"Existen desde hace mucho tiempo empresas, organizaciones y grupos
variados que funcionan con lógicas de comercio justo, consumo
responsable, finanzas éticas… y redes que relacionan a muchas de ellas
en un nivel más bien de coordinación política.
Pero lo novedoso del Mercado Social es pretender extender esta
relación al ámbito económico y comercial, ampliando alianzas
intersectoriales e introduciendo a los consumidores como actores del
proceso de regulación económica.
El Mercado Social no se plantean como alternativa al Estado, pero sí
pretende generar un campo de realidad significativa que muestre que hay
otras formas de hacer economía posibles que generan riqueza, renta y
trabajo.
Las entidades proveedoras de bienes y servicios que participan en el
Mercado Social se comprometen a ir mejorando el cumplimiento de unos
criterios éticos comunes establecidos, cuyos avances se irán
contrastando a través de un sistema de evaluación continuo.
“Las cooperativas, en concreto, las empresas sociales en general
están abocadas a intercooperar entre ellas creando redes de producción y
creando una franja de consumidores intermedios y finales fieles, sino
quieren caer en la sobre-explotación, la marginalidad, o siendo
satélites (llegando a ser franquicias de las transnacionales, por
ejemplo) o bien, asimiladas, explícita o tácticamente, a la empresa
capitalista. El cooperativismo puede ser tanto víctima de su fracaso
como de su éxito, que le puede llevar igualmente a abandonar los
principios cooperativos”.
Las palabras del catalán Jordi Garcia escritas hace unos 10 años en
el artículo titulado ‘Objetivo mercado social’ supusieron una
declaración de intenciones -tal y como fueron tomadas- de hacía dónde se
debían dirigir los esfuerzos en crear una economía socialmente útil,
ecológicamente sostenible y cuya producción debía ser equitativa y
democrática.
Garcia definirá el mercado social como una red de producción,
distribución y consumo de bienes y servicios (los flujos), que funciona
con criterios democráticos, ecológicos y solidarios y que está
constituído tanto por empresas sociales como por consumidores
individuales y colectivos, como Ayuntamientos, escuelas, etc. (“los
nodos”).
Su funcionamiento consistirá en que cada componente (nodo, en las
palabras de Garcia), bien fuera empresa social o consumidor individual,
procuraría consumir el máximo de bienes y servicios producidos por otros
componentes del Mercado Social.
Del mismo modo que cada componente debe contribuir a crear nuevas
empresas sociales vinculadas al Mercado Social, con el fin de ir
complementando dichos productos. El Mercado Social, además de bienes y
servicios, genera aprendizaje colectivo, innovación tecnológica,
cultura, relaciones sociales, proyectos, valores, etc. (...)
Lo novedoso en el Mercado Social fue pretender extender esta relación
al ámbito económico y comercial, ampliando alianzas intersectoriales e
introduciendo a los consumidores como actores del proceso de regulación
económica.
Definiendo este espacio por REAS como “una red estable de
producción, distribución, financiación y consumo de bienes y servicios y
de aprendizaje común que funciona con criterios éticos, democráticos,
ecológicos y solidarios, constituida tanto por empresas y organizaciones
sociales y solidarias, como por consumidores/as individuales y
colectivos”.
Para ello el Mercado Social se plantea unos objetivos basados en la idea del apoyo mutuo:
Cada componente de la red contribuye a crear otras iniciativas
vinculadas a ésta, depositando ahorros y excedentes en instrumentos
financieros de la red.
Una red que permita cubrir una parte significativa de las necesidades socioeconómicas de quienes participan en ella y experimentar nuevas formas de producir, consumir, invertir y vivir cualitativamente mejores.
“Tenemos 4 nodos principales: uno es el de la producción, ahí
tendríamos como ejemplo el de las cooperativas de trabajo como principal
referente; otro es en de la distribución o el pequeño comercio donde el
referente principal son tanto las entidades de distribución ética, como
las pequeñas tiendas, las comercializadoras o las distribuidoras que
funcionan bajo criterios éticos; luego tendríamos la pata del consumo y
de los consumidores como elemento principal de la transformación de la
economía a partir de un acto tan cotidiano como es que todos los días
tomamos decisiones a cerca de qué queremos consumir y cómo queremos
consumirlo”, señala Sabín. (...)
Considera REAS que en la medida en que la red vaya consolidándose
localmente y creciendo estatalmente podrá ir cubriendo cada vez más
necesidades socioeconómicas y ser más viable. “Algunos ejemplos como los
de la cooperativa de consumidores de energía Som Energía o la cooperativa de crédito Fiare nos
demuestran la capacidad que tenemos como comunidades conectadas en el
territorio físico y en las redes para hacer posibles proyectos
económicos fundamentales”, argumentan.
En este sentido Sabín apunta: “El Mercado Social tiene sentido a
nivel local para generar esos circuitos tanto de comercialización corta,
como de producción e intercambio, pero luego hay proveedores que son de
ámbito estatal, por lo tanto, también se necesita que haya una conexión
de trabajo a nivel estatal, para cumplir principios básicos que tienen
que ver sobre todo con la marca, con la generación de una imagen
corporativa conjunta al Mercado Social, con la generación de una
estrategia de comunicación que aborde la necesidad de sensibilizar en
los ámbitos de consumo y estilos de vida, que es lo que está detrás”. (...)" (Periodismo humano, Attac Madrid, 18/01/2014)
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