"(...) Hace unos días los medios de comunicación informaban de que Miguel
Carcaño, el asesino confeso de Marta del Castillo, iba a ser sometido a
una prueba neurológica, conocida como “test de la verdad”, a través de
la cual podrían leerse sus respuestas cerebrales.
Una prueba de este
tipo plantea un problema moral y legal, porque no es lícito introducirse
en la intimidad de una persona, en este caso a través de su cerebro,
sin su consentimiento. Y, en efecto, los medios informaban de que, según
la abogada de Carcaño, este había accedido voluntariamente a someterse a
la prueba.
Esta es una de las muchas cuestiones éticas que se plantean
en ámbitos como el de las neurociencias: que no es lícito introducirse
en la intimidad de una persona sin su consentimiento expreso. Tampoco
ante presuntos terroristas, un aspecto bien importante en la
neuroseguridad.
Pero, ¿por qué entrar en el cerebro de una persona
es introducirse en la intimidad? ¿Qué tiene de especial ese órgano, que
la sola idea de trasplantar un cerebro nos parece inquietante, cuando
ya se practican trasplantes tan complicados de otros órganos y otros
miembros del cuerpo?
Según un buen número de investigadores,
porque todos esos órganos son irrelevantes en comparación con el
cerebro. Somos —dicen— nuestro cerebro. Él crea las percepciones, la
conciencia, la voluntad, y tanto da que el cerebro se encuentre en un
cuerpo como en un ordenador, porque él lo crea todo.
Trasplantarlo no
presenta más problemas que los técnicos, porque donde va el cerebro de
una persona va esa persona. Así las cosas, siguen afirmando estos
científicos, actuamos determinados por nuestras neuronas, de modo que no
existe la libertad, sino que es una ilusión creada por el cerebro, como
todo lo demás.
Sin embargo, tal vez las cosas no sean tan simples
y por eso otros investigadores hablan del “mito del cerebro creador”,
de que no es el cerebro el que crea nuestro mundo.
Regresando al
caso de Carcaño, el médico que supervisó la prueba de la verdad aclaraba
que recibe ese nombre porque la persona sometida a ella no puede
mentir. Según él, las respuestas cerebrales son automáticas y, por
tanto, no están condicionadas ni por la voluntad ni por la conciencia.
De donde se sigue para cualquier lector que la voluntad y la conciencia,
surjan de donde surjan, son algo distinto de las neuronas y tienen la
capacidad de actuar suficiente como para modificar los mensajes
automáticos del cerebro. Pueden inventar historias, tratar de ocultar
los recuerdos impresos, interpretarlos de una forma u otra desde esa
capacidad de fabulación que nos constituye como personas.
Parece,
pues, que el enigma de la conducta humana sigue siéndolo, y que es
necesario continuar las investigaciones desde el trabajo conjunto de
humanistas y científicos, porque conocernos a nosotros mismos es la gran
tarea que nos dejó encomendada Sócrates. Es ella misma un gran
beneficio." (
Adela Cortina
, El País, 4 ABR 2014)
No hay comentarios:
Publicar un comentario