"Fralib es una fábrica de procesamiento y empaquetado de hierbas para
infusiones situada a unos 20 kilómetros de la ciudad de Marsella, al
sur de Francia. El antiguo dueño de la fábrica, la enorme transnacional
de químicos y alimentos Unilever, decidió hace tres años trasladar al extranjero la producción del té Lipton con el fin de ahorrar costos.
Con intensas protestas y campañas de boicot, los 80 trabajadores
demandaron que la fábrica permanezca abierta, y cuando vieron que esto
no era possible, decidieron tomar la producción en sus propias manos.
Recientemente los trabajadores han reactivado las máquinas de la gran
fábrica para producir un lote de té de tila basado en la producción
local, y actualmente están buscando maneras de recomenzar la producción a
plena capacidad. Fralib es solo una de un de un puñado de
fábricas europeas que, teniendo o no un discurso transformador o
radical, han avanzado hacia la autogestión de la producción por los
trabajadores. (...)
¿Puede también este modelo constituir una solución viable en Europa,
no sólo para el creciente desempleo y pobreza, sino también para la
verdadera explotación y alienación que caracterizan el modo capitalista
de producción?
Ésta fue la pregunta principal que el primer
encuentro europeo de “La Economía de los Trabajadores”, que tuvo lugar
el 31 de enero y 1 de febrero en la fábrica ocupada Fralib,
intentó contestar. La idea detrás de estos encuentros independientes y
autofinanciados nació hace siete años en Argentina, con su tradición de
dos décadas de ocupación de fábricas. Mas tarde, eventos similares se
realizaron en Brasil y en México.
Esta primera edición europea del encuentro reunió no sólo a los
trabajadores de las fábricas autogestionadas de Europa (mayormente de
Italia, Francia y Grecia), sino también a académicos, activistas,
sindicatos y organizaciones que promueven y estudian la autogestión,
como la Association Autogestion de Francia y el ICEA, proveniente del Estado español. (...)
Además de los anfitriones de Fralib, hubo participantes de Pilpa,
una fábrica ocupada de helados de Carcasonne, Francia; de Officine Zero
y Rimaflow, dos espacios ex-industriales ocupados por sus trabajadores y otros activistas en Roma y en Milán respectivamente; y de Vio.Me,
una de las pocas experiencias de autogestión que hasta el momento han
garantizado un estable --aunque limitado-- ingreso por sus trabajadores a
través de la producción de detergentes ecológicos en su fábrica ocupada
de Tesalónica, Grecia. (...)
Si bien la voluntad de democratizar la producción y de redistribuir
la riqueza “está en el ADN de los trabajadores”, como señala Andrés
Ruggeri --un investigador militante argentino y uno de los principales
promotores del evento--, las experiencias de ocupación de fábricas y
autogestión son tan diversas como los contextos políticos, económicos e
históricos en los que ocurren.
Usualmente, los trabajadores deben lidiar
con una unidad de producción obsoleta o que produce mercancías que no
tienen ninguna demanda (como es el caso de Oficina Zero).
El ingenio y
la creatividad de los trabajadores en estos casos, y lo que es más
importante, la estrecha cooperación con la comunidad, puede
ayudar a reconvertir la producción hacia productos más útiles y
respetuosos con el medio ambiente. En el caso de las fábricas
italianas, esta reconversión permitirá, entre otras actividades,
rescatar y reciclar equipamiento electrónico.
Algunos de los desafíos habituales que deben enfrentar las fábricas
ocupadas son la represión estatal, grandes trabas burocráticas, falta de
un marco institucional apropiado, y la hostilidad de los antiguos
dueños, los partidos políticos y los sindicatos burocráticos.
A menudo
operan en economías que ya están en severa recesión (tal es el caso de
Vio.Me y de la mayoría de las fábricas argentinas en el comienzo del
siglo XXI), y por ende reinsertarse en el mercado y asegurarse un
ingreso son metas muy difíciles de conseguir.
También existen peligros en caso de éxito económico. ¿Cómo pueden los
trabajadores proteger el carácter radical del experimento y evitar
convertirse en una empresa capitalista cooperativa guiada por el
principio de ganancia o usando trabajo asalariado? En torno a esto,
muchos participantes resaltaron la importancia de las relaciones
cercanas con la comunidad.
No es suficiente que la producción esté bajo
control de los trabajadores, aunque sí es un primer paso necesario para
romper el círculo vicioso de explotación capitalista. La
producción también debería ser controlada socialmente; debería ser
sensibilizada en materia de política del medio ambiente y fundada en los
valores del respeto y la solidaridad.
Los trabajadores de Vio.Me se hicieron eco de estas preocupaciones al
anunciar que, en el estatuto de la naciente cooperativa que tiene como
objetivo legalizar sus actividades tras el primer aniversario de la
autogestión de los trabajadores, se reconoce la figura del “simpatizante-solidario”.
Éste
es cualquier miembro de la comunidad que se compromete a consumir
cierta cantidad de productos de la fábrica, y que a cambio tiene el
derecho a obtener información de primera mano sobre la lucha, a
participar en las asambleas de los trabajadores, y a ayudar en la toma
de decisiones a través de un voto consultivo. Un puente se construye así
entre el control obrero y el control social de la producción. (...)
Incluso se habló de un fondo de solidaridad que puede surgir del excedente que las fábricas ocupadas puedan tener,
el cual ofrecerá financiación a los nuevos emprendimientos y así
ayudará a cortar los lazos con el sistema de financiación capitalista.
Cuando se trata de crear una actividad económica humana basada en la
igualdad y en la solidaridad, no hay reglas preestablecidas. La
imaginación de los trabajadores y su voluntad de luchar por un mundo
mejor son los límites. El evento de “La Economía de los Trabajadores” en
Fralib inspiró y motivó todos los involucrados, y quizá haya
desencadenado la creación de un movimiento europeo amplio por la
ocupación de los medios de producción y por una autentica autogestión
obrera." (Diagonal, 17/02/2014)
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