27/2/14

Tejiendo la red de una economía más ética

"Existen desde hace mucho tiempo empresas, organizaciones y grupos variados que funcionan con lógicas de comercio justo, consumo responsable, finanzas éticas… y redes que relacionan a muchas de ellas en un nivel más bien de coordinación política.

Pero lo novedoso del Mercado Social es pretender extender esta relación al ámbito económico y comercial, ampliando alianzas intersectoriales e introduciendo a los consumidores como actores del proceso de regulación económica.

El Mercado Social no se plantean como alternativa al Estado, pero sí pretende generar un campo de realidad significativa que muestre que hay otras formas de hacer economía posibles que generan riqueza, renta y trabajo.

Las entidades proveedoras de bienes y servicios que participan en el Mercado Social se comprometen a ir mejorando el cumplimiento de unos criterios éticos comunes establecidos, cuyos avances se irán contrastando a través de un sistema de evaluación continuo.

“Las cooperativas, en concreto, las empresas sociales en general están abocadas a intercooperar entre ellas creando redes de producción y creando una franja de consumidores intermedios y finales fieles, sino quieren caer en la sobre-explotación, la marginalidad, o siendo satélites (llegando a ser franquicias de las transnacionales, por ejemplo) o bien, asimiladas, explícita o tácticamente, a la empresa capitalista. El cooperativismo puede ser tanto víctima de su fracaso como de su éxito, que le puede llevar igualmente a abandonar los principios cooperativos”.

Las palabras del catalán Jordi Garcia escritas hace unos 10 años en el artículo titulado ‘Objetivo mercado social’ supusieron una declaración de intenciones -tal y como fueron tomadas- de hacía dónde se debían dirigir los esfuerzos en crear una economía socialmente útil, ecológicamente sostenible y cuya producción debía ser equitativa y democrática.

Garcia definirá el mercado social como una red de producción, distribución y consumo de bienes y servicios (los flujos), que funciona con criterios democráticos, ecológicos y solidarios y que está constituído tanto por empresas sociales como por consumidores individuales y colectivos, como Ayuntamientos, escuelas, etc. (“los nodos”).

Su funcionamiento consistirá en que cada componente (nodo, en las palabras de Garcia), bien fuera empresa social o consumidor individual, procuraría consumir el máximo de bienes y servicios producidos por otros componentes del Mercado Social

 Del mismo modo que cada componente debe contribuir a crear nuevas empresas sociales vinculadas al Mercado Social, con el fin de ir complementando dichos productos. El Mercado Social, además de bienes y servicios, genera aprendizaje colectivo, innovación tecnológica, cultura, relaciones sociales, proyectos, valores, etc. (...)

Lo novedoso en el Mercado Social fue pretender extender esta relación al ámbito económico y comercial, ampliando alianzas intersectoriales e introduciendo a los consumidores como actores del proceso de regulación económica.

 Definiendo este espacio por REAS como “una red estable de producción, distribución, financiación y consumo de bienes y servicios y de aprendizaje común que funciona con criterios éticos, democráticos, ecológicos y solidarios, constituida tanto por empresas y organizaciones sociales y solidarias, como por consumidores/as individuales y colectivos”.

Para ello el Mercado Social se plantea unos objetivos basados en la idea del apoyo mutuo:
Cada componente de la red contribuye a crear otras iniciativas vinculadas a ésta, depositando ahorros y excedentes en instrumentos financieros de la red.

Una red que permita cubrir una parte significativa de las necesidades socioeconómicas de quienes participan en ella y experimentar nuevas formas de producir, consumir, invertir y vivir cualitativamente mejores.

“Tenemos 4 nodos principales: uno es el de la producción, ahí tendríamos como ejemplo el de las cooperativas de trabajo como principal referente; otro es en de la distribución o el pequeño comercio donde el referente principal son tanto las entidades de distribución ética, como las pequeñas tiendas, las comercializadoras o las distribuidoras que funcionan bajo criterios éticos; luego tendríamos la pata del consumo y de los consumidores como elemento principal de la transformación de la economía a partir de un acto tan cotidiano como es que todos los días tomamos decisiones a cerca de qué queremos consumir y cómo queremos consumirlo”, señala Sabín. (...)

Considera REAS que en la medida en que la red vaya consolidándose localmente y creciendo estatalmente podrá ir cubriendo cada vez más necesidades socioeconómicas y ser más viable. “Algunos ejemplos como los de la cooperativa de consumidores de energía Som Energía o la cooperativa de crédito Fiare nos demuestran la capacidad que tenemos como comunidades conectadas en el territorio físico y en las redes para hacer posibles proyectos económicos fundamentales”, argumentan.

En este sentido Sabín apunta: “El Mercado Social tiene sentido a nivel local para generar esos circuitos tanto de comercialización corta, como de producción e intercambio, pero luego hay proveedores que son de ámbito estatal, por lo tanto, también se necesita que haya una conexión de trabajo a nivel estatal, para cumplir principios básicos que tienen que ver sobre todo con la marca, con la generación de una imagen corporativa conjunta al Mercado Social, con la generación de una estrategia de comunicación que aborde la necesidad de sensibilizar en los ámbitos de consumo y estilos de vida, que es lo que está detrás”. (...)"               (Periodismo humano, Attac Madrid, 18/01/2014)

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