que é necesario mitigar o cambio climático para favorecer a produción de alimentos no mar, onde a maricultura pode ser unha actividade clave. Para estes científicos, as ameazas ambientais potenciais da maricultura poden minimizarse mediante unha planificación e localización adecuadas. "O pequeno requisito de espazo para a  maricultura (menos do 1% da área oceánica global) deixa un amplo espazo para unha planificación coidadosa para minimizar os impactos ambientais e os conflitos con outros usos do océano", defenden.

Previamente, en 2020, este equipo científico cuantificou a cantidade de alimentos que poderían producir mares e océanos de forma sustentable no ano 2050. Partindo da análise de múltiples factores biolóxicos, ecolóxicos e económicos, os expertos e expertas sinalaron que ese ano, o 2050, a produción de alimentos do mar, englobando pesca, acuicultura e marisqueo, podería incrementar entre un 36% e un 74% os 59 millóns de toneladas de alimentos que se xeran na actualidade.

Aquel traballo, como informou a Universidade de Vigo, estivo baseado no Blue Paper encargado a un equipo multidisciplinar de expertos internacionais polo Grupo de Alto Nivel para unha Economía Oceánica Sostible (Panel dos Océanos), promovido por Nacións Unidas. Presentado en novembro de 2019 na Organización Mundial da Alimentación (FAO) en Roma, o informe foi realizado por un equipo de investigadores e investigadoras dos eidos da economía, bioloxía, ecoloxía, nutrición, pesca e acuicultura, entre os que figuraba tamén a galega Elena Ojea.

Para os autores, aquela primeira achega era necesaria para dar maior visibilidade a “un debate sobre como alimentar no futuro unha poboación mundial en aumento e que ten recursos limitados”. Nese senso, ese estudo xa puxo de relevo o “importante rol” que os océanos poden xogar para dar resposta, dun xeito sostible, ao aumento da demanda alimentaria mediante un “incremento substancial” da produción para o que, como anticipaban e agora corroboraron, “se precisa unha mellora na xestión da pesca, cambios nos regulamentos e innovacións tecnolóxicas”, incluido o desenvolvemento da maricultura, como defenden no seu último traballo.

Tendo en conta múltiples factores, “desde as limitacións biolóxicas e ecolóxicas vinculadas ás poboacións de peixes mariños, a súa distribución e crecemento, como a dispoñibilidade de áreas e recursos para expandir a acuicultura sostible”, como o equilibrio entre oferta e demanda, o estudo de 2020 presentou unha serie de “rangos de crecemento que teñen en conta diferentes escenarios”, explicou Ojea a través da UVigo.

 Con esas limitacións ecolóxicas, económicas e tecnolóxicas, preséntanse unha serie de “curvas de provisión sostibles” que sitúan entre un 36% e un 74% o potencial de incremento da produción con respecto aos 59 millóns de toneladas xerados actualmente por estes tres sectores produtivos, afirman.

Ese potencial de crecemento depende de tres factores, sinalan: por un lado, unha reforma na xestión da pesca e acuicultura cara formas máis sostibles a longo prazo; por outro, que a demanda global se axuste a esta produción, e, por último o que consideran “o máis complicado”, que limitacións actuais como os ratios de alimento na acuicultura melloren grazas a avances tecnolóxicos. Pero se ben o crecemento dun 36% sería posible xa coas tecnoloxías actuais “mellorando a xestión”, sinalaron que o maior dos incrementos previstos “depende en gran medida de melloras tecnolóxicas que están por facerse”. 

Os datos que manexan apuntan que os alimentos xerados no mar, procedentes nun 80% da pesca, representan na actualidade o 17% da produción de carne comestible no mundo, porcentaxe que podería chegar a situarse no 25% no ano 2050 mediante un incremento substancial da produción.

Aquel estudo concluíu, de feito, que a produción podería aumentar tanto na pesca e no marisqueo como na acuicultura mariña, sendo esta última a que experimentaría un maior crecemento, pero para o que serán precisas “prácticas de xestión e políticas que permitan unha expansión ambientalmente sustentable”. 

Estes científicos ven tamén clave o aumento da produción de alimentos mariños para tentar rebaixar a de carne de animais terrestres, xa que a expansión da produción de explotación gandeiras podería agravar os problemas derivados do cambio climático, á vez que provocar a perda de biodiversidade, advirten. Ademais, sitúan os alimentos procedentes do mar como claves para contribuír “de maneira excepcional á seguridade alimentaria e nutricional global”, xa que tamén son unha fonte de proteínas e de ácidos graxos esenciais "que non son doados de atopar noutros alimentos".

Nese posible escenario, Galicia, segundo Ojea, é “un dos lugares que pode ter maior potencial para mellorar a súa produción pesqueira e acuícola de forma sostible”.

As augas galegas súmanse aos 72 millóns de quilómetros cadrados de océano que se calcula que son ambientalmente adecuados para cultivar unha ou máis especies mariñas, dos que aproximadamente o 92% desa superficie (66.000.000 km2) é ambientalmente apta para o cultivo de peixe, o 43% (31.000.000 km2) para moluscos e o 54% (39.000.000 km2) para crustáceos. 

Con estas achegas, os científicos e as científicas sitúan o pesqueiro como un sector capital para alimentar a poboación mundial no futuro, e no que a maricultura debería ser decisiva."            (Galicia Confidencial, 15/05/22)

12/11/21

Ningún rincón del planeta está a salvo de la crisis climática. El Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (ONU) concluye que es posible no superar los 1,5 ºC de calentamiento si se realizan cambios radicales en la economía... “Si se redujeran las emisiones netas a cero en 2050, podríamos mantener las temperaturas cerca de 1,5º”

 Proyección sobre el aumento de las temperaturas medias en el planeta con un calentamiento global de 1,5 grados (arriba) y un calentamiento de 4 grados (abajo).Atlas del IPCC

 "Ya no se trata de algo más o menos probable, sino de un hecho. El último gran informe de situación del IPCC, el panel de expertos vinculados a la ONU que lleva más de tres décadas sentando las bases sobre el cambio climático, fulmina al negacionismo y considera como algo “inequívoco” que la humanidad “ha calentado la atmósfera, el océano y la tierra”, lo que ha generado “cambios generalizados y rápidos” en el planeta. 

La anterior edición de este estudio data de 2013 y desde entonces las evidencias se han multiplicado, al igual que los artículos y análisis científicos que muestran las consecuencias de una crisis que ya ha generado cambios en el clima “sin precedentes” en los últimos miles de años y que en algunos casos serán “irreversibles” durante siglos o milenios. Entre las consecuencias directas, además de la subida de las temperaturas medias, figuran los fenómenos meteorológicos extremos. 

Se trata de eventos similares a las olas de calor o las lluvias torrenciales que se están viviendo en las últimas semanas por distintas partes del globo y que ya han aumentado en intensidad y frecuencia debido al calentamiento generado por el ser humano, según confirma el informe.

El estudio que se ha hecho público este lunes es el del grupo de trabajo I del sexto informe de evaluación del IPCC y en su elaboración han participado 234 expertos de 66 países. Los científicos han revisado más de 14.000 artículos y referencias publicadas hasta ahora para realizar su síntesis sobre los efectos físicos que ya ha tenido el calentamiento y los posibles escenarios en función de los gases de efecto invernadero que emita la humanidad en las próximas décadas.

 Esos gases se liberan fundamentalmente cuando se queman los combustibles fósiles para generar energía y son los responsables del sobrecalentamiento del planeta. Desde la Revolución Industrial las emisiones no han parado de crecer, llegando hoy a niveles insólitos. Dos ejemplos: la concentración en la atmósfera del dióxido de carbono (CO₂) —el principal de ellos— es la más alta a la que se ha llegado en los dos últimos millones de años; las de metano y óxido nitroso —los otros dos grandes precursores del calentamiento— no habían alcanzado unos niveles tan altos en los últimos 800.000 años. 

Esto tiene una consecuencia clara: el aumento de la temperatura media global está ya en 1,1 grados respecto a los niveles preindustriales; y el ritmo de calentamiento planetario es tal que no hay precedentes de un proceso similar en al menos los últimos 2.000 años, apunta el informe del IPCC.

 El estudio advierte de que el incremento de la temperatura seguirá al menos hasta mediados de este siglo pase lo que pase. A partir de 2050 las cosas se pueden poner realmente complicadas, porque no se logrará que el nivel de calentamiento se quede entre los 1,5 y 2 grados “a menos que se produzcan reducciones profundas en las emisiones de CO₂ y otros gases de efecto invernadero en las próximas décadas”.

 En el peor escenario, si no se actúa y las emisiones siguen creciendo al mismo ritmo que hasta ahora, el informe estima que a finales de este siglo se llegaría a un incremento de 4,4 grados, algo que multiplicaría también la intensidad y frecuencia de los fenómenos extremos. Los científicos recuerdan que la última vez en la que se llegó a un nivel de calentamiento por encima de los 2,5 grados fue hace tres millones de años, cuando ni siquiera existía el ser humano.

 El Acuerdo de París, firmado en 2015, fijó como objetivo principal reducir las emisiones para que el aumento de la temperatura global se quedara entre esos 1,5 y 2 grados. Y los informes del IPCC sirven también para notificar a los gobernantes de los países sobre qué se debe hacer para cumplir esos compromisos. Los expertos plantean varios escenarios de emisiones durante este siglo. En todos se espera que la barrera de los 1,5 grados se supere en los próximos 20 años debido a los gases de efecto invernadero que ha emitido hasta ahora la humanidad y que permanecen en la atmósfera durante décadas.

 Pero Pep Canadell, director del Global Carbon Project y uno de los científicos responsables del informe del IPCC, explica que la situación todavía no es irreversible: en el escenario de emisiones más optimista aún se puede lograr que el incremento de la temperatura a final de siglo se quede en 1,5 grados aunque pueda haber una superación temporal de ese umbral en los próximos años.

Para quedarse en los 1,5 grados hacen falta reducciones “rápidas, sostenidas y a gran escala”, como explica la climatóloga argentina Carolina Vera, una de las vicepresidentas del grupo de trabajo I del IPCC. Esas reducciones de las emisiones tardarían entre 20 y 30 años en tener efectos en las temperaturas globales. Pero el informe señala que “los beneficios para la calidad del aire llegarían rápidamente”. Además de reducir las emisiones, para cumplir con París se necesitará recurrir a la captura del dióxido de carbono que ya hay en la atmósfera a través de sumideros naturales, como los bosques, o soluciones tecnológicas, añade por su parte Canadell. Eso sí, la captura a través de los sumideros naturales es limitada, por lo que no puede ser la principal solución.

Cambio de paradigma

Desde que en 1990 se publicó el primero de estos documentos de síntesis se han ido acumulando las evidencias y los estudios sobre el calentamiento. Pero los informes finales del IPCC suelen emplear un lenguaje conservador porque tienen que aprobarse por consenso entre los representantes de los 195 países que participan en las negociaciones climáticas ante la ONU. 

El equipo científico de este sexto informe presentó sus resultados a los países a finales de julio y durante las dos últimas semanas se ha estado negociando el texto final de 42 páginas presentado este lunes y en el que se zanja el debate sobre la influencia del ser humano en el cambio climático. En la redacción del informe de 2013 se dejaba una mínima ventana abierta a la duda. Pero ocho años después se cierra definitivamente.

 José Manuel Gutiérrez, director del Instituto de Física de Cantabria (IFCA) y otro de los coordinadores del informe, lo explica así: “El IPCC usa un lenguaje calibrado que tiene que ver con probabilidades y con la evidencia disponible. Pero la influencia del ser humano en el clima ya no encaja en ninguno de esos umbrales de probabilidad y se considera que es un hecho probado que no tiene incertidumbre. La evidencia es ya tan abrumadora que no hay duda científica.

 En este informe se emplea tal rotundidad para no seguir con este debate; es un hecho y a partir de ahí vamos a ver cómo afecta y potenciales soluciones”. Canadell considera que se trata de “un cambio de paradigma”: “Hemos tirado por la ventana las posibilidades y las probabilidades y se concluye que es un hecho que el calentamiento se debe a la humanidad”.

Atribución de los fenómenos extremos

El equipo científico del IPCC lleva tres años trabajando en este informe. Pero la etapa final ha coincidido con una concatenación de fenómenos meteorológicos extremos, como la tremenda ola de calor de finales de junio en Canadá, las inundaciones en el centro de Europa o en China de julio y los recientes incendios asociados al calor en la cuenca del Mediterráneo. Precisamente, otra de las importantes novedades del informe es la referida a estos eventos. 

El IPCC afirma rotundo: “El cambio climático inducido por el hombre ya está afectando a muchos fenómenos meteorológicos y climáticos extremos en todas las regiones del mundo. La evidencia de los cambios observados en extremos como olas de calor, fuertes precipitaciones, sequías y ciclones tropicales, y, en particular, su atribución a la influencia humana se ha fortalecido desde el AR5 [el informe de 2013]”.

 El texto apunta a que “es prácticamente seguro que las olas de calor extremas se han vuelto más frecuentes e intensas en la mayoría de las regiones terrestres desde la década de 1950, mientras que los extremos fríos (incluidas las olas de frío) se han vuelto menos frecuentes y menos graves, con una gran confianza en que el cambio climático inducido por el hombre es el principal impulsor de estos cambios”. Una situación similar se plantea para “la frecuencia y la intensidad de los eventos de precipitaciones intensas”, que han aumentado “desde la década de 1950 en la mayor parte de la superficie terrestre” y de las que “el cambio climático inducido por el hombre es probablemente el principal impulsor”.

Sergio Vicente-Serrano, investigador del Instituto Pirenaico de Ecología, del CSIC, y uno de los autores del capítulo referido a los eventos extremos, señala que las evidencias sobre esta vinculación “son mucho más robustas que en los informes anteriores”. En 2013, por ejemplo, se apuntaba a la posibilidad de que aumentaran estos fenómenos en virulencia y frecuencia debido a la energía que se estaba acumulando en la atmósfera por el calentamiento.

 El gran paso que ha dado la ciencia en los últimos años es el de la atribución de los fenómenos extremos concretos al cambio climático inducido por el hombre, como ocurrió con la ola de calor de Canadá. Se ha logrado, explica Canadell, por los avances tecnológicos —por ejemplo, con computadoras más potentes capaces de manejar muchos más datos— y por el aumento de estos fenómenos.

El informe concluye que existe una “relación directa” entre el incremento de las temperaturas medias y la multiplicación de los extremos cálidos, las fuertes precipitaciones, las sequías agrícolas y ecológicas en algunas regiones, además del aumento de los ciclones tropicales intensos y la disminución del hielo marino del Ártico y la reducción de la capa de nieve y el permafrost. 

El texto avisa de que, por cada medio grado de calentamiento global, se provocan “aumentos claramente perceptibles en la intensidad y frecuencia de extremos cálidos, incluidas olas de calor (muy probable) y fuertes precipitaciones (nivel de confianza alto), así como sequías agrícolas y ecológicas en algunas regiones (nivel de confianza alto)”. Y se advierte de que “habrá una ocurrencia creciente de algunos eventos extremos sin precedentes en el registro de observación con el calentamiento”, incluso si se logra cumplir la meta de los 1,5 grados.

Cambios irreversibles

El informe del IPCC recuerda que muchos cambios motivados por las emisiones pasadas ya serán “irreversibles durante siglos o milenios”, especialmente los que afectan a los océanos y las capas de hielo. La investigadora Carolina Vera remacha que estos impactos “van a continuar durante cientos o miles de años, pero se pueden ralentizar si se reducen las emisiones”. Se espera, por ejemplo, que el nivel del mar siga aumentando durante este siglo. 

Entre 1901 y 2018, el incremento fue de unos 20 centímetros. Y, tomando como referencia el nivel del periodo comprendido entre 1995 y 2014, para 2100 la subida podría ser de 40 centímetros en el escenario de emisiones más optimista; en el más pesimista se duplicaría, hasta superar los 80 centímetros. 

Esto contribuirá a que se den “inundaciones costeras más frecuentes y graves en las zonas bajas y la erosión” de la costa. “Los eventos extremos relacionados con el nivel del mar que antes ocurrían una vez cada 100 años podrían ocurrir cada año a finales de este siglo”, explica el IPCC.

 Otro de los puntos críticos que se resaltan en el informe es el Ártico, que se seguirá calentando más del doble de rápido que la media del planeta. Esto “amplificaría aún más el deshielo del permafrost y la pérdida de la capa de nieve estacional, el hielo terrestre y el hielo marino del Ártico”. La previsión de los científicos es que el Ártico “esté virtualmente libre de hielo marino en septiembre, al menos una vez antes de 2050″, en todos los escenarios previstos en el informe.

Reacciones

“El informe del IPCC de hoy es un código rojo para la humanidad”, ha comentado este lunes António Guterres, secretario general de la ONU, que aseguró que “la viabilidad de nuestras sociedades” depende de la actuación de gobiernos, empresas y ciudadanos para limitar el aumento de la temperatura a 1,5 grados. 

“Las alarmas son ensordecedoras y la evidencia es irrefutable: las emisiones de gases de efecto invernadero por la quema de combustibles fósiles y la deforestación están asfixiando nuestro planeta y poniendo a miles de millones de personas en riesgo inmediato. El calentamiento global está afectando a todas las regiones de la Tierra, y muchos de los cambios se vuelven irreversibles”, ha afirmado el portugués.

Desde EE UU, el presidente Joe Biden se ha referido también a este trabajo de los científicos: “No podemos esperar para afrontar la crisis climática. Los signos son inconfundibles. La ciencia es innegable. Y el costo de la inacción sigue aumentando”, ha manifestado el líder estadounidense en un tuit.

Por su parte, Alok Sharma, presidente de la decisiva Cumbre Mundial del Clima que tendrá lugar el próximo noviembre en Glasgow (COP26), ha recalcado que “la próxima década es decisiva”. “La ciencia es clara, los impactos de la crisis climática pueden verse en todo el mundo y si no actuamos ahora, seguiremos viendo cómo los peores efectos impactan en las vidas, los medios de vida y los hábitats naturales”, ha señalado.

También ha llamado a actuar la vicepresidenta y ministra española para la Transición Ecológica, Teresa Ribera, que ha pedido “intensificar los esfuerzos de adaptación al cambio climático”. Como ha comentado, “las alteraciones del clima se suceden a un ritmo cada vez más acelerado y la evidencia científica nos empuja a los gobiernos y al conjunto de la sociedad mundial a acelerar el ritmo de transformación de nuestro modelo de desarrollo y de nuestro sistema económico para hacer frente a la gran amenaza que representa el cambio climático”.            (Manuel Planelles, El País, 09/08/21)