"(...) Después de una década de recuperación económica tremendamente
desigual, señala SM, Europa del Este se ha hundido de nuevo en una
profunda crisis. La causa: el colapso de Occidente, su abonada y
fantasiosa tierra prometida, “con la violencia étnica extendiéndose y
los trabajadores del sector público haciendo frente a recortes de sus
sueldos de hasta el 40%” (p. 327). Seguimos en ello como es sabido.
La incapacidad del Occidente capitalista, prosigue el autor, para
reconocer el escalofriante precio que han tenido que pagar tantos
ciudadanos europeos (por ejemplo, en su salud, en sus condiciones
laborales, en sus proyectos vitales y en su esperanza de vida) por “una
libertad tan limitada” es sólo comparable por la resistencia o
deformación de los poderes elitistas occidentales (también en los de
allí) en reconocer que “el sistema comunista trajo tantos beneficios
como evidentes costes”.
El ejemplo de SM es la ex República
Democrática alemana. La RDA trajo consigo la STASI (las fuerzas
policiales occidentales no tienen mucho que envidiar a sus práctica y a
su extensión), carencias de bienes (no de los esenciales: sería
impasible una situación de déficit energético como la que vivimos
actualmente en muchos países europeos), el muro (cuyo origen SM ignora o
no recuerda, cuyo balance –no pretendo hacer ninguna apología- en
absoluto es comparable al de otros muros existentes en la actualidad),
pero fue también, prosigue SM, “un país de pleno empleo, igualdad
social, vivienda, transporte y cultura asequibles; creó el mejor sistema
de guarderías infantiles del mundo y sus trabajadores gozaban de más
libertad en sus puestos de trabajo que la mayoría de los empleados de la
Alemania actual.
” Doy fe de esto último: nada que ver la situación de
un obrero en la antigua RDA con la que de un trabajador medio en
cualquier fábrica (o del 95% de ellas) de cualquier país capitalista,
desarrollado o no, emergente o menos emergente.
Junto a la
humillación de la absorción, prosigue SM, el 57% de los ciudadanos de la
RDA pensaba ese mismo 2009 (desconozco los datos actuales) que su
antiguo país tuvo más aspectos positivos que negativos y hasta los más
jóvenes rechazaban que hubiera sido, sin más consideraciones, una
dictadura. La RDA no fue el Chile de Pinochet ni la España del general
asesino. (...)" (Salvador López Arnal, Rebelión, 21/02/2014)
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