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5/8/20

Salpicado aún por la tos y el frío que heredamos de un invierno de enfermedad y descontento, ya está aquí, enmascarado, el verano de 2020. Desde hace un siglo nunca había tardado tanto en llegar el verano.

"Salpicado aún por la tos y el frío que heredamos de un invierno de enfermedad y descontento, ya está aquí, enmascarado, el verano de 2020. Desde hace un siglo nunca había tardado tanto en llegar el verano.

Hubo guerras y sucesos que trajeron desgracia a la tierra en el último siglo. Aquí tuvimos aquel verano del 36 que partió de julio y no dejó libre de angustia ningún mes, hasta muy tarde. En aquel verano de la guerra mataron los fascistas a Lorca, que viajaba con la luz de los veranos.

Ya veremos si a la orilla del mar o en las montañas el verano alivia ahora la señal del miedo. Esta sensación de paréntesis acabará en un mes, y entonces vendrá septiembre y quizá ocurra lo que volvió loca a Melina Mercouri en Los pianos mecánicos. Que se va el verano y el viento arrasa hasta el baile.

Hace un siglo agosto se abría con la música al sol ante la catedral de Salzburgo, donde el fundador del mayor festival del mundo, Hugo von Hofmannsthal, hizo desde entonces que se interpretara Jedermann, su versión de una obra moralista inglesa de la Edad Media que pone a un hombre rico cara a cara frente a la Muerte. Ahora sonará como metáfora de época tan enferma. Lo evoca Luis Gago, crítico de música clásica de este periódico.

Shakespeare, recuerda Gago, hizo de su Sueño de una noche de verano el punto de partida para que otros creadores (Mendelssohn, el más joven, a los 17 años) hallaran en esa estación brillante su parada. Por Shakespeare desfilaron desde Bergman hasta Woody Allen sacando de la metáfora del inglés la impresión de que lo que ocurre en agosto son sueños de poeta. Mahler componía solo en verano, y Anton Webern o Hector Berlioz hicieron de este calor de ahora lo que quizá no hubieran podido componer bajo la tempestad. Thomas Mann se enamoró de Venecia (y no solo) en 1911, y ahí asoció verano, amor y muerte

Es, dice el poeta y novelista Gustavo Martín Garzo, “el fin de la oscuridad”, el tiempo en que los chicos cambian la mirada. Vallisoletano como Delibes (que le debe al verano El camino o Las ratas, por ejemplo), descubrió el mar a los 14 años, y ahora está en Cantabria diciéndoles a los nietos cómo era aquel tiempo. Evoca a Pavese y a su amor de veranos, o El jardín de los Finzi-Contini de Bassani, para detenerse en un momento del verano de las literaturas, cuando Daisy entra en el cuarto de Gatsby y descubre llorando a mares aquellas camisas hermosas…

Irene Vallejo, que espera ahora que el velo de la pandemia la deje salir de Zaragoza hacia la montaña, tiene este símbolo de lo que la literatura le debe al verano. Es cuando Lewis Carroll, el 4 de julio de 1862, accede a lo que le piden las niñas que pasean con él por el Támesis: “Cuéntanos historias”. Él les contó las maravillas de Alicia. 

En las reuniones veraniegas de Suiza, Byron, Polidori y Mary Shelley inventaron los monstruos que siguen siendo símbolo de verano y miedo. Alguien dijo esta semana que el verano es un melocotón a tiempo. Y esto se le debe a Alejandro Sanz: “El verano es el verbo”. El verano es un baile que, en septiembre, caerá de los tendederos como los sueños en aquella película de Melina Mercouri."                    (Juan Cruz, El País, 25/07/20)

20/5/09

"Cuando pierdes un hijo, debes celebrar su vida"

"También desmenuza los conflictos con sus hijos Roman y Sofia en sus adolescencias, el fallecimiento del mayor, Gio, a los 22 años en el rodaje de Jardines de piedra, o el nacimiento de su nieta Gia -Jacqui, la novia de Gio, estaba embarazada de pocos meses cuando el fatal accidente-. El recuerdo constante de su primogénito sólo ha enturbiado su vida en ciertos momentos. "No puedes usar el dolor como escudo.

Hay que celebrar su memoria, su presencia entre nosotros". Y pregunta al periodista y a la representante de su editorial si tienen hijos, cómo es su relación con sus madres, mientras disfruta con el gazpacho, que ya conocía, las anchoas y se sorprende con la elección del vino, hecha por la maître: Viña San Román 2000, de bodega Maurodos, de Toro." (ELEANOR COPPOLA: "Cuando pierdes un hijo, debes celebrar su vida". El País, ed. Galicia, Última, 19/05/2009)

9/5/08

Lo que dicen los viejos de la vejez

“(Ricardo Moragas) ambos son indispensables en una sociedad madura; lo importante de la experiencia de las personas mayores son los conocimientos que poseen de la vida psíquica y social del hombre, mientras que lo valioso de los jóvenes es su capacidad de innovación e iniciativa”

Entre otros descubrimientos, está demostrado que la pérdida de memoria no es mayor que en otras etapas de la vida, y que la inteligencia no sólo disminuye, sino que aumenta si se ejercita.

“…pero se poseen, por otra parte, unos potenciales únicos y distintivos, como serenidad de juicio, experiencia, madurez vital, perspectiva de la historia personal y social, que pueden compensar, si se utilizan adecuadamente, las limitaciones de estos años”.

Maria Galiana (actriz, 72 años): “Yo hasta que no empiece a perder facultades no me creeré que me hago mayor… Asegura que entre otras eses (seguridad, superación, y sintonía con el mundo), la edad aporta serenidad para vivir. “Ya se han pasado muchas tormentas y conoces herramientas para sortear las que vienen. Tienes más conocimientos, y eso despeja muchos miedos”.

Antonio Gamoneda (escritor, 76 años): “El paso del tiempo representa para Antonio Gamoneda algo que, bajo su perspectiva, puede llegar incluso a considerarse positivo: la proximidad del corte existencial, o sea, de la muerte. En su caso, la aparición de “un pequeño ser” –así es como se refiere a su nieta- ha suavizado el miedo que sentía hacia el final de la vida. “Si uno se plantea la inexistencia con un temor de menos cuantía, y con una experiencia que consiste en advertirse como si viviese en esa nueva critatura, el temor disminuye”.

Emiliano Fernández (Neuropediatra, 72 años): “La edad permite producir cultura; ya sabes lo que vale y funciona, y lo que no. Eres capaz de seleccionar.” Para Fernández, la etapa que se inicia a los 65 puede ser una de las más plenas “si tienes suerte, buena salud y cabeza”…pero en otras (profesiones), como la suya, la cabeza sigue lúcida y es difícil encontrar el momento para retirarse. “Uno está más creativo que nunca”. “Es ahora cuando entiendo de una manera sensata mi trabajo y sé perfectamente cómo afrontar las dificultades. ¿Lo mejor de cumplir años?”La serenidad que proporciona. Ya no tienes que luchar para demostrar algo, o para estar en un puesto determinado”. (El País Semanal, 27/04/2008, p. 142-144)