"(...) Las raíces de la crisis no se encuentran en el gasto del sector
público, si no en un proceso de cambio en el equilibrio del poder
político y económico hacia los intereses de la élite.
Para incrementar
la tasa de ganancia del capital se favoreció un deterioro de gran parte
de la industria manufacturera, o bien se promocionó su traslado a países
con mano de obra más barata; el movimiento sindical fue atacado y casi
diezmado; los salarios se han deprimido y han caído en términos reales a
lo largo de más de tres décadas.
Entonces, claro está, para compensar el vaciamiento de la economía,
los bajos salarios y el aumento del subempleo, el crédito se convirtió
en la solución a corto plazo para estimular la demanda. Y de aquellos
barros estos lodos: una brutal crisis de deuda impagable y un sistema
bancario quebrado.
Pero en vez de solucionar los problemas, estas
élites, que al principio de la crisis estaban acorraladas, han sido
capaces de revolverse panza arriba, “convencer” a una clase política
mediocre y hacernos creer que la culpa es nuestra, que el Estado del
Bienestar es insostenible.
Mientras que las ganancias en la última década fueron más altas que
en las tres décadas precedentes, el desempleo y el subempleo se han
convertido en una forma de vida para millones de trabajadores.
Simplemente analicen la evolución del empleo en nuestro país donde
además de los descensos en la población activa, aumento del número de
parados, lo poco que se genera es temporal y a tiempo parcial. Donde
antes había un trabajo a tiempo completo con un salario más o menos
digno, ahora hay tres con salarios y condiciones laborales miserables.
Jamás pensé que tras el estallido de la crisis, típica ejemplo de
inestabilidad financiera minskyana, llegaríamos a donde hemos llegado.
Nos indica una sociedad enferma hasta la médula. Pero la partida
finalmente les saldrá muy cara, no les quepa ninguna duda. (...)
La crisis económica no se debe al derroche de dinero en los servicios
públicos, sino a la ruptura del consenso keynesiano de la posguerra, en
favor de un recetario neoliberal basado en la inequidad, en unos bajos
salarios con su correspondiente baja demanda y los consiguientes excesos
de inversión.
Todo ello aderezado con unos bajos impuestos o una nula
tributación para los evasores corporativos, y el fomento del mayor
proceso de acumulación de deuda de la historia, muy lucrativo para la
banca mientras perduran las inflaciones de activos, pero nefasto para la
ciudadanía cuando estallan. Y ahora se proponen el desmantelamiento del
Estado del bienestar para rescatar definitivamente a un sistema
bancario quebrado. Miserables." (Juan Laborda, Vox Pópuli, 11/01/2014)
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