"(...) Lo digo por derecho. Ha llegado la hora de que la renta básica deje
de ser un debate filológico con entrada reservada a economistas,
sociólogos o activistas con trienios, para pasar a convertirse en una
“fuerza material que sirva para transformar la sociedad y el mundo”.
Aquello en lo que, según Mao, se convertían “las ideas correctas” cuando
las gentes de abajo se apropian de ellas. O sea, que el debate sobre la
renta básica ha de instalarse en las oficinas de empleo, en los bares
de los barrios y en las conversaciones de la juventud sin futuro.
Y
convertirse, junto a otras muchas propuestas, en escrache, en corrala,
en despensa social, en comunidad de lucha, en definitiva. Es ahí donde
-supongo- adquiere sentido la participación de los Campamentos Dignidad
en este debate.
Entro propiamente en materia: ¿a qué
debemos, a qué deberíamos llamar renta básica? ¿Hay alguna relación, y
cuál si fuera así, entre la renta básica y los subsidios de renta
garantizada? En este ámbito de la renta básica, ¿no hay posiciones
diversas y algo diferenciadas?
Se trata de un concepto muy
sencillo: todas las personas, por el mero hecho de nacer, tienen derecho
al acceso a los bienes materiales que le garanticen sobrevivir con
dignidad.
La renta básica, por decirlo con José Iglesias, es “el derecho
que tiene cada ciudadano/a a percibir una cantidad periódica para
cubrir sus necesidades materiales, sin ninguna condición que lo limite”.
No es nada nuevo, por otra parte. A Marcelino Camacho le escuchamos
decir algo muy similar en múltiples ocasiones.
Pero este
enunciado tan elemental es, a su vez, subversivo, pues choca con la
lógica del sistema económico y político que se cimenta en la intemperie,
la precariedad y la servidumbre. El capitalismo convierte a la tierra,
al agua, a los servicios públicos o al propio ser humano en mercaderías,
subordina la vida a las premisas del beneficio privado.
La osadía de la
Renta Básica es que pone en evidencia esa incompatibilidad entre
capitalismo y derechos humanos. Pero, al mismo tiempo, choca con el
sentido común dominante, con “nuestro yo íntimo que se ha hecho
capitalista”.(...)
Pero la segunda pregunta que formulas sobre la relación entre la Renta
Básica (RB) y los subsidios nos interpela sobre las posibilidades de
intervención social desde esa propuesta.
Hacen falta mediaciones, claro
está. La renta básica, con sus tres características definitorias
(universal, individual e incondicional) no va a implantarse por las
buenas y de un plumazo, para todo el mundo una buena mañana, y sin
lucha. Las clases dominantes no tienen por costumbre suicidarse, es
evidente.
Exacto, ahí entran en escena los movimientos que suelen ser bastante
más dúctiles que los catedráticos de universidad. Hasta ahora había un
foso insalvable entre los defensores de la Renta Básica y quienes
propugnan rentas mínimas (con diversas denominaciones: renta
garantizada, subsidio, salario social...).
El acierto y la
“insolencia” del movimiento por la Renta Básica en Extremadura fue
justamente establecer un puente entre ambas propuestas formulando la
aplicación de la Renta Básica por fases.
La ILP de Extremadura
establecía tres fases: en primer lugar, se aplicaría de modo inmediato a
los parados sin cobertura; en segundo lugar, en el plazo de un año, a
aquellas personas con subsidios o pensiones por debajo de la cantidad
que se reclamaba (600 euros); y, por último se promovería su extensión
universal.
Este planteamiento mestizo permitía que en la lucha por la RB
se pudieran sentir identificadas tanto las posiciones más abiertamente
anticapitalistas como aquellas otras más gradualistas. Eso sí, Renta
Básica como derecho, no rentas mínimas que funcionan como reservas
indias de pobres, como instrumentos de conformación, control y
clientelismo de pobres.
En los Campamentos Dignidad utilizamos mucho esta expresión de Rosa Luxemburg: “Hay que elevarse por encima de los estrechos horizontes del pan cotidiano”. (...)
Los derechos universales se construyen siempre desde algún sitio,
desde algún sujeto particular. Sería insensato esperar que el derecho
universal a la vivienda venga a reclamarlo Botín o las inmobiliarias, en
lugar de los desahuciados o las jóvenes parejas condenadas a vivir en
casa de sus padres.
Ni la reforma agraria va a venir a reivindicarla la
Duquesa de Alba, por mucho que nosotros le prometamos reservarle un
huertecito para autoconsumo. Lo mismo ocurre con la RB. Por mucho que
aspiremos a su extensión universal, el sujeto natural en la lucha por la
RB son las personas en paro, pobres o precarias.
¿Somos capaces de que
esta lucha lo sea al mismo tiempo de la clase obrera más tradicional y
del precariado? Que se apropien de ella tanto el cani como el
informático, tanto el parado de la construcción como el becario de
investigación, tanto la clase obrera como el precariado. La RB puede y
debe tener ese propósito: ser una herramienta de alianza, de unidad de
clase.
Tal como está el panorama económico, político, ¿no es
una quimera hablar en estos momentos de renta básica? ¿No hay cosas más
urgentes y, sobre todo, más alcanzables?
Es justamente lo
contrario. ¿Si no es ahora, cuándo lo haremos? Ahora, cuándo el hambre y
la miseria llaman a la puerta de miles de casas obreras; ahora, cuando 6
millones de personas se encuentran en el paro forzoso (dos millones de
ellas sin ningún tipo de cobertura al desempleo); con 3 millones de
personas, según Cáritas, que sufren la pobreza severa; con más de
300.000 jóvenes que han tenido que emigrar en busca de trabajo; con 4
millones de personas mortificadas por la pobreza energética, sin luz y
sin medios para calentarse; con más de 2 millones de personas acogidas a
los bancos de alimentos y la caridad institucional… Cuándo, si no es
ahora, ahora que la justicia vale menos que el orín de los perros, como
decía León Felipe.(...)
Perdona que insista. ¿Es viable? ¿Un país de países como España
puede en estos momentos centrarse en una reivindicación de este calado?
¿Qué política económica, qué política fiscal sería necesaria?
Esta pregunta es una de las tres objeciones que suelen ponerse a la
renta básica, su viabilidad económica, de dónde saldría el dinero. Las
otras dos son la de “la haraganería” a la que induciría y la de su
carácter “utópico”.
Sin embargo, nuestra experiencia nos dice que esta
pregunta-objeción es cada vez menos frecuente. Demasiados Bárcenas,
Urdangarines, cazadores de elefantes, subvenciones billonarias a los
bancos, privilegios de diputados, etc, a la vista, como para que a nadie
se le ocurra alguna fuente de dónde financiar la renta básica.
Claro que requeriría una política económica y fiscal distinta. La deuda
ilegítima y el fraude fiscal son dos muestras de la sangría de dinero
público que podría tener una utilidad social y económica al servicio de
la mayoría.
Has hablado ya de ello pero vuelvo al tema: ¿qué
podría significar la consecución de la renta básica para las clases
trabajadoras españolas?
Una de las virtudes de la renta
básica es que puede representar el papel de fondo de resistencia contra
la explotación laboral. Pero más allá de esa utilidad evidente, me
gustaría llamar la atención sobre lo que puede significar la lucha por
la renta básica.
Está surgiendo un nuevo movimiento obrero, un
movimiento obrero de nuevo tipo. Movimiento obrero, como sabían los
viejos militantes, es un término que va más allá del sindicalismo.
Las
Plataformas de Afectados por las Hipotecas (PAH), los Campamentos
Dignidad o las Mareas en defensa de lo público son, en gran medida,
formas de expresión de ese nuevo movimiento obrero, que surge exigiendo
alquileres sociales en las puertas de los bancos, renta básica en las
oficinas de empleo o tarifa social para el transporte público.
Es un
nuevo movimiento obrero que se afana por nacer fuera o en la frontera de
los centros de trabajo. Pero también en el interior de las empresas
están surgiendo nuevas formas de lucha o se rescatan con decisión otras
que aparecían como anacrónicas o poco razonables, como la huelga
indefinida.
Si hace dos años, nos hubieran dicho que los maestros de
Baleares, los barrenderos de Madrid, los trabajadores del alumbrado o
los de empresas como Panrico harían un uso resuelto de esa herramienta
no nos lo habríamos creído. Abramos bien los ojos y, sobre todo,
recorramos con nuestro pueblo los nuevos caminos de lucha.(...)" (Entrevista a Manuel Cañada, Salvador López Arnal, Rebelión, 18/12/2013)
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