"Cory Doctorow es autor de ciencia ficción, activista y periodista. Conocido por su actividad a favor del sotfware libre y el Creative Commons, publica en España Mierdificación. Qué hacer ante la apropiación de internet por las grandes tecnológicas (Capitán Swing, 2026). Se trata de un ensayo sobre la enshittification, el concepto creado por el propio Doctorow en un artículo en 2023 en su blog Pluralistic y con el que ha descrito la decadencia de las plataformas de internet o, al menos, el empeoramiento progresivo de sus servicios a particulares o empresas pequeñas para extraer de estos el máximo de rentas, sea en forma de datos, anuncios u otros servicios.
El autor atiende a El Salto a través de videollamada unos días antes de su viaje a nuestro país, donde va a presentar su nueva obra. Antes de empezar, Doctorow, que chapurrea algo de castellano, comenta la pérdida de ambigüedad de la traducción a nuestro idioma del concepto de enshittification: “Shit en inglés es tanto un sustantivo como un verbo, entonces enshittification es algo que ocurre, todo se convierte en mierda, pero también algo que alguien hace. En español sería ‘cagar’ y esa connotación se pierde en ‘mierdificación’”, explica. Para el autor “la ambigüedad funciona. Puede ser una característica [feature] y no un error [bug]”.
¿Diría
que la idea de la ‘mierdificación’ de internet y las redes está más de
actualidad ahora que hace cuatro años, cuando creó el término?
Sí,
creo que sí. Cuando pensé en el concepto estaba intentando encontrar
una palabra para describirlo todo. Durante 25 años he trabajado en la
Electronic Frontier Foundation, una ONG cuyo objetivo es hacer que la
gente reflexione sobre las políticas tecnológicas. Y el problema de
intentar hacer que la gente piense sobre la política tecnológica son
cuestiones muy abstractas, muy técnicas y siempre se refieren al futuro.
Lo normal es que nos preocupemos por los problemas que son concretos e
inmediatos.
Y los temas tecnológicos solo se vuelven concretos e inmediatos cuando es demasiado tarde para arreglarlos. Un poco como con el cambio climático. En 1980 era algo muy lejano, muy abstracto y ahora es muy concreto, pero porque todo está ardiendo. Así que pruebas todo tipo de tácticas para intentar que la gente se preocupe por esas políticas tecnológicas.
He usado parábolas, analogías… Escribo relatos y novelas de ciencia ficción. Y resulta que una palabra sucia es lo que realmente funciona. Fue como dar a la gente permiso para quejarse de algo que los estaba volviendo locos y no sabían por qué. Y, volviendo a la pregunta, sí, creo que la gente está en su derecho de estar más enfadada hoy que hace tres o cuatro años, sin duda.
Europa ha pasado 20 años aferrándose a dos creencias muy negativas. La primera, que la tecnología estadounidense era una plataforma neutral y tu gobierno podía usarla sin consecuencias. La segunda, que si las plataformas se comportaban “mal”, la respuesta era regularlas
En
su ensayo habla sobre posibles soluciones. En Europa, ahora mismo
tenemos gobiernos como el de Francia, que han abandonado todos los
programas que vengan de Estados Unidos para sus comunicaciones, y el
debate sobre cómo conseguir tanto una infraestructura física propia como
plataformas en manos europeas, que parecen arreglos muy lejanos en el
tiempo.
Europa ha pasado 20 años aferrándose a dos creencias
muy negativas. La primera, que la tecnología estadounidense era una
plataforma neutral y tu gobierno podía usarla sin consecuencias. La
segunda, que si las plataformas se comportaban “mal”, la respuesta era
regularlas, en lugar de reducir su poder. Y así se han perdido dos
décadas con mandatos para la moderación de contenido o las infracciones
de copyright. Algo que no ha funcionado, ¿verdad?
El problema es que cuanto más poderosas son las plataformas, menos les importa lo que exijas. Mira el GDPR [Reglamento General de Protección de Datos, RGPD o GDPR en inglés, vigente desde 2018]. Yo mismo hice lobby en Bruselas por él. Y las empresas tecnológicas no lo obedecen. Fingen que sí, bombardean a la gente con consultas sobre consentimiento y dicen que pueden espiarles porque es “un propósito legítimo”. Y si intentas disciplinarlos, se retiran a Irlanda, que es donde va a morir toda regulación tecnológica.
El DMA [Ley de Mercados Digitales, por sus siglas en inglés, Digital Markets Act, vigente desde 2024] fue el primer intento de reducir su poder, exigiendo que Apple o Google abriesen sus tiendas de aplicaciones, por ejemplo. Pero llegó tarde. Ya eran tan poderosas que les daba igual cumplir las reglas.
Con Biden en la Casa Blanca podía parecer que EEUU ayudarían a Europa, pero ahora está Trump y ya vemos el uso que hace del “internet americano”. Si la Corte Penal Internacional persigue a Netanyahu, los EEUU de Trump dejan a los magistrados sin sus correos, sus archivos, sus documentos… Si la Corte de Suprema de Brasil procesa a Jair Bolsonaro, lo mismo. Nadie puede permitirse que sus instituciones clave dependan de la tecnología de EEUU.
Así que llegamos a Eurostack, que es un intento de corregir los errores de los últimos 20 años. Son las dos respuestas a su pregunta: conseguir el hardware, la parte física, y unas plataformas 100% europeas. No quiero decir que sean objetivos fáciles, pero ambos tienen grandes grupos de interés detrás. Los inversores quieren construir centros de datos porque quieren ser propietarios, les encanta la idea de ingresos pasivos. Y algo parecido ocurre con las plataformas. El mundo está lleno de frikis que odian Facebook y les gustaría crear el suyo propio. No puedes girar sin toparte con alguien que está haciendo un reemplazo de Facebook, Twitter, YouTube o lo que sea.
Lo que le falta es que sea posible sacar los datos de las plataformas estadounidenses y ponerlos en esas nuevas plataformas europeas alojadas en centros de datos europeos. Ningún ministerio va a copiar millones de documentos de Microsoft a una aplicación de Eurostack uno a uno. Necesitas herramientas y Microsoft no te las va a dar.
La pregunta es cómo construimos esas herramientas que sean un puente entre el viejo internet en el que estamos atrapados y el internet posamericano que necesitamos para sobrevivir. Son soluciones lejanas en el tiempo, pero la solución al puente está en legalizar la fuga [‘jailbreak’, un proceso técnico para romper el bloqueo de los productos Apple] de esa tecnología. La directiva de copyright europea hace ilegal cualquier modificación sin permiso del creador, no del gobierno, sino de la empresa propietaria, desde 2001.
Eso sí está al alcance de la Unión Europea. No puede obligar a Apple a que haga nada, pero puede impedir que Apple lleve ante un tribunal europeo a una empresa española que cree una tienda de aplicaciones para el iPhone. Puede cambiar esa ley mañana. Eso no solo aceleraría el paso de los europeos fuera de las plataformas americanas, también crearían oportunidades de mercado. Las empresas americanas hacen millones de dólares que podrían hacer las empresas europeas.
Mientras el valor que los usuarios de la plataforma se dan unos a otros exceda el valor que Mark Zuckerberg extrae de ellos, la mayoría se quedarán
¿Y cómo facilitamos la salida a toda esa gente particular que no son expertos, ni trabajan para grandes empresas o el Estado?
Es la misma solución, donde entran la ingeniería inversa y el jailbreaking.
En el libro cuento cómo Mark Zuckerberg consiguió que los usuarios
dejasen MySpace para irse a Facebook. Tenía el mismo problema: la gente
no se iba de MySpace porque ahí estaban todos sus amigos. Los
economistas llaman a esto el problema de la acción colectivo. Y lo que
hizo Zuckerberg fue darles un bot al que solo tenías que darle tu
contraseña de la otra plataforma y trasladaría a Facebook todo lo que
tenías allí.
El problema es que bajo el Artículo 6 de la Directiva de Copyright, si hicieras eso con Facebook, Mark Zuckerberg podría reducirte a escombros radioactivos. Cuando él lo hizo, fue progreso. Si nosotros se lo hacemos a él, es piratería. Y juegan con eso: si saben que tienen a sus usuarios atrapados, pueden abusar de ellos sin arriesgarse. Eso es la ‘mierdificación’ también.
Mark Zuckerberg quiere que le odies, pero solo un poco menos de lo que quieres a tus amigos, de forma que te quedarás en Facebook. ¿Cómo de importante es tener un sitio en el que organizarte con los otros padres para llevar a tus hijos al fútbol, encontrar clientes para tu negocios, hablar con tus parientes que están lejos? Mientras el valor que los usuarios de la plataforma se dan unos a otros exceda el valor que Mark Zuckerberg extrae de ellos, la mayoría se quedarán.
Pero, ¿y si bajas el coste de irse? Pasa lo mismo con las compañías de teléfono: si estás en Vodafone y no te gusta, te vas a Orange, puede ser tan fácil como pegar tu número en una página web. Antes era mucho más caro, pero la UE intervino para crear la portabilidad. A nadie le importa en qué red estás ahora, no vas a hacer que tus conocidos se cambian a la misma que tú. Es posible reproducir esa dinámica en nuestros sistemas digitales. Incluso es raro que no lo hayamos hecho ya. Es como si siguiesen en los años 90 y lo que hace falta es que las traigamos al siglo XXI.
¿Eso explica la paradoja de que todo el mundo cree que Google, Twitter y demás funcionan peor que nunca, pero no los abandonan?
En
la economía neoclásica tienen esta idea llamada “preferencia revelada”.
Significa que no importa lo que digas, si haces algo diferente, es
porque secretamente prefieres lo que estás haciendo. Así que si dices
“odio que invadan mi privacidad”, pero usas Facebook e invaden tu
privacidad, realmente, no la valoras tanto. Creo que esto está mal. A
veces es como si estudiar economía provocase una lesión neurológica muy
específica que te hace incapaz de razonar sobre el poder. Las dinámicas
de poder hacen que la gente haga cosas que no quiere hacer.
Mira, entre los grupos que están intentando muy fuerte establecerse fuera de Twitter están los activistas de lo que en EEUU se llama Black Twitter, que han creado su propio servidor en BlueSky, BlackSky, pero no acaban de marcharse del actual X. Quieren dejar Twitter porque son miembros de una minoría racial que allí está expuesta al abuso y al acoso, pero no quieren quedarse aislados, perder su red de apoyo digital. La gente puede quedarse en situaciones malas porque valoran a quienes les rodean.
Mira, mi familia son refugiados soviéticos. Mi abuela fue una niña soldado en el asedio de Leningrado, estuvo allí de los 12 a los 15 años arrastrando cadáveres y llevando munición a las líneas. De ahí se marchó a Siberia, donde conoció a mi abuelo, que era un refugiado polaco, tuvieron a mi padre y se marcharon a Canadá. Pero son los únicos. Todo el resto de su familia se quedó en Rusia, pasándolo muy mal, en la era soviética y después. La gente se queda en lugares donde no quiere estar.
La esperanza no es la creencia optimista de que puede existir una sociedad donde todo funcione siempre, sino pensar que podemos crear una sociedad que falle con elegancia. Donde, cuando las cosas salen mal, se arreglan
En su libro de ciencia ficción Radicalizado
(Capitán Swing, 2022) adivinó, de alguna forma, a Luigi Magione en el
relato que le da título, y llevó la ‘mierdificación’ al extremo antes de
darle nombre en “Pan no autorizado”. Como autor de distopías, ¿por qué
cree que no escribimos más sobre cómo salir de ellas?
Bueno,
cada una de las historias de ese libro tiene algún tipo de final feliz.
La utopía no consiste en romper la segunda Ley de la Termodinámica. Las
cosas se desmoronan. Asumir que nada va a salir mal no es optimista, es
idiota. Las personas que no pusieron suficientes botes salvavidas en el
Titanic no fueron optimistas, fueron idiotas peligrosos. Creo
que está bien, y que no es pesimista, imaginar que las cosas pueden
romperse. Lo imperdonable es imaginar que no podemos arreglarlas. Por
eso todas mis historias tratan sobre gente que arregla cosas.
Es cierto que se ve un futuro con cosas bastante malas en el horizonte. Hay muchos efectos del cambio climático que ya están fijados. No van a cambiar. Pero lo que hagamos con las inundaciones que están por venir depende de nosotros. ¿Se convertirá en algo como Mad Max? ¿O nos salvaremos mutuamente? Eso depende completamente de nosotros.
Para mí, la esperanza no es la creencia optimista de que puede existir una sociedad donde todo funcione siempre, sino pensar que podemos crear una sociedad que falle con elegancia. Donde, cuando las cosas salen mal, se arreglan. Es mejor tener un coche con frenos excelentes que uno que puede pasar de 0 a 200 km/h en tres segundos.
El lado positivo del desastre en el que nos encontramos es que las crisis provocan cambios, y las cosas que parecían impensables se vuelven inevitables. Cuando Putin invadió Ucrania y Europa perdió el acceso al gas ruso, el bloqueo sobre las energías renovables terminó. Europa pasó de estar 15 años retrasada en sus objetivos climáticos a ir 10 años adelantada. En Alemania, con este nuevo shock energético desde Irán, apenas les afecta porque ahora tienen muchísima energía solar. Claro que hay cosas de las que preocuparse. Toda esa energía solar está conectada a la nube china y Xi Jinping podría apagarla si quisiera. Es otra buena razón para derogar el Artículo 6 de la Directiva de Copyright, eliminar el firmware de esos inversores y baterías y reemplazarlo con software de código abierto cuanto antes. Voy a insistir en esta idea: en tiempos de grandes crisis, cosas que parecían impensables pueden volverse inevitables. Y Trump es una serie continua de crisis. Esta es nuestra oportunidad."
(Entrevista a Cory Doctorow, El Salto, 22/03/26)
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