14/3/14

“Llegó la hora de que la renta básica se convierta en 'fuerza material' que transforme la sociedad y el mundo”

"(...) Lo digo por derecho. Ha llegado la hora de que la renta básica deje de ser un debate filológico con entrada reservada a economistas, sociólogos o activistas con trienios, para pasar a convertirse en una “fuerza material que sirva para transformar la sociedad y el mundo”. 

Aquello en lo que, según Mao, se convertían “las ideas correctas” cuando las gentes de abajo se apropian de ellas. O sea, que el debate sobre la renta básica ha de instalarse en las oficinas de empleo, en los bares de los barrios y en las conversaciones de la juventud sin futuro. 

Y convertirse, junto a otras muchas propuestas, en escrache, en corrala, en despensa social, en comunidad de lucha, en definitiva. Es ahí donde -supongo- adquiere sentido la participación de los Campamentos Dignidad en este debate. 

Entro propiamente en materia: ¿a qué debemos, a qué deberíamos llamar renta básica? ¿Hay alguna relación, y cuál si fuera así, entre la renta básica y los subsidios de renta garantizada? En este ámbito de la renta básica, ¿no hay posiciones diversas y algo diferenciadas? 

Se trata de un concepto muy sencillo: todas las personas, por el mero hecho de nacer, tienen derecho al acceso a los bienes materiales que le garanticen sobrevivir con dignidad. 

La renta básica, por decirlo con José Iglesias, es “el derecho que tiene cada ciudadano/a a percibir una cantidad periódica para cubrir sus necesidades materiales, sin ninguna condición que lo limite”. No es nada nuevo, por otra parte. A Marcelino Camacho le escuchamos decir algo muy similar en múltiples ocasiones. 

Pero este enunciado tan elemental es, a su vez, subversivo, pues choca con la lógica del sistema económico y político que se cimenta en la intemperie, la precariedad y la servidumbre. El capitalismo convierte a la tierra, al agua, a los servicios públicos o al propio ser humano en mercaderías, subordina la vida a las premisas del beneficio privado. 

La osadía de la Renta Básica es que pone en evidencia esa incompatibilidad entre capitalismo y derechos humanos. Pero, al mismo tiempo, choca con el sentido común dominante, con “nuestro yo íntimo que se ha hecho capitalista”.(...)

 Pero la segunda pregunta que formulas sobre la relación entre la Renta Básica (RB) y los subsidios nos interpela sobre las posibilidades de intervención social desde esa propuesta.

 Hacen falta mediaciones, claro está. La renta básica, con sus tres características definitorias (universal, individual e incondicional) no va a implantarse por las buenas y de un plumazo, para todo el mundo una buena mañana, y sin lucha. Las clases dominantes no tienen por costumbre suicidarse, es evidente. 

 Exacto, ahí entran en escena los movimientos que suelen ser bastante más dúctiles que los catedráticos de universidad. Hasta ahora había un foso insalvable entre los defensores de la Renta Básica y quienes propugnan rentas mínimas (con diversas denominaciones: renta garantizada, subsidio, salario social...). 

El acierto y la “insolencia” del movimiento por la Renta Básica en Extremadura fue justamente establecer un puente entre ambas propuestas formulando la aplicación de la Renta Básica por fases.

 La ILP de Extremadura establecía tres fases: en primer lugar, se aplicaría de modo inmediato a los parados sin cobertura; en segundo lugar, en el plazo de un año, a aquellas personas con subsidios o pensiones por debajo de la cantidad que se reclamaba (600 euros); y, por último se promovería su extensión universal.

 Este planteamiento mestizo permitía que en la lucha por la RB se pudieran sentir identificadas tanto las posiciones más abiertamente anticapitalistas como aquellas otras más gradualistas. Eso sí, Renta Básica como derecho, no rentas mínimas que funcionan como reservas indias de pobres, como instrumentos de conformación, control y clientelismo de pobres. 

En los Campamentos Dignidad utilizamos mucho esta expresión de Rosa Luxemburg: “Hay que elevarse por encima de los estrechos horizontes del pan cotidiano”. (...)

 Los derechos universales se construyen siempre desde algún sitio, desde algún sujeto particular. Sería insensato esperar que el derecho universal a la vivienda venga a reclamarlo Botín o las inmobiliarias, en lugar de los desahuciados o las jóvenes parejas condenadas a vivir en casa de sus padres.

 Ni la reforma agraria va a venir a reivindicarla la Duquesa de Alba, por mucho que nosotros le prometamos reservarle un huertecito para autoconsumo. Lo mismo ocurre con la RB. Por mucho que aspiremos a su extensión universal, el sujeto natural en la lucha por la RB son las personas en paro, pobres o precarias. 

¿Somos capaces de que esta lucha lo sea al mismo tiempo de la clase obrera más tradicional y del precariado? Que se apropien de ella tanto el cani como el informático, tanto el parado de la construcción como el becario de investigación, tanto la clase obrera como el precariado. La RB puede y debe tener ese propósito: ser una herramienta de alianza, de unidad de clase. 

Tal como está el panorama económico, político, ¿no es una quimera hablar en estos momentos de renta básica? ¿No hay cosas más urgentes y, sobre todo, más alcanzables? 

Es justamente lo contrario. ¿Si no es ahora, cuándo lo haremos? Ahora, cuándo el hambre y la miseria llaman a la puerta de miles de casas obreras; ahora, cuando 6 millones de personas se encuentran en el paro forzoso (dos millones de ellas sin ningún tipo de cobertura al desempleo); con 3 millones de personas, según Cáritas, que sufren la pobreza severa; con más de 300.000 jóvenes que han tenido que emigrar en busca de trabajo; con 4 millones de personas mortificadas por la pobreza energética, sin luz y sin medios para calentarse; con más de 2 millones de personas acogidas a los bancos de alimentos y la caridad institucional… Cuándo, si no es ahora, ahora que la justicia vale menos que el orín de los perros, como decía León Felipe.(...)

 Perdona que insista. ¿Es viable? ¿Un país de países como España puede en estos momentos centrarse en una reivindicación de este calado? ¿Qué política económica, qué política fiscal sería necesaria? 

Esta pregunta es una de las tres objeciones que suelen ponerse a la renta básica, su viabilidad económica, de dónde saldría el dinero. Las otras dos son la de “la haraganería” a la que induciría y la de su carácter “utópico”. 

Sin embargo, nuestra experiencia nos dice que esta pregunta-objeción es cada vez menos frecuente. Demasiados Bárcenas, Urdangarines, cazadores de elefantes, subvenciones billonarias a los bancos, privilegios de diputados, etc, a la vista, como para que a nadie se le ocurra alguna fuente de dónde financiar la renta básica. 

Claro que requeriría una política económica y fiscal distinta. La deuda ilegítima y el fraude fiscal son dos muestras de la sangría de dinero público que podría tener una utilidad social y económica al servicio de la mayoría. 

Has hablado ya de ello pero vuelvo al tema: ¿qué podría significar la consecución de la renta básica para las clases trabajadoras españolas? 

Una de las virtudes de la renta básica es que puede representar el papel de fondo de resistencia contra la explotación laboral. Pero más allá de esa utilidad evidente, me gustaría llamar la atención sobre lo que puede significar la lucha por la renta básica. 

Está surgiendo un nuevo movimiento obrero, un movimiento obrero de nuevo tipo. Movimiento obrero, como sabían los viejos militantes, es un término que va más allá del sindicalismo.

 Las Plataformas de Afectados por las Hipotecas (PAH), los Campamentos Dignidad o las Mareas en defensa de lo público son, en gran medida, formas de expresión de ese nuevo movimiento obrero, que surge exigiendo alquileres sociales en las puertas de los bancos, renta básica en las oficinas de empleo o tarifa social para el transporte público.

 Es un nuevo movimiento obrero que se afana por nacer fuera o en la frontera de los centros de trabajo. Pero también en el interior de las empresas están surgiendo nuevas formas de lucha o se rescatan con decisión otras que aparecían como anacrónicas o poco razonables, como la huelga indefinida.

 Si hace dos años, nos hubieran dicho que los maestros de Baleares, los barrenderos de Madrid, los trabajadores del alumbrado o los de empresas como Panrico harían un uso resuelto de esa herramienta no nos lo habríamos creído. Abramos bien los ojos y, sobre todo, recorramos con nuestro pueblo los nuevos caminos de lucha.(...)"                (Entrevista a Manuel Cañada, Salvador López Arnal, Rebelión, 18/12/2013)

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