En poco tiempo, tenían 2.500 seguidores solo en el Bronx. Incluso en las épocas más violentas, estos hijos de emigrantes portorriqueños eran diferentes: mantenían contactos con los Panteras Negras y con el Partido Socialista de Puerto Rico. Trataban de igual a igual a las Ghetto Sisters. Echaban a los traficantes de droga, conseguían ropa para los niños y ofrecían chocolate caliente a las prostitutas.
En el resto de tribus, el rito iniciático era el eterno paseíllo de bates y puños, mientras que ellos solo golpeaban al novato el tiempo exacto que duraba un single de una canción a 45 revoluciones. “¡Un día me enfadé mucho porque a uno se le ocurrió hacer el rito con un elepé!”, bromea ahora Yellow Meléndez. Aún les aguardaba el gran momento.
Este ghetto brother, con apenas 25 años, se plantó ante la multitud para pedirles tranquilidad. Minutos después, yacía muerto en el suelo. Horas después, todas las pandillas de Nueva York se organizaban para la gran batalla, pero Meléndez decidió convocar una cumbre entre gangas para intentar sellar una tregua.
“Los que yo sabía que lo habían matado me decían: no quiero morir, Benjy”, recuerda. Cuatro horas después, los principales líderes habían firmado la tregua. En esa reunión estaban presentes futuras figuras claves del hip hop como Afrika Bambaataa.
En el armisticio se especificaba que las pandillas podían pasear por las zonas controladas por sus antiguos enemigos. “Nosotros dábamos fiestas cada viernes y tocábamos música. A veces se sumaba con sus instrumentos gente de otras gangas. Ganaban en autoestima”, explica Meléndez. Desterraron sus chalecos y cultivaron un vestuario más cuidado para competir por las miradas de las chicas, hasta ahora prohibidas.
Y ellas podían elegir libremente. Era una forma de competir sin violencia, como también lo eran las batallas de baile o de disc jockeys, los verdaderos líderes ahora. “La primera vez que los vi así en círculo pensé que eran de la Iglesia de Pentecostal… Hasta que mi hermano me dijo: ¡no, esto es nuevo, es hip hop!”. Las firmas saltaron de las chupas a las paredes y los lemas, de los callejones a las radios. El resto es historia.
Meléndez y su familia lograron grabar en 1971 un disco titulado Ghetto Brothers – Power Fuerza. En la contraportada, un Meléndez que aún no había descubierto su labor como trabajador social remunerado escribió: “La música cubre el vacío entre la sociedad y las minorías. Es el lenguaje común del mundo”.
El eslogan sonaría algo trillado o cursi en boca de un una estrella de la radiofórmula. Pero no en la de un personaje del que dicen que cambió la historia de su barrio, de su ciudad y, a su modo, de la música. Y que ahora asiente desde el hospital: “That’s right, mihermano”.
Los guardianes de la llama
El fotógrafo Julian Voloj trabajaba en una serie de retratos sobre la diversidad judía en Nueva York cuando conoció a Benjy: “Su historia me fascinó: sonaba más extraña que cualquier ficción”. Aquello se materializó en el poderoso cómic Ghetto Brother. Una leyenda del Bronx, firmado con Claudia Ahlering y editado en España por Sapristi.
El elepé de los Ghetto Brothers era un objeto de coleccionista hasta que Truth and Soul lo reeditó hace unos años. Meléndez sigue reclamando una placa en el parque para su amigo caído Black Benjy." (Miqui Otero , El País, 06/02/16)
