"Uno de los libros que está causando más interés en muchos círculos
anglosajonas es el escrito por el profesor de Ciencias Políticas de la
Universidad de Notre Dame en EEUU, Benjamin Radcliff, titulado The
Political Economy of Human Happiness. (...)
Lo que el profesor Radcliff hace es
analizar los tipos de intervención del Estado, desglosando las distintas
dimensiones del sector público así como las diferentes regulaciones
públicas que inciden sobre el bienestar de la población, y muy en
particular del mundo del trabajo.
Este análisis detallado del Estado y
de sus intervenciones es muy necesario para poder analizar con detalle y
rigor las distintas formas de intervención pública. Y con este estudio,
que se centra en países de la OCDE, el grupo de países más ricos del
mundo, se demuestran varios hechos:
- Que aquellos países que tienen servicios públicos universales (es decir, que sirven a toda la población), tales como sanidad, educación y servicios sociales, son más felices (tienen un porcentaje mayor de la población que se encuentra satisfecha y feliz con su vida) que aquellos países que no tienen tales servicios, siendo sustituidos por servicios asistenciales o de beneficencia, cuyo acceso depende de la capacidad adquisitiva de la población.
- Que aquellos países que se gastan más por habitante en cada uno de estos servicios tienen mayor felicidad que aquellos que se gastan menos.
- Que los países gobernados durante más tiempo desde los años cuarenta por partidos más favorables al intervencionismo redistributivo a favor de las rentas del trabajo (es decir, partidos de centroizquierda o izquierda) son más felices que aquellos que favorecen las rentas del capital (partidos de derecha o centroderecha).
- Que las políticas neoliberales afectan negativamente a los niveles de felicidad de la población.
Soy consciente de que algunos
lectores de este artículo creerán que este libro es un documento
político al servicio de un ideario político. Pero se equivocan. Los
datos están ahí, con una metodología de trabajo muy rigurosa, intentando
analizar qué otras variables podrían haber intervenido en el resultado
que presentan. Y, una por una, excluye otras explicaciones que se han
dado para explicar estos hechos, mostrando que no son sostenibles en
base a los datos.
Esta última observación es
importante, pues existe la costumbre en los medios de información de
intentar aparentar objetividad, presentando lo que ellos llaman los dos
lados de la misma moneda.
Es decir, que intentan presentar un
equilibrio, mostrando países de tradición conservadora y liberal y
países de tradición socialdemócrata (que mantiene esta tradición) como
países de elevada felicidad, concluyendo que la felicidad no tiene signo
político.
El fallo de estas conclusiones es que los datos no lo
muestran. Aquellas sociedades que son más solidarias y tienen menos
desigualdades permiten y facilitan el desarrollo de la felicidad mucho
más que aquellas que no lo son. Así de claro." (Artículo publicado por Vicenç Navarro en la revista digital SISTEMA, 31 de enero de 2014, en www.vnavarro.org, 31/02/2014)
No hay comentarios:
Publicar un comentario